¿Todo sigue igual de bien? Las tensiones internas del PRO y del gobierno de Cambiemos – Por Federico Genera

en El Aromo n° 90

1 A MACRI TRISTEA poco de ser gobierno, el frente macrista empieza a mostrar sus primeras fisuras y tensiones internas. La suerte del macrismo y de todo su equipo está atada al financiamiento externo y a un ajuste sin demasiada conflictividad.

Por Federico Genera (Laboratorio de Análisis Político-CEICS)

El arribo de Macri al gobierno estuvo acompañado por un discurso de “cambio”. Este implicaba, ante todo, “nuevas formas” de hacer política. Prácticas que se contraponían a las de su antecesor. Si antes había personalismo, ahora república. Si antes había una lucha facciosa de poder, ahora federalismo. Si antes había discurso único, ahora hay que “ceder la palabra”. En esa misma línea, se presentó a Cambiemos como un “equipo de trabajo”, ajeno a las luchas internas de cualquier partido –en especial de su rival, el Partido Justicialista–, donde todos están unidos por un “cambio para la Argentina”. Lo cierto es que, a poco de ser gobierno, el frente macrista empieza a mostrar sus primeras fisuras y tensiones internas.

El orden empieza en casa

Tras su triunfo nacional, Macri señaló la necesidad de “fortalecer el partido” y convocó a elecciones internas para abril de este año. No se le escapa que, convirtiéndose en gobierno y teniendo que sostener varios frentes en simultáneo, es necesario contar con un partido ordenado. En principio, el aparato parece controlado. Desde la dirección se dio libertad para conformar listas provinciales, pero con una advertencia “que no haya lío”.[1] Romero, presidente de la junta electoral fue claro en este sentido: “la interna se discute donde se tiene que discutir, que no es en los medios sino puertas para dentro”.[2] Así fue que, finalmente, se conformaron listas únicas evitando los comicios. Sin embargo, esto no quita que tras la aparente calma, no haya habido algunas internas y cortocircuitos. Veamos.

A nivel nacional el PRO seguirá en manos de Humberto Schiavoni, ex jefe de gabinete de Ramón Puerta en la crisis del 2001 y hoy a cargo de la Entidad Binacional Yaciretá. La ex diputada de la UCD y hoy senadora nacional por Córdoba, Laura Machado, ocupará la vicepresidencia. Ella trabaja en estrecha colaboración con Emilio Monzó, jefe de los diputados PRO, quien si bien tiene conflictos con Vidal ha sido un hombre de confianza de Macri y el responsable de todo el armado político para que el partido trascienda la General Paz. La vicepresidencia estará a cargo de la diputada por Santa Fe, Ana Martínez, quien responde a Larreta. Por último, como secretario general se proyecta Marcos Peña. Cómo puede verse, la cúpula parece ordenada y responde al núcleo duro de confianza de Macri: Peña, Vidal y Larreta. Asimismo, si se observa el cambio de las vicepresidencias, que pasan de Gabriela Michetti y Federico Pinedo a Martínez y Machado, se percibe un intento por darle al partido una composición nacional despegándose del perfil porteñista.

En la Ciudad de Buenos Aires la interna existió y fue visible: se saldó en las PASO entre Michetti y Larreta. Es sabido que desde un comienzo Macri quería a Michetti como vice y a Larreta como jefe de gobierno porteño. Si el partido terminó yendo a las PASO con dos listas fue producto de la insistencia de Michetti, quien terminó forzando al líder del partido, que aceptó a regañadientes. Finalmente el triunfo de Larreta derivó en el control del partido en CABA: él quedó como presidente y las dos vicepresidencias fueron para personajes de su entera confianza: Carmen Polledo (vicepresidenta de la legislatura porteña) y Martín Borelli (subsecretario de Asuntos Regionales del ministerio de Justicia de la Nación).[3] La derrota de Michetti se tradujo en su desplazamiento, junto a Pinedo, de la dirección del partido y el corrimiento a espacios sin ningún poder territorial: Michetti en la vicepresidencia, Pinedo en el senado, Guillermo Montenegro en la Embajada de Uruguay, Daniel Chain está en AySA bajo el control de Rogelio Frigerio, y Hernán Lombardi a cargo del Ministerio de Medios Públicos.

