“Somos parte de la clase explotada”, entrevista a Elena Reynaga (AMMAR – CTA)

a65entrevammarProstitución y trata: un debate necesario
Entrevista a las dirigentes de AMMA-CTA y AMMA-Capital, sobre las características del trabajo sexual
¿Es la prostitución un trabajo como cualquier otro o deberíamos eliminarlo? ¿Cómo debe combatirse la trata? A continuación, dos dirigentes de organizaciones de meretrices dan su opinión, en lo que esperamos sea el inicio de un debate que resulta ineludible.

Entrevistas realizadas por Tamara Seiffer
El caso de Marita Verón puso a consideración de la opinión pública un problema serio: la trata de mujeres. Junto a este, suele aparecer asociada la cuestión de la prostitución. Ambas problemáticas expresan una contradicción de clase. Si bien todo el mundo se opone a la trata, hay quienes creen que debe combatirse aboliendo la prostitución y quienes distinguen entre la trata (un delito a combatir) y la prostitución (un trabajo). ¿Es la prostitución un trabajo como cualquier otro? ¿Cuál es el horizonte inmediato para organizar a las compañeras que están en esa situación? Para abrir la discusión, hemos entrevistado dirigentes de las dos organizaciones que agrupan a las mujeres en situación de prostitución. Ambas ponderan el cooperativismo. La primera, ligada a la CTA, reivindica la actividad y reclama la organización sindical de la misma. La segunda, ligada al Estado, llama a un abolicionismo algo ingenuo y a abandonarla para dedicarse a otros oficios. Queda planteada la polémica. Invitamos a las compañeras y a las organizaciones interesadas a sumarse a un debate que aquí iniciamos.

 “Somos parte de la clase explotada”
Entrevista a Elena Reynaga, fundadora y asesora de Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR-CTA)
por Tamara Seiffer
A raíz del caso de Marita Verón, se habló mucho de la prostitución y de la trata de personas. Elena, ¿cuál es la posición de AMMAR respecto a la trata?
Obviamente, AMMAR está totalmente en contra del tráfico de personas, de la trata, del proxenetismo, de la esclavitud, de la violencia hacia las mujeres y del aborto clandestino. Pero todavía, más allá del debate que hay hoy y del juicio de Marita Verón, no se va a resolver ni a disminuir la trata porque metan presas a esas doce o trece personas. Si bien se avanzó a partir de Marita Verón, el tema de trata de personas es bastante viejo. Con respecto a la Ley [de Trata], primero, le falta algo fundamental, que es el tema del presupuesto. Yo les voy a creer a los que apoyaron la ley (me refiero a los que tienen responsabilidad política, tanto a la justicia como al gobierno), cuando realmente le pongan un presupuesto acorde con lo que el problema significa. Por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires hay un solo refugio. Si en la ciudad más rica del país hay un solo refugio, ni queremos pensar lo que pasa en el Chaco, Salta, Formosa, que es un semillero para la trata de personas. Por eso, el tema del presupuesto es muy importante. Otra de las cuestiones con las que estamos totalmente en desacuerdo -y se lo hemos hecho saber tanto al Ministro de Justicia como a la Ministra de Seguridad- es que no nos han hecho parte a nosotras, que somos las que estamos en la calle. Ni siquiera conformaron una mesa de trabajo con todos los gobiernos, todos los ministerios y la sociedad civil. Después, creo que también hay oportunismo y desconocimiento. Oportunismo en el sentido de querer mezclar todo en la misma bolsa: el tema de trata con el tema de prostitución en general y, a esta, con la actividad de las mujeres autónomas. Tienen una fantasía por lo que ven en el prostíbulo. Pero una cosa es lo que vos ves en algunos prostíbulos (que tenés que denunciar) y otra cosa son las compañeras van que y vienen de sus casas, donde no están siendo tratadas, están siendo explotadas. Ahí se trata de proxenetismo. Pero son dos cosas distintas y tiene que haber acciones distintas, estrategias distintas.
¿Podés explicar la postura de ustedes en relación al trabajo sexual?
Nosotras planteamos que el trabajo sexual es una opción. Cualquier mujer o varón de la clase trabajadora que tiene un abanico de opciones: o es minero o es empleada de supermercado. Y nosotras hemos optado por el trabajo sexual. ¿Por qué muchas hemos optado por el trabajo sexual? Porque nos ha dado la oportunidad de ponerle horario a nuestro trabajo. Yo antes que trabajadora sexual, soy mamá. Tuve que educar a mis hijos, como cualquier otra mamá que se queda sola en la vida. Yo opté entre seguir limpiando (y que alguien me cuidara de favor a mis hijos) y las oportunidades que el trabajo sexual me generó. Me dio un salario que es dos o tres veces lo que ganaría en una fábrica. Me dio libertad, autonomía y la posibilidad de tener una vivienda digna y un estudio para mis hijos. Yo soy una trabajadora sexual y nadie me obligó. Estaba convencida, sabía en lo que estaba. Sí sufrí mucho, pero no por el trabajo sexual, sino por las condiciones en que tuve que trabajar. Tenemos que de una vez por todas dejar de juzgar. ¿Por qué decirme a mí lo que yo tengo que hacer o decirnos que no nos consideran trabajadoras, porque el cuerpo no es mercancía? El cuerpo es mío, lo único mío que tengo. Nosotras trabajamos en contra de la violencia hacia las mujeres y después resulta que nos dicen “yo no te considero a vos trabajadora”. Eso es violento, eso no es democrático, es patriarcal puro. En todo caso, si pedimos una ley que regularice nuestro trabajo y en diez años nos damos cuenta que estábamos equivocadas, somos nosotras las que nos queremos equivocar. ¿Cómo puede ser que en el Encuentro Nacional de Mujeres seamos combatidas? Somos persona non grata para las grandes feministas abolicionistas.
Ustedes están peleando por una ley de regularización del trabajo sexual, ¿podés contarnos sus elementos principales?
La ley es una regulación del trabajo autónomo de mujeres mayores de edad en el ámbito nacional. Primero, la idea es tener una legislación para dejar de ser clandestinas, dejar de estar en una situación que no es ilegal, pero tampoco es legal. Hoy no tenemos ningún marco que nos garantice derechos. Segundo, creemos fielmente que la ley va a disminuir el tema de la trata. Por eso, tiene una doble intencionalidad. Nosotras hemos discutido mucho qué pasa con las compañeras que no son autónomas e iniciamos algunas acciones para que grupos de compañeras se alquilen departamentos y creen una cooperativa de trabajo. Ahí no hay ninguna figura de proxenetismo ni nada por el estilo. Cuando lo empezamos a instalar y compañeras se empezaron a animar, nos encontramos con el problema que la policía entraba. A veces, primero como cliente. Cuando veía que las compañeras estaban solas, sin varones de regentes, venían diciendo que eran de la brigada de tal, que tenían que hacer un allanamiento. Mentira: venían sin orden del fiscal o del juez. Una de las cosas que se nos ocurrió fue hacer un afiche de la organización, que le fuimos dando a las compañeras con nuestro teléfono y cuando ellos vienen, las compañeras les entregan una tarjeta y les dicen “llamá a nuestra Secretaria General, que ella va a hablar con vos”. Y así, hay muchas compañeras que hoy, por suerte, no están pagando. Pero Buenos Aires es muy grande. Por eso necesitamos la ley, para que las chicas se puedan constituir como cooperativa de trabajo. La ley tendría que garantizarnos que podamos alquilar un departamento para vivir dignamente. Hay un montón de injusticias. ¿Por qué en algunas provincias las chicas tienen que hacerse todas las semanas el test de VIH? Eso es un abuso y va en contra de la Ley Nacional de VIH-SIDA, que plantea el consentimiento informado. Todas esas cosas las tenemos contempladas en la ley.
¿Cuál es la diferencia entre el ejercicio de forma autónoma respecto de otras formas de trabajo sexual?
La diferencia es que ellas [las autónomas] contratan el servicio en la vía pública, van al hotel y el cliente se hace cargo de lo que vale el hotel. Ella arregla todo eso. Si hace $200, $300, $400 o más por día y se lo lleva todo. Lo mismo las compañeras de las cooperativas: de sus ingresos mensuales, solo sacan el alquiler. No tienen que dejar ningún porcentaje a nadie, que es lo que hoy está pasando. Como estamos en este vacío legal, en los prostíbulos se quedan con un porcentaje. Si el local está cobrando $60, $70, la chica se está llevando $15. Y tiene que trabajar 12 horas, tiene que trabajar en los días femeninos y tiene que salir con quien ellos decidan. La diferencia con la calle, aunque a la gente le parezca increíble, es que vos vas adquiriendo algunos conocimientos, como cualquier trabajador, y decidís si salís o no con ese que paró. Nadie te está diciendo “tenés que salir”. Obviamente, si en todo el día no hiciste nada, tenés la presión del dinero, pero no hay una tercera persona que te obliga. Después, el cuerpo te dice cosas: el modo en que el potencial cliente te habla, te mira y sabés cómo va a ser en la habitación. Si viene alcoholizado o drogado, tenés la oportunidad de decirle, con mucha elegancia, que no.
¿Cómo decide AMMAR ingresar a la CTA?
La verdad es que vinimos a la CTA como podríamos haber ido a cualquier otro lugar. No teníamos conciencia de militante. Cuando empezamos, lo único que nos importaba era no ir presas. En la época del proceso fuimos presas mucho tiempo y la democracia nosotras no la disfrutamos. No era pavada. Necesitábamos un espacio físico y los primeros meses nos juntábamos en los bares por Constitución, pero la policía empezó a ver que nos estábamos reuniendo y percibió una amenaza. Nosotras organizadas somos una amenaza para la policía, porque se les termina el negocio. Entonces empezaron a entrar a los bares y a llevarnos de los pelos. Viendo esas complicaciones, una antropóloga que había empezado a trabajar con nosotras y era amiga de Teo Peralta de ATE Capital, nos sugirió pedirle ayuda al sindicato. Un día, luego de una reunión allí, la policía nos esperó en la puerta y nos llevaron detenidas. Eso empezó a desanimar a las mujeres. Teo Peralta vio que se nos estaba complicando y me sugirió venir a la CTA, que era relativamente nueva. Hablamos con Víctor De Gennaro y nos dieron un lugarcito. Estábamos en un sótano, los únicos que bajaban eran Víctor y Néstor Piccone [secretario de Prensa de ese momento] para escucharnos. Fue duro estar los primeros años acá, pero a partir de haber subido a donde estaban los demás sindicatos, aprendimos lo que era un gremio, lo que era un delegado y lo que era discutir la coyuntura política. Después fui elegida como vocal en la Mesa Nacional. Somos la única organización de trabajadoras sexuales que tiene este nivel político, que no solo tiene el área del VIH, el área de los Derechos Humanos. Nosotras vamos más allá, para cambiar la realidad más profunda. Yo me di cuenta que nosotras éramos una parte más. Una parte más de una gran clase de trabajadores que es explotada, excluida y discriminada. Y que nadie se salva solo.

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