Sobre el fracaso del Encuentro Sindical del 5 de marzo

dsc05681El encuentro es lo de menos

Sobre el fracaso del Encuentro Sindical del 5 de marzo

La clase obrera acaba de sufrir el golpe más duro en lo que va de la presidencia de Macri, de la mano de quienes deberían defenderla. Mientras la burocracia sindical se va unificando, la izquierda solo tiene para mostrar el fracaso de un simple encuentro. La organización de la vanguardia sindical fue liquidada por esa misma vanguardia llamada a liderar los combates. Un tiro en el propio pie, al solo efecto evitar constituir un ejército más amplio. 

La izquierda argentina muestra una extraña fascinación por la sintomatología. Toma a las manchas por la enfermedad, las consecuencias por las causas y lo superficial por lo determinante. Todos los problemas políticos se reducen a reyertas de ocasión: si el PO le dijo tal cosa al PTS, si el PTS se juntó con uno u otro acá o allá, si IS vetó a tal o cual delegado y así sucesivamente. Como si toda la cuestión se redujera a caprichos personales. Resultado: en este caso, toda la atención se concretó en la realización o no de un “encuentro”, de cuyo contenido nunca nadie se tomó la molestia de especificar.

El propio nombre, “encuentro”, muestra lo laxo de esa reunión: ¿es un congreso, un plenario, un acto, una instancia de coordinación? ¿Para qué nos “encontramos”? ¿Para organizar una o dos marchas, para fundar una corriente sindical o simplemente para atraer la atención pública en apoyo a las luchas existentes? Como no se especificó en ninguna convocatoria (porque no hubo ninguna), se da una situación que se resume en la frase “sabemos que estamos de acuerdo, pero no sabemos en qué”. Como nadie sabe (ni dice) realmente a qué va, todos desconfían de todos. Pase lo que pase, no habrá ninguna construcción real. En consecuencia, la discusión estratégica da paso al faccionalismo y, lógicamente, al conventillo al mejor estilo Jorge Rial. Asistimos a la misma lógica que domina el FIT. Basta hurgar en los gritos y desplantes de los invitados al estudio para comprender por dónde pasa el problema.

La fascinación por lo pequeño

Esa es la marca de toda lo que llamamos la “TV basura”: no hay grandes ambiciones ni horizontes. Todo es el aquí y el ahora. Todo se reduce al propio protagonismo inmediato, ante la amenaza de pasar (también inmediatamente) al ostracismo. Y así ocurre en la izquierda. Si otra cosa no se le puede pedir a quien no tiene más atributos que un buen físico o un efímero escándalo que exponer, en política las construcciones deberían suponer una dinámica diferente.

El 5 de febrero se había realizado una primera reunión abierta y pública para coordinar el encuentro. Luego de esa fecha, dejamos de tener noticias de su organización. De repente, el sábado 28, a pocos días de su inicio, con la sede ya alquilada, nos enteramos de su cancelación, con pases de factura varios, sobre discusiones que se habían mantenido en el más absoluto secreto. Vaya uno a saber qué mezquindades se ventilaron en esas “reuniones”, de las que nos venimos a enterar solo porque los participantes salen a acusarse mutuamente, haciéndose guiños a la vista de todos, sobre conversaciones que el resto desconoce y dejando entrever fragmentos de un debate que nunca se permite entender en su totalidad. En fin, tratemos de reconstruir el hecho.

El encuentro comienza a fracasar cuando se retiran los delegados de la línea 60, quienes desde una posición más autonomista, rechazan la influencia de la izquierda en el evento (a pesar de su vínculo con el PRS). Este solo hecho provocó el desánimo del PO, entre otros.