En la provincia de Buenos Aires, el PRO tiene una labor más compleja. Legalmente, el partido esta intervenido, perdió su personería y necesita normalizarse. Si bien la fecha programada era para principios de marzo, Maria Servini de Cubría estiró la fecha para julio. Al frente de la intervención quedó María Fernanda Inza, una funcionaria PRO que trabaja en la Secretaria Legal y Técnica de Nación que depende de Pablo Clusellas, amigo personal de Mauricio. Vidal es la candidata “natural” a la dirección del partido, luego de ganar la gobernación. No obstante dos nombres aparecen en carrera: Jorge Macri y Emilio Monzó. El primero es intendente de Vicente López; el segundo, el presidente de la cámara de diputados nacional.

Vidal cuenta con línea directa con Nación, lo que se traduce en contactos fluidos con el cuerpo que rodea al presidente. Uno de esos nexos lo realiza Edgardo Cenzón, ministro de Infraestructura, quien tiene la llave de la obra pública provincial y diálogo constante con los intendentes. Su armador político es Federico Salvai, aliado de Peña y Larreta. A su lado Vidal tiene también a Marcelo Gigante, Ministro de Coordinación y Control de gestión, entidad que por su función de control presupuestario lo pone siempre en todas las conversaciones de los intendentes. Su otro aliado fundamental es el actual intendente de Lanús, Néstor Grindetti. Él tiene la capacidad no solo de convocar a los intendentes propios, sino también a varios del PJ. Ya se reunió en reiteradas oportunidades con el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde y con su par de Almirante Brown, Mariano Cascallares. Si Grindetti le garantiza a la gobernadora el sur del Conurbano y la tercera sección bonaerense, el vidalista Manuel Mosca (vicepresidente de la cámara de Diputados provincial) brinda presencia fuerte en la séptima sección y Héctor Gay (intendente de Bahía Blanca) en la sexta.

Por su parte, Jorge Macri es titular del Grupo Bapro y fue el jefe de la campaña electoral en la provincia. Cuenta con el apoyo de Daniel Angelici, que a su vez ejerce un fuerte dominio en la segunda sección bonaerense. La titularidad del Bapro le permite una vía de financiamiento. A principios de marzo mantuvo diversas reuniones con intendentes de la segunda y tercer sección. Reuniones en las que dejó claro su apoyo a la obra pública. A su vez, controla la primera sección electoral. Producto de la campaña, Macri también ancló en la quinta sección; de hecho días atrás volvió a la costa a mostrarse junto a los intendentes de Mar del Plata, Carlos Arroyo y de Pinamar, Martín Yeza.

Emilio Monzó es otro de los que actores principales en la interna. Tiene poder en la cuarta sección, donde logró colocar tres hombres en la nómina de legisladores nacionales, contactos que quedaron producto de su intendencia en Carlos Tejedor en el 2003. Monzó también tiene una pata en la Octava sección con la presencia de su hermano, el senador Gabriel Monzó. Su capacidad política se puso a prueba durante las elecciones 2015 cuando fue el encargado de instalar la fórmula presidencial de Macri en el interior del país. Por ello fue premiado con el cargo presidente de la Cámara de Diputados. Monzó sabe que cuenta con el visto bueno del presidente, y su cercanía a Frigerio lo mantiene con recursos políticos para actuar.

Este panorama nos permite ver dos cuestiones. La primera es que Vidal es la mejor preparada y quien seguramente se quedará con el partido. Sin embargo, a sus espaldas Jorge Macri y Monzó le pisan los talones. Estas internas hoy están silenciadas, pero seguramente se harán evidentes en las legislativas del año próximo y más crudas aún en la disputa para la gobernación en 2019.

