Socialismo o peronismo. Presentación del número 30 de la revista Razón y Revolución, en la Universidad Nacional de Mar del Plata – Marina Kabat, Pablo Bonavena y Juan Perrotat

“Efectivamente, la conciencia es un problema y el trotskismo no lo resuelve. Lo platea diciendo que la experiencia por sí misma lo va a resolver y se abstiene de intervenir ahí. La intervención que Lenin piensa en ese terreno, el trotskismo la abandona.” Marina Kabat

Marina Kabat, Pablo Bonavena y Juan Perrotat


El viernes 11 de agosto, en el marco de las Jornadas Interescuelas de Historia de Mar del Plata, presentamos el n° 30 de nuestra revista Razón y Revolución. Un número dedicado a combatir el “síndrome del 17 de octubre”, según el cual la izquierda construye una culpa y busca redimirse asimilándose al peronismo. Estuvieron en la presentación Marina Kabat (editora de la revista), Pablo Bonavena (Profesor de la Facultad de Cs. Sociales, UBA) y Juan Perrotat (autor de un trabajo sobre la represión kirchnerista censurado en las jornadas). A continuación, lo más saliente de la charla.

 Marina Kabat: Razón y Revolución es una publicación que tiene hoy 22 años. A lo largo de su historia ha atravesado una serie de cambios. Desde el número anterior, iniciamos su segunda época, en la cual avanza para convertirse en una revista teórica de partido. Esto implica abandonar el formato de revista académica, pero no abandonar la ciencia. Ciencia y academia no van de la mano. De hecho, la academia muchas veces conspira contra la construcción de conocimiento científico, como se ve en la censura de la ponencia de nuestros compañeros.

Este número 30 tiene como tema central el “Síndrome 17 de octubre”. Es decir, la actitud que asume la izquierda que, por miedo a ser considerada “sectaria” o “gorila”, evita una confrontación directa con el peronismo. Esto se expresa en el balance histórico que se hace de esta experiencia. RyR n° 30 incluye una crítica mía al libro El Partido Obrero y el peronismo, editado por el PO. Allí con datos históricos falsos, se construye una mirada benevolente del peronismo.

En el terreno sindical la falta de una completa delimitación del peronismo conduce a que los partidos limiten su propaganda a la difusión de consignas antiburocráticas. Este problema es planteado por el artículo de Ianina Harari y también por el de Guido Lissandrello. Este muestra que hasta Montoneros comprendía la necesidad de forjar la conciencia de una lucha política mayor. Esta dificultad para comprender y desarrollar la dimensión política de los conflictos sindicales, se manifestó en la huelga docente en la provincia de Buenos Aires, analizada por Romina de Luca.

El seguidismo del kirchnerismo, otro síntoma del “Síndrome 17 de octubre”, se evidenció recientemente cuando los partidos del FIT presionaron al Encuentro Memoria Verdad y Justicia para que levantara su acto del 11 de mayo (contra el 2×1) y fuera al evento K, del 10. Esto mismo se repite hoy con los actos por aparición con vida de Sergio Maldonado. En ambas ocasiones Razón y Revolución que se negó a lavarle la cara al kirchnerismo y a marchar con Milani.

Cuando, por este motivo, el 11 de mayo fuimos la única organización que sostuvo el acto planeado Plaza Congreso nos acusaron de sectarismo. Pero gracias a ese acto, hoy somos varias las organizaciones que sostenemos un acto independiente por la aparición con vida de Santiago Maldonado y Julio López. Esto muestra que cuando dejamos de hacer seguidismo, no solo dejamos de engrosar los actos kichneristas, sino que en vez de engordarlos a ellos, crecemos nosotros.

 

Juan Perrotat: Buenas noches. Este artículo se intentó presentar aquí en Interescuelas y fue censurado por las autoridades. Decimos censurado porque lo rechazaron por razones políticas, no académicas.

Nosotros mandamos el resumen a la mesa 74, que lo rechazó. Las autoridades de las Jornadas lo mandaron a dos mesas más, que también lo rechazaron. Curiosamente, la mayoría de coordinadores eran kirchneristas y en una de ellas había una investigadora ligada al PO… Y acá quiero hacer hincapié en una cuestión. Lo que se rechazó no fue la investigación. Lo que se rechazó fue el resumen. Uno de los argumentos que nos dieron fue que el periodo es muy amplio. Nuestra investigación abarca puntualmente desde 1999 hasta 2007. Es decir, nuestra investigación puntualmente abarca ocho años, teniendo en cuenta que en Interescuelas se presentan investigaciones que pueden abarcar un siglo entero…

En segundo lugar, no fue rechazado por una afinidad temática. La mesa numero 74 tiene el título “Tensiones y conflictos en la historia argentina pos dictatorial”, es decir, nuestra investigación encaja perfectamente. Lógicamente, nosotros entendemos que es un hecho que tiene una gravedad enorme porque se niega la posibilidad de ser presentada una información que tiene que ver con la actualidad, que es la escala represiva que estamos viendo con el caso de Santiago Maldonado, por ejemplo, que tiene su continuidad a partir del kirchnerismo.

