Sindicalismo y acomodo. La izquierda y la universidad – Jonathan Bastida

32583Sindicalismo y acomodo. La izquierda y la universidad

Durante la presidencia de Mauricio Macri, dentro de la universidad la izquierda ha replicado a pequeña escala los mismos vicios que la ha caracterizado en su política nacional.

Jonathan Bastida

Grupo de Investigación sobre el Movimiento Estudiantil-CEICS


Ya hemos hecho énfasis, en varios artículos, en ausencia de una política cultural por parte de los partidos trotskistas. Una de sus características más destacadas es su profundo anti-. Esto explica que ninguno de los partidos que componen el FIT tenga como objetivo desarrollar un frente artístico e intelectual supeditado a las necesidades partidarias. Es más, ese tipo de actividades quedan al libre arbitrio de la persona que lo desarrolla. Se difunde una ideología anarco-liberal que “respeta” a los intelectuales, es decir, se les permite escribir lo que quieran, incluso cosas reaccionarias o contrarias al programa que en teoría defienden, sin ningún tipo de supervisión. Ocurre entonces que se dan casos en los cuales historiadores de estos partidos reproducen el pensamiento de gente como Halperín Donghi y que en el ámbito académico llevan adelante una política burguesa. Por lo tanto, de lo dicho, se deduce que, fiel a su posición anti-intelectual, el trostkismo puede incorporar a sus filas a cualquier intelectual que sirva de “figurón” para alguna actividad. Por caso, Pablo Alabarces, uno de los intelectuales que secundo el ajuste en CONICET fue la cara cultural de la campaña del FIT. Esto marca la pauta de por qué el peso desproporcionado que tienen dentro del PO y PTS decenas de profesores universitarios y no por su función como intelectuales orgánicos de sus respectivos partidos. En otras palabras, su producción intelectual no está supeditada a las necesidades programáticas de la construcción partidaria.1

 

Acuerdos y negociados

 

Cuando nos vamos al mundo de la docencia universitaria nos metemos en un terreno espurio. Aquí reinan los acuerdos académicos de todo tipo de pelaje. Dentro del PO, por ejemplo, se ha formado una camarilla académica que escribe sobre temas simpáticos a la izquierda (la clase obrera, el imperialismo, historia de Rusia, etc.) y a la vez que se ubica en un nicho relativamente seguro en el ámbito universitario. Ambos extremos muestran lo mismo: la negativa a desarrollar un conocimiento científico con vistas a la transformación social, como herramienta de lucha. Entonces sucede lo que pasó cuando los universitarios ligados al PO, se negaron en la Asamblea de Intelectuales del FIT a desarrollar una revista de la asamblea que fuera una herramienta de lucha teórica de la izquierda. Pero se lanzaron a la construcción de una revista académica de manera de explotar ese nicho de mercado, en favor de su prestigio personal: Archivos de Izquierda.

Esto los lleva a privilegiar la diplomacia de los claustros por sobre la creación de conocimiento. Esta reproducción de la dinámica del mundo académico muestra los límites de la política intelectual del PO. Una cosa es ocupar un empleo en el sistema universitario o en los organismos científicos y otra, muy diferente, claudicar frente a la academia.

Concretamente, el año pasado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires el Departamento de Historia inició un avance sobre las cátedras paralelas que se había formado al calor del proceso abierto tras el 2001. El ajuste sobre las mismas no implica otra cosa más que su disolución. Los principales referentes intelectuales de la izquierda, léase Alejandro Schneider y Hernán Camarero, no emitieron palabra por haber quedado en claro que no se iban a ver afectados en sus cargos.  Solo es cuestión con quién se encuentran relacionados académicamente los que dirigen la AGD Filo, con qué profesores, para entender por qué el PO de Filo no teme que se le aplique el ajuste. Conforman una sola camarilla con el bloqueo kirchno-macrista.

En este contexto vimos la misma política en la elección de graduados en esa misma facultad. El PO se opuso a armar una lista común que pudiera desbancar la camarilla moderna en la carrera de Historia y luchar en otras condiciones contra su política de ajuste. Uno de los argumentos esgrimidos fue el no querer hacer “enojar” a la gestión.