De aquí en más, la discusión se concentra en la llamada “Mesa directiva”, encargada de coordinar y cuyos miembros tendrían la posibilidad de dirigir la palabra. Como el encuentro no se plantea como un congreso, como no proyecta ninguna deliberación posible, entonces, quien no está en la mesa, no tiene la posibilidad de desarrollar sus posiciones. Dicho de otra forma: el encuentro es solo un acto meramente administrativo. Como no hay una discusión sustantiva, empieza entonces el show…

El NMAS acusa al resto de “proscribir” a Jorge Ayala, delegado del SUTNA. El PTS denuncia a todos de “proscribir”, además, a Alejandro Vilca (SEOM-Jujuy) y a Nathalia González (Suteba-Matanza). Ambos alegan que sus delegados representan a la minoría. El PO culpa al PTS de priorizar la representación de los grupos de izquierda en lugar de las “organizaciones obreras reales”. IS, a su vez, reprocha al PO y al PTS su mezquindad, proponiendo disolver la tan disputada “mesa” y crear una “instancia de coordinación” equitativa entre los convocantes. Los compañeros de Rompiendo Cadenas, sobre quienes se posan todas las miradas a la hora de señalar los autores de las “proscripciones”, se hacen los desentendidos, argumentando que “no vamos a ingresar en la dinámica de acusaciones y descalificaciones entre organizaciones compañeras, ni responder punto por punto ciertos ataques”, en un comunicado completamente insulso, que muestra más bien su escasa capacidad de defender públicamente aquello que dicen en las reuniones “privadas”.

Si entramos en ese fango, tenemos que decir que ni el PTS ni el NMAS propusieron una mesa que represente a las organizaciones políticas. Tal como lo plantearon públicamente, es decir, como delegados por la minoría (y hacemos caso omiso a los rumores que, de buena fuente, dicen que se les dio un representante como organización) el criterio es errado y la comparación con la proscripción de la CGT es ridículo. Primero, porque ya la izquierda en el encuentro tiene a un representante de ese sindicato por la mayoría (SUTNA y Suteba), por lo que se estaría duplicando su representación. Segundo, porque una cosa es ser minoría de la burocracia y otra de los propios compañeros, a quienes se les reconoce su carácter clasista al organizar no solo ese encuentro, sino incluso un frente que se reclama político (FIT). O los representantes del PO en los sindicatos son burócratas (y entonces no pueden participar del encuentro), o son compañeros clasistas (y, por lo tanto, no hace falta duplicar la representación).

Diferente es si el criterio es político. Entonces sí, cada organización tiene derecho a una serie de representantes y no se admite veto alguno. Pero debe tenerse en cuenta que los que están ahí hablan en nombre de su corriente sindical y no del sindicato. Otra vez, como no se precisó el carácter del encuentro, no hay forma de definir los criterios de representación.

El PO, en cambio, pretendía armar un encuentro con representación puramente gremial más institucional, donde ellos ostentan el peso mayor, junto a IS. El criterio en abstracto es adecuado: la dirección debe expresar una voluntad real, no nominal, de la clase obrera. Dicho en buen criollo: la dirección es la que vota la mayoría de trabajadores y el peso es el peso que se gana en la clase obrera. Nadie puede pretender un lugar que no ha conquistado en el movimiento real, y eso va para el NMAS y el PTS. Eso está bien, pero supone un proceso vivo y una discusión en la clase obrera. Esa dirección debe ser el resultado de un estado deliberativo de la clase. Dicho de otra forma: debería haberse llamado a un congreso, al que asistan delegados votados y que luego deban encontrarse con otros delgados (de otros frentes), discutir con ellos y votar. Ahí todas las organizaciones tendrían la posibilidad de intervenir.

En cambio, tal como lo propone el PO, no hay proceso deliberativo que conduzca al evento. No se permite allí votación alguna. Simplemente, las direcciones combativas votadas el año pasado o en anteaño, toman la dirección de una reunión que no escapa de lo declamativo o de lo organizativo, en el sentido más técnico de la palabra. Obreros que tienen voluntad de participar, pero no tienen representación sindical, no pueden enviar un delegado votado en asamblea. Además, como solo se toman mandatos de sindicatos, toda la clase obrera desocupada queda al margen. Más que un encuentro, es un acto de los elementos que lograron acceder a puestos de dirección en los sindicatos. En el caso del PO, un encuentro de ese partido consigo mismo.

Por eso, si va a ser un simple acto, todos tienen el derecho de hablar. Como el PO no quiere un congreso, no quiere un proceso de deliberación, sino un acto administrativo, pero hegemonizado, termina llevando al encuentro a un callejón sin salida.

