Tucumán todavía Arde

Una preocupación central que El Aromo ha planteado a los numerosos artistas que ha entrevistado radica en la relación de la actividad política y la creación artística. Y una de las visiones más certeras la hemos encontrado en el análisis de Beatriz Balvé sobre el hecho artístico de noviembre de 1968 llamado Tucumán Arde: una multitudinaria muestra en diferentes soportes que funcionó en los locales de la CGTA Rosario y Bs. As durante quince días para denunciar la explotación de la clase obrera en esa provincia. La explicación de Beatriz tiene dos fuentes importantes: la primera es que ella misma fue parte del colectivo de artistas que elaboró la muestra en cuestión y, la segunda, es que su análisis posterior de la experiencia se construye desde una perspectiva científica, como consecuencia de su formación en el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO).

Balvé plantea que TA  fue un hecho social comparable a una huelga, es decir, una forma de lucha que practicó una fuerza social en un momento del proceso histórico de su conformación: la conjunción de una fracción de la pequeño burguesía argentina (encarnada en los artistas) con una fracción de la clase obrera (la de los cuadros sindicales clasistas que organizaron la CGT de los argentinos) en torno a un mismo programa político, de características antiimperialistas, clasistas, antiburocrático y revolucionario. Así, no es una “compleja fusión” de vanguardismo estético y participación política” –como opinan los herederos académicos del Mayo Francés- lo que hace relevante a Tucumán Arde. Sino que muestra claramente el papel de los artistas en el proceso de transformación revolucionaria de la sociedad.

Por un lado la evolución de los artistas. Miembros de una capa social de jóvenes estudiantes que sigue la senda de su grupo social: la radicalización política surgida del impacto de la resistencia peronista post ’55, el fracaso de las ilusiones democráticas del frondicismo, la promesa de victoria del socialismo en países semicoloniales que ofrecieron Cuba, Vietnam y China, las movilizaciones de “la laica y la libre”, la lucha contra un sistema político enemigo de las mayorías ya sea bajo la forma de una democracia fraudulenta (Frondizi, Illia) o de una dictadura al estilo franquista (el Onganiato). Ante esa serie de experiencias, estos jóvenes pequeño burgueses reflexionan y concluyen que sólo contribuirán a la superación del sistema de relaciones sociales -que genera explotación, miseria y muerte como las de Tucumán- si se subordinan al programa revolucionario (no al reformista sindical) de la clase obrera. Balvé enmarca la relación entre estos intelectuales y la dirección de la CGTA (Ongaro y Walsh) en un proceso social de auge de las luchas obreras contra el sistema y de confluencia de la pequeño burguesía con las mismas, proceso que alcanza su punto más alto en los estallidos insurreccionales de 1968 y 1969 conocidos como “azos” y que recorren todo el país, cuyo punto focal fue el Cordobazo.

No fue la búsqueda vanguardista de superación estética de las escuelas tradicionales lo que motivó la muestra. No fue tampoco consecuencia del “compromiso” con “la política”. Fue parte de una estrategia social objetiva la que llevó a aportar su dominio de una especialidad a los intereses de agitación y propaganda de una alianza de fuerzas sociales revolucionarias contra la política de la burguesía local e imperial. Estas conclusiones (que Balvé presentó en el número 7 de Razón y Revolución, en dos entrevistas para El Aromo y en las mesas de debate que hemos organizado) pueden servir a los compañeros que hoy día recorren el país buscando un lugar donde volcar su especialidad al servicio de otro mundo, de otra vida. Existen actualmente miles de artistas plásticos, cineastas, actores, dramaturgos, poetas, músicos, etc. desplegando enormes energías en pos de una salida a la angustiante situación que vivimos. Porque a pesar de otros Onganía (Videla y compañía), de otros Frondizi (Alfonsín, el Frepaso), de viejas y nuevas versiones de Krieger Vasena (Cavallo y Lavagna) y de flamantes Cámpora (Kirchner) el capitalismo sigue siendo lo que es: miseria y más miseria. Es tarea de los artistas revolucionarios sumarse orgánicamente a la lucha que ha recomenzado.

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