En el artículo van a ver que nosotros hacemos un relevo donde contamos la cantidad de hechos represivos y hacemos una caracterización de los mismos. Nosotros llevamos a cabo esta investigación porque, cuando hacemos un estado de la cuestión, vemos que hay una especie de consenso general según el cual se plantea que en el primer gobierno kirchnerista no hubo represión.

En términos de acciones represivas paraestatales encontramos un total de 70 acciones paraestatales sobre la clase obrera, durante el gobierno de Néstor Kirchner. Un promedio de 15,5 acciones por año. Esto quiere decir que los hechos paraestatales son muy complejos de registrar. Cuando lo comparamos con el periodo previo, es decir, el de La Alianza y el de Duhalde, teniendo en el medio el Argentinazo, el total de acciones represivas paraestales sobre la clase obrera son 67, dando un promedio de 15,4 acciones por año. Es decir, en términos cuantitativos, Néstor reprimió más que Duhalde y La Alianza, teniendo el Argentinazo en el medio.

En términos de represión estatal, el gobierno de Néstor cuenta con un total 166 acciones entre los cuales encontramos cinco muertes, dando como promedio 37 acciones por año, es decir, un poco más de dos acciones por mes. Cuando lo comparamos con el periodo anterior, nos encontramos con 153 acciones de represión estatal, lo que da un promedio un promedio de 35 acciones por año. Es decir que, en términos estatales Néstor también reprimió más que la administración anterior.

Sobre el final del artículo hacemos una especie de balance donde explicamos los ritmos de la represión y como se fue sucediendo en términos cuantitativos. Entre 1999 y 2007 hay 457 hechos represivos. Del 1999 hasta el 2001 hay periodo ascendente violento que tiene su pico en el 2001. Lógicamente, en diciembre del 2001. A partir de 2002 empieza a bajar la cantidad de hechos, en promedio, con un descenso cuando Néstor asume, pero que no vuelve al piso anterior a 1999. Del 2005 en adelante, nosotros vemos que hay una tendencia a incrementarse la represión en conjunto y a fines de 2006 supera la cantidad de hechos represivos por año de la época del 2001. Entonces, no solo no desaparece, sino que se mantiene y hay una tendencia a su incremento. Luego, nos encontramos que de 236 hechos represivos sobre una movilización de la clase obrera que no es afín al gobierno, solo 52 casos son sobre sectores de izquierda, es decir, menos del 25%, lo cual desmiente esta idea de que Néstor solo reprimió a elementos radicales de izquierda.

Entonces, a la conclusión a la que nosotros llegamos es que puntualmente la diferencia entre un periodo y otro es la intensidad de la represión ¿Cómo definimos nosotros el grado de conflictividad de la represión? Con la cantidad de muertes en los hechos represivos. De la Rúa y Duhalde cargan con 49 muertes. Néstor cuenta con ocho muertos, es decir, cinco por acciones estatales y tres por acciones paraestatales. Esto tiene que ver con lo siguiente: el grado de violencia posible y necesaria en términos materiales y políticos no tienen que ver con las características o los posicionamientos político-ideológicos de la administración del Gobierno. Tiene que ver con el grado desafío al régimen político por parte de la clase obrera.

 

Pablo Bonavena: En el siglo XIX, al calor de las luchas del proletariado, en algunos lugares de Europa, se fueron consolidando una serie de corrientes políticas que tuvieron como correlato el despliegue de determinadas orientaciones teóricas. Por un lado, se constituye un conjunto de teorías revolucionarias donde se destaca Marx y Engels. Pero en el campo teórico, intelectual, también se acuña, se forma otro polo que va a estar en contraposición a éste (también a otros) que tiene que ver con una teoría social de carácter social de carácter reformista. Ahí queda planteada una tensión que recorre todo el conjunto del desarrollo de las teorías sociales, la fundamentación de las prácticas políticas y cuando esas teorías sociales empiezan a encarnar en el mundo académico. Por supuesto, estas elaboraciones teóricas, fruto de las confrontaciones sociales, van a alimentar a su vez las confrontaciones sociales.