La pregunta es por qué el PO e IS no avanzaron junto a otras organizaciones para garantizar el encuentro, aún sin el PTS y el NMAS. Obviamente, el PO no quiso quedar en paridad con IS y perder el control de la “mesa”. Una vocación suicida por liquidar todo lo que no se pueda controlar.

Como vemos, lejos de un debate sobre el contenido del encuentro, toda la discusión es quién integra la mesa directiva y en qué proporción. Esto supone algo estático, donde no se va a resolver nada. Como no hay un proceso de deliberación en el seno de la clase, en lugar de disputas por una orientación política, tenemos reyertas por éste o aquel orador en este o aquel puesto. Es la discusión que han sabido construir.

De muertos y vivos

Lo que ninguno de los contendientes se dio cuenta es que su diatriba expone su propia responsabilidad en el fracaso. ¿Por qué pelean? Por unos delegados de la “oposición” de izquierda. ¿La oposición a qué? A una conducción también de izquierda. Es decir, están separados en sus frentes. A eso sumemos que el PTS armó listas separadas en gráficos y que en Mendoza marchó con Yasky, en lugar de hacerlo con la izquierda y tenemos la verdadera causa del fracaso: el encuentro nunca existió. Estaba muerto desde antes.

Nunca existió porque no hubo una confluencia de las organizaciones en la vida real que justificara una instancia organizativa de eso que debía desarrollarse. Si la izquierda fuera con listas únicas en todos lados, estas discusiones (minoría-mayoría) no tendrían sentido. Si la izquierda actuara unificadamente ante los principales hechos políticos del país, no habría resquicios para que ninguna lucha “independiente” impusiera sus pruritos macartistas. Si la izquierda tuviera un comando político funcionando, organizar un encuentro de este tipo no demandaría más esfuerzo que un par de conversaciones.

La izquierda no puede organizar un encuentro por la misma razón por la que fracasó el FIT: carece de ambición política. No hay voluntad de construir un partido de masas, lo que supone, en primer lugar, juntar a todo el universo que ha rondado el FIT y encarar una discusión programática y organizativa. A eso se le suma que el PTS y NMAS han decidido abandonar una política de clase y comenzar un acercamiento al peronismo. Esa, si se quiere, es la causa más inmediata de la ruptura, del FIT y del encuentro. Estos partidos le hacen el juego a la burocracia. Primero, con sus listas divisionistas. Segundo, poniendo ultimátums al encuentro.

Ahora bien, al carecer de una perspectiva superadora, el PO e IS se convierten en víctimas impotentes de estas intervenciones y, objetivamente, en cómplices.  Lo vimos en el FIT: la negativa a llamar a un congreso de militantes le entregó la llave del frente al PTS, el sector más retrasado. Aquí, su negativa a convocar a un congreso de trabajadores ocupados y desocupados termina en la disolución de cualquier organización de conjunto de la vanguardia sindical clasista. Un golpe a lo más dinámico de la clase obrera.

Entonces, no hay encuentro, porque no hay política sindical. Y no la hay porque no hay una organización política que elimine los faccionalismos. Si la izquierda no se toma el trabajo de construir un comando político único, va a ir de fracaso en fracaso. Necesitamos una organización de otras dimensiones y con otra solidez. Y que se vayan los que se tienen que ir, que hagan su experiencia en el peronismo. Veremos cómo les va. El encuentro es lo de menos.

Hay una salida. Una salida para superar estas direcciones: un congreso. Como explicamos, un congreso de trabajadores ocupados y desocupados. Delegados votados por sus compañeros. En sus lugares de trabajo, en los barrios, en las escuelas, en las comisiones de lucha, en las cooperativas. En todo el país, en cada provincia. Todos, confluyendo en un gran congreso nacional, donde decidamos un programa, un plan de lucha y una dirección que coordine la acción.  Llamamos a todas las organizaciones revolucionarias, a todas las direcciones sindicales clasistas, a toda comisión interna, organización barrial o estudiantil a poner manos a la obra.

Razón y Revolución

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