Todos al pie. Macri y los gobernadores

Además, los gobernadores aún necesitan caja y obras para garantizarse la gobernabilidad. No conviene enfrentarse a Macri, menos en un año en donde no hay elecciones. Es claro que van a ir todos al pie y la primera muestra de alineamiento es la expulsión de De Vido.

 

Juan Perrotat y Gonzalo Sanz Cerbino

Laboratorio de Análisis Político


Los gobernadores, en particular los peronistas, enfrentaron una parada difícil de 2015 a esta parte. Debían reacomodarse a la nueva hegemonía amarilla, para asegurar el control de sus territorios. Ello dependía, en primer lugar, de asegurarse la provisión de fondos desde el gobierno nacional. La mayoría dependen de la buena voluntad del Ejecutivo para mantener su hegemonía, ya que sin los aportes nacionales no les cierran las cuentas: desde los adelantos de coparticipación hasta el dinero para obras públicas, pasando por los Aportes del Tesoro Nacional. Si no se alineaban con el oficialismo, al menos debían estar abiertos a negociar, ofreciendo a cambio de los favores de Macri sus votos en el Senado y Diputados. Ello suponía romper con el kirchnerismo. A su vez, muchos apostaron a trascender la política local ubicándose como presidenciables de cara al 2019, lo cual suponía diferenciarse de Macri sin ir a contracorriente del clima general anti-kirchnerista. De toda esta conjunción de variables, se desprenden cuatro estrategias, que a continuación analizaremos. Veremos, a su vez, cómo le fue a cada uno en las últimas elecciones y cuáles son las perspectivas.

 

Las cuatro estrategias

 

La primera estrategia es el alineamiento incondicional con el gobierno nacional. En esta situación encontramos a las cinco gobernaciones que en 2015 ganaron el PRO o sus aliados radicales: María Eugenia Vidal, por Buenos Aires, Rodríguez Larreta por la Ciudad, Gerardo Morales de Jujuy, Cornejo de Mendoza y Colombi en Corrientes. Ninguna sorpresa encontramos aquí: apoyo a ambos lados del mostrador.

Un segundo grupo es el de los gobernadores peronistas que se acercaron al oficialismo. Se trata de mandatarios que accedieron al poder de la mano del Frente para la Victoria, pero que rápidamente rompieron con el kirchnerismo y se deshicieron en gestos de buena voluntad hacia las nuevas autoridades nacionales. Es el caso de Urtubey en Salta, Schiaretti en Córdoba, Weretilneck en Río Negro, Uñac en San Juan y Bordet en Entre Ríos. Los más explícitos en sus guiños al macrismo fueron Urtubey y Schiaretti. El primero suele mostrarse en actos con Macri y ha salido en su defensa, como en el caso de los Panamá Papers. También apoyó algunas de sus iniciativas, como la reforma política. Schiaretti, además de la reforma política, defendió la reforma de la Ley de ART y los tarifazos. Y es el elegido por Macri para acompañarlo en los viajes al exterior.1 Sin embargo, no terminaron de integrarse al oficialismo a pesar de que no faltaron propuestas. Apostaban a reconstruir un PJ libre de kirchnerismo, de la mano de Massa y Randazzo, y desde esa plataforma proyectarse como presidenciables para 2019. Como primer paso, vienen insistiendo en conformar una Liga de Gobernadores, junto con Uñac y Casas, el gobernador de La Rioja.2 Más idas y vueltas tiene la relación de Macri con Uñac, Bordet y Weretilneck. Estos gobernadores tienen menos libertad para expresar un apoyo más claro al oficialismo, porque aún disputan con el kirchnerismo las estructuras justicialistas locales. Sin embargo, no critican públicamente al presidente y avanzan en las “deskirchnerización” de sus partidos, con cierto éxito en los casos de San Juan y Entre Ríos. En Río Negro, donde el gobernador no pudo retener el control del partido, terminó “sacrificándose” por Macri: bajó su lista a diputados para que Cambiemos pueda capitalizar esos votos y asegurarse el segundo lugar en las últimas elecciones.3

El tercer grupo es el más amplio: reúne a los gobernadores obligados a “dialogar” a cambio de caja. Aquí se encuentran Corpacci de Catamarca, Peppo de Chaco, Casas de La Rioja, Passalacqua de Misiones, Manzur de Tucumán, Bertone de Tierra del Fuego, Gutiérrez de Neuquén, Das Neves de Chubut y Ledesma de Santiago del Estero. Algunos de ellos, como Das Neves, se declaran partidarios del “diálogo” y aparecen mediando entre Macri y otros gobernadores. Una actitud consecuente con la del massismo, al que Das Neves pertenece. Pero la mayoría tiene un perfil más bajo. No suelen aparecer sobreactuando gestos opositores pero tampoco deshaciéndose en elogios hacia el oficialismo nacional, salvo cuando las papas queman.

