Todos al agua – Por Nicolás Villanova

zona inundableMás de 6 millones de personas residen en zonas inundables. Los gobiernos miran para otro lado y culpabilizan al clima por los daños provocados. Sin embargo, no se trata de una tragedia de la naturaleza, sino de la pobreza que genera el capitalismo.

Nicolás Villanova (OES-CEICS)

Las últimas inundaciones afectaron a decenas de miles de personas en varias provincias. Tanto las lluvias como la crecida de los ríos Uruguay y Paraná provocaron al menos 30 mil evacuados. Incluso hubo muertos y personas que aún permanecen desaparecidas. Pero esto no es nuevo. Aunque todavía no existen cifras oficiales que contabilicen la cantidad de muertes provocadas por inundaciones, un somero repaso de los últimos tres años por los principales periódicos de tirada nacional señala la existencia de 89 muertos como consecuencia de la inundación en La Plata, durante el 2013; 2 y 10 decesos en Santiago del Estero y Córdoba, en marzo de 2015, y 5 fallecimientos por las inundaciones de diciembre de 2015 en Entre Ríos, Corrientes, Salta y Tucumán. Como siempre ocurre en estos casos, se trata sólo de las cifras conocidas, las cuales tienden a sub-representar la cantidad real de muertes.

La ideología burguesa intenta presentar estas muertes como consecuencia de la naturaleza. Serían fruto de una tragedia provocada por la inundación. Nadie puede negar que las lluvias y crecidas de los ríos son fenómenos de la naturaleza y que existen desde los orígenes de nuestro planeta. Pero los daños que provocan a los seres humanos son producto de la sociedad en que vivimos. En este sentido, toda muerte por las inundaciones es evitable, como también, los desastres que producen las crecidas de los ríos en las economías familiares debido a la pérdida de colchones, heladeras, camas, electrodomésticos y hasta la vivienda misma, es decir, aquellos bienes que materializan el salario obtenido en una vida de trabajo. Bastaría con vivir lejos de esas zonas anegables para salvaguardar la integridad física y los bienes materiales.

Ahora bien, ¿por qué hay personas que residen en zonas inundables? La respuesta es sencilla: porque son pobres y, consecuentemente, no pueden vivir en otro lado. Su pobreza no es producto de la “naturaleza” sino que remite a una cuestión social. Es más, la pobreza es algo propio de una sociedad concreta, la capitalista. Entonces, la verdadera causa de los daños que provocan las inundaciones es el capitalismo, que lleva a masas de la población más pauperizada a vivir en zonas más baratas pero inadecuadas. En este artículo describimos algunas características de aquellas personas que residen en zonas inundables, información que extractamos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

Hundidos en la crisis  

Entre los años 2003 y 2015, el promedio de personas cuyas viviendas se ubicaban en zonas inundables constituyó entre un 12 y un 16% en todo el país. Al 2015, esta cifra constituía estimativamente más de 6 millones de personas. Este dato surge de la EPH la cual registra este fenómeno según aquellas personas que dicen al encuestador si se encuentran o no en una zona inundable, al menos en los 12 meses previos a la encuesta. En este sentido, la información recogida por el INDEC queda supeditada al grado de conciencia y voluntad de la persona encuestada. Es decir, la cifra probablemente se encuentre sub-representada ya sea porque puede haber personas que residen en zonas inundables y que no lo saben hasta que efectivamente su vivienda queda bajo el agua; o bien, porque los encuestadores no llegan a espacios anegables.

Un ejemplo es la población residente en los alrededores de la Basílica de Luján. A ninguno de sus vecinos se le hubiera ocurrido decir que se hallaban en zona inundable hasta hace dos o tres años atrás, momento en el cual quedaron cubiertos por el agua por la crecida del río de la ciudad homónima. Algo parecido ocurre en el aglomerado del Gran La Plata. Entre los años 2003 a 2012, la población residente en zonas inundables se mantuvo en el promedio del total del país. Pero, con la inundación de 2013, el porcentaje de personas que manifestó que reside en zonas inundables se incrementó a un 30%.

Los aglomerados con mayor porcentaje de población en zonas inundables son Santa Fe, Córdoba, Salta, Corrientes y las localidades del Gran Buenos Aires. En los tres últimos, la población residente en estos espacios constituía entre un 27 y un 30% respectivamente al segundo trimestre de 2015 (gráfico Porcentaje de personas que residen en zonas inundables…). Incluso, a partir del 2010 algunos aglomerados mostraron un crecimiento de la población que reside en zonas inundables, como por ejemplo Gran Paraná, Gran Posadas, Comodoro Rivadavia-Rada Tilly, Neuquén-Plottier, Río Gallegos y La Rioja.

Cabe destacar que la tendencia del conjunto del país muestra que el porcentaje de personas que viven en zonas anegables crece acompañando los momentos de crisis. En este sentido, se observa un aumento durante los años 2003 y 2004, luego en el 2008, y posteriormente un ascenso sostenido de 2012 a 2015. Esto último podría estar mostrando que el empeoramiento generalizado de las condiciones de trabajo tiende a expulsar a una masa de la población cada vez mayor a vivir en zonas inadecuadas y, consecuentemente, a quedar expuesta a catástrofes. Entonces, no se trata de un problema climático o incluso geográfico. La residencia en zonas inundables remite a las condiciones económicas de la población. Las muertes y daños provocados por el agua se deben a la precariedad de las condiciones de vida de la clase obrera.

Los más pobres de los pobres

En estas zonas no vive cualquiera. Allí reside un conjunto de personas que nutren a la fracción más pauperizada de la clase obrera. Una de las razones que influye en el crecimiento de población que reside en espacios inundables es el incremento de los alquileres. En efecto, el monto de dinero destinado al pago de los alquileres de casas y departamentos en el conjunto de las provincias se incrementó por año a un ritmo promedio de un 24,4 y 22,3% respectivamente, entre el 2004 y el 2012.1 En algunas de las provincias más afectadas por las inundaciones, como por ejemplo Salta y Entre Ríos, el monto destinado al alquiler de una casa se incrementó por año un 27 y 28%, respectivamente (gráfico Aumento interanual…). Como es lógico pensar, no todo el mundo puede absorber estos gastos, situación que habilita a la migración de personas a zonas más baratas.

Justamente, la población más pauperizada es la que se ve expulsada a vivir en zonas más accesibles pero inundables. Comencemos con algunos indicadores del mercado de trabajo que remiten al año 2014. En primer lugar, la tasa de empleo “en negro” en las zonas inundables es mayor respecto de las zonas no inundables. El promedio en el total del país indica un 43% en el primer caso y un 32% en el segundo. En el aglomerado del Gran Santa Fe la brecha se profundiza. Mientras que el empleo no registrado en zonas inundables es del 63%, en ámbitos no anegables la cifra constituye un 31% (gráfico Empleo no registrado…).

En segundo término, en la tasa de desempleo del conjunto de los aglomerados también se observa una diferencia entre ambas fracciones durante el año 2014. Las mediciones oficiales de la desocupación muestran que en zonas inundables las personas sin trabajo constituyen un 9%, mientras que en espacios no anegables, se trata de un 7%. Al medir el desempleo abierto con criterios más realistas2, la diferencia es aún más sustantiva: la tasa de desocupación real de quienes viven en zonas inundables es del 30%, mientras que, en los ámbitos no inundables la cifra se estima en un 25%.

La precariedad en el empleo y la elevada tasa de desempleo tienen su correlato en la percepción de ingresos más bajos por parte de la población que vive en zonas inundables. En este sentido, el ingreso promedio de la ocupación principal de los asalariados del total de los aglomerados que residen en espacios anegables representa un 86% respecto de aquellos que no viven en zonas inundables. En ciertos aglomerados urbanos, la diferencia es aún mayor respecto de la media del total del país. Por ejemplo, en Corrientes, el porcentaje de cobertura es del orden del 74% y en el Gran Santa Fe, del 62%. Algo parecido ocurre en cuanto al ingreso total de los hogares asalariados que residen en zonas inundables respecto de aquellos que se encuentran en espacios no anegables. Por ejemplo, para el total del país el ingreso total de un hogar ubicado en zona inundable representa el 88% respecto de aquel que no se halla en esta condición. En el aglomerado del Gran Santa Fe, la brecha es mayor y el ingreso total del hogar cubre un 69%.

Consecuentemente, esta disminución en los ingresos repercute en un aumento de la población pobre. Al calcular las personas que residen en zonas inundables y que se encuentran bajo la línea de pobreza el resultado es contundente: en ciertos aglomerados el porcentaje de pobres se duplica respecto de las zonas que no son anegables (ver Pobreza de personas…). Sin embargo, no hay que olvidar que si bien los ingresos de los hogares obreros en espacios anegables pueden hallarse por encima de la línea de pobreza (cuyos criterios de medición tienden a subestimar la cantidad real) el sólo hecho de no poder mudarse a zonas no inundables es todo un síntoma de su pauperización y, consecuentemente, de su imposibilidad de vivir en otro lado.

No culpen al Niño

Ni el fenómeno del Niño ni el supuesto cambio climático son los responsables de los daños provocados a personas que residen en zonas inundables. Es la economía. La miseria a la que nos empuja el capitalismo expone a una masa gigantesca de la población a “catástrofes” cuyas pérdidas no son producto de la naturaleza, sino del tipo de sociedad en la cual vivimos. Por ello, los perjuicios que ocurren con cada inundación son un crimen social y no una “tragedia climática”. En efecto, el problema de las inundaciones es la cuestión de la vivienda. El incremento de la renta del suelo urbano tiende a expulsar a una población que no puede pagar esos alquileres (mucho menos comprar una vivienda o construirla) y cuyo destino es vivir en zonas más baratas pero inadecuadas. Por esa razón existe un predominio de fracciones de la clase obrera en condiciones precarias: pobres, desocupados y trabajadores “en negro” a quienes su salario no les permite vivir en otro lado. Esto se expresa, a su vez, en el aumento de la cantidad de personas que residen en zonas inundables en momentos de crisis. La solución, por su parte, no debe vislumbrarse en ayudas económicas o caridad estatal: se debe pensar en medidas tendientes a relocalizar a la población más afectada en zonas no anegables y a ejecutar un plan de obras de prevención de las inundaciones. Es imperioso que la población afectada por las crecidas exija al gobierno una solución de fondo, su relocalización con la garantía de una vivienda y que no se deje engañar por la absurda idea según la cual la culpa de todos sus males sería el agua.

 

Notas

1Dejamos de lado el monto que se paga de alquileres en villas o asentamientos y sólo remitimos a casas y departamentos sin considerar conventillos, pensiones, hoteles familiares y otros tipos de vivienda a la que acceden los más pobres. Sobre esto, ver: Villanova, Nicolás: “La vivienda, un problema nacional”, en El Aromo, n°62, agosto de julio/agosto de 2014 (http://goo.gl/pCj3nV); y, Egan, Julia: “Okupas”, en El Aromo, n°88, noviembre/diciembre de 2015 (http://goo.gl/rpfgZp).

2Ver Villanova, Nicolás: “¿Cuántos desocupados hay?, en El Aromo, n°85, mayo/junio de 2015 (http://goo.gl/qlNoes).

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