Esta tensión se organiza en varios puntos. De un lado, la esperanza en la revolución social. Del otro, el miedo a la revolución social y eso queda allí, en tensión. En la misma época, dos textos fundamentales: uno de Trabajo Social, Lorenz Von Stein, que tuvo una gran influencia en Marx que se conoce como Movimientos Sociales y Monarquía y, por el mismo tiempo, se desarrolla El Manifiesto Comunista. Uno convoca por las expectativas que desarrolla, que generaría la idea de la revolución, al desarrollo revolucionario hacia el Socialismo. El otro por temor a las consecuencias de los movimientos sociales y sus impactos revolucionarios. Igual, hay un movimiento social, el movimiento obrero, como del otro polo. Especialmente, aunque no únicamente, aparece la idea de las reformas sociales. Esto específicamente pasa inmediatamente a ser denominado como las políticas sociales del Estado y ahí aparece la tensión Revolución/Reforma.

Lo que quiero señalar es que estos dos en tensión tienen montones de implicancias. Por ejemplo, señalo la cuestión de la espacialidad, las concepciones que se acuñan preocupadas por la revolución y suponen que hay que hacer algunas concesiones de reforma para evitar el despliegue de los movimientos sociales hacia la revolución. Anclan, se constituyen, conciben una espacialidad, que es la nacional: reforma- nación, salto para adelante: socialchauvinismo, reformismo nacionalista. Esto que uno puede ver como fundando un elemento para evitar el caos revolucionario, tiene un núcleo importantísimo hacia finales del siglo XIX, principios del XX. El impacto de La Comuna, las huelgas de los mineros alemanes y montones de hechos, que seguramente tienen bastante que ver. Ahí se constituye un núcleo, y nombro dos sujetos que sostienen el desarrollo de esos núcleos ya esbozados por Von Stein: el Socialismo de Cátedra Alemán (también conocido como “los mandarines alemanes”) y el Vaticano.

Para resumir, cito a Gustav Schmoller que llevó la famosa frase “billetera mata galán” a la teoría social: “Reforma mata Revolución”. Es la idea de que toda reforma evita la revolución y es muy importante el cruce de con lo que sería la Doctrina Social del Vaticano, porque no solo estamos frente a los teóricos de la llamada “Seguridad Social”, que se traslada en “Política Social” y hoy llamaríamos “Política Pública”. Sino que inclusive aparece la idea que coincide con el Socialismo de Cátedra Alemán, que es que la política social también debe incluir no solo el reconocimiento del sindicalismo, sino su fomento estatal.

Voy a la central: el problema de la autonomía, de la emancipación o la auto-emancipación; y del otro lado la heteronomía. Ese debate está presente en la tensión entre el movimiento autónomo/heterónomo, del movimiento social que es el movimiento obrero. Por qué es importante esto, porque se abre un debate sobre la ciudadanización como un mecanismo de control de las posibilidades del salto a la revolución. El problema de la ciudadanización con ciudadanía social: seguro de desempleo, pensión por viudez, seguro por accidente laboral, jubilación, etc. Y ciudadanía política, como la incorporación al sistema político, posibilidad de elegir y ser elegido pensando en el movimiento obrero.

Este problema en Argentina tiene un momento de localización especial que tiene que ver con la constitución del peronismo. No hay nadie que analice ese momento que no lo haga en términos de la tensión autonomía/heteronomía con estas palabras o con otras. Voy a citar tres casos para que vean una diversidad teórica y política para que asume ese momento de constitución recuperando todo lo que dije de la tensión autonomía/heteronomía. Por un lado, Gino Germani. Por otro lado Hernández Arregui, que dice que con el peronismo se perdió autonomía, pero no es mal negocio. Y empieza ahí a izquierda peronista, aunque en ese momento no sabía lo que iba a ser la izquierda peronista. Podemos citar autores marxistas, Juan Carlos Marín: ciudadanización de la clase obrera; si vemos la colección que edita Razón y Revolución, podemos ver a Juan Carlos Torre. En fin, todo el mundo reconoce esa tensión en ese momento fundamental.

La cuestión es la pérdida de la autonomía no solo por la expansión de políticas sociales, sino por el fomento del sindicalismo del Estado. Les recomiendo que lean el discurso de Perón en la Bolsa de Comercio, donde dice “algo hay que dar, si no se va a armar lío”.

