Sin nubarrones a la vista. Las internas de Cambiemos

 

 Juan Perrotat

Laboratorio de Análisis Político

Las internas del Cambiemos se han modificado notablemente desde la asunción de Macri como presidente. Algunos de sus laderos principales han ido cediendo protagonismo a las figuras con poder territorial, pero las diferencias existentes son menores y no van a estallar en el corto plazo.

 


 

Puertas adentro

Desde la asunción de Mauricio, se han afianzado las figuras ejecutivas “territoriales” tales como Vidal (Buenos Aires), Larreta (CABA) y Peña (Nación). Esto se produce en paralelo a la pérdida de peso de dirigentes como Frigerio, Monzó y Michetti. Sin perder importancia en sus funciones, sí han menguado su influencia dentro de la interna del PRO. Por eso, actualmente, las fracciones dentro del oficialismo se reducen a los tres grupos encabezados por las figuras que acabamos de nombrar. Cabe destacar que cada una de ellas posee una base territorial con caja propia, lo que les permite cierta autonomía y delimitación entre sí. La cuestión central que estructura esta disputa es la posible sucesión presidencial de Macri en 2023, aunque tras la caída en la imagen presidencial en los últimos dos meses no faltan quienes comienzan a especular con la búsqueda de otra figura para 2019.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, es el dirigente más fuerte dentro el PRO y el delfín de Macri. Dirige la mesa chica a la que el presidente consulta, que se completa con Lopetegui, Quintana y Durán Barba. A su vez, ha estado detrás de todos los movimientos importantes dentro del Ejecutivo: la expulsión de los ministros Prat Gay y Buryaile, o del ex presidente del BCRA Carlos Melconian, el megadecreto de fin de año, y la reestructuración de dependencias estatales. También se ha convertido en la cara del Ejecutivo frente a cada problema que tomó estado público (la reforma previsional, los pactos con los gobernadores, el cambio en las metas de inflación) y en el emisario de Macri a nivel internacional. Ha sido el portavoz del gobierno nacional en las reuniones con el Jefe de Gabinete de Trump, con el Ministro de Seguridad de Putin e incluso fue el orador que abrió la última reunión del G-20. Su posición cada vez más rutilante no se explica solo por el aprecio de Macri, sino sobre todo por los aciertos de Peña. Fue el Jefe de Campaña en las últimas elecciones, cosechando triunfos destacados en casi todos los distritos. Esto le permitió ser el gran ganador en las últimas internas del PRO, donde logró ubicar a militantes de confianza en cargos importantes. Más de los que pudieron colocar Vidal y Larreta, con lo que logró aumentar su peso dentro del partido.1

María Eugenia Vidal, la gobernadora de Buenos Aires, no muestra fisuras con Macri. Es que los caminos de ambos no se cruzan: cada uno va por su reelección, en Provincia y Nación. Con una importante caja propia, y la mayoría en las dos cámaras bonaerenses, Vidal intenta consolidarse en su territorio, evitando las rencillas internas. Esto tiene como contraparte un férreo apoyo de parte de Macri, evidenciado en la pelea con los gobernadores por la actualización del Fondo del Conurbano. Aunque se llegó a un acuerdo (una compensación de 20.000 millones en 2018 y de 45.000 millones en 2019 para Buenos Aires), esto fue resultado de una extensa y desgastante negociación, que implicó fuertes tensiones con los gobernadores. Aquí, Macri siempre se mostró respaldando a Vidal.2 Distinta es la relación de Macri con Rodríguez Larreta, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Al igual que Peña y Vidal, es otra de las figuras que se encuentra interesado en suceder a Macri. Pero no es el favorito del presidente, que no tiene con él los mismos gestos que los otros. De ahí que Horacio se maneje con mayor autonomía del presidente, cosa que molesta dentro del PRO. Larreta ha “colonizado” al PRO porteño colocando gran parte de su tropa allí, capitalizando la gestión y destrozando al que podía ser un posible rival: la UCR.Cuenta con una importante caja propia y mayoría en las dos legislaturas. Por eso se da el gusto de rechazar la alianza con Lousteau (la UCR) y conformar Cambiemos en la Capital, resistiendo las presiones del gobierno nacional en ese sentido. Con Lilita y Ocaña, que forman parte del frente amarillo en Capital (Vamos Juntos) tiene mejor relación: atiende sus objeciones y pedidos, y es correspondido con el apoyo a sus proyectos en la Legislatura. Carrió, a su vez, es su aliada en la disputa con la UCR, que quedó en manos Nosiglia, Yacobitti y Angelici. Esas son las coordenadas de la principal batalla que tiene Macri por delante de cara al 2019. De un lado, el gobierno nacional, con Macri y Peña a la cabeza, que presiona para armar un frente que sumaría votos y evitaría rencillas públicas. Del otro, Larreta y Carrió que por distintos motivos resisten la alianza. Para la segunda, sería una mancha en su cruzada anticorrupción. Para el primero, implicaría ceder autonomía y cargos a gente que, a la luz de los resultados de las legislativas 2017, no necesita. La cuestión parece encaminada porque Larreta habría aceptado conformar el frente con la UCR, cediendo el mínimo de cargos. Con los resultados de 2017 en la mano, los radicales no tienen mucho que reclamar. Pero el tema no está resuelto aún: en la UCR niegan que se hayan entablado negociaciones.3

 

Los socios nacionales

 

Durante todo su mandato, Macri ha llevado a cabo la política de “partir” a la UCR para terminar de subordinar y controlar más de cerca su aparato, sobre todo allí donde hay internas como en CABA, Córdoba y Santa Fe. Por ello, actualmente dentro del partido radical se enfrentan dos grupos. Un ala más subordinada al PRO representada por Cano, Sanz y José Corral.Y otra, más minoritaria y crítica, encabezada por Alfonsín, Casella y Storani. Sin embargo, los intentos de lograr un mayor control dentro del partido centenario han fracasado. Primero, en las elecciones internas de la UCR porteña. Allí Macri intentó, a través de Angelici, quitarle el control del partido al “Coti” Nosiglia, un histórico y afianzado dirigente. Para ello, motorizó la candidatura de Suárez Lastra, un radical que fue como candidato del PRO en las legislativas de CABA, enfrentandoa la lista de Lousteau. Pero el resultado fue un acuerdo, con una lista única de candidatos a la convención nacional liderada por Nosiglia, con lugares para hombres de Angelici y Suárez Lastra. Además, la presidencia partidaria de la seccional porteña se mantuvo en manos de Yacobitti (hombre de Nosiglia), a través de un personaje de su confianza.4

Macri tampoco logró imponer a su candidato (José Cano) en las elecciones nacionales del radicalismo. La lista liderada por Cano iba a enfrentarse a la de Storani.Sin embargo,tras intensas negociaciones fue elegido Alfredo Cornejo, el gobernador de Mendoza, como presidente del Comité Nacional de la UCR por una lista de unidad.Cornejo era potable para ambas alas: así como supo marcar límites al Ejecutivo Nacional (objetando, por ejemplo, el intento imponer un impuesto al vino, que logró voltear),también mantiene una buena relación con Macri y Sanz. Aún así, el resultado es una derrota para Macri, que no logró subordinar a la UCR y debe soportar que sus críticos aún tengan un lugar de peso en la estructura partidaria. Las nuevas autoridades ya salieron a marcar la cancha: recientemente dieron a conocer un comunicadoen contra de la privatización de la empresa eléctrica Transener,y en una jornada de debate a puertas cerradas, dirigentes radicales deslizaron críticas al gobierno (sobre el caso Chocobar, la inflación y el desempleo).5 Sin embargo, el radicalismo sigue sin tener mayor gravitación y no le da el piné para romper Cambiemos. De cara a 2019, silenciar a los críticos no costará más que un par de cargos y lugares en las listas.

El último frente de conflicto para el macrismo proviene de la tercera fuerza que compone Cambiemos a nivel nacional: el CC-Ari de Lilita Carrió. Si bien es evidente que es de los actores con menor peso, la figura de Carrió es un importante capital político para Macri. Basta con recordar su desempeño electoral en las últimas elecciones legislativas en la Capital. Sin embargo, como se mostró recientemente con la reforma previsional, Lilita puede ser un factor desestabilizador por su relativa autonomía e imprevisibilidad, donde su “moral” parece primar sobre la política. La imagen de Carrió pidiendo levantar la primera sesión por la reforma y amenazando vía Twitter con retirar su apoyo si Macri osaba sacarla por decreto,molestó al oficialismo. Aunque el problema fue contenido, Carrió (y su “sed de justicia”) son un obstáculo a los planes de Macri para la campaña presidencial. Su afán de avanzar judicialmente sobre Cristina amenaza con sacar del escenario a la figura con la que Mauricio aspira a polarizar, replicando la campaña que tan buenos resultados le dio el año pasado. Y no es el único escollo. Recientemente se produjo un cruce con poca repercusión, pero que sirve de muestra de las internas que se vienen. El CC-Ari sacó un comunicado cuestionando una decisión del Ministro de Justicia, que retiró la acusación de corrupción que pesaba sobre dos fiscales del caso AMIA. La decisión fue contraria a la posición del director de la UFI AMIA, el radical Mario Cimadevilla. Por esa razón, la UCR también hizo trascender sus críticas. Detrás de la decisión de Garavano parece estar Angelici: el vocero del Ministerio de Justicia, que salió a defender públicamente la decisión, es el abogado José Console, hombre del presidente de Boca y Secretario de la Comisión de Disciplina de aquel club de fútbol.6 Pero así como Carrió es un elemento de desestabilización, también puede aparecer como la carta del triunfo si Mauricio logra contenerla. Así se mostró en los días previos al tratamiento de la reforma previsional, cuando Carrió se desdijo de sus críticas y manifestó un respaldo que ayudó al presidente a destrabar la votación parlamentaria. Cediendo poco, Macri puede poner de su lado a quién puede extenderle un certificado de buen republicano.

 

Sin novedad en el frente (interno)

 

Las internas del Cambiemos se han modificado notablemente desde la asunción de Macri como presidente. Algunos de sus laderos principales han ido cediendo protagonismo a las figuras con poder territorial, pero las diferencias existentes son menores y no van a estallar en el corto plazo. Descontando que Macri se presentará a la reelección en 2019, cualquier disputa tiene como horizonte el 2023, con lo que no habrá allí ningún problema serio hasta más adelante. Los socios del PRO, Lilita y la UCR, están contenidos. Ladran pero no muerden.

 

NOTAS

1https://goo.gl/UgqWAF, https://goo.gl/PCQWPK y https://goo.gl/QqNq56.

2https://goo.gl/nZLmqQ.

3https://goo.gl/4HyURR, https://goo.gl/SKzzvk yhttps://goo.gl/4xowzD.

4https://goo.gl/QE4jba.

5https://goo.gl/HcqJ2N, https://goo.gl/XQmcFp y https://goo.gl/2jQ1ej.

6https://goo.gl/2eAfLb.

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