Santucho tenía razón. El debate por las papeleras de Fray Bentos y la “traición” de Tupamaros

Por Stella Grenat – La generación espontánea no es la forma natural en que surgen los fenómenos políticos. En estos, como en todos los aspectos de la vida social, siempre es posible rastrear y explicar los procesos que originan e impulsan tanto el modo en el que se desarrollan los acontecimientos, como la forma en la que intervienen los individuos que actúan en determinadas coyunturas. La multiplicidad de sucesos desatados a partir del inicio de la construcción de dos papeleras a orillas del río Uruguay -Botnia de Finlandia y ENCE de España-, no escapan a ésta ley. De entre estos, la participación de funcionarios de extracción tupamara, nos permitirá reflexionar, una vez más, sobre los programas políticos que se disputaron la dirección del movimiento revolucionario de los años ’70.

La nueva izquierda nacional y popular

Recordemos que la coalición que llevó a Tabaré Vázquez a la presidencia en el 2004, el Encuentro Progresista-Frente Amplio (FA), estaba conformada, entre otros, por militantes de la que fue una de las organizaciones armadas más destacas en la década del ’60, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T). Organización que, en 1989 conformó, junto a otros sectores, el Movimiento de Participación Popular (MPP)1, que no sólo aportó casi el 30% de los votos para la elección sino también una serie de cuadros que se ubicaron en los niveles más elevados del Gobierno: José Mujica en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Eduardo Bonomi en el de Trabajo y Seguridad Social y Eleuterio Fernández Huidobro, en la presidencia de la Comisión de Defensa del Senado2. En la páGina de Internet oficial del MLN, Huidobro se encarga de ilustrarnos acerca del programa que levanta la actual “Izquierda Nacional”: “mi organización matriz (el Movimiento de Liberación Nacional – MLN), elaboró y publicó en 1998, para un Congreso del MPP, su concepción de Liberación Nacional y por ende de política de alianzas […] De modo que nadie puede llamarse a sorpresa ni a engaño […] En nuestra teoría de Liberación Nacional, su fuerza motriz, social y política es el Pueblo […] Para nosotros Pueblo es el conjunto social de todos aquellos individuos y sectores de un país […] cuyos intereses o concepciones se oponen al imperialismo o, mirado desde la positiva, son partidarios de la nación […] Esto funda una política de alianzas porque es una estrategia […] el concepto Pueblo surge meridianamente claro: los obreros, los trabajadores en general, los intelectuales y estudiantes, los pequeños burgueses y hasta los burgueses que tengan intereses a favor de la patria y por ende contra todo imperialismo”.

A pesar de la claridad de estas expresiones, a muchos llama la atención la “transformación” de los tupamaros, de revolucionarios socialistas en funcionarios de un gobierno servil al imperialismo, incluso a las fracciones lúmpenes del capital imperialista, como es la española. Así como no hubo pruritos en pronunciarse a favor de numerosas medidas pro imperialistas3, la custodia, a capa y espada, de los intereses de las plantas de celulosa que amenazan con destruir la vida en el río Uruguay, no parece ser la gota capaz de rebasar el vaso tupamaro. Por el contrario, comprometidos a fondo con el respeto a las inversiones de capital, Mujica, jura y perjura, a pesar de casos concretos que prueban lo contrario4, que las empresas no contaminan. Es más, afirma que es capaz de entrar en relaciones con cualquiera, declarándose dispuesto a “negociar con Estados Unidos y con Irán y con Libia, y con el que se ponga y con el que se cuadre y con el que se descuide.”5. El ministro tupamaro, elogiado por sus posiciones por la Sociedad Rural Argentina y por el mismísimo Mariano Grondona, es hoy el principal vocero de la izquierda progresista uruguaya que se propone construir, mediante una amplia alianza con fracciones empresariales, un “capitalismo en serio”. La vieja y conocida defensa de un capitalismo “nacional y popular” que reúna y armonice intereses que, por definición, se enfrentan antagónicamente en todo país capitalista: los de la burguesía y los del proletariado. Para llevarlo adelante, no trepidan en entregar lo que tengan que entregar, aunque en la entrega se encuentren el proletariado y la nación misma que dicen defender de los que, en el discurso, son sus enemigos, pero a quienes se asocian alegremente en la realidad.

El uso y abuso de una historia de lucha pasada, adornada con actos de heroísmo y recuerdos de cárceles y torturas, no sólo potencia la capacidad de maniobra de los tupamaros. También levanta polvaredas de críticas. Una de las más contundentes proviene de otro dirigente histórico tupamaro, Jorge Zabalza, que ha salido al ruedo con una carta pública denunciando la “traición” de Huidobro y compañía: “¡Cómo quebraste la vieja fraternidad, Ñato¡ […] Hay que ser muy caradura […] y tener el corazón ganado por la impunidad […] ¿Te acordás cuando hiciste el Plan Cacao? ¿Y el Satán? ¡Cuántos estábamos dispuestos a dar la vida para preservar la tuya! […] ¿Ustedes creen que se jugaron para que el pueblo uruguayo recibiera los mendrugos que quedan después de pagar los servicios de la Deuda Externa?”6. Palabras que trasuntan dolor, como las que se reproducen también de este lado del Río de la Plata, ya sea sobre la lucha de los setenta o ahora, con motivo del fin de las marchas de la resistencia decretado por Hebe de Bonafini en enero