Sobre la Reglamentación de las Escuelas Públicas de Gestión Social

Por Romina de Luca – Chaco se destaca por ser un festival de escuelas para-estatales. En la provincia, la expansión de las escuelas secundarias se garantiza a través de las Escuelas Públicas de Gestión Social. Si bien este tipo de formatos se asociaron a cubrir una emergencia, el reciente proyecto que busca reglamentar la modalidad marca que vinieron para quedarse. Esto no es más que un síntoma del avance de la degradación. Preste atención que se lo contamos en esta nota.

El “Proyecto”

La ministra Marcela Mosqueda, junto a los subsecretarios de Educación, Nélida Wisner y el de Relaciones con la Comunidad, Edgardo Pérez, presentaron el Proyecto de Ley de Reglamentación de Escuelas Públicas de Gestión Social (EPGS). El documento fue elaborado por las Subsecretarías de Educación, de Relaciones con la Comunidad y por la Dirección General de Estudios Jurídicos, junto a los representantes de las EPGS. Como no puede ser de otra manera, el proyecto cita los artículos 13° y 14° de la Ley de Educación Nacional N° 26.206 y en los artículos 4° y 23°de la Ley de Educación Provincial N° 6.691 que regulan la gestión comunitaria.

El primer paso del proyecto es reconocer lo existente. Para eso se conformará un Registro de Establecimientos de Gestión Social donde cada vieja EPGS presentará un informe describiendo su historia institucional, el plantel docente adjuntando consignando su perfil, matrícula, plan de estudios y el contexto en el que la propuesta se circunscribe. El registro es abierto por lo que habilita a la creación de nuevas escuelas. Para obtener la habilitación, las escuelas deberán tener conformado un Consejo Directivo de Gestión Social. Este deberá ser un órgano colegiado y será representativo de la comunidad educativa. Será el corresponsable de la conducción de la institución educativa. El Consejo estará compuesto por siete (7) integrantes como mínimo y trece (13) como máximo, siendo el 60% miembros de la organización social a la que está ligada la institución, y el restante 40% lo compondrán representantes de la institución escolar: padres, docentes, personal de servicio, alumnos y alumnas egresados y vecinos o representantes de la comunidad vecinal.

El proyecto propone consolidar los mecanismos arbitrarios en la selección de docentes: no por puntajes sino por “perfiles”. El Consejo Directivo tiene la potestad de: acompañar el desarrollo de las actividades de la institución en sus distintos aspectos (orgánicos – funcional, pedagógico y administrativo); hacer cumplir el perfil docente elaborado por la propia institución que se utilizará para el ingreso y aprobación del docente aspirante; elaborar Actas Acuerdo cuando ingresa un nuevo docente asegurando permanencia y estabilidad laboral mínima de una año o ciclo lectivo. Resulta interesante porque el proyecto prevé la elaboración de los propios reglamentos de funcionamiento interno (aunque se aclara que no se deben avasalla derechos) y un régimen de sanciones para los docentes que sean acusados de “conducta inadecuada” ya sea en relación la normativa vigente, al perfil docente y/o al proyecto educativo. La contratación de los docentes seguirá siendo anual y renovable. El proyecto mantiene así los principales elementos de discrecionalidad y arbitrariedad para el ingreso a la docencia y para el mantenimiento en la institución: el personal docente de estos no estará sometido a los regímenes de ingreso y ascenso de los docentes de establecimientos de gestión estatal sino a lo que se paute en la comunidad como criterio y lo mismo vale para los despidos. Así, la precarización laboral, la destrucción de la carrera docente y la arbitrariedad tendrán carácter de ley consolidando los mecanismos de funcionamiento existentes en las escuelas paraestatales.

Haciendo gala de la degradación 

En lugar de construir escuelas con aulas pedagógicamente y didácticamente equipadas, nos dicen que tenemos que dar clases en clubes, garages, centros comunitarios, sindicatos, parroquias, sociedades de fomento, ranchos o debajo de un árbol. En vez de respetar el estatuto docente ofreciendo las horas por orden de mérito, contratan a “talleristas” quienes tienen que demostrar (estén titulados o no) apego al “proyecto” para poder continuar el año siguiente. Dicho sea de paso, esto se denomina comúnmente precarización laboral. Generalmente los coordinadores tienen acuerdos punteriles con algún funcionario del ministerio de educación y así se garantizan la continuidad del proyecto. Va de suyo que los docentes están a merced de estos personajes que son los que deciden quienes continúan trabajando o no. En definitiva, la arbitrariedad y la falta de derechos están a la orden del día. Olvídese de hacer paros, por ejemplo. Las EPGS replicaron en la provincia aquello que para el resto del país insaturó el Plan Fines 2: degradación curricular, degradación laboral, degradación de la infraestructura escolar. Si usted, docente, pensó que el proyecto iba a modificar algo de lo existente, se equivocó.

Cierto es que el modelo de EPGS entronca con las líneas directrices de la Escuela 2030. No asombra entonces toda esta avanzada en la reglamentación. La tendencia a la paraestatalización vino para quedarse y promete abrazar al resto del sistema. Así, la “renovación institucional” profundiza aún más la descentralización. Con la excusa de la planificación institucional se alienta la adaptación de la organización pedagógica e institucional a criterio de cada escuela incluyendo también la contratación de sus docentes. Vamos hacia una atomización completa. Una educación acorde con el futuro de miseria que deberán a afrontar nuestros alumnos: barata y degradada.

Hace décadas la política actual nos propone estas formas de escuela. No alcanza con rechazarla. Tenemos que pasar a la ofensiva. Para eso es necesario convocar un Congreso Educativo donde planteemos una alternativa a la reforma patronal. Tenemos que terminar con este sistema de miseria, explotación y embrutecimiento de la clase obrera. ¡Vamos por un Congreso Educativo Nacional con docentes, padres y alumnos!

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