Tonto y Retonto – El Aromo

Tonto y Retonto. Crónica del acto proselitista de Pigna y Bielsa en la Sociedad Luz.

En el pasado mes de agosto, la Fundación Liberarte organizó una charla-debate con Felipe Pigna y Rafael Bielsa para ”reflexionar” sobre el Bicentenario. Pigna se encargó de señalar aspectos superficiales de su nacionalismo cursi, recordando a los ”grandes hombres” de  Mayo y las movilizaciones obreras del Centenario. No dejó de repetir su raro cambalache de anécdotas, citas eruditas y reflexiones a lo Petinatto, como la incoherencia de reivindicar la lucha del anarquismo en 1910 a la par de una defensa apasionada de la necesidad de que la izquierda no le deje a la derecha palabras como nacionalismo, patria, bandera o escarapela.

A su lado estaba el Canciller-candidato Bielsa, que se dedicó a endiosar al Primer Patagónico y embarrar -por turnos- a los demonios de La Rioja y Banfield. Todo iba bien hasta que hablaron, cuándo no, los desubicados de siempre. Aunque esta vez, entre los murmullos de las señoras progresistas y de los asesores, se escuchó una nueva definición: ”seguro que son troskos”. Nos acusaron también -pero a la salida- de ser ”funcionales a la derecha” aunque, en nuestra defensa, se trataba de personas que no supieron explicar muy bien cómo sería funcional a la izquierda un historiador que defiende el nacionalismo sentimentalista a lo Manuel Gálvez o un Canciller que habla como si Argentina fuera la Francia de De Gaulle… Resulta interesante remarcar los giros literarios de Bielsa, que llama “problemas institucionales” a las insurrecciones y “papel muy activo” a la actividad contrarrevolucionaria… En fin, he aquí una breve reseña de nuestro diálogo con estos personajes.


Paz, amor (y redistribución)

El Aromo- El colega Pigna plantea que los actores más progresistas de la Revolución de Mayo – Moreno, Castelli- planteaban un nuevo “pacto social” para destruir el antiguo. Ahora bien, me parece que utilizaban un concepto de revolución más fuerte que el que se usó acá, a saber, que ese nuevo ‘”pacto social” se garantizaría sólo con la expropiación violenta de los medios de producción que sostenían al pacto colonial.

Eso es lo que plasmó Moreno en el Plan revolucionario de Operaciones. Me parece que aquí se habla de un concepto de revolución más laxo y me gustaría saber por qué se han “bajado” de esa parte de las ideas progresistas de Moreno y Castelli. En segundo lugar, vos señalaste que los obreros anarquistas y socialistas decidieron aprovechar el primer centenario para denunciar internacionalmente la situación de miseria y opresión que se vivía. Lo que no dijiste, es que para esos obreros “la salida”, “el proyecto nacional” que buscaban, y por el que dieron la vida, era el socialismo, palabra que yo quería ”traer a la reflexión” ya que no se ha mencionado en las dos horas que llevamos aquí sentados. ¿Por qué no está en la boca de ninguno de los que hablaron, como “proyecto nacional”, de acá al ’10, el socialismo?

Pigna– A mí, la verdad que la palabra socialismo es una palabra que me cae muy bien -y me sigue cayendo muy bien- y admiro a los socialistas. En cuanto a la revolución que planteaba la gente de Mayo, creo que tiene que ver con un contexto de época, que hay que ubicar, no era una revolución socialista, estamos hablando de pensadores pre-marxistas, claramente. Se trató en todo caso de una revolución burguesa con algunos contenidos sociales, eso sería hacerle justicia al pensamiento de Moreno y de Castelli que, por supuesto, para la época era lo más avanzado. Y creo que, en ese sentido, la época era una época más proclive para las revoluciones que la que estamos viviendo, creo que eso también es importante agregarlo. […] No sé si hace falta hablar de identidad, no sé si hace falta tanto la palabra, la mención de la palabra sino actitudes y conceptos de análisis, y no tanto la exhibición de la palabra socialismo. Yo creo más bien que la cosa pasa por cómo piensa uno y por cómo actúa uno. Yo no soy muy amigo del uso obsesivo de ciertos términos, sino más bien de hablar de una práctica política y de una coherencia. Sí pertenezco a una generación para la que la palabra socialismo (y nacional, en mi caso) nos iba la vida, nos fue la vida, así que no tengo por qué estar rindiendo examen en ese sentido. Pero entiendo tu planteo y, si querés saber mi opinión, me encantaría que el 2010 no nos encuentre ni unidos ni dominados sino, mejor distribuidos.

(En el pasillo)

El Aromo– En la charla de hoy hiciste mucho énfasis en la cuestión obrera del Centenario de 1910, la represión y demás.

Pigna– Sí.

EA– ¿Por qué en el primer número de tu revista, que está dedicado al Centenario, no hay ninguna referencia de esos hechos?

