Todavía seguimos perdiendo. Aumento salarial e inflación

Por Roxana Telechea – El gobierno anunció con bombos y platillos una recomposición salarial que duplica el nivel de enero del 2002. A primera vista eso puede resultar cierto: desde diciembre del 2001 hasta la actualidad, los salarios nominales subieron casi un 90%. Ahora bien, el aumento “en promedio” esconde una cuestión fundamental: ese aumento no fue el mismo para todos los sectores y no tiene en cuenta la inflación. Como veremos, la suba del 16,5% pactada entre la CGT y el gobierno, coloca al grueso de la población todavía peor con Kichner que durante los ‘90s.

Sueldos vs comida

La clave para comprender la verdadera situación salarial está en relacionar los aumentos que recibimos en el bolsillo (el llamado “salario nominal”) con la suba de precios. Para medir la infl ación, el INDEC observa una canasta de productos registrada en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). El salario nominal en relación a la infl ación nos muestra el llamado “salario real”. Éste refl eja una mejora para los salarios en blanco, pero todavía un retroceso del nivel de vida de los empleados públicos y los empleados en negro. Con estos datos, aunque no se podría afi rmar que la situación de la clase obrera es buena, la apariencia mostraría una tendencia hacia una mejora general.

Ahora bien, tomar el IPC como referencia para ver el salario real tiene varios problemas. Además de una manipulación burda (ver “Las patas de la mentira”, en este suplemento), la canasta de productos del IPC esconde el formidable aumento de los productos alimentarios, es decir, en los que se gasta la mayor parte del salario obrero. Por esa razón, decidimos comparar la variación de los salarios con la variación de la Canasta Básica de Alimentos (CBA). Diferenciando por sector, observamos que los trabajadores privados “en blanco” tuvieron una recomposición salarial, desde diciembre del 2001, del 134,75%. Esta situación ubica a los asalariados registrados, en promedio, un 9% por encima del aumento de la CBA, desde julio del año pasado (esto sin tener en cuenta que la CBA de junio, medida en forma directa por el Observatorio Marxista de Estadísticas, es en realidad un 25% más cara de lo que dice el organismo ofi cial). Por su parte, los asalariados en “negro” y los del sector público no recibieron aumentos ni siquiera cercanos al nivel de la infl ación ofi cial, por lo que están mucho peor. Los trabajadores estatales y los trabajadores no registrados tuvieron, en los últimos 2 años y medio, aumentos salariales del 50,86% y del 73,5% respectivamente, muy por debajo del 127,56% que subió la CBA en el mismo período. En el caso de estos sectores, como se observa en el gráfi co, hubo una reducción del poder adquisitivo, durante estos últimos cinco años, de más de la mitad.

En blanco y negro

Como vemos, sólo los trabajadores en blanco, siempre según las cifras oficiales, están mejor ahora que antes del 2002. Pero encima, éstos son una parte menor de la población trabajadora. Los asalariados privados registrados (nombre técnico para el trabajo en “blanco”), según datos del INDEC, corresponden al 50% de los asalariados. Si tomamos en cuenta al total de la población económicamente activa (la PEA, que incluye asalariados, desocupados, cuenta-propistas, trabajadores familiares, patrones), sólo abarcan al 33,57% de quienes pueden trabajar.

Podríamos decir hasta acá, y siempre según las mismas cifras oficiales, que existe un 33,57% de la fuerza laboral que ha logrado mantener su nivel de vida muy poco por encima del peor momento de la peor crisis argentina de la historia. Ese es el mayor “triunfo” del gobierno K. Ahora bien, aceptando todavía las cifras oficiales, hay varias cuestiones más a tener en cuenta. La inflación oficial es más fuerte en el interior del país que en Capital y provincia de Buenos Aires. Con lo cual, los asalariados de las provincias vieron agrandar negativamente la brecha entre sus ingresos y el costo de vida. Según la información del INDEC del último censo, en Buenos Aires y Capital Federal se encuentra el 48,8% de los empleados y obreros. Diferenciando por sector, el 52% de los empleados del sector privado del país se encuentra en esas zonas (el censo no diferencia entre empleados en blanco y en negro). Por lo tanto, y teniendo en cuenta, como dijimos, que la inflación oficial fue mayor en las provincias, el porcentaje de población que vio aumentar sus ingresos por encima del aumento de la inflación se reduce todavía más.

Aun creyendo los resultados que arrojan los índices oficiales, los datos siguen mostrando que sólo una minoría de los trabajadores ha logrado mantener su nivel de vida en relación a la crisis del 2001. Es decir, bastante más de dos tercios de la PEA no ha recibido ningún aumento salarial en relación al 2001. Los acuerdos de la CGT resultan, entonces, más un mecanismo de ajuste y expropiación que un instrumento de la recuperación salarial.

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