Sin timón – Por Romina De Luca

Balance del legado kirchnerista en materia educativa y de la “profundización” de los logros que se viene

En esta nota realizamos un balance de la gestión K: ¿cuál es el legado de la llamada década ganada? Lo venimos diciendo hace rato. La escuela hoy tiene más gente en su interior pero cada día educa menos.

Por Romina De Luca (GES-CEICS)

“Lo que hará Bullrich es profundizar estos objetivos que tienen alto consenso en la comunidad educativa”, declaró Sileoni luego de reunirse con el Ministro de Educación de la Nación entrante, Esteban Bullrich.[1] No se trata de un intento de marcar la agenda al nuevo gobierno, porque ni unos ni otros hicieron cosas muy distintas en materia educativa. En esta nota realizamos un balance de la gestión K: ¿cuál es el legado de la llamada década ganada? Lo venimos diciendo hace rato. La escuela hoy tiene más gente en su interior pero cada día educa menos. Los niveles de fragmentación, desigualdad y decadencia se profundizan y consolidan una escuela clasista, cada día más y más degradada. Y al reverso de lo que la izquierda suele proclamar, esa degradación no va de la mano del retiro del Estado y de la privatización sino de un corrimiento de la matrícula pública de las modalidades tradicionales a otras, de su circulación más rápida por algunos de los circuitos y el estancamiento en otros. Mientras los alumnos circulan en forma “rápida” y “eficiente” por la primaria, la educación secundaria se extiende en el tiempo, se fragmenta y se degrada: de la escuela secundaria común, a la de adultos, de la de adultos al Fines 2 o “Terminá la secundaria”. No crea, lector, que las políticas porteñas dieron lugar a una escuela muy diferente. No guarde esperanzas, no es un problema de personal político sino de clase. Es un problema de la sociedad capitalista. En este suplemento nos ocupamos de lo que nos dejan.

La década ¿privatizada?

Durante los últimos años, se generaron largas discusiones sobre cuáles eran las tendencias imperantes en la educación K. Mientras ellos decían defender una escuela inclusiva, pública y de calidad desde distintos sectores advirtieron sobre algunos “números” que pondrían en cuestión ese balance. Las pruebas más recientes -que nuclearon trabajos de investigación e intervenciones político-sindicales de la izquierda- advertían sobre la creciente privatización del sistema.[2] El interés se ubicó en el nivel primario, es decir, en uno de los primeros eslabones de la cadena educativa. A pesar del discurso oficial, la década ganada no era más que la década privatizada porque, desde el 2003, la matrícula privada crecía a mayor ritmo que la pública. Inclusive, mientras la cantidad de alumnos que concurrían a las escuelas estatales se contraía, la educación privada no hacía más que crecer y a un ritmo, además, nunca antes visto. ¿En números? Mientras la matrícula estatal se redujo en 258.813 alumnos entre 2003 y 2013, la educación privada sumó 235.219 alumnos. Entonces, la escuela primaria se achicaría y solo crecería bajo la gestión privada. La expansión privada habría sido pareja, a lo largo y ancho del país alcanzando niveles críticos (por sus magnitudes) en dieciséis provincias. Ahora ¿por qué se producía el traspaso? Se adujo que la mala e ineficiente gestión estatal, los déficits en infraestructura, la escasez de recursos y el malestar docente operaban en el circuito estatal en favor del privado. La conclusión que se derivaba era sencilla. Si la privatización se iniciaba en el ciclo primario, en el futuro, sería mucho mayor: quienes hoy eligen educación privada optarán por lo mismo tiempo más tarde (secundario). Por su parte, la izquierda salió a repetir este argumento sin aportar nuevo análisis. Encaja perfecto con su posición histórica. Y es el mismo fantasma que hoy azuzan frente al Pro: se viene la gestión de los CEO’s, los privatizadores, etc.