Balcarce 50

Más allá del partido, en el equipo de ministros e incluso entre correligionarios del PRO, también comenzaron a sentirse las tensiones. La primera se manifestó en torno a la discusión de los fondos de coparticipación provincial y tuvo como protagonistas a Marcos Peña (Jefe de Gabinete) contra Rogelio Frigerio (Ministerio del Interior y de Obras Públicas y Viviendas). Peña fue quién redactó el DNU donde se destinaban más fondos a Capital Federal, que pasaba de 1,4 a 3,75% de coparticipación, con el pretexto de poder cubrir sueldos y gastos operativos de la Policía Federal recientemente trasladada por Nación al distrito porteño. A ello se suma que el gobierno ya estaba cumpliendo el fallo de la Corte Suprema que obligaba a restituir el 15% retenido por nación a tres provincias: Córdoba, Santa Fe y San Luis. Esto hizo estallar a los gobernadores, que ya venían exigiendo un trato igualitario en coparticipación, y fue Frigerio quien contuvo la furia. Primero organizó una “mesa chica” para negociar con el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey en el hotel Palacio Duhau. Luego, oficializó la negociación con otra reunión, ya pública, en la Casa Rosada. Allí estuvieron Urtubey y otros 12 gobernadores del PJ (Gustavo Bordet de Entre Ríos, Rosana Bertone de Tierra del Fuego, Domingo Peppo de Chaco, Carlos Verna de La Pampa, Gildo Insfrán de Formosa, Alicia Kirchner de Santa Cruz, Sergio Casas de La Rioja, Lucía Corpacci de Catamarca, Sergio Uñac de San Juan y Juan Manzur de Tucumán). Concluidas las negociaciones, Frigerio encabezó una conferencia de prensa donde anunció que se corregiría el DNU y que Nación se pondría al día con las provincias transfiriendo fondos por $ 4.000 millones. Haciendo su parte, Urtubey reconoció públicamente la “buena predisposición” del gobierno y recalcó: “Acompañamos la iniciativa del Gobierno. Hay una decisión tomada para que haya una mayor participación de las provincias en los recursos”.[4]

Hay, sin embargo, un frente que encuentra a Peña y Frigerio aliados. Es la disputa contra el Ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay. Peña busca arrebatarle el manejo de los recursos del presupuesto nacional. Con el pretexto de “mayor transparencia”, su estrategia es crear una Oficina de Presupuesto, donde el control de todos los giros presupuestarios pase por la jefatura de gabinete. Un dato anecdótico muestra que ya existían tensiones. En la gira por Davos fue Peña quien eliminó de todas las fotos protocolares a Prat Gay, luego de que este decidiera realizar una conferencia de prensa propia para anunciar los planes económicos y perspectivas del gobierno.

Por su parte, Frigerio quiere amputarle la Dirección Nacional de Relaciones Fiscales con las Provincias.[5] Se trata de una unidad dedicada a todas las cuestiones relativas a materia fiscal y financiera vinculadas a las jurisdicciones provinciales y municipales, a la vez que se dedica al análisis y sistematización de datos sociales, de producción, indicadores de desarrollo y gestión pública, y una amplia gama de estudios sobre variables económico-fiscales de las provincias y municipios. Es evidente que en la situación en la que se encuentra el gobierno nacional, contar con aliados provinciales (en particular, con los gobernadores del PJ) es una tarea imperiosa. Esta Dirección es una pieza clave, más aún para Frigerio que, como vimos, tiene a su cargo las negociaciones con el interior. En ellas, la cuestión fiscal y presupuestaria es prioritaria. Concentrar ambas funciones, las negociaciones y la administración de la caja, significaría una cuota de poder muy importante. Frigerio tiene, además, dos argumentos para pelear el espacio. Prat Gay puso allí al economista Nadin Argañaraz, quien está vinculado a José Manuel de la Sota. Un hombre con vínculos con el peronismo y el massimo, en semejante posición, no es una garantía de confianza. Por otro parte, Frigerio ya tiene experiencia en la materia, pues se desempeñó en el cargo en 1995, bajo las ordenes de Roque Fernández, por entonces ministro de Economía de Menem.

