Tras los pasos de Néstor – Federico Genera

massa-silencioTras los pasos de Néstor. Las perspectivas del massismo

Massa avanza con el ambicioso objetivo de construir una estructura, basada en el PJ, que nuclee a capitales descontentos, junto a la clase obrera ocupada y desocupada, y los restos de la Coalición Cívica (Stolbizer, radicales). Es decir, un nuevo proyecto “transversal”.

 

Federico Genera

LAP-CEICS


De cara a las elecciones del 2015, Massa sufrió la sangría de sus los barones del conurbano. No obstante, lo que en un primer momento pareció debilidad, lo terminó fortaleciendo. Llegó a ser la tercera fuerza, pero mostraba un bloque sólido y homogéneo frente a la dispersión del kirchnerismo. Aprovechando ese envión, y el voto opositor, pactó con el macrismo el apoyo en el congreso para ciertas leyes esenciales de arranque de mandato. No obstante, el descontento social, la crisis económica, el regreso de Cristina y la amenaza de Urtubey lo obligaron a salir del idilio y dar una disputa seria por encabezar a la oposición burguesa. Ante un Partido Justicialista disperso, acéfalo y envuelto en disputas facciosas de todo tipo, comenzó a reunirse con gobernadores, intendentes, empresarios y sindicalistas para erigirse en el líder de una oposición con perspectivas para 2017.

Acción gremial

Públicamente, Sergio Massa no se ha envuelto en ninguna negociación que no sea por fuera del peronismo (léase Stolbizer). No obstante, sus laderos sí han comenzado un trabajo acelerado. Uno de sus ejes fue la reorganización de la CGT. Cerca de 124 gremios, quedaron coordinados por un triunvirato, de los cuales dos de sus miembros pertenecen directamente al Frente Renovador. A ellos debe sumarse el hecho que un peso pesado, Gerardo Martínez, (UOCRA) acompañó a Massa en un acto en Florencio Varela y encabezó un acto donde remarcó su apoyo. Del lado de Caló, aparece Héctor Daer, Diputado Nacional massista, del gremio de la Sanidad. Por parte de Barrionuevo, se ubica el legislador bonaerense Carlos Acuña, referente del personal de estaciones de servicio. Este elemento es sumamente importante, porque marca la disolución de la CGT Azul y Blanca, que lideraron Barrionuevo y Venegas. El tercero del triunvirato es el moyanista Juan Carlos Schmid, del sindicato de Dragado y Balizamiento. Si bien Schmid no tiene la ficha de afiliación al FR, recordemos que pertenece a la corriente en la que está enmarcada Facundo Moyano, legislador massista.

No obstante, esa CGT no tiene el peso de la que se juntó en oposición a Cristina. Por fuera de esta unificación, quedaron tanto el Movimiento de Acción Sindical Argentino, encabezado por Omar Viviani, como los sindicatos alineados detrás del “Momo” Venegas, que contabilizan alrededor de 68 gremios. También quedó afuera, aunque con canales de comunicación, la Corriente Federal, liderada por el bancario Sergio Palazzo, que representa a cerca de 27 gremios. Dentro de los gremios “ausentes”, hay que tener en cuenta a algunos de peso, como el SMATA, la Unión Ferroviaria y los judiciales, a lo que debe sumarse pilotos, SADOP, Personal Jerárquico de Energía, curtidores y el personal gráfico bonaerense, alineados detrás de los bancarios. Como vemos, existen gremios importantes que no responden a la actual conducción de la CGT. Algunos, más cerca de Macri (Venegas). Otros, más cerca de la CTA (Palazzo).

No obstante, la novedad es que, casi por primera vez, desde aquella asamblea del 2001, la conducción de la CGT decide establecer lazos con los movimientos de desocupados. Francisco mediante, el primer paso fue la reunión la CTEP, la CCC, Barrios de Pie, y el Movimiento Evita. Allí acordaron un nuevo encuentro para fines septiembre, de la que también participará la Pastoral Social de la Iglesia Católica. Es, claramente, una alianza entre el massismo y las organizaciones que responden al Papa (recordemos que Carlos Alderete fue a besar al Sumo Pontífice).

Pero la dirección de la CGT no se quedó ahí. También está avanzando para reorganizar el PJ. Para eso, se reunió con su presidente, José Luis Gioja, a quien le expresó abiertamente ese pedido. A pesar de que Massa no estuvo en esa reunión (y no dejó de negar que tenga intenciones de volver al justicialismo), el ex gobernador comprendió perfectamente el mensaje: luego de la reunión, declaró que Massa tiene las puertas abiertas y que las candidaturas se van a definir en las PASO.

A la caza de dirigentes

El desafío que tiene Massa por delante es ganar el control político del Partido Justicialista (con o sin su figura) o, en su defecto, mantenerlo desmembrado. Compite contra dos facciones. Por un lado, Urtubey, que en las últimas semanas se reunió con los diputados del bloque justicialista que responden a Bossio. El gobernador salteño pretende un partido más ligado al PRO. Llegó a reunirse con Hugo Passalacqua, gobernador radical misionero, y con intendentes bonaerenses como Mariano Cascallares (Brown) y Eduardo Bucca (Bolívar). Pocos caudillos. Pero Massa también parecía competir con el kirchnerismo residual, que está liderado por Scioli y que ha levantado la candidatura de Cristina para 2017, quien también cuenta con lazos en Roma. Parecía, porque Cristina acaba de levantar la bandera blanca. Declaró que Massa “es uno de nosotros que se fue”. Claro que, para Sergio, es el abrazo de la muerte…

A nivel nacional, Massa recibió el apoyo de algunos jerarcas provinciales. Tal es caso de la gobernadora santiagueña, Claudia Ledesma, esposa del ex gobernador Zamora, que rompió con el FPV. Otro importante gobernador es Mario Das Neves por Chubut, quien retornó al massismo tras un acuerdo en el que Massa se comprometió a impulsar una ley que sostenga los precios del crudo. También aparece su aliado de UNA, José Manuel de De La Sota, en Córdoba. Si bien no es la estructura propia de Massa, le serviría de mucho ante un escenario nacional.

Lo curioso sucede con su armado en San Juan donde abrió un frente con el PRO para enfrentar a Sergio Uñar, hombre de Gioja. En Mendoza, conformó el frente Cambia Mendoza, detrás del gobernador radical Cornejo, lo que le permitió colocar al diputado provincial, Guillermo Pereyra, y al intendente de San Carlos, Jorge Difonso. En Santa Fe, es la cuarta fuerza provincial, haciendo alianzas con Democracia Cristiana, teniendo al diputado Alejandro Grandinetti como principal referente. De todas formas, el Frente Renovador está tramitando la personería provincial para las elecciones del próximo. Una situación similar se da en La Pampa, donde recién este año juntó los 1.300 avales para presentarse, y se propone armar un frente con el PJ para enfrentar a la UCR. En la Patagonia, creó el Frente Renovador Patagónico, conformado por diputados de La Pampa, Tierra del Fuego, Santa Cruz, Neuquén y Rio Negro. Chubut se mantiene por fuera de esta regional debido al peso propio que tiene aún la figura de Das Neves como aliado de Massa. En Jujuy, posee la vice gobernación en una alianza con Gerardo Morales de UCR, promotor de que la alianza de la UCR no sea solo con Macri, sino que integre a Massa. Como vemos, la estructura del massismo a nivel nacional todavía está armándose y, para ello, se vale de las alianzas más diversas.

El gran obstáculo para reclutar voluntades en las provincias es la dependencia de las administraciones de los envíos de Nación. Macri acaba de abrir la billetera pensando en la necesidad de reformar el impuesto a las ganancias y en lograr desarmar el frente opositor.

Frente a esta dinámica crónica, el massismo viene impulsando, junto Pichetto, del PJ, una reforma en la Ley de Responsabilidad Fiscal, que permite la posibilidad de que las provincias puedan endeudarse sin necesidad de ser avaladas por el Ejecutivo. Es decir, darles más autonomía presupuestaria a los gobernadores provinciales respecto a Macri. Junto a Pichetto y Emilia Soria, diputada del FpV por Río Negro, también impulsa la creación de un fondo de apoyo a los productores frutícolas, en relación a la burguesía agraria más ineficiente que ha quedado relegada.

Como sabemos, el corazón de la política nacional está en el conurbano bonaerense. Allí, el FR logró reunir a intendentes bajo el nombre de “Grupo Esmeralda”, representado por Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Juan Zabaleta (Hurlingham) y Gabriel Katopodis (San Martín). Este grupo mantuvo reuniones con la CGT. El grupo parecía no tener rival, hasta que Cristina amagó con bajar del Olimpo y hacerse cargo de los que están siendo desplazados. Surge así el “Grupo Fénix”, con un perfil más kirchnerista, que proponen una unidad más general. Allí aparecen los intendentes de Moreno, La Matanza, Merlo, Malvinas Argentinas, Mercedes, Marcos Paz, Escobar, Navarro, Cañuelas, Castelli. Detrás de ellos está Fernando Espinoza, hoy presidente del PJ bonaerense.

A pesar de esta diferencia, la estructura de ambos agrupamientos es más bien laxa, ya que hay intendentes que se reúnen en ambos grupos, como es el caso de Gustavo Menéndez (Merlo). Ambos espacios, confluyen en un agrupamiento vinculado al Papa, a partir del llamado “Pacto de San Antonio de Padua”, firmado por intendentes peronistas bonaerenses. Su principal impulsor, justamente, es Menéndez, quien viajó al Vaticano y llegó a hablar con el Papa. Los iniciadores del famoso pacto fueron los intendentes de Esteban Echeverría, Escobar, Bolívar, Almirante Brown, Ituzaingó, Partido de la Costa, Lomas de Zamora, La Matanza, San Martín, Malvinas Argentinas y Hurlingham. El 12 de julio, Massa se juntó a “jugar un partido de futbol” entre el equipo del Frente Renovador y el grupo de intendentes del Pacto. Unos días antes, Gustavo Menéndez, participó de una misa que organizó el Frente Renovador por el fallecimiento de Perón. Para Menéndez, Randazzo y Massa deben estar en una virtual reconstrucción del peronismo.

El hecho de que Francisco no haya recibido a Sergio, no quiere decir que sus relaciones estén cortadas. Todo lo contrario. Al vínculo con la CGT y con el Pacto de San Antonio de Padua, se agrega el acercamiento con el Movimiento Evita. Su principal dirigente, el “Chino” Navarro, dijo que “la única forma de enfrentar al macrismo es que Massa vuelva al peronismo”. Recordemos que el Evita se enmarca dentro de la alianza que lidera la CTEP y que dirige el Papa a la distancia. Lógicamente, Francisco no va a ungir todavía a ningún dirigente del tamaño de Massa, ni va a unificar su estructura con nadie. Lo importante aquí es tomar nota de los acercamientos y las alianzas.

Trece años después…

La propia existencia de una estructura massista revela que, a pesar de los diversos intentos por recuperarlo, el peronismo es una estructura vacía y solo sirve como coto de caza de las diferentes maquinarias electorales. Luego de trece años (2002-2015) de concentrar el poder político y de contar con una renta agraria fabulosa, carece de carnadura real. Las organizaciones que nuclean alguna relación con las masas están afuera. En ese sentido, Massa está realizando un nuevo intento por reconstruirlo y liderarlo, a partir de darle un perfil opositor, pero depurado del kirchnerismo. Solo si se asegura la liquidación de todo ese personal y la neutralización de Urtubey, Massa avanzará con el ambicioso objetivo de construir una estructura, basada en el PJ, que nuclee a los capitales descontentos, junto a la clase obrera ocupada y desocupada, y los restos de la Coalición Cívica (Stolbizer, radicales). Un nuevo proyecto “transversal”. Es decir, recrear la alianza de Néstor, incluso, con el mismo personal político (Massa, Lavagna, Redrado, Alberto Fernández, Felipe Solá y siguen las firmas…), que aparecerá como distante de la corrupción cristinista y la insensibilidad macrista. Seguramente, en una reivindicación del legado de Néstor. En ese sentido, es sumamente importante, para la izquierda, realizar un balance real de la década pasada. Porque esos espectros todavía nos acechan bajo diversos rostros.

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