El oficialismo se encargó de dar sus propios argumentos. El Ministro de Educación nacional Alberto Sileoni, adujo que el aumento de la educación privada era resultado del “crecimiento económico de las familias”, que ahora podían “comprar” educación. Para minimizarlo sostuvo que se trataba de un fenómeno metropolitano asociado, además, a “decisiones ideológicas o confesionales”.[3] Desde la Jefatura de Gabinete y la DINIECE (organismo encargado de producir datos estadísticos en materia educativa) ensayaron una respuesta en apariencia más digna aunque también fuera de lo educativo. Para ellos se trataba de un fenómeno poblacional: la disminución de la población en la franja 2-11 años explicaba la caída de alumnos en el circuito público, porque entre los Censos de 2001 y 2010 “se observa un decrecimiento demográfico del 2,5% en el grupo de 2 a 11 años”. Esa disminución, en términos de escolaridad obligatoria, implicaría “112.000 alumnos menos”. Pero los funcionarios no dijeron ni una coma sobre cómo ésa tendencia poblacional afectaba solo al circuito estatal. O ¿sólo los ricos tuvieron hijos durante la década ganada? Como veremos a continuación, una parte de la explicación del fenómeno se encuentra en los mismos datos que esos organismos producen.

Los olvidados

Antes de ir al meollo de la cuestión, conviene despejar algunos argumentos.[4] La hipótesis de la caída poblacional sólo tiene asidero en los datos del peor, y por ende más inútil, censo de la historia: el del Bicentenario. En efecto, el Censo 2010 registró una caída de 4,63% en la población de 5 años. Pero ello no resulta consistente con otros datos censales: la paridez media de las mujeres prácticamente no se modifica, la mortalidad infantil cae y la población global crece más del 10%. Cuando uno recuerda que los técnicos desplazados del INDEC indicaron que la población censada fue de apenas 37 millones y el número final fue recalculado a través de proyecciones, que existen numerosos testimonios de población no censada, que la cartografía censal no coincidía con lo hallado en territorio, que se recomendó a los censistas no censar aquello que no apareciera en la cartografía (asentamientos, villas, casas tomadas, etc.) y que el Censo Experimental de Chivilcoy “omitió” censar al 36% de la población, uno rápidamente comprende que lo que allí aparece tiene poco valor, científicamente hablando.[5] Si consideramos datos de 2013, solo en CABA, Buenos Aires, Córdoba, Gran Rosario, Alto Valle de Río Negro y Neuquén, Departamento Capital de Misiones y parte de la provincia de Salta se registran, por lo menos, 1.834 asentamientos informales con unas 532.800 familias viviendo allí.[6]

Distintos trabajos estimaron que para la franja 0-5 el sub-registro censal fue de 6,8% y para el grupo 5-9,de 1,7%. Los datos del Censo ni siquiera se condicen con los datos de las estadísticas vitales (nacimientos y moralidad infantil) publicados por el Ministerio de Salud entre 2000 y 2013. Según los datos de Salud, entre 2001 y 2010 los nacimientos aumentaron un 10,6% mientras que las defunciones de menores de 1 año se reducen casi un 20%. Si sólo lo miramos en función de la evolución 2005, de mínima estamos hablando de un 4% más. En efecto, al revisar distintas opciones (como el peso de la población de cinco años en 2001, y proyectarlo para 2010; utilizar los nacidos en 2005, previo ajuste de la población censal a la escolar, para estimar su número en 2010; la relación entre nacidos y la población de 5 en 2001 y los nacidos en 2005, etc.), el sub-registro de la población fluctúa entre 4% y 9%. Si a ello agregamos el saldo migratorio positivo la cifra se abulta aún más. Además, el 73% de la población migrante se radica en CABA y Buenos Aires y casi el 80% proviene de tres países: Bolivia, Paraguay y Perú. Al analizar su nivel de instrucción, algunos estudios evidenciaron que, en promedio, los inmigrantes tienen un nivel educativo menor al de la población local y casi el 40% tienen entre 0-11 años de edad, es decir, deberían ir a la escuela.[7] Otro dato: según el gobierno porteño y el bonaerense, en las villas y asentamientos, la mayoría de la población es inmigrante.[8] Cartón lleno.

Compulsivo y desigual

Al analizar los datos, entre 2003 y 2014 la matrícula total crece y pasa de 10.988.222 a 12.358.248. Crece porque se amplía en 1.370.026 alumnos. De esos, 1.066.972 crecen en la modalidad común, 54.672 en la modalidad especial y 248.382 en la modalidad de adultos. En ese crecimiento global, la privatización educativa aumentaría 4%. Si en el 2003, la gestión estatal controlaba el 77% de la educación, hacia el 2014 lo hacía sobre el 73%. Ese crecimiento abonaría el diagnóstico inicial. Pero como veremos, se trata de un crecimiento aparente que requiere un mayor análisis por nivel y por modalidad. Las modalidades son las opciones organizativas y/o curriculares de la educación para los distintos niveles. Históricamente, la educación común representó más del 90% sobre el total del sistema. Conviene, entonces, analizar primero la modalidad común y luego el resto.

En la modalidad común, los distintos niveles crecieron de forma diferenciada y buena parte del empuje se debió a la compulsión de la obligatoriedad dispuesta por la LEN. No extraña que los niveles secundario e inicial fueran los que aumentaran su matrícula en mayor medida: mientras la matrícula secundaria pasó de 3.391.858 a 3.896.467 entre 2003 y 2014, el nivel inicial pasó de 1.256.191 a 1.687.543 niños. Pero fue el nivel primario el objeto de todas las miradas. Tal como dijimos, era el único que achicaba su matrícula y, como vimos, no puede explicarse ello como parte de una caída en la matrícula potencial. ¿Y entonces? La explicación reside en otro lado. Veamos.

Que pase al siguiente…

Todo el chiste del asunto está en dimensionar la evolución del nivel primario, primero, y del secundario, después. Vamos por partes. ¿Cuál fue el movimiento de la matrícula primaria? En la educación de adultos, la modalidad es rotundamente estatal, el Estado educa al 99% de la matrícula: para el 2014 sobre un total de 194.007 estudiantes primarios adultos, 192.472 estudian en el Estado. ¿Y en la común? Si tomamos los datos oficiales, la matrícula total se achicó 167.687 alumnos entre 2003 y 2014 al pasarse de una matrícula de 4.718.610 alumnos a otra de 4.550.923. Pero la reducción total era provocada solo por la caída de la matrícula pública que, en ese período, pierde 413.488 alumnos al pasar su matrícula de 3.747.747 a 3.334.259. El sector privado sería el único que evidenciaría dinamismo: agrega 245.801 estudiantes (de 970.863 a 1.216.664 alumnos). Así, la privatización del nivel habría aumentado seis puntos al pasar de controlar el 21% del nivel a hacerlo sobre el 27%.[9] Ahora bien, ese crecimiento no se debe ni a la mayor bonanza económica, ni a un estímulo por parte del Estado, ni a elecciones ideológicas. Se trata de un crecimiento ficcional. Ficción construida sobre la base del pase de grados casi automático y a la posible no incorporación de matrícula al nivel. Vamos por partes.

Desde su inicio, la política “inclusiva” K privilegió la “permanencia y el egreso” de los niños. Se sugirió que ni la repitencia ni la deserción eran válidas pedagógicamente hablando. Se debían imaginar nuevas estrategias de trabajo para los “nuevos” sujetos que llegaban a la escuela. El currículum, la organización del tiempo de trabajo, los mecanismos de evaluación, todo debía ser repensado.[10] En el 2012, cumpliendo con las sugerencias del Banco Mundial, se eliminó la repetición entre primer y segundo grado creando un bloque pedagógico 1º-2º.[11] Así, el momento de mayor repetición histórica del nivel fue eliminado de cuajo.[12] Esa política tuvo gran impacto. De hecho, el análisis de la forma en que evolucionaron los indicadores de “eficiencia interna” del sistema educativo explica gran parte de lo que algunos ven como la fuga de una gestión a otra. Más bien la matrícula se “adelgaza” por la vía de la circulación rápida de los alumnos.

La “eficiencia interna” del nivel está determinada por la evolución de las tasas[13] de cuatro indicadores: los repitientes (aquellos que repitieron y se matriculan nuevamente en el mismo grado), la sobre-edad, esto es aquellos alumnos que tienen por lo menos un año o más de la edad teórica para el año al que asisten; la promoción efectiva, esto es, los alumnos que logran promover de año a término, y el abandono, los que no se matriculan en el año lectivo siguiente. Que se trata de una información sensible lo determina el hecho de que el Ministerio publica solo datos globales, cuando los recaba, por tipo de gestión. Que cuando los investigadores los solicitan te deriven a prensa -como nos pasó- y demoren cinco meses en responder -como nos pasó- da cuenta de lo arriba dicho. Ahora bien, ¿qué es lo que encontramos?

Entre 2003 y 2013, la tasa de alumnos repitientes del nivel cae 4,20% al pasar de 7,8 a 3,6. También disminuye la cantidad de alumnos con sobre-edad: 7,2% al pasar de 27,06 a 19,86%. El abandono interanual se reduce 1,5% al pasar de 2,3% a 0,8%. Lógicamente, como es de esperar, la promoción efectiva de los alumnos crece un 5,7%, y ahora promueven de grado el 95,6% superando a las marcas del 2003 cuando lo hacía el 89,9% de los alumnos. ¿De qué magnitud hablamos? 575.480 alumnos circulan más rápidamente por el nivel de lo que lo hacían en 2003. Además, ahora se logra retener a 50.481 alumnos que hubieran salido del sistema. El saldo: 525.000 alumnos pasaron más rápidamente que antes por las escuelas públicas porque repitieron menos, promocionaron más, abandonaron menos y acumularon también menos matrícula con sobre-edad. Por su parte, el sector privado sigue una evolución algo diferente. Si bien, repitencia y sobre-edad también mejoran (aunque sus tasas son apenas un sexto de las estatales) aumenta el abandono y cae la promoción efectiva de los alumnos. Al detener ese dato a los valores del 2003 y reincorporar matrícula de un lado y del otro, la privatización crece la mitad: de seis a tres puntos en once años.

Pero ese crecimiento se desvanece rápidamente si adicionamos el elemento poblacional del inicio. Hay indicios para suponer que un 9% de la población de entre los 0 y los 12 años fue sub-registrada por los Censos nacionales por ser parte de las filas más pauperizadas de la clase obrera: inmigrantes, residentes de villas y asentamientos, etc. Es probable que tampoco formen parte de los registros escolares, pero de hacerlo irían a la escuela pública. Al incorporar esa matrícula a la escuela pública encontramos que la “privatización” (350.000 alumnos más), es de apenas, un punto; si sumamos las otras modalidades (adultos, especial), la privatización ya ni siquiera existe: 79-21 a 79-21. No se pasan de un lado a otro, simplemente, ahora en el Estado circulan más rápido que antes. ¿Le parece positivo? Recuerde lo que alguna vez dijimos en estas páginas: uno de cada tres no comprende lo que lee ni a los 15 años ni a los 18.

Estatización degradada

Si miramos la educación secundaria, nos encontramos ya ante su estatización lisa y llana. Una vez más, hay que mirar con mayor detalle los números. Los datos oficiales de la DINIECE muestran que la privatización del nivel común asciende apenas 1%. La modalidad común crece 504.609 alumnos entre 2003 y 2014. La matrícula estatal pasa de 2.467.598 a 2.786.329[14] mientras que el sector privado pasó de 924.260 a 1.110.138. La participación de la matrícula pasó de 73-27 a 72-28, es decir, la privatización aumentaría un punto.

Ahora bien, la modalidad de adultos crece 25%.[15] Al igual que la primaria, la educación secundaria de adultos es rotundamente pública con más de 90% a cargo del Estado. Entre 2003 y 2014, se incorporaron a medias para adultos 62.650 estudiantes al pasar de una matrícula de 476.840 a otra de 539.490. De esos, 44.116 lo hicieron en el Estado. La llamada formación profesional (parte de la educación de adultos) también creció. Incorporó 128.079 alumnos, de ésos 108.154 lo hicieron al circuito público que cubre el 88% sobre el total de la oferta. Algo similar ocurre con la secundaria especial, se incorporan 10.865 alumnos, 8.071 en el Estado. En suma, en el conjunto de la escuela secundaria, se incorporaron 601.387, 385.999 en el Estado y 218.464 en el sector privado.

Ahora bien, ¿cuál es el fenómeno interno que está ocurriendo en el nivel? Asignación Universal por Hijo, Plan Progresar, períodos de evaluación continua eternos, pedidos de flexibilización inclusiva a los docentes, todo ese arsenal casi no impactó en los números internos de la escuela media pública. La tasa de repitencia empeoró tanto como la caída del abandono: 1,6%. El 11,70% repiten y el 12,5% abandonan. La sobre-edad aumentó 3,41% llegando al 43,46% en 2013, es decir, de cada dos casi uno tiene mayor edad de la que debería. La promoción efectiva mejoró un ridículo 0,1%: sobre 100, casi 25 no promocionan. Estos números se reflejan también al analizar la matrícula por año. Si en 2003, iniciaron el secundario estatal común 531.530 alumnos, en 2008 se encontraban en el último año 219.844, es decir, sobrevivió el 41% dentro de un rendimiento ideal. Si en 2008, empezaron el secundario público 571.251, en 2013, llegaron al último año 256.664 casi un 45%. Pero el número es peor: de ese 45% que sobrevive y llega al último año, egresa apenas el 72% (183.800). El sector privado evidencia mejores rendimientos pero ello no implica que llegan todos: si en 2008 empezaron 188.677 llegaron al último año 144.788, es decir, el 77% y de esos egresan 118.670.

La política de contención hizo que el nivel secundario no tuviera una sangría mucho mayor de la que ya tiene. Por eso, las cotas de la educación privada se ven abultadas solo por su mejor rendimiento. El nivel de estatización de la escuela secundaria entonces es mayor. Si agregamos el 55% que se va, el nivel secundario se estatizaría 4 puntos más y pasaría a controlar el 77%.

¿Qué ocurre con todos esos que salen de la escuela secundaria? Una parte todavía muy baja es absorbida por la educación de adultos (aproximadamente un cuarto). Esto se verifica no solo en el crecimiento de la matrícula del que ya hablamos sino también en el relativo rejuvenecimiento de la matrícula que asiste a las escuelas de adultos. Lamentablemente solo hay datos disponibles para el período 2008-2014. Para el 2008, el 38% de los alumnos tenían entre 12 y 19 años y otro 38% más, entre 20 y 29. Para el 2014, la franja 12-19 se mantiene igual pero crece la banda 20-29 años que pasa a constituir poco más del 43%. Las otras franjas etarias pierden peso relativo aunque la cantidad de alumnos de entre 30 y 39 y de más de 40 años permanecen constantes. Claramente, el circuito de adultos formal es una opción cada vez más elegida por las capas de jóvenes desertores de la educación común. Así lo demuestra ese cambio en la composición etaria. La educación de adultos tradicional dirigida a adultos trabajadores que pasados los cuarenta decidían terminar el secundario, hoy se integra en paralelo a la escuela común y recibe cada vez más a jóvenes de clase obrera desertores. En ese recambio pierde el perfil tradicional que la organizaba. Los jóvenes, permanecerán allí unos años. Entran y salen del sistema para luego integrarse a la nueva opción tituladora: el plan Fines 2. A ellos, Macri, a través de Esteban Bullrich y de Soledad Acuña, les ofrecerá luego “Terminá la secundaria”. De la escuela común a la de adultos (de cinco años a tres), de la de adultos al Fines 2 (de cinco días de cursada a dos) estudiando en la Casa Compañera, de la Casa Compañera al cursado “online”…

El futuro

Una vez más, el problema no es la privatización. Tal como vemos, al colocar todos los indicadores en su lugar hallamos que la gestión pública crece más que la privada. El sistema se estatiza. Pero lo hace en una tendencia cada vez más degradada y decadente. La escuela primaria viene a la vanguardia: los niños circulan y circulan como si el mero tránsito por la escuela les garantizara algún tipo de conocimiento por ósmosis. Mientras tanto, se exige el pase de grado, la eliminación de la sobre-edad, el pasaje de grado con más “previas”. Si los alumnos muestran malos resultados, es problema de los malos docentes y no de las políticas que los obligan a promover a sus alumnos a cualquier precio. En la secundaria, las cosas no están mucho mejores. La batahola inclusiva casi no altera los niveles históricos de deserción del nivel. Pero algo cambió. Hoy la educación secundaria para amplias capas de la clase obrera se presenta más fragmentada (salta de una modalidad a otra, de años de escolarización a largos períodos sin pisar una escuela) y degradada (reducción del tiempo de cursada, del currículum, de la enseñanza). El kirchnerismo en la resistencia azuzará el fantasma de la privatización. Comprender que ese no es el problema lo enfrentaría con su propio monstruo. La izquierda no puede colocarse en ese proceso a la retranca. Debe abandonar su tara privatizadora. La burguesía solo está dispuesta a educar a un puñado. A la clase obrera, a la población sobrante, le ofrece una educación que ella misma costea (por eso estatal), de una forma cada vez más degradada.


[1]Declaraciones del ministro Sileoni a radio Vorterix el 26/11/2015. Telam en: http://goo.gl/MqdtG2

[2]El debate fue iniciado por Mariano Narodowski y Franco Moschetti: “¡Vuelen, blancas palomitas! La caída de la matrícula en las escuelas primarias públicas argentinas” Foco Económico. http://goo.gl/aBcGZL.

[3]La Nación, 30/10/2014. Puede consultarse la nota en: http://goo.gl/qcV8lF

[4]Una exposición exhaustiva en la reedición Brutos y baratos. Descentralización y privatización en la educación argentina (1955-2001), Ediciones RyR, Buenos Aires, 2015, 2º edición actualizada.

[5]Junta Interna ATE-INDEC: “Censo 2010: lo que no se va a poder contar”, septiembre de 2010, p. 13. Disponible en: http://goo.gl/FXl consultado por última vez el 23/07/2015 y Proyecto de Resolución a la Honorable Cámara de Diputados presentado por el diputado Gustavo Ferrari (Peronismo Federal). Puede consultarse online en: http://goo.gl/g1x consultado por última vez el 23/07/2015.

[6]TECHO Argentina: Relevamiento de asentamientos informarle. Año 2013, Buenos Aires, noviembre de 2013p. 26. El informe no contempla en su medición: conventillos, edificios tomados, hoteles pensión y conjuntos habitacionales irregulares construidos por el Estado.

[7]Organización Internacional para las Migraciones: Perfil migratorio de Argentina. Año 2012, Buenos Aires, 2013, p. 36. Puede consultarse online en: http://goo.gl/lwMxM5

[8]La Nación, 06/09/2010. http://goo.gl/huWJKj.

[9]En lo que respecta a la matrícula primaria de la modalidad especial, encontramos que la matrícula privada crece más que la pública. Si en el 2003, la gestión privada tenía 10.167 alumnos en el nivel primario para 2014 cuenta ya con 45.337. Por su parte, la matrícula estatal pasa de 52.373 a 59.234. La distribución de la matrícula de las autoridades pasa de 81-19% a 78-22%. Creemos que esto puede explicarse por el vaciamiento de la modalidad durante esos años. La estrategia del Estado fue la incorporación de los niños a la escuela común.

[10]Consejo Federal de Cultura y Educación: Resolución Nº 216/04. Anexo 1, Buenos Aires, 2004.

[11]Inciso 22 de la Resolución 174 del Consejo Federal de Educación. Allí se propuso adecuar la edad cronológica con la de cursada, adecuando “en el menor tiempo posible” los saberes adeudados. Consejo Federal de Educación, Resolución Nº 174, http://goo.gl/LntNP8 p. 5.

[12] “El peón del Banco Mundial. Los lineamientos del Banco Mundial para la educación argentina y la política educativa kirchnerista”. El Aromo, Año XIII, Número 84 (2015).

[13]Se expresan como valor porcentual sobre el total de la matrícula.

[14]Se incorporaron los alumnos de la modalidad artística.

[15]A partir del 2007, la DINIECE incorpora dentro de la educación de adultos la formación profesional. A los efectos de empalmar también lo hacemos.

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