Como si esto fuera poco, el ministro de Hacienda enfrenta otros ataques. En las propias filas del macrismo recibe las críticas de Melconián (Presidente Banco Nación) y Sturzenegger (Banco Central), quienes lo enfrentan por “gradualista”. Las críticas de todo este arco están enfocadas a la política monetaria (emisión), el limitado recorte fiscal (ajuste) y el uso de deuda internacional para mantener gastos corrientes. El vocero principal de esta crítica es José Luis Espert, quien periódicamente ataca a Prat Gay por no disminuir el gasto fiscal y a su vez realiza una defensa de las políticas de Sturzeneger. Como defensor del actual ministro aparece Javier González Fraga, criticando al presidente del Central por no ponerle un freno a “la gente del mercado [que] es codiciosa y hay que mostrarle la posibilidad de perder.”[6]

Ya ha habido muestras concretas de estos “cortocircuitos”. Sturzenegger se ocupó de limitar la emisión y absorber el excedente circulante monetario mediante la emisión de letras. En paralelo se detuvieron las regulaciones cambiarias y fue así como el dólar fue ascendiendo hasta tocar los 16 pesos. Inmediatamente, Prat Gay –se dijo que también hubo una llamada del propio Macri[7]– pidió la inmediata intervención de Sturzenegger. Entonces el BCRA salió de la pasividad y en tres días (del 26 de febrero al 1 de marzo), vendió US$ 515 millones de las reservas[8]. Lo que muestra que, más allá de las rencillas personales, lo que está en juego son dos formas de administrar el ajuste. Existe una fracción dentro del PRO que quiere avanzar sobre la economía con una terapia de shock.

Justicia para todos

La cuestión de la justicia es otro de los grandes focos de tensiones internas en la alianza Cambiemos. El eje del conflicto es el manejo de las causas de corrupción que abarcan a buena parte del equipo de ministros del kirchnerismo y hasta a la propia ex presidente. Dentro de Cambiemos el enfrentamiento se desarrolla entre Carrió y Daniel Angelici. Mientras que Lilita insiste en llevar a fondo las causas de corrupción contra el kirchnerismo, Angelici es mucho más moderado y cauto. Sus enfrentamientos son de carácter público. Durante el mes de marzo Carrió criticó la intervención política que ejercía Macri por medio de Angelici en la justicia, e incluso llegó a acusar al presidente de Boca de buscar la impunidad del kirchnerismo. Por estas afirmaciones, que derivaron en una denuncia formal, fue citada. La diputada prestó declaración testimonial ante el juez federal Sebastián Casanello en el marco de una causa que, por el impulso del fiscal Federico Delgado, comenzó a investigar al presidente de Boca por el supuesto de rol de operador judicial que le endilga la legisladora.

Más allá de los alcances de la causa, que probablemente no conduzca a ningún lado pues difícilmente se pueda probar el “tráfico de influencias”, no es novedad el rol de Angelici como operador judicial. En el ámbito porteño su influencia alcanza al ministro de Justicia y Seguridad, Martín Ocampo, y al presidente del Consejo de la Magistratura, Enzo Pagani, con quien comparte la dirigencia del Boca Juniors. Meses después de que Macri ganara la presidencia su nombre apareció para manejar la Agencia Federal de Inteligencia (ex Side). La razón es su estrecha relación con Darío Richarte, número dos en la AFI y 3º vicepresidente de Boca. A su vez, Angelici comparte su estudio de abogados –Estudios Richarte– con Diego Pirota, quien lleva la defensa de Boudou en la causa Ciccone. Dicho de otra manera, el operador de Mauricio en la justicia está asociado con los defensores del personal político que Carrió quiere encarcelar.

La renuncia de Oyarbide fue otra muestra de esta batalla. Hacía un tiempo que Angelici mantenía reuniones con él, siendo este juez su principal nexo con la justicia federal. Oyarbide fue clave a la hora de frenar las causas más polémicas sobre corrupción kirchnerista: sobreseimiento al matrimonio Kirchner por enriquecimiento ilícito, a Boudou por sobrefacturación en las obras del Senado, y cajoneo de causas por irregularidades en Anses. Su estrategia apunta a renunciar, jubilarse y evitar el juicio político en el Consejo de la Magistratura. Lilita no dudó en disparar y reclamó que su renuncia estaba avalada por Angelici. A pesar de las expectativas de Carrió, primero Garavano (Ministro de Justicia) y luego Macri aceptaron la renuncia.