Para rematar todo esto, lo último del PO en la academia lo observamos en el marco de las Jornadas Interescuelas de este año. Uno de nuestros compañeros presentó un trabajo en el cual se pretendía mostrar la represión estatal y paraestatal durante los gobiernos de la Alianza y de Néstor y Cristina. El trabajo, por obvios motivos políticos, fue rechazado por mesas conformadas por kirchneristas y radicales. El escándalo se agrava cuando nos enteramos que en una de esas mesas en las cuales fuimos censurados hay una compañera del PO, Laura Caruso. Esto muestra a las claras los arreglos que tienen en los círculos académicos.2 Por lo tanto, en este nivel la izquierda no solo no llevó un plan de lucha para enfrentar el ajuste kirchno-macrista sino que por el contrario, tiende a integrarse en la camarilla que lo lleva adelante.

 

La ausencia de política universitaria

 

Mientras tanto ¿qué pasa en el movimiento estudiantil? La contraparte de este total desprecio a las cuestiones intelectuales es el sindicalismo llano de su estudiantado universitario. Es en este sentido que solo quieren hablar de fotocopias y no de política universitaria. Mucho menos, de planes de estudio. Aquí lo importante es ganar centros de estudiantes para utilizarlos como caja de resonancia de su política a nivel nacional. Un ejemplo claro de este tipo de orientación la pudimos ver en las elecciones de directores de departamentos en la Facultad de Filosofía y Letras. El Centro de Estudiantes de esta facultad está conducido por las agrupaciones estudiantiles de los partidos del Frente de Izquierda. Días antes del inicio de dichas elecciones, el 23 de marzo (las elecciones eran el 27 de ese mes ¡cuatro días después!) el CEFyL convocó una asamblea cuyo temario tenía como puntos principales la elección de directores y la marcha del día siguiente. Con el paso de los minutos se puso en evidencia que el verdadero motivo de la sesión era la discusión respecto de la disposición de la columna del CEFyL (si iba solo con el EMVJ o también con la marcha kirchnerista). El punto de las elecciones quedó en segundo plano. La línea del centro fue, puntualmente, movilizarse a la elección del Departamento de Historia sin ningún plan de intervención concreto. La idea era ir a “mirar” acompañado por una declaración de repudio al método antidemocrático. Nosotros habíamos propuesto tomar medidas para aplazar la elección para poner en discusión los candidatos, los programas y los métodos. Lógicamente, fuimos desoídos y se perdió otra oportunidad del movimiento estudiantil de incidir en la política universitaria.

Al mismo tiempo, a fines de marzo y en el contexto del paro docente en la provincia de Buenos Aires la FUBA (presidida por PO-La Mella) convocó  para los días 19, 20 y 21de abril un Congreso Extraordinario con el fin de organizar un plan de lucha. Dicho Congreso resolvió realizar una semana nacional de protesta y marcha a Plaza de Mayo. Julián Asiner, presidente de la federación informó que se iba “a una semana nacional de protesta del 8 al 12 de mayo, con ocupaciones de facultades, una movilización el 10 al rectorado de la UBA y una marcha nacional a Plaza de Mayo con fecha estimativa para el 16 de mayo, que terminaremos de definir con los sindicatos docentes”.3 La izquierda no tiene un plan de agitación nacional para poner en marcha transformaciones en el sistema educativo, sino que más bien, fiel a su sindicalismo, se queda en cuestiones sindicales muy básicas que, si bien son valiosas, no pueden ser el horizonte último.

Frente a esto llamamos a los compañeros que dirigen la FUBA a organizar un gran plan de agitación nacional que incluya a todos los sindicatos combativos, docentes de todos los niveles y no docentes. La educación no es un problema exclusivo de los implicados directamente (docente y estudiantes). Es un problema de interés cardinal para la clase obrera que es la usuaria del sistema. Se debe armar una carpa en Plaza de Mayo que agite consignas que contemplen un sistema nacional centralizado al servicio de la transformación social. Un salario docente que tenga en cuenta las necesidades de desarrollo cultural de los mismos y un salario estudiantil que libere al estudiante de la necesidad de trabajar y le permita dedicarse a estudiar en las mejores condiciones posibles. Hay que empezar a poner en marcha este plan. Una sociedad que tiene a todos sus miembros y, en particular, a sus intelectuales formados ya puede tener en el horizonte una sociedad que no subordine nuestra educación a la ganancia de un puñado de personas.

Notas

1Ver Kabat, Marina: “RyR y la Academia”, El Aromo, nº 95, marzo-abril de 2017.

2Sacamos un comunicado al respecto en: https://goo.gl/vcWt1Z

3https://goo.gl/svLlkx

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