Testigo encubierto. La izquierda en tiempos de Macri – Guido Lisandrello

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Si el FIT abandonara el chiquitaje y la disputa facciosa, si dejara de ser un testigo de la situación, si realmente estuviera a la altura de la etapa histórica, podría acaudillar detrás suyo a buena parte de la izquierda que se nucleó alrededor del frente y a la que jamás se le dio ni voz ni voto.

Guido Lissandrello

Grupo de Investigación de la Izquierda Argentina-CEICS


Tal como lo vimos en el dossier del número anterior de El Aromo, el macrismo sueña con una transformación profunda de la Argentina que sepulte la correlación de fuerzas que se instaló después del 2001. En materia económica apunta a reducir la dependencia agraria e impulsar la productividad industrial mediante el incremento de la tasa de explotación. En materia política busca la salida del bonapartismo. Es decir, viene a cerrar el ciclo político que se inauguró el Argentinazo, restablecer el control de la calle y reconstruir plenamente la hegemonía. Semejante cuadro requiere de una intervención firme y contundente de quienes fueron protagonistas de esas jornadas –la izquierda revolucionaria–, no solo para “resistir” sino principalmente, para pasar a la ofensiva. En esta nota examinamos la actuación de la izquierda, fundamentalmente de las fuerzas del Frente de Izquierda (FIT), durante este primer año y medio de gobierno macrista, a fin de balancear si efectivamente estuvo o no a la altura de las circunstancias.

 

De la desorientación…

 

La primera reacción del FIT ante la llegada del macrismo fue de una absoluta desorientación. Paradójicamente, no por quien se sentaba en el sillón de Rivadavia, sino por quien lo dejaba: Cristina y el kirchnerismo. Fueron dos mujeres las que mostraron la debilidad del trotskismo, Milagro Sala y Hebe de Bonafini. La primera fue detenida en enero de 2016, inicialmente por un acampe que organizó. En nombre de las libertades democráticas, el FIT se encolumnó tras de ella sin delimitación alguna, creyendo que defendía a una “compañera” cuando en realidad estaba ante una funcionaria que actuó como un agente estatal de contención, represión y sobreexplotación a la clase obrera. Unos meses más tarde, fue el turno de la jefa de Madres de Plaza de Mayo, llamada a indagatoria por la causa “Sueños compartidos”. Otra vez, la izquierda se encolumnó en su defensa, confundiendo su pasado como referente de los derechos humanos con su presente de entrega al Estado, sus tareas de cooptación, y su actuación como patrón y estafador de los trabajadores en la segunda constructora más grande del país.

Puede, sin embargo, reconocerse un matiz entre las fuerzas del FIT en ambos momentos. Los componentes morenistas fueron los que más crudamente se colocaron bajo la dirección de Cristina. En el caso del PTS, incluso adoptó caracterizaciones más propias de La Cámpora, como denunciar al macrismo como “gobierno de los CEOs” o una Argentina “atendida por sus propios dueños”, y llegó a defender a un abusador K como Dante Palma. La realidad es que el virus “anti-macrista” infectó a casi toda la izquierda allende al FIT: PSTU, NMAS, MST, CRCR, PCR, IR. Más hábil para el manejo fue el PO, que evitó marchar con el kirchnerismo por Milagro Sala (aunque luego marcho de forma independiente con las mismas consignas) y llamó a Hebe a “demarcarse” de los corruptos. Sin embargo, es eso, un matiz, porque en ambos casos careció de una política independiente que le permitiera defender a las verdaderas víctimas de los casos: los trabajadores precarizados y estafados por ambas señoras.

Este cristinismo menguó cuando se hizo patente a ojos vista que las pretendidas “masas kirchneristas” no existían. Las sucesivas visitas de la “jefa” a los tribunales de Comodoro Py mostraron que no movilizaban más que un puñado de militantes. No obstante, la izquierda continúa aún hoy congraciándose con el kirchnerismo. Este 24 de marzo en provincias como San Juan y Entre Ríos componentes del FIT marcharon encolumnados con el kirchnerismo. En Buenos Aires la marcha del Encuentro Memoria Verdad y Justicia se negó a avanzar sobre el tapón que generó Nuevo Encuentro en la 9 de Julio. El resultado fue que las columnas terminaron por entrar cuando el documento ya había sido leído y la cabecera comenzaba a desconcentrar. Puede parecer un detalle, pero lo que se rifó allí fue la posibilidad de llenar la Plaza de Mayo, superar la manifestación kirchnerista y dejar en claro que la verdadera oposición al macrismo es la izquierda.

¿A qué responde este fenómeno? Ya lo hemos dicho en otro lado: a la incapacidad histórica de la izquierda para delimitarse del peronismo. Las fuerzas del FIT, y buena parte de quienes están por fuera del frente, creen que aún el peronismo es un fenómeno vivo en la clase obrera argentina y que no hay que combatirlo, sino “heredarlo”. No es necesario hacer agitación socialista para disputar la conciencia de las masas, sino que hay acercarse a ellas, mostrarles que Máximo, Cristina y compañía “no luchan” y allí se harán trotskistas. Se trata de una claudicación programática en toda la regla, camuflada por el “luchismo” que no hace otra cosa más que terminar por mimetizar a la izquierda con el peronismo. En lugar de sepultar el cadáver, intenta resucitarlo.

 

… a la parálisis

 

En el campo de la intervención política propia, el FIT brilló por su completa ausencia. Como advertimos desde su nacimiento, el frente tenía enormes potencialidades como puntal para el reagrupamiento de la vanguardia y la construcción de un gran partido revolucionario. Pero sus direcciones se esforzaron por mantenerlo como un frente meramente electoral, sin capacidad de intervenir de conjunto en coyunturas claves, sin emitir siquiera comunicados comunes y rivalizando entre sus partes integrantes en los diferentes espacios gremiales. Estas falencias no fueron superadas, incluso se agravaron durante el primer año del macrismo. Los pocos espacios comunes fueron sepultados. Los ejemplos sobran, pero nombremos los más importantes.

En marzo, el frente amagó con la convocatoria a un “encuentro” sindical en el microestadio de Racing, que incluiría a otros agrupamientos (MAS, MST, Rompiendo Cadenas, etc.). En ningún momento quedó claro cuáles eran los objetivos, aunque habida cuenta de la experiencia, se avizoraba que sería un simple acto de apoyo a las luchas en curso y quizás definir una marcha. Pero algo tan simple como eso naufragó porque no hubo acuerdo en torno a la composición de la mesa directiva. Dos meses más tarde el FIT protagonizó otro papelón, esta vez, en la organización del acto por el 1º de mayo. Como lo reconoció Gabriel Solano en su momento, se trata del “único acto que el FIT realiza anualmente desde su fundación en el año 2011”.[i] Es más bien poco, pero lo cierto es que ese único acto fue rifado, porque el PTS prefirió realizar uno propio en defensa de Dilma y de la democracia brasilera.

Recién hacia fines de año el frente parecía poder salir del estancamiento con la convocatoria a un Acto en Atlanta, luego de haber fracasado una “Conferencia del FIT” propuesta por el PTS. Lo que podía ser el primer paso para la refundación del frente, terminó siendo un show de falsas promesas. Pitrola propuso avanzar en un “frente único” y hacer un Huracán. Del Caño, abrir el FIT a otras fuerzas y Giordano defendió la “unidad”. Terminado el acto, la importante masa militante congregada volvió a su casa y, al día siguiente, todo siguió como siempre…

En los demás terrenos de intervención política el panorama es el mismo. En los sindicatos, siguen dividiéndose en listas que compiten entre sí o que intentan disputar lo que otra fuerza ya ha conquistado. El parlamento fue escenario de una completa estafa: se votó un frente y terminaron actuando bloques independientes. El PTS, principal responsable de esta maniobra, votó además repetidas veces junto con el kirchnerismo. La intervención de los diputados obreros, como señalamos en otra oportunidad,[ii] se caracterizó por ser sindicalera y nacionalista, siempre muy lejos de la agitación socialista.

En la calle, tampoco aconteció demasiado. El FIT careció de iniciativas importantes para intervenir en los grandes problemas y enfrentar el ajuste. Adónde fue, como el caso del 7 de marzo de este año, su presencia fue reducida y más bien testimonial.

¿Qué perspectivas hay a futuro? Actualmente no hay nada que indique la posibilidad de un viraje en la política del FIT. Al momento de cerrar esta nota, sus partes integrantes aún discuten la convocatoria a un acto único para el primero de mayo. Por lo demás, el PO viene insistiendo en un Congreso del Movimiento Obrero y la Izquierda, en declaraciones que por momentos dirige a “los partidos del FIT”[iii] y por momentos al “a todas las fuerzas que han apoyado o apoyan al FIT”[iv]. Nunca queda del todo claro quiénes podrían participar ni si su carácter será el funcionar como apéndice de la campaña electoral. El cierre de Ramal en el 23º Congreso del partido fue muy claro en cuanto al plan de acción: “vamos a organizar el ‘ejército’ de los que, en pocas semanas y meses, van a ir con nosotros a la conquista del voto.”[v] De cualquier modo, seguimos esperando que le pongan fecha…

Mientras tanto, el PTS continúa con su faccionalismo descarnado. Tras declarar sus propios candidatos, y trasladar a Del Caño de Mendoza a Buenos Aires, volvió a amenazar con ir a las PASO y lanzó sus propias consignas: “Nuestras vidas valen más que sus ganancias”, “Que la crisis la paguen ellos” y “Basta de gobernar para los ricos”. Un claro abandono de las definiciones clasistas y un intento de apelar a la “ciudadanía kirchnerista”. Por su parte, IS dice negarse a resolver las candidaturas en las PASO y propone armar listas unitarias “respetando los acuerdos alcanzados y los resultados de las PASO 2015”.[vi] Es decir, aceptan el mecanismo. Mientras tanto, apuesta a fortalecer los Plenarios de Haedo, para seguir reclamándole a la burocracia un paro de 36hs con movilización a Plaza de Mayo. De tomar el problema en nuestras manos, nada… El panorama es claro: el segundo año del gobierno de Macri encuentra a toda la izquierda metida en lo electoral. Otro año más que se regala.

 

Al borde del patíbulo

 

En el estado que se encuentra hoy, el FIT es una herramienta inútil. Vive denunciando que se viene un “ajuste brutal”, pero se comporta como si nada sucediera realmente. Se limita sencillamente a ser un testigo y lo hace bajo una identidad encubierta, porque se niega a mostrar sus verdaderas intenciones (si es que realmente quieren la revolución socialista) y coquetea con el enemigo. Todo el potencial que contiene para convertirse en un puntal del reagrupamiento de la vanguardia se está rifando. Prueba de ello es el surgimiento de frentes oportunistas como el que ha fundado la izquierda anti-Macri (MST y NMAS), que se unió para no verse barrida del plano electoral. Si no fuera por su tendencia al constante fraccionamiento, el conjunto del morenismo podría reagruparse allí y eventualmente disputar las bases al FIT, con el evidente retroceso político que eso supone.

Si el FIT abandonara el chiquitaje y la disputa facciosa, si dejara de ser un testigo de la situación, si realmente estuviera a la altura de la etapa histórica, podría acaudillar detrás suyo a buena parte de la izquierda que se nucleó alrededor del frente y a la que jamás se le dio ni voz ni voto. Eso desplegaría una fuerza centrípeta que atraería a gran parte del activismo de izquierda y condenaría al ostracismo a los que permanecieran ajenos. Con un agrupamiento que centralice todas esas fuerzas, con un programa y un plan de lucha votado en un congreso de militantes, contaríamos con una herramienta poderosa con la cual no solo podríamos frenar el ajuste de la burguesía, sino que podríamos ir definitivamente por todo. Es momento de que el FIT de un paso, hacia adelante, sino quiere darlo hacia el costado.

Notas

[i]https://goo.gl/17HwxF

[ii]https://goo.gl/Ms2ngg

[iii]https://goo.gl/PPL60s

[iv]https://goo.gl/RF0d3l

[v]https://goo.gl/83yhzU

[vi]https://goo.gl/whJ40d

1 respuesta

  1. mariano dice:

    Coincido plenamente con el análisis que hacen. Y esa dirigencia inútil le va a costar muy caro a la clase obrera , porque cuando estalle la crisis nuevamente y tengan que intervenir, los trabajadores van a pelear esa batalla a ciegas, sin dirección. Si esperan que los partidos de la izquierda argentina tenga la lucidez para crear un programa y un partido unificado le están pidiendo peras al olmo, porque es evidente que no quieren hacerlo. No digo que no se pueda, a mi criterio esa tarea es difícil pero posible. Lo que no veo en esa dirigencia es la voluntad de hacerlo.

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