La cuestión judicial no es un problema menor porque no es tan sencillo para el macrismo ir a fondo. Para todo político burgués el tema de la corrupción es un arma de doble filo, se sabe dónde se empieza pero no donde se termina, cayendo ajenos y propios en la volteada. Una pequeña muestra es la causa de dólar a futuro por la que recientemente fue a declarar Cristina: el juez Bonadio la inició contra el personal kirchnerista, y ahora el fiscal Jorge Di Lello imputó al propio Bonadio y a Sturzenegger por haber efectuado el pago. El reciente affaire de los Panama papers es otro ejemplo. En un principio pareció manchar solo a personajes del PRO, siendo Macri y Grindetti, los casos con más repercusión. Scioli se apuró a señalar “creo en las explicaciones que ha dado Mauricio”.[9] No pasó mucho tiempo hasta que salió a la luz que el mismo Daniel también estaba implicado en el escándalo, a través su “Gaucho Inc” de la que figura como presidente y director.

Probablemente Macri se contente con meter en la cárcel a algún que otro personaje ligado al kirchnerismo. Lázaro Báez y Ricardo Jaime ya tienen prisión preventiva. Podrá avanzar con algunos funcionarios más, pero difícilmente se anime a llegar hasta Cristina. El hecho de que haya sido citada a declarar por una causa menor es todo un dato. Por su parte Carrió podrá hacer todo el alarde que quiera sobre la corrupción y la impunidad, porque es el único capital político que tiene. Pero la estrategia de Macri es no ir a fondo y difícilmente Lilita se anime a romper con Cambiemos. Es más, ya cambió su domicilio y se anunció su intención de participar como candidata de Mauricio en las legislativas del 2017 de la provincia de Buenos Aires.

¿Para siempre?

Macri a través del PRO y la alianza electoral Cambiemos logró conquistar la presidencia e incluso bastiones impensados como la provincia de Buenos Aires. A pesar de su discurso de “trabajo en equipo”, lo que queda de manifiesto es que esos espacios se encuentran recorridos por tensiones internas. No son, sin embargo, simples peleas personales. En el fondo, lo que genera conflictos son las tareas políticas que el gobierno tiene poder delante: resolver la “herencia”. Por un lado, los problemas de un país quebrado que requieren avanzar con el ajuste. De allí toda la disputa entre gradualismo y shock que ese manifiesta en los pasillos de Hacienda. Por otro, la necesidad de garantizar la gobernabilidad del conjunto del país, lo que obliga a negociar con los gobernadores del PJ, es decir más gastos y cierta capacidad para establecer alianzas. Allí aparecen los roces entre Prat Gay, Peña y Frigerio. Por último, la herencia judicial del kirchnerismo que obliga a Macri a hacer algo luego de haber insistido en su campaña con la lucha anticorrupción. En el medio de todo eso, mantener ordenado el partido.

Es evidente que las contradicciones internas aún no han detonado ni en fraccionamientos explícitos ni en rupturas. Están contenidas. Pero la suerte del macrismo y de todo su equipo está al financiamiento externo y al ajuste sin demasiada conflictividad. Si esas variables, que están íntimamente relacionadas, no se mueven favorablemente, todo el armado del macrismo puede colapsar y hacerse explícito lo que hasta ahora aparece más o menos larvado.

Notas

[1]Clarín, 28/03/2016, en http://goo.gl/suRP9O

[2]Télam, 28/03/2016, en http://goo.gl/RE7llN

[3]Revista Qué, 28/03/2016, en http://goo.gl/053PnI

[4]La Nación, 27/01/2016, en http://goo.gl/7Rdua2

[5]Infobae, 08/03/2016, en http://goo.gl/qF9xnA

[6]El Cronista comercial, 03/03/2016, en http://goo.gl/qZnkv2

[7]Clarín, 04/03/2016, en http://goo.gl/iV6ge8

[8]La Política Online, 16/02/2016 en http://goo.gl/0XyL5C

[9]La Nación, 05/04/2016, en http://goo.gl/0SwYyA

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