Y acá ya me meto directamente en el número 30 la revista. El primer artículo de Marina Kabat, que tiene que ver con posiciones de la izquierda, que si uno ve la confrontación electoral que se avecina el domingo es un tema persistente. Pero yo diría que desde finales del kirchnerismo hasta ahora hay una tendencia a la agudización. Un señalamiento muy importante que se omite, ese proceso que muchos codifican como cooptación no prescinde de la represión. Acá se menciona la huelga de la FOTIA y se olvidan de la mirada estratégica de Perón del conflicto, porque Perón cubre la reivindicación y se las aumenta, haciendo mierda a la dirección de la FOTIA inmediatamente como venganza. Es una huelga apasionante para investigar, y dramática. Y aparece entonces el eclipsamiento de la historiografía de este fenómeno que es la represión. Cipriano Reyes se pasó años denunciando la relación del peronismo y el partido laborista.

Estuve ojeando PerónLeaks porque quiero señalar una fórmula de cómo se entiende la conformación del peronismo y la pérdida de autonomía, que es el “aguinaldo más Osinde”. Hay que hacerle un libro a Osinde, pieza clave del peronismo y de la represión, que siempre estuvo lado de Perón.

Gravísimo omitir, de ese proceso de cooptación, el aditamento de la violencia política de la clase obrera, de sus direcciones. Muchos piensan que la violencia política empezó en el ‘56 en Argentina. No solo a veces se omite la represión, sino que además hay fracciones de la izquierda, sobre todo el trotskismo, hay una postulación del desarrollo de la espacialidad propia de los reformismos que es lo nacional. Diciendo “el peronismo no completó la cuestión nacional, vóteme a mí”. Otra muy importante es la cuestión de la llamada “crisis del peronismo”, otra versión de esos “cadáveres insepultos”. Llevar la crisis y extenderla como normalidad, que es la negación de la crisis. Desvanecer la idea de crisis, reivindicación de una espacialidad, perdón u ocultamiento o eclipsamiento de la dimensión represiva, etc., forma parte de lo que menciona la revista que es la claudicación de la izquierda frente al peronismo.

Le sigue un artículo de Guido Lissandrello que toma esta cuestión con la JTP y ya nos vamos al ‘73 y me gustaría agregar un dato que es que la Juventud Trabajadora Peronista se organiza en agosto del ‘73, porque es un agrupamiento que se constituye por impulso de una fuerza que a su vez está constituida estatalmente. Hay que sopesar y también ver quién convoca, por qué y los alcances de la movilización y por qué ese proceso de desmovilización en el 73. Algunos crecen en un sentido, el movimiento de masas decrece en otros.

El artículo de Ianina Harari, se pregunta qué es la burocracia sindical y ahí aparece no solo el debate sobre si es ajeno o si es una deformación. ¿Es algo que cayó de afuera o es algo de adentro que se deformó? ¿Saben qué es eso? No es algo ajeno ni deformado ni burocracia. Eso es peronismo. Incluso se avanza sobre la dificultad para hablar de un burócrata, porque muchos son empresarios y también, además, son Estado. ¿Eso son deformaciones? No, es peronismo. Yo reniego de hablar de burocracia sindical a secas. Son peronistas.

Y estos dos artículos [se refiere al de Ianina Harari y al de Romina De Luca], casi sin darse cuenta, plantean un tema que es donde los marxistas somos más débiles, que es el tema del proceso de toma de conciencia. Cómo se pasa de la lucha sindical a la lucha revolucionaria. De eso no sabemos nada. Es más, si alguien tiene la fórmula, que la exponga. Y ahí aparece un recurso de parte de ese trotskismo que fue traer a Piaget.

