Terminó el mundial


Ricardo Maldonado
Grupo de Cultura Proletaria

En algún momento llegamos a ser competitivos en el futbol mundial, ya no. Difícilmente volvamos a estarlo bajo la legalidad capitalista. El deporte, como juego, como terreno donde la libertad, la solidaridad y la destreza tengan primacía, no puede hacer nada contra el poder del capital, su concentración y poder destructivo. En este sistema sólo queda ver cómo ganan otros.

El futbol se emparejó

En el comienzo del mundial el 1 a 0 de México sobre Alemania fue inánimemente calificado de batacazo. A pesar y contradictoriamente con esa calificación se insistió y se insiste (incluso en muchos medios periodísticos) que el fútbol se ha emparejado. Esa afirmación no sólo es totalmente falsa sino que intenta encubrir algo, que el fútbol como negocio, y todos los negocios como le sucede al fútbol, están regidos por las leyes propias del capitalismo y ninguna particularidad permite escapar a ellas. Que la selección mejor clasificada de una confederación (Concacaf) le gane a la que más puntos obtuvo de otra confederación (Uefa) y se lo califique de “sorpresa” (20minutos) “triunfo histórico” (La Jornada) expresa que el futbol no se ha emparejado en absoluto.

Esto es así no sólo por la manera en que lo refleja la prensa mexicana, que al fin y al cabo es una evaluación subjetiva, sino por los resultados reales de las competencias. Examinemos la realidad. En este siglo se han realizado 5 mundiales. El 80% de ellos lo ganó un equipo europeo (el otro lo ganó Brasil hace 16 años), el 80% de ellos lo ganó un equipo que ya había sido campeón (el otro España en 2010) Pero en cambio desde el primer mundial en 1930 hasta el de 1998, los 16 mundiales disputados se repartían en partes iguales entre Sudamérica y Europa. (4 Brasil, 2 Uruguay y 2 Argentina contra 3 de Alemania, 3 de Italia, 1 de Inglaterra y 1 de Francia)

Las participaciones de Asia y África no pueden ser contabilizadas toda vez que en esos continentes durante gran parte del período muchos países no habían logrado siquiera su independencia, mucho menos poseían asociaciones de futbol integradas a la FIFA. Por ejemplo en la primera Copa Africana de Naciones de 1957, participaron solamente tres países: Egipto, Etiopía y Sudán. Fundada en 1904, en 1923 la FIFA ya tenía afiliadas 36 federaciones que incluían a las 8 que han logrado ganar un título. En los 95 años posteriores el número de federaciones ha crecido hasta 211 sin que ninguno de estos equipos haya logrado integrarse al selecto grupo de los campeones. Entonces tenemos que en el siglo XX la proporción de mundiales ganados entre Sudamérica y Europa era de 50 y 50, en este siglo es de 80 a 20. Nada se emparejó aquí, todo lo contrario.

El futbol de selecciones se nutre del futbol de clubes. Estos no han tenido competencias internacionales estables y oficiales hasta fines de la década del 50, coincidiendo con la difusión de esa novedad llamada televisión. La Copa Libertadores comenzó a disputarse en 1960. Ese mismo año se jugó la primera Copa Intercontinental entre el Real Madrid y Peñarol campeones de ambas confederaciones, con triunfo para los europeos. Se disputaron 43 ediciones hasta el año 2004. Y de éste lado se mantuvo una leve ventaja de 22 a 21 (poco más del 51% de los títulos en su poder) De allí en más se disputa la Copa Mundial de Clubes que la reemplazó e incorporó a los clubes campeones de las otras confederaciones continentales. Del 2005 al 2017 la proporción favor de Europa es de 10 a 3. El 77% de los títulos han quedado en el viejo continente.

Lo que se manifestaba como paridad en las disputas entre Europa y Sudamérica durante el siglo XX, se inclinó hacia una abrumadora proporción de 4 a 1 en el siglo actual. La cantinela del emparejamiento es esgrimida por quienes observan cómo la selección argentina es desplazada del grupo selecto. Limada nuestra potencialidad campeona, recurrimos al baboso pensamiento posmoderno: ahora todo daría igual, lo mismo un burro que un gran profesor. Si no podemos ganar como antes será porque ya no hay diferencias. Como acabamos de ver (y de contabilizar) no es así. Nada se emparejó, solamente nos quedamos del lado flaco de la cuestión.

Está todo arreglado

Sin embargo la vida es dialéctica, contradictoria. Y sucede que muchos de los que ven esta tendencia a la diferencia y la distancia, caen en un espejismo igualmente equivocado. Es el de decir que no hay competencia, que todo está arreglado entre un puñado de poderosos. Aunque no lo dicen todavía, a poco estamos de la aparición de una teoría del monopolio en el ámbito deportivo. Enzo Pérez gritando para la televisión que pusieron el VAR en la Copa Libertadores para perjudicarlo a Ríver, y cualquiera de las teorías paranoicas y conspirativas, van en ese sentido. Y no es así. Veamos primero los números y luego el porqué.

Los mundiales de este siglo si bien fueron abrumadoramente hacia Europa, no se concentraron. En un lapso de 16 años no hubo ningún campeón repetido. En el terreno de los clubes, la medida más elevada es la Champions League. Cómo señalamos respecto a la comparación entre continentes, en esta competencia la amplitud de 13 ligas que habían accedido a finales hasta el 2005, se redujo a 4 desde ese año. Nunca antes en un periodo tan largo se había visto tan reducido el número de ligas que acceden a la final. Pero si observamos entre estás hay una feroz disputa. Las ligas nacionales parecen ser cada vez más el terreno en el que los grandes clubes deben asegurarse el piso de la verdadera competencia. Si para los clubes de segunda línea el campeonato no está ni siquiera en los sueños, y sólo aspiran a “llegar a Europa”, los grandes clubes son aquellos que no pueden bajar de “los puestos de Champions”. O sea que el verdadero campeonato está allí. En los últimos 20 años, en las 5 grandes ligas el 76% del total los títulos se repartieron entre los 2 equipos más poderosos de cada una. Y si nos referimos a los dos primeros puestos de cada liga, puestos de clasificación directa a la CL el 95% de las veces les correspondieron a uno de los 5 grandes de cada país. A nadie se le ocurre que la Juventus (7 veces consecutivas campeón de Italia) el PSG (5 veces campeón y 2 subcampeón) el Bayern de Munich (6 veces campeón y una subcampeón), el Barcelona (4 veces campeón y 3 subcampeón) o el Manchester City (3 campeón y 2 subcampeón) midan su temporada por lo que han hecho en el campeonato de su país. Su competencia está en Europa, en el campeonato que reparte (además de potenciar todas las otras fuentes de ingresos) 1300 millones de euros. Pero en esa instancia, en la que compiten con los de su tamaño, no hay arreglo posible, la competencia es muy dura y sin concesiones. La disputa es real, y a fondo. ¿Por qué? Porque para llegar y permanecer en esa instancia esos clubes, cada uno de los poderosos, ha tenido que invertir y mucho, y esa inversión exige retorno, rentabilidad. Al 20 de julio cuantificaba el periódico As de España que los que equipos clasificados para la CL que más “han invertido en fichajes hasta el momento pertenecen a la Serie A con más de 427 millones de euros. Le siguen la Premier League con 335 millones y LaLiga con 289,6 millones”i Eso no se junta con una alcancía pasada entre los socios.

Y esto no es todo, esos clubes también necesitan una infraestructura acorde, de manera que hay también otros rubros de inversión, con menos ruido pero también onerosos: uno de los clubes que ha clasificado luego de varios años a la CL es el Valencia de España. Éste se encuentra desde antes del 2006 tratando de construir un nuevo estadio acorde a las demandas del negocio, sin embargo no ha podido (crisis inmobiliaria mediante) vender aún los terrenos del viejo Mestalla (de 1923, el estadio más antiguo de La Liga en la actualidad) y construir el nuevo. Un poco más al norte, el Rangers escocés, con sus 120 años de historia, casi desaparece en 2012. Fue liquidado, renombrado y parte de su salvación se debe a pertenecer a una federación tan desigual que en los 122 campeonatos disputados desde 1891 a hoy el 85% de los títulos han quedado entre dos equipos (Celtic y Rangers) y la totalidad de los de los últimos 30 años. Su desaparición amenazaba la existencia misma de la Scotish Premiership, por lo que hubo un común interés en su recuperación. En resumen, compiten cada vez menos, pero cada vez de manera más aguda.

Un gran campeonato que no jugamos los trabajadores

El futbol muestra a la luz del día como funciona el mundo. Ni la perspectiva paranoica de un acuerdo para perjudicarnos, ni la estupidez posmoderna de una realidad que carece de diferencias nos permite orientarnos. Los clubes expresan los movimientos propios de lo que son, capitales en competencia. Aunque su forma legal sea una asociación civil, no alcanza con esa formalidad para definirlos. Es necesario establecer la lógica de su funcionamiento profundo. El Real Madrid no es una sociedad anónima deportiva (SAD), el Barcelona FC tampoco. Pero sus movimientos no escapan a los de los capitales porque compiten con otros bajo la lógica de la competencia, las ganancias y las pérdidas.

La industria automotriz es un espejo pulido al respecto. De los 58 millones de unidades del año 2000 fabricados en 50 países, se pasó a 84 en el 2012 pero ya en sólo 42 naciones. En 2014 se fabricaron 90 millones de vehículos en el mundo. Los 8 grupos más poderosos fabricaron el 65% de ellos, los restantes 42 grupos el 35%. Tres C nos permiten entender lo que sucede: competencia, centralización y concentración. Los grandes se controlan entre ellos mientras se devoran a los pequeños. Eso es el capitalismo. Sin entenderlo así, no se entienden ni el fútbol, ni los fierros. La competencia capitalista (y la del futbol profesional) no es una competencia a la que todos estamos invitados. Es la competencia que excluye a casi  todos pero que es feroz entre los que se quedan. Entre ellos no hay acuerdo, porque el éxito de unos supone y exige la derrota de otros. Mientras tanto, los demás seguimos participando, cada vez con menos chances. Y algunos no lo harán nunca más. Alguna vez fuimos competitivos en el futbol mundial, hoy sufrimos en las eliminatorias. Bajo la legalidad capitalista difícilmente volvamos a ser lo que fuimos. El deporte, como juego, como terreno dónde la libertad, la solidaridad y el entusiasmo, junto a la destreza tengan primacía, no puede hacer nada contra el poder del capital, su concentración y poder destructivo. En este sistema sólo queda ver cómo ganan otros.


Notas

i https://as.com/futbol/2018/07/20/champions/1532104285_825615.html

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