Un caso paradigmático es el de la gobernadora de Tierra del Fuego, provincia que atravesó una crisis de magnitudes. Necesitada de adelantos de coparticipación para afrontar la crisis fiscal y del rescate vía obra pública para sostener el empleo en su provincia, Bertone agachó la cabeza y concurrió a cada reunión a la que la citaron desde la Rosada. Apoyó tanto los tarifazos como la reforma política, y evitó criticar públicamente al gobierno nacional. Una frase suya resume la actitud de la gobernadora: “como provincia, lo peor que podemos hacer es tener un enfrentamiento con Nación”.4

No muy distinto es el caso de Neuquén, que demandó la asistencia nacional ante la caída de los precios del petróleo. Además de la reforma política, se alineó con el Ejecutivo Nacional en el debate por la reforma en Ganancias y acompañó cada iniciativa de Macri en favor de una reforma laboral. A cambió logró que el gobierno mantenga su intervención para sostener los precios de los combustibles. Además, fue la provincia patagónica que más dinero recibió en concepto de adelantos de coparticipación en 2016, mientras que a sus vecinos les negaban los recursos para apagar sus incendios.5

El último grupo de gobernadores es el de los opositores, que se cuentan con los dedos de una mano. No todos llegaron a esa posición por la misma vía: algunos se convirtieron en opositores por default. Tan identificados estaban con el kirchnerismo que no les quedó otra opción, sobre todo porque el gobierno nacional los eligió para confrontar. Es el caso de Insfrán en Formosa y Alicia Kirchner en Santa Cruz. Un caso similar es el de Lifschitz, al que tanto Bullrich como Macri han cuestionado abiertamente por su poca voluntad para avanzar en un saneamiento de la policía local, vinculada al narcotráfico.6 Pero entre los opositores encontramos también a Verna, de La Pampa, y Rodríguez Saá, de San Luis, que hasta ahora no se habían ligado al kirchnerismo. Ambos gobernadores siempre mantuvieron ciertos atisbos de independencia, antes con el kirchnerismo y ahora con el macrismo, respaldada por una relativa autonomía financiera y un control claro de las estructuras políticas provinciales. De cara a las últimas elecciones, ambos trazaron alianzas con el kirchnerismo: Verna compitió con ellos en internas, y se impuso. Rodríguez Saá trazó una alianza nacional. Verna también pagó cara la osadía con una derrota en las PASO, que pudo revertir en las generales.

 

La ola amarilla

 

Ninguna de estas estrategias resultó efectiva para resistir la ola amarilla de las últimas elecciones. Macri se impuso por amplios márgenes en todas las provincias que gobernaba Cambiemos. Además, de las cinco provincias peronistas más cercanas al oficialismo ganó tres: Córdoba, Salta y Entre Ríos. En Río Negro no ganó el PRO, pero tampoco Weretilneck. El único de los cinco “peronistas amigos” que se alzó con un triunfo fue Uñac, en San Juan. En las nueve provincias “dialoguistas” la cosa estuvo más peleada. Cambiemos se impuso en tres (Chaco, Neuquén, La Rioja), pero estuvo muy cerca de ganar en otras dos (Tierra del Fuego y Chubut). De las provincias opositoras, Macri ganó en Santa Cruz Santa Fe, y estuvo cerca de hacerlo en San Luis y La Pampa, donde Rodríguez Saá y Verna dieron vuelta a último momento el resultado desfavorable de las PASO. Es claro que no es conveniente oponerse abiertamente al macrismo: la mayoría de los que lo hicieron, perdieron en sus provincias o salvaron la ropa a último momento. Pero tampoco parece conveniente acercarse mucho para luego pretender enfrentarlo en elecciones: los casos de Salta, Córdoba y Entre Ríos son muestra de ello.

Tras el triunfo electoral, Macri anunció la convocatoria un “gran acuerdo nacional” para conseguir el respaldo a las reformas que venía prometiendo. Allí se tratarán la reforma impositiva, laboral, judicial y electoral. Los primeros en la lista de convocados son los gobernadores. El gobierno nacional espera conseguir apoyo y se descuenta que lo obtendrá. Alguno alzará la voz, intentará negociar e incluso podrá oponerse a algún punto, pero la tónica general será la del acuerdo. Los gobernadores llegan de capa caída, con menos poder. Macri consiguió 21 nuevas bancas en Diputados y está cerca del quórum propio. Lo mismo sucede en Senadores, donde el oficialismo se alzó con doce nuevas bancas y también está cerca del quórum propio. Algo que no le costará conseguir con un peronismo dividido y sin liderazgos claros. Además, los gobernadores aún necesitan caja y obras para garantizarse la gobernabilidad. No conviene enfrentarse a Macri, menos en un año en donde no hay elecciones. Es claro que van a ir todos al pie y la primera muestra de alineamiento es la expulsión de De Vido. La paradoja es que, si todo sigue como hasta ahora, tampoco podrá surgir de allí un liderazgo opositor. Si no encuentra ningún traspié en la marcha de la economía, Macri se encamina hacia su reelección.

NOTAS

1https://goo.gl/DqzD2H, https://goo.gl/Mju7x9, https://goo.gl/1XVLfS, https://goo.gl/iMqyka y https://goo.gl/xC73L3.

2https://goo.gl/aMEiMU y https://goo.gl/JrStGb.

3https://goo.gl/M4kQp7.

4https://goo.gl/4xBLjE.

5https://goo.gl/7Pu7YS, https://goo.gl/629wcZ y https://goo.gl/wUPkZT.

6https://goo.gl/aQ6prf y https://goo.gl/TDZh6V.

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