Voy al del compañero [por el trabajo de Juan Perrotat]. El artículo de él, extraordinario. El cierre, perfecto, de libro. Porque refleja la continuidad de la combinación entre cooptación, política social, reformismo y represión. Inclusive, de algún gobierno que uno puede pensar que es el paradigma de la defensa de los DDHH y ese tipo de cosas, acá está documentado una cantidad de represiones importante. Conclusión, acá tenemos un nuevo Osinde. Osinde vive, está presente. Osinde es un coronel que siempre hizo de inteligencia del peronismo, que fue parte de la llamada organización de las cinco mil personas que intervienen en Ezeiza contra la izquierda peronista. Eso es lo que el artículo de él demuestra y pone en evidencia con fuerza empírica. Hasta el gobierno que sospeché que podía haber sido más benévolo en el tema represivo, la ejerció. Estatal y paraestatalmente. Eso también es demostrar cuál es el problema. Y ahí va la trompada. Es que esos mismos datos están colocados en tensión a un acontecimiento que genera una perturbación. Porque inclusive ocupa un lugar fundamental en la periodización. Cuestión que subrayó en la exposición incluso. Si efectivamente, como afirma el artículo, en el año 2001 hubo un ciclo de crisis orgánica e insurreccional, los mismos datos que él expone -que efectivamente cierran con el análisis inicial del artículo- acá generan un problema. Estarían mostrando que, si salimos de una crisis orgánica e insurreccional, estamos frente a la reconstitución del sistema político social más incruento de la historia. Es más, hay más represión antes de ese momento que en el siguiente. Yo no me creo que se salga de una crisis orgánica y de esas características, insurreccional, de una forma tan incruenta en la Argentina. Y acá voy a una cuestión, que es que deberíamos revisar un poco la caracterización de ese momento. Pero ese es otro tema.

Luego, comparto absolutamente, no voy a abundar más, en que en la izquierda hay una complicidad con el peronismo. Y, además del drama, es que eso no acumula. Y ahí podemos ir inclusive al artículo de los docentes de La Matanza. Pero no quiero extenderme más. Yo comparto la línea de la revista, desde este ángulo.

 

Mariano Rodríguez Otero (Director del Instituto de Historia de España, de la UBA y ex director de la carrera de Historia): Expreso mi solidaridad con usted y me parece que lo que hubo fue un ejercicio de disciplinamiento, propio de la impunidad.

Lo van a cagar a palos en una jornada donde hay mil ponencias. Si quieren, pasa desapercibida. No pasa desapercibida por esto. No pasa desapercibida por lo otro. Impunidad.

 

 

Público: Primero voy a tratar de ser breve. Voy a tratar de partir de lo que dijo Pablo. Yo no creo que la izquierda sea benevolente con el peronismo. Después con respecto al tema de las libertades democráticas, me parece que los partidos revolucionarios tienen que tener un sentido de clase con las libertades democráticas. Y en ese punto el caso de Vido es muy claro para entender esto. Uno puede estar a favor o en contra, pero a las libertades democráticas hay que defenderlas y también las del individuo. Las del individuo de clase, incluso. Es una posición principista.

Una consulta más. Es el tema del voto en blanco, que me parece que es un error político. Más allá de que ustedes no lo llaman a votar en blanco, sino que ustedes votan en blanco, me parece que es un error político muy grande. El voto en blanco lo que niega es la posibilidad de contar dentro de la lucha de clases, que se ha desarrollado en los últimos años al calor del Argentinazo. Ahora, lo que está en juego es la orientación de esa representación política.

 

 

Marina Kabat: Pablo, vos nos preguntabas, en relación al trabajo de los compañeros, la salida del momento insurreccional sería la más incruenta de la historia. Es posible que lo sea ¿Tenemos una explicación? Sí. La debilidad ideológica de los partidos y de las expresiones ideológicas que buscan contener al régimen.

El siguiente punto que tiene que ver con las libertades democráticas. Que un ladrón y asesino de obreros esté en el Congreso no es una libertad democrática. Ese argumento te lo acepto para el caso de Elena Cruz, que en su momento plantea Altamira, porque ahí estamos hablando de la censura de expresiones ideológicas.

Efectivamente, la conciencia es un problema y el trotskismo no lo resuelve. Lo platea diciendo que la experiencia por sí misma lo va a resolver y se abstiene de intervenir ahí. La intervención que Lenin piensa en ese terreno, el trotskismo la abandona. Con esto, en particular el Partido Obrero, levanta la idea de que la Revolución Rusa se hizo solo por “Pan, paz y tierra”. Entonces, se niega la existencia del Partido Bolchevique, que estaba pensando y formando cuadros políticos por la necesidad de hacer la revolución. No es solo que no se hace propaganda socialista hacia las masas, sino tampoco hacia los cuadros de la organización.

¿Por qué Razón y Revolución vota en blanco? Vos hiciste un llamado a que se vote al FIT, planteando que el FIT en el Parlamento es la representación política de las luchas sindicales y sociales. Pero para mí la clase obrera no solo necesita una representación política parlamentaria de sus luchas sociales y sindicales corporativas, sino que necesita un partido revolucionario. Como creo que el FIT no se está conformando como un partido revolucionario, voto en blanco (aunque no hacemos campaña contra el FIT). Porque es la forma de expresar esa disidencia. Fuera de eso, llamamos a construir otro partido.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *