¿Siamo fuori? – Alejandro Lamónica y Damián Bil

cmaaoncxyaakf7u-jpg-medium¿Siamo fuori? El referéndum en Italia y la crisis del capital en la península

El triunfo del NO en el referéndum, la renuncia de Renzi y el fortalecimiento de expresiones como el movimiento 5 Stelle de Grillo, anuncian una nueva crisis política en otro de los grandes de la Unión Europea. Así, Italia se constituye en un nuevo escalón en una crisis capitalista que no encuentra salida.

Alejandro Lamónica (Colaborador) y Damián Bil

OME-CEICS


Algo queda claro con los acontecimientos en Europa en los últimos meses: el sacudón económico, que comenzó con la quiebra de países periféricos como Portugal, Irlanda, Grecia, Chipre y que alcanzó incluso a España, demandando la activación de mecanismos de salvataje del Banco Central Europeo, se convirtió en crisis política. La cuestión de los inmigrantes africanos y de Medio Oriente, el ascenso de expresiones separatistas regionales (caso español) o incluso a nivel nacional como el Brexit, el quiebre de los partidos políticos que dominaban la política europea desde la posguerra con el crecimiento de variantes de derecha (Le Pen en Francia, Hofer en Austria, Grillo en la misma Italia, entre otros) o el surgimiento de la centroizquierda aggiornada (Syriza en Grecia, Podemos en España) muestran que en Viejo Mundo también se procesan las tensiones de una crisis capitalista que no tiene solución a la vista.

En el intento por anticiparse a una nueva conmoción de las que periódicamente sacuden Italia, a comienzos de diciembre el Primer Ministro Matteo Renzi, perteneciente al centroizquierdista Partido Democrático, lanzó un referéndum para reformar la constitución. Uno de los principales ejes era la reforma legislativa. En Italia, la constitución de post-guerra (1948) otorga un gran poder a las cámaras del Parlamento, que tienen las mismas atribuciones y que pueden quitar el voto de confianza al Jefe del Consejo de Ministros (el cargo ejecutivo más importante de la República, por sobre el de presidente). Por eso, los gobiernos entrantes deben reunir una mayoría propia, muy difícil de obtener, o realizar coaliciones, por lo general volátiles, con otras fuerzas para permitir cierto margen de maniobra. Tal es la inestabilidad en este esquema que, en 70 años de República, ya se conformaron 63 gobiernos.1 La propuesta de Renzi buscaba fortalecer la cámara de Diputados y relegar a un segundo plano al Senado, quitándole el poder de veto y disminuyendo sus representantes.

No obstante, el oficialismo recibió un duro golpe con la victoria del “NO”. Esto abre la perspectiva de una crisis política, no solo por el éxito de las opciones nacionalistas a tono con la situación mundial (el movimiento Cinco Estrellas de Grillo), sino por el bloqueo a la posibilidad de avanzar con medidas de ajuste fundamentales.

Cuarto en discordia

Italia es la octava economía mundial por el tamaño de su PBI, y (hasta que se aplique la cláusula de salida del Brexit) la cuarta individual dentro de la UE luego de Alemania, Gran Bretaña y Francia. Para 2015, representó un 10% del producto bruto de la UE. Para brindar una idea de su magnitud, equivale a una décima parte del tamaño de la economía de los EEUU, un 54% de la alemana o tres cuartas partes de la francesa. En los mismos términos, es tres veces más grande que la Argentina.

En cuanto a las actividades principales, en la industria la alimentación participa con el 14% de la producción, mientras que maquinaria y equipo tiene 12,5% y los productos del metal 11%. El país es el décimo exportador mundial, por un monto aproximado de 450 mil millones de dólares en 2015 (un 13% menos que en 2014). Las principales partidas son los electrónicos, vestimenta, maquinaria y equipos, vehículos, químicos, alimentos y bebidas y minerales. Sus principales destinos son países de la propia zona Euro: Alemania (12,3%), Francia (10,3%), Reino Unido (5,4%), España (4,8%) y Bélgica (3,3%). Fuera del continente, a EEUU destina el 8% de las exportaciones y a China un 2,9%. Es decir, una economía con una alta integración a la UE. A nivel de importaciones, ocupa la decimotercera posición a nivel mundial, con 391,2 mil millones de dólares en 2015. Las principales importaciones también son productos electrónicos, químicos, equipo de transporte, combustibles, vestimentas y alimentos; que provienen en primer término de la UE (Alemania 15,4%, Francia 8,7%, Países Bajos 5,6%, España 5% y Bélgica 4,7%), aunque una porción considerable de países extra zona: China (7,7%), Rusia (4,9%) y EEUU (3,5%). De las dos economías más grandes del mundo importa medicamentos, equipos, bienes intermedios y materias primas. Con Rusia la relación comercial es relevante ya que Italia le compra gas y derivados del crudo. Cabe señalar que la península tiene un déficit considerable en materia energética: apenas produce 100.200 barriles por día (43° productor mundial), pero importa 1,39 millones en el mismo lapso (8° importador). Entre 2010 y 2015, la balanza energética arrojó un déficit de 65.600 millones de dólares anuales, casi diez veces más que el monto que puso en aprietos a CFK desde 2011. A su vez, debe adquirir en el extranjero 55,76 billones de metros cúbicos de gas (6° importador mundial) y 47 billones de kWh (3° importador mundial de energía eléctrica). Esto representa más de las cuatro quintas partes de la electricidad que se utiliza en el país.2

No clasifica

A pesar de ser uno de los países en apariencia más importantes de la UE, la economía italiana se encuentra en serios problemas. No solo se retrasa en relación a los países que impulsan la productividad en la región (Alemania y en segundo término Francia), sino que a nivel interno experimenta una crisis de la cual no puede salir. Durante 2015 y 2016, el PBI acumula un crecimiento casi nulo, por debajo del 1%. De hecho, de 2007 a 2015 el PBI en dólares constantes se redujo en un 8,3% (con cinco años de evolución negativa). Desde la crisis de 2009, la producción industrial se encuentra en retroceso. El volumen de producción de octubre de 2016 es un 9% menor al de agosto de 2011. En los últimos dos años, si bien no siguió con su descenso, se estancó. En el complejo automotriz, una de las ramas estrella en la estructura fabril italiana, la producción se redujo de 1,74 millones de unidades en el 2000 a 1,01 en 2015 (caída del 42%). Pasó de a representar un 3% de la fabricación mundial a apenas un 1%, cayendo del puesto 10 al 18 entre los países productores. A nivel social, se manifiesta en la tasa de desempleo, que se duplicó desde 2007, cuando registraba un 6%, a la actualidad en torno al 12% (tres puntos más que Francia y siete más que Alemania). Este problema es más agudo entre los jóvenes de hasta 24 años, segmento que registra un 38% de desempleo.

Durante estos años, la situación se escondió con un creciente endeudamiento público. La deuda del gobierno central italiano alcanza según la OCDE la friolera de 2,17 billones de euros. Eso significa que la deuda pública representa un 132% del PBI. En el mundo, solo Japón (230%), Grecia (177,4%) y el Líbano (147,6%) tienen un ratio de endeudamiento/capacidad de pago de la economía superior al de Italia. Los intentos de poner orden durante los últimos años se vieron en parte obstaculizados por la movilización sindical o directamente por las disputas en el Parlamento y en la arena política burguesa, que provocaron las salidas por dimisión de varios de los últimos Primeros Ministros (Prodi, Berlusconi, Monti, Letta, y ahora Renzi).

Que se vayan todos

El problema fundamental de Italia es el retraso en la productividad del trabajo en relación a las economías que marcan el ritmo en el Viejo Continente. Participar de la Comunidad la obliga, como al resto, a seguir la marcha de Alemania o al menos de Francia. Pero Italia no consigue hacerlo: mientras que estos países redujeron la brecha de productividad por hora con los EE.UU. a una diferencia de apenas 4%, Italia tiene una diferencia del 25% con los yanquis, más o menos como España.

El país de la pizza no logra compensar esto por la vía de salarios: aunque menores que en las economías más dinámicas, se encuentra muy por encima de los que se insertan como proveedores de mano de obra barata en términos de la misma UE (Estonia, Portugal, Eslovaquia). Muestra de estas dificultades es el avance de capitales más grandes sobre los italianos. En concreto, el aluvión de compras de empresas por los chinos, como la electrónica Ansaldo por Shangai Electric Group, la del Banco de China de partes del paquete de Fiat, Telecom y Assicurazione Generali entre otras, la adquisición en 2015 de Pirelli por ChemChina, la creciente participación oriental en materia de energía mediante contratos con la ENI y ENEL e incluso la participación en empresas deportivas, como las inversiones chinas en el AC Milan y el Inter, los dos grandes clubes de Milán y junto a la Juventus los más importantes de la península.3

De fondo, el referéndum buscaba liberar al Ejecutivo del control parlamentario para proceder a un ajuste drástico sobre las masas, que relanzara las alicaídas condiciones de acumulación del capital italiano. Su derrota y el fortalecimiento de expresiones populistas de derecha no es la solución, puesto que, al igual que los partidos tradicionales, no se plantean superar los límites que imponen las actuales relaciones de producción. Italia tiene dos salidas: un brutal ajuste sobre el conjunto de la población que brinde, por un tiempo, algo de oxígeno al capital hasta la nueva crisis, o una reorganización económica integral comandada por la clase obrera centralizando los medios de producción al servicio de las masas.

 

NOTAS

1La Nación, 4/12/2016. https://goo.gl/9MJLZB

2Los datos fueron extraídos de Banco Mundial, UNComtrade, OMC, CIA Factbook, Istituto Nazionale di Statistica y The Observatory of Economic Complexity (MIT).

3En https://goo.gl/JQtDJr, https://goo.gl/3snmRj, https://goo.gl/Utn47N y https://goo.gl/8q19DU.

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