Pigna– No… es cierto… pero va a haber. Ahora va a haber una sobre el movimiento obrero donde vamos a hablar mucho de todo eso, a partir del 17 de octubre: antes y después…

EA– Pero ¿por qué no en el primer número?

Pigna– No, bueno, no es una cuestión de omisiones culposas, sino, simplemente, porque hablamos en líneas generales de Mayo y de lo que pasa hoy, pero no es una omisión. Ninguno de nosotros tiene espíritu de omitir semejante cosa, al contrario.

EA– Inclusive, en ese dossier hay una reivindicación de la política educativa y hacia los obreros del gobierno de Roca. ¿Hay un espacio para tener una visión positiva del Estado Roquista?

Pigna– Nuestra visión del Estado Roquista es una visión muy negativa, lo que pasa es que los elementos progresistas del roquismo hay que señalarlos como positivos. Sería muy necio de nuestra parte negarle al roquismo ese aspecto positivo que fue el laicismo.

EA– ¿Por qué, entonces, decidieron no omitir esa parte y sí omitir la parte de la represión roquista contra los obreros?

Pigna– No, no hay ninguna mala intención. Quiero que quede claro que no hay ninguna mala

intención.

EA– Entonces ¿cuál fue la buena intención?

Pigna– La buena intención es señalar, en el momento que corresponde y en el texto que corresponde, lo que uno quiere. Y si no, ahí tenés mi libro donde hablo muy claramente del movimiento obrero y podés ver lo que pienso.


Un imperialista sentimental (y cuantitativo)

El Aromo– Señor Bielsa, en Caras y Caretas n° 2 salió publicada una nota criticando la posición argentina en Haití, por intermedio de las denuncias contra las tropas de cascos azules que reprimieron protestas populares… Yo le pregunto, Canciller, a usted que formó parte de una generación que también hablaba de socialismo, en el año 1965 toda esa generación se sintió indignada por la invasión yanqui sobre Santo Domingo, muy cerca de Haití; yo quería saber, señor Canciller, si a usted no le da vergüenza ser el responsable de que Argentina esté participando de la intervención en Haití, haciéndole el trabajo sucio a las tropas yanquis en Irak, que pueden dedicarse a la guerra tranquilamente, sin tener que preocuparse por reprimir en el Caribe, porque lo hacen argentinos y brasileños.

Bielsa– No. No siento la más mínima vergüenza. Porque me parece [sic] que no comparto la asimilación del caso de Haití con la invasión de Santo Domingo. No la comparto por razones cualitativas y cuantitativas. En lo cualitativo, básicamente por dos motivos. El primero, por un mandato de un órgano multilateral, que es Naciones Unidas. La Argentina no tiene otra alternativa que trabajar activamente por un mundo multilateral. La experiencia de haber trabajado activamente por un mundo unilateral, en la década de los noventa, nos dejó como nos dejó. De manera que la protección la vamos a encontrar siempre en los ámbitos donde un país es un voto. Naciones Unidas tomó esta decisión donde un país era un voto. En segundo lugar, porque yo creo que los problemas de la región los debe afrontar la región. No hablo únicamente de una fuerza de seguridad multilateral, como en el caso de Haití, sino que hablo de muchos otros países que han tenido problemas institucionales últimamente (me refiero a Ecuador, a Bolivia) donde Argentina jugó un papel muy activo. Entonces, si efectivamente los problemas de la región debemos afrontarlos los de la región, una fuerza multilateral, votada por Naciones

Unidas, de la que forman parte veinte países, con un contingente de 5.000 hombres, no me parece que sea una cuestión políticamente incorrecta. Creo todo lo contrario. Y finalmente, desde el punto de vista cuantitativo, creo que comparar y decir que eso es hacerle el trabajo sucio a EE. UU. cuantitativamente es estúpido, porque EE. UU. a lo más [sic] que puede haber retirado de Haití son 200 personas o 300 personas, o 400, o 1.000 si querés… o 2.000, frente a 150.000 que tiene en Irak. De manera tal que no es cuantitativamente relevante el trabajo que se le ahorra.

El Aromo– Pero murieron 2.000 soldados yanquis en Irak.

Bielsa– Pero… no se mide en términos de víctimas, sino en términos de contingentes…

El Aromo– Disculpe, pero me parece que dos mil bajas para reemplazar, son una cifra cuantitativamente importante en términos de logística bélica.

Bielsa– Pero no creo que los 2.000 que sacaron de Haití sean los mismos 2.000 que murieron en Irak. Me parece que no resiste el menor análisis desde el punto de vista cuantitativo, pero, si querés, dejemos de lado lo cuantitativo, ya que, en cualquier caso, una persona es una vida humana y atengámonos al análisis cualitativo. Yo prefiero manejar un tema como el de Haití en un ámbito multilateral como es el ámbito de Naciones Unidas a repetir la experiencia de Santo Domingo que, precisamente, en lo que se parece es en que es absolutamente opuesto.

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