Scrubs, versión argentina. Las condiciones laborales de los residentes y concurrentes – Nicolás Viñas

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Las condiciones laborales de los residentes y concurrentes
 
La situación laboral de los trabajadores en los hospitales públicos porteños es exasperante. Largas jornadas y responsabilidades extras abundan, redundando en una peor calidad de atención. Lea esta nota y conozca la realidad de los residentes y concurrentes.
 
Nicolás Viñas
TES-CEICS
 
 
Cada primero de junio, nuevos contingentes de residentes y concurrentes ingresan al sistema de salud: será por eso que se recomienda no pisar los hospitales públicos por esa fecha, ya que el remedio puede ser peor que la enfermedad…
Los residentes y concurrentes son profesionales médicos o no médicos (trabajadores sociales, kinesiologos, bioquímicos, enfermeros, psicólogos, etc.) que van a insertarse en el sistema de salud a través de una capacitación en servicio que les permitirá especializarse en un área determinada. Un médico puede no realizar residencia o concurrencia, pero no se especializará, y sus opciones laborales se limitarán a realizar guardias o trabajar en ambulancias, por ejemplo. Además, no va a poder recibirse de doctor. Los residentes y concurrentes realizan trabajos similares, la diferencia es que el residente recibe una remuneración y el concurrente no.  
Para el ingreso a la residencia o concurrencia, todos los años se llama a un concurso para cubrir las vacantes: se toma un examen de 100 preguntas con un valor de 0,5 cada una, cuya nota se suma al promedio de la carrera en base a ese puntaje se elabora un ranking. Quienes obtengan un mayor puntaje, podrán acceder a las residencias y quienes tengan menor puntaje deberán conformarse con ser concurrentes.
Ahora bien, no todas las especialidades poseen concurrencias (enfermería no las tiene) y últimamente se eliminaron algunas de éstas en favor de las residencias. Si bien la normativa para la ciudad de Buenos Aires establece que las residencias son una forma de capacitación en servicio y la palabra “trabajo” aparece en las descripción de las tareas, el gobierno describe a estas personas no como trabajadores sino como “profesionales en formación”, en base a ello, como se verá en este artículo, se les niegan derechos laborales que reconocen a otros obreros del sector. Esta misma percepción tienen,  en la mayoría de los casos, los propios residentes y concurrentes. Recientemente, los  avances organizativos están comenzando a cuestionar esta visión y a construir una identidad obrera dentro del sector. 
Según la ordenanza 40.997/85 (G.C.B.A), las funciones del residente consisten en registrar  por escrito sus actividades de acuerdo a los objetivos y modalidades de cada residencia (historia clínica, parte quirúrgico, protocolos de laboratorio, informe psicológico, etc.); confeccionar, conjuntamente con el profesional de planta responsable, la epicrisis o el resumen final de la historia clínica, protocolo o informe correspondiente; asistir a las necropsias de los enfermos que hayan estado bajo su cuidado y a las actividades científicas y docentes que fijen los planes formativos correspondientes. 
Sin embargo, vemos que su labor se extiende mucho más allá de lo estipulado: los residentes y concurrentes realizan tareas propias de otros oficios y profesiones, como ser camilleros, extraccionistas, labores de tipo administrativo, de enfermería. Incluso, a pesar de que debieran ser supervisados en su labor, es frecuente que residentes y concurrentes queden a cargo de puestos para los cuales no poseen formación suficiente, como una guardia o el área de trabajo durante el turno noche. Relata uno de ellos:
 
“Muchas veces, queda uno de primer año a cargo de una sala de hospital con 15 o 20 pacientes y no debería ser su responsabilidad. En mi centro de salud, al mediodía, desaparecen todos los médicos de planta, entonces si cae alguna urgencia nos encargamos nosotros. También suele ocurrir que en sus primeros tres meses el residente esté supervisado, pero después tiene que atender pacientes como pueda” [1].  
 
¿Trabajador yo?
 
Un residente es un agente contratado por el tiempo estipulado para cada residencia (de 3 a 5 años), siendo su trabajo de tiempo completo con dedicación exclusiva [2]. Diversos son los oficios donde se realiza capacitación de la mano de obra en el transcurso del contrato y dentro del horario laboral: que la capacitación de los residentes y concurrentes no sea una cuestión de días, sino de años, no los hace abandonar su condición de trabajadores, sino que los convierte en trabajadores calificados. Lo que los residentes y concurrentes son, no se corresponde con la función que la burguesía les imprime (en teoría, formarse para ser profesionales especializados), sino que la pertenencia de clase se establece en vista de relaciones sociales [3]. La clase dominante pretende que los trabajadores nunca puedan reconocerse como tales y, si lo hacen, busca que su identidad primaria de clase se diluya junto con alguna otra cuestión secundaria. Por eso, los residentes y concurrentes no son considerados trabajadores sino “profesionales en formación”. Y no sólo son trabajadores calificados, sino que son trabajadores pauperizados por no ser reconocidos como tales:
 
“el año pasado, Médicos Municipales convino en la paritaria la licencia por estrés, que abarca solamente a los profesionales de planta y no a los residentes y concurrentes. Ante las quejas, nos respondieron que nosotros no éramos trabajadores, sino ‘profesionales en formación’. Es decir, que el sector de trabajadores más expuesto al estrés cotidiano, el que más horas y más intensamente trabaja, que además es el que menor salario percibe y que tiene una serie de responsabilidades por fuera del horario laboral, como preparar exámenes, no puede gozar de licencia por estrés” [4] 
 
Por otro lado, el hecho de que sean considerados como “profesionales en formación”, permite una mayor regimentación de la fuerza de trabajo. En las especialidades quirúrgicas es una práctica establecida que los residentes y concurrentes realicen más guardias que las correspondientes, ya que en las mismas tienen más posibilidades de operar y, por lo tanto, de formarse; guardias que, por supuesto, son impagas. Otra práctica muy extendida en estas especialidades es la guardia castigo. Inclusive, 
 
“es común en estas especialidades que los residentes y concurrentes no gocen de sus francos post-guardia, debido a que pueden sufrir represalias (como el cierre de los quirófanos) o porque, de hacerlo, sus compañeros no tendrían la posibilidad de acaparar todo el trabajo pendiente. Y hacer guardia implica entrar a las 8 de la mañana de un lunes y salir a las 10 de la noche de un martes habiendo pegado un ojo durante 30 o 40 minutos” [5].  
 
El rótulo de profesional en formación también se presta para que en muchas especialidades (sobre todo en las quirúrgicas) las jornadas laborales sean a destajo, según la directiva de cada jefe de residentes: 
 
“nosotros deberíamos entrar a trabajar a las 8 de la mañana y retirarnos a las 5 de la tarde y, en muchos casos, esto no se cumple y trabajamos hasta finalizar las actividades asignadas. Tenemos compañeros que entran a las 5 de la mañana y se van a las 11 de la noche del hospital, con lo cual no sólo no se cumple el horario de trabajo, sino que va en contra de nuestras condiciones de atención. Y estas horas no se pagan” [6].  
 
Sin embargo, allí donde más se siente el peso de esta construcción ideológica es en el caso de los concurrentes, quienes realizan las mismas tareas que los residentes, pero sin percibir un salario, sin acceso a ART, seguro médico (si son médicos), a alimentación, a un psicólogo, obra social, aportes, ni ningún beneficio por su trabajo. Estos trabajadores ad honorem predominan en las especialidades de salud mental y psicología. Además, su formación tiende a ser peor que la de los residentes: muchas veces no se supervisa su tarea, no se los invita a clases, cursos y otras actividades académicas y se los excluye de jornadas. Por eso, las concurrencias son casi en su totalidad a medio tiempo (de 8 a 1), para permitir que los concurrentes accedan a otro trabajo, generalmente en guardias, en las ambulancias, en lo médico laboral de alguna empresa, en el ámbito privado o como franqueros. 
 
Me sobra mes a fin de sueldo
 
El sueldo de un residente es equivalente al de un médico de planta de 24 horas, modificado por un coeficiente que varía según la especialidad y el año de la residencia [7]. Ambos salarios tienden a ser similares, rondando los $6.000, con la diferencia de que el residente trabaja como mínimo 45 horas. 
Por su parte, los residentes de primer año y los jefes de residentes, es decir, aquellos que recién ingresaron al sistema de residencias, padecen una demora que se repite año a año de entre 3 a 4 meses para empezar a cobrar. Como las residencias son trabajos de dedicación exclusiva, es una práctica difundida que se hagan horas extras en negro. Nos cuenta un residente: 
 
“muchos residentes hacen guardias extra en forma ilegal con una ficha municipal prestada por otro profesional. Por ejemplo, en la guardia de un hospital, un trabajador de planta tiene su guardia de 24 horas pero quiere venir 12, entonces las otras 12 se las paga a un residente” [8].    
 
En el caso de las residencias de enfermería, donde por lo general se respeta el horario laboral (de 8 a 16), es común que los residentes tengan también otro trabajo: 
 
“la mayoría de los residentes trabajan también de franqueros o en el turno noche de algún privado, entonces hay muchos que trabajan a la noche y al otro día van sin dormir a la residencia. Sucede en la enfermería: el que trabaja en un privado, trabaja en un público, o trabajan en dos privados o si trabajan sólo en el público hacen un montón de módulos. No existe un enfermero que trabaje 7 horas” [9].  
 
Concluyendo
 
Otro mecanismo ideológico utilizado para justificar una mayor explotación radica en el argumento miserable que pone a los interpela como trabajadores de la salud, ya que en su desempeño individual se jugaría la salud de las personas. Así, observamos cómo se presiona a los enfermeros a trabajar doble jornada cuando se pretende que, finalizado su horario laboral, incurren en abandono de paciente en caso de que no haya quién los remplace el siguiente turno. Pero ni es tarea del enfermero la organización del trabajo, ni es responsable de la falta de personal, derivada de las pésimas condiciones laborales. 
La represión de la identidad clasista es una necesidad imperiosa: profesionales en formación sí, trabajadores no. En el peor de los casos, trabajadores de la salud al cuidado de personas, pero trabajadores sólo no. En este contexto, es imprescindible presentar batalla por el reconocimiento de la identidad de clase y exigir la anulación del sistema de concurrencias en favor de las residencias.
 
NOTAS:
[1] Entrevista a Sebastián Crespo, 23/11/12.
[2] Ley 2.445/07 (G.C.B.A.), Artículo 3°.
[3] Véase Sartelli, Eduardo, “De la negación a la acción, el conflicto salarial de las fuerzas represivas del Estado y las tareas de la izquierda”, en El Aromo n°69, 2012.
[4] Entrevista a Sebastián Crespo, 23/11/12.
[5] Entrevista a Jeremías Benavente, 29/08/12.
[6] Entrevista a Sebastián Crespo, 23/11/12.
[7] Ordenanza 40.997/85 (G.C.B.A.), artículo 26.
[8] Entrevista a Sebastián Crespo, 11/09/12.
[9] Entrevista a Dolores Corujo, residente de enfermería, 27/11/12.

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