Un hombre sensible. Reseña del documental Che, un hombre nuevo, de Tristán Bauer.

che_a58Guido Lissandrello
Grupo de Investigación de la lucha de clases en los ’70

El pasado jueves 7 de octubre se estrenó en la Argentina el documental Che, un hombre nuevo, realizado por Tristán Bauer, con investigación y guión a cargo de Carolina Scaglione, y fruto de una coproducción argentina-española-cubana, con apoyo de la UNSAM (Universidad Nacional de San Martín), el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica) y la distribuidora Golem (España). Bauer forma parte del arco de intelectuales progresistas que, seducido por la política de los Derechos Humanos y el reformismo del bonapartismo K, decidió incorporarse al proyecto “nacional y popular”. Asumió, por su condición de cineasta y documentalista, la dirección del canal estatal Encuentro, creado por el kirchnerismo a principios de 2007. Lo abandonó, un año más tarde, para escalar un peldaño más dentro del gobierno: fue nombrado presidente del Sistema Nacional de Medios Públicos, lo que lo dejó a cargo de la planificación general de Canal 7 y de cuarenta emisoras radiales que conforman Radio Nacional.

La crítica al documental fue completamente favorable. El voto del público, en un estreno a sala llena, le otorgó el premio al Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine de Montreal, y la prensa local no ahorró elogios. Incluso Camilo Guevara, hijo del Che, señaló que se trata del “mejor trabajo que se ha hecho sobre su padre dentro del género”.(1)  La novedad del documental, según la crítica, sería doble. Por un lado, un nutrido material de archivo, fotografías, filmaciones de época y escritos inéditos del Che aportados por su viuda, Adelaida March, y por Evo Morales, quien posibilitó el acceso a los archivos secretos del Ejército y del Banco Central. Por otro, la novedad principal sería una nueva mirada, un “redescubrimiento” del Che desde un costado humano, destacando particularmente su sensibilidad como fotógrafo, estudioso y poeta. Por ese motivo, la prensa se sorprendió al descubrir a un Guevara “lejos del bronce”.(2)  La pregunta que se impone entonces, es evidente: ¿Bauer ha logrado acercarnos a un Che Guevara nuevo o ha empobrecido la figura del militante revolucionario?

El hombre ausente

El documental presenta una estructura clásica dada por el seguimiento cronológico de la vida de Guevara. Lo que intenta ser novedoso es la apelación a la narración en off del propio Guevara (y ocasionalmente su sobrino, Rafael Guevara) leyendo sus textos. Se suma también, otra (somnífera) voz, la de Bauer. Los textos seleccionados son fundamentalmente cartas personales y los diarios que el Che escribía constantemente. La elección no es casual, persigue explícitamente la meta de reconstruir a un hombre sensible, un poeta que, por ejemplo, antes de partir clandestinamente hacia África, graba a su esposa, como forma de inmortalizar su recuerdo, poemas de César Vallejo y Pablo Neruda.

La voz del Che y sus textos nos acompañan desde su infancia en Córdoba hasta su temprana muerte en Bolivia, pasando por sus viajes en Latinoamérica, su incorporación al proyecto de Fidel Castro, las transformaciones revolucionarias en Cuba posteriores a la toma del poder y el frustrado intento de instruir a las tropas rebeldes en el Congo.

En todos estos momentos, nos encontramos con un Guevara que, incluso en tiempos de guerra, dedica parte de su tiempo al estudio teórico. Los diarios que el Che escribe en Bolivia nos muestran a un militante que retoma a los clásicos del marxismo y los analiza críticamente, comprendiendo la importancia de la lucha teórica. Sus apuntes sobre economía política escritos como crítica al manual de la Unión Soviética, son otro ejemplo.

En Página/12 aparece un comentario que llama la atención y que nos permite vislumbrar la falla principal de la obra. Según éste diario,

“El documental de Bauer […] aspira […] a poner en igualdad de condiciones al combatiente guerrillero y al hijo pródigo, que nunca deja de extrañar el regazo de su madre; al hombre de Estado y al padre preocupado por el futuro de sus hijos; al líder revolucionario y al poeta aficionado, que sigue escribiendo aún en lo más profundo de la selva, después de una jornada completa de marcha forzada”.(3)

Efectivamente, ése es el defecto principal del documental: la ausencia de una jerarquía. Un ejemplo claro es la escena en la que se nos muestra la resistencia a la invasión norteamericana en Playa Girón y luego, corte abrupto mediante, la imagen de Che reuniéndose, por fin, con toda su familia. Y no se trata de una mera cuestión de superposición de escenas, sino que tiene un sentido más profundo: diluir la figura del militante revolucionario. Un déficit que adquiere su magnitud en el caso especifico del Che. Desde ya que no esta mal rescatar las múltiples facetas de su personalidad. Sin embargo, su vida valió, sobre todo, por ser justamente un militante revolucionario consecuente. Que un individuo está atravesado por distintas identidades, es algo que está fuera de discusión. Desde las relaciones familiares hasta cuestiones de género y nacionalidad influyen en el ser social. No obstante, hay una determinación que es fundamental, que se encuentra por encima de las demás. Se trata de la posición que se asume en torno a la lucha de clases, aquella que nos define en tanto explotados o explotadores. Y sí, el Che Guevara fue hijo, esposo, amigo, poeta, médico, fotógrafo, argentino, cubano, y muchas otras cosas. Pero fue, ante todo, un cuadro político, un militante revolucionario que condensó en su propia persona los intereses de los explotados. Agudo observador, comprendió que el problema del capitalismo no era esto o aquello, sino todo, y por ello se puso al servicio de Fidel Castro, y al servicio de la transformación revolucionaria de la realidad.

Bauer, pese a sus doce años de investigación, no logró en su documental captar la especificidad del Che Guevara, aquello que lo constituía como individuo social. Y, evidentemente, esto no es casual. O acaso ¿qué lectura acerca de un militante revolucionario podría esperarse de alguien comprometido con un gobierno que se pinta de izquierda para rescatar al capitalismo? Bauer se equivoca entonces, cuando señala que con su obra “hemos llegado a un punto, a un peldaño más en el conocimiento y en la profundización del pensamiento del Che”.(4)  Su documental no aporta conocimiento nuevo ni ofrece nuevas miradas. Paradójicamente, se encuentra muy lejos de su contraparte hollywodense, Che, el argentino. En aquella película Steven Soderbergh, acertadamente, elige mostrar al Che militante que, dueño de una gran disciplina, se incorpora al proyecto de Fidel Castro y se subordina a su dirección. Reproduciendo los momentos cotidianos de la vida de la guerrilla, pone en evidencia el gradual proceso de crecimiento militar y político de Guevara.(5)

Si el Che viviera ¿hubiese ido al funeral de Néstor?

Bauer señaló, en una entrevista, que su trabajo persigue una forma de intervención política: “Simplemente siento que los latinoamericanos estamos pasando por una etapa histórica y quiero sumarme para dar lo mejor de mí”.(6)  Efectivamente, esto se encuentra plasmado en su documental, pues intenta presentarnos a un Guevara “proto-kirchnerista”, que desplegó en Cuba un proyecto nacional y popular, al mejor estilo Néstor, quién murió como él, militando y luchando por las transformaciones que creía necesarias.

Aparentemente el Che se habría adelantado más de 40 años a la Ley de Medios Audiovisuales, fundando Radio Rebelde en 1958 y el periódico El cubano libre. Y no sólo por esto la hubiera pasado mal Clarín en la isla, pues tendría que haberse enfrentado, al mismo tiempo, con la lucha guevarista en contra de los monopolios. Ni el campo se hubiera salvado, no ya de la retención de una parte de sus ganancias para subsidiar una industria incompetente, sino porque el Che habría impulsado la lucha antioligárquica. El antiimperialismo y el llamado a la unidad latinoamericana, no sería tampoco muy distinta a la labor de Kirchner en la UNASUR. La dictadura y las torturas del régimen de Batista serían idénticas a las del Proceso y, por lo tanto la justicia que imparten los tribunales revolucionarios en Cuba, sería la misma con la que juzga el gobierno K. Y la lista de semejanzas sigue, porque el Che también impulsó la industria nacional y logró una distribución equitativa del ingreso, con algo más profundo que una Asignación Universal por Hijo, pero eso sería un mero detalle.

Ese detalle es, precisamente, lo que transforma al “progresismo” kirchnerista en una estafa política. Porque las transformaciones emprendidas en Cuba son cualitativamente distintas de las reformas K. No sólo porque éstas son pura espuma, sin nada de sustancial, sino por su función como cortina de humo para esconder un proceso inverso al cubano. En efecto, en Cuba se expropió a la burguesía, en la Argentina se la rescató de su bancarrota. En Cuba el anti-imperialismo iba de la mano del socialismo; en la Argentina se apoyó al imperialismo como salvavidas del capitalismo locial. En Cuba la masa de la población oprimida y explotada se apropió de la riqueza social; en la Argentina, los explotados son más explotados y expropiados. En Cuba, la lucha contra el capitalismo adquirió un carácter militar; en la Argentina, la defensa del capitalismo requirió de una seudo batalla cosmético-judicial contra un personal político (los militares del Proceso) en descomposición y retirada. Lo mismo se podría decir de Evo Morales y Hugo Chávez. Este Che de Bauer es, entonces, el menos real, el más mentiroso.

¿Un hombre nuevo?

En suma, el documental aprovecha la novedad de documentos inéditos para diluir al militante revolucionario en el hombre sensible y, de esa  manera, transformarlo de revolucionario socialista en defensor del capitalismo. “Descubrir” un Guevara sensible y creer que eso es descubrir “un hombre nuevo” es presuponer que un revolucionario es un autómata deshumanizado que se calza el fusil y se va al monte a saciar su sed de sangre. Que un revolucionario se mueve por grandes sentimientos hacia la humanidad es algo que debería resultar obvio, pero para Bauer no lo es. Que el Che fue un militante político también resulta obvio, pero ¿bajo que programa? Bauer intenta deliberadamente vendernos la imagen de un militante reformista, porque reconocer que el Che fue un militante revolucionario, socialista, haría imposible la maniobra de constituirlo en un pilar de la reconstrucción del capitalismo argentino, tarea a la que están abocados los intelectuales kirchneristas.

Notas:

(1) “Un nuevo retrato para el Che”, Página/12, 8/10/2010.
(2) “Lejos del bronce”, Clarín, 7/11/2010.
(3) “La biografía definitiva en imágenes”, Página/12, 7/11/2010.
(4) “Quise revelar al hombre profundo”, Página/12, 26/10/2010.
(5) Grenat, Stella: “Hollywood rojo. Reseña de la película ‘Che, el argentino’, de Steven Soderbergh”, en El Aromo, nº 46, 2008.
(6) “Un nuevo retrato…”, op. cit.

Te podría interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *