Trapped. Entre la realidad fragmentada y el conocimiento como arma de la verdad

El crimen en la historia parece un simulacro para argumentar a favor de una perspectiva científica del abordaje del mundo cotidiano, siempre caótico y desmembrado que solo puede conocerse en función de su reconstrucción total.

 

Jeremías Román Costes

Grupo de Cultura Proletaria 


 

Trapped, serie creada para la televisión islandesa dirigida por Baltasar Kormákur, transporta al espectador a lo más desolado y adverso de los paisajes invernales. La nieve, el frio y el viento, junto con las tormentas y el crimen son el marco de contención para la vida de los habitantes de Siglufjordur, un municipio en el norte de Islandia. En tan solo cinco capítulos, el director desarrolla una vertiginosa caza de verdad, haciendo que en una aparente lentitud se nos pase demasiado rápido esta verdadera obra maestra. Tal vez por esto, la serie, que fue producida para la televisión de ese país, y exhibida desde el 27 de diciembre de 2015, se sumó hace tiempo a la oferta de netflix y promete volver con unos diez capítulos más a finales de 2018.

Desde los primeros planos la historia elabora desde el aire, desde lo alto, el pretensioso deseo de objetividad por distancia. Un paneo sobrevuela la diversidad de elementos naturales que habitan el paraíso perdido que es Islandia, la cámara en picado recoge particularmente lo liquido y lo solido de la geografía, hasta dar con dos jóvenes que viajan por la ruta en moto. Dagný Eiríksdóttir y su novio Hjörtur Stefánsson, se dirigen hacia una fábrica abandonada buscando intimidad. Un incendio. Una muerte, la placa “siete años después” y un ferry con 300 pasajeros varado en el pueblo, crearán el argumento que tendrá en vilo al espectador durante toda la saga.

 

Como contar un policial… blanco

 

En este pequeño pueblo de Islandia el clima es impiadoso. Tanto que una fuerte tormenta impide que zarpe un ferry con 300 pasajeros que proviene desde Dinamarca y que se dirige hacia América. Esto y la aparición de un cuerpo desmembrado y mutilado cerca de la orilla de la playa, dan comienzo al suspenso. El jefe de la policía del pueblo, Andri Olafssun, junto con sus dos compañeros, Hinrika Kristjánsdóttir y Ásgeir Þórarinsson, son los encargados de resolver el crimen y comienzan por poner bajo sospecha a todos los pasajeros del ferry, impedidos de dudar de los habitantes de Siglufjordur. A medida que se desarrolla la historia, el argumento comienza a dar indicios del complejo dilema que depara la observación de la realidad, de los hechos relevantes de la misma. El crimen en la historia parece un simulacro para argumentar a favor de una perspectiva científica del abordaje del mundo cotidiano, siempre caótico y desmembrado, que solo puede conocerse en función de su reconstrucción total.

Cuanto más insiste Andri en investigar los hechos referidos al crimen, más se introduce en una atomización compleja en la que cada parte parece cumplir la función de totalidad, de explicar en sí todos los problemas. Este germen de pensamiento expeditivo rechazado por Andri y sus “compañeros”, esta encarnado en la figura del agente que se acerca al pueblo para colaborar con la investigación. Con tono superado en cada acción, esta “tuerca” del sistema judicial intenta a cada paso encontrar un perfil homicida acorde a las circunstancias, para sellar el caso y calmar a la prensa escandalizada por tal aberración cometida en la pacifica aldea. Andri se opone tajantemente, tensionando el argumento y desplegando sutilezas. Es durante este conflicto que vemos aparecer los pequeños costados oscuros de cada ciudadano: capitán, ingeniero, políticos, policías y mujeres con poder, todos estarán en la mira como supuestos autores o cómplices de lo que a estas alturas comienza con un cuerpo desmembrado e incluye un multimillonario negocio inmobiliario, trata de personas, y venganzas personales.

Existe también durante toda la historia el elemento subjetivo. El drama personal de cada uno de los personajes que van siendo descubiertos en relación a los crímenes, cumple un papel secundario, aunque por momentos toda la tensión recaiga sobre ellos. La vida privada secunda la vida social. Es más fuerte lo que se teje en el seno de la vida del pueblo que lo cada uno puede ofrecer desde su lugar. La excepción a esta regla aparece en dos ocasiones solamente, para poner en jaque la autoridad moral de algún que otro personaje secundario. Aunque en dosis menores, esta recurrencia a excusar decisiones de implicancia general en acciones, conflictos psicológicos, o dilemas personales debilita brevemente el argumento general.

 

La forma y el contenido en la era de la superficie y el vacío

 

La obra de Kormákur desafía la formalidad contemporánea y el lugar común en el desarrollo del drama que todo policial tiene. Escapa a lo que se considera estereotipo, fetiche podríamos decir, donde se suponen ciertos elementos discursivos expresivos o actorales como fundantes genéricos y efectistas en sí mismos. Aquí, desde el inicio todo es real, porque todo es ambiguo y nada lo que parece, y al mismo tiempo todo intenta darnos indicios para ir por donde debemos. Porque cada uno de los personajes es arrastrado por el escenario, el escenario material objetivo, y el subjetivo. Un policía que no usa armas en un desolado pueblo que se enfrenta por segunda vez en su historia a un crimen, la nieve y la tormenta que no cesan y que como las verdades más densas cae atrozmente llevándose todo por delante. Un aparato político que teje entre amiguismo y amenazas un negociado millonario. Todo dotado de una artesanal profundidad psicológica que nos hace pensar en una especie de realismo de nuevo orden, donde el tejido social es lo que se superpone tarde o temprano a la voluntad individual.

En la era de las superficies, de las motivaciones epidérmicas, Trapped propone ver la profundidad del asunto, el esqueleto que sostiene esa imagen caótica y parcelada que es la realidad. Sin desechar la belleza que la tecnología saca a la variedad de texturas y los juegos de contraste lumínico, el director nunca se pierde en un discurso de la parte por el todo, en la vacía intención de suponer que en lo cutáneo de los elementos esta su explicación. Trabaja una batería de signos visuales desde su impronta material, exprime los recursos técnicos con maestría, pero no se agota en ellos. Kormákur es un estratega que ubica cada pieza a su alcance con la intención de dar una construcción mayor, una imagen de conjunto. En el azar que supone el armado de todo puzzle, el director se siente cómodo, actúa direccionando las causas, modelando el azar: si se topa con un policía en ruinas personales y profesionales, lo inserta en una comunidad hermética y presa de la tempestad natural para convertir el hecho en una metáfora de soledad y perseverancia; si se encuentra con jóvenes en plenitud, los conjuga con un crimen político y la mundanidad de la vida asalariada en un pueblo perdido y plasma la febril, trágica y melancólica imagen del paso de la adolescencia a la adultez; si cae en sus manos la pieza de la tercera edad, vuelve a esta un elemento de avance para la trama y la historia haciendo de los viejos, espectadores activos de un pueblo envuelto en el drama psicológico-social.

Es así que cuando el azar se devela como estructura social la obra se vigoriza alejándose de la textura más superficial del contenido narrativo y se adentra en la dura realidad, aparentemente impenetrable. La descomposición de una sociedad que, alejada del mundo, embutida en nieve frio y viento es parte de la realidad mundial por medio de las mafias, el crimen organizado, la trata de personas y la corrupción del gobierno. La crisis del capital, la moral y la material, es internacional. 

Trapped es un policial por donde se lo mire. Uno bien hecho. Todo policial debe su construcción y no su apariencia a la estructura de relaciones sociales de la época en que se yergue. No a la ropa, la violencia, el whisky y las amantes que el machito oficial pueda ostentar. Trapped es un policial porque no habla del crimen de un psicópata sino que nos lleva desde el hecho producido por tal sujeto (aprovechando nuestras altas dosis de sentido común) hacia la verdad: el crimen organizado de la clientela política y las mafias. Los profesionales del crimen son los que interesan a Kormákur, aquellos que en Islandia pos crisis 2008 se “recuperaron” económicamente a costa de la estafa y la malversación. Los profesionales del crimen otra vez, son aquellos que encuentran en una isla perdida en medio de la nada el paso libre fronterizo para trata de personas. Todo el tiempo es la estructura pujando contra la superficie, todo el tiempo ambas pueden adelantarnos conocimiento, todo el tiempo podemos dudar. Tarde o temprano la verdad hace justicia con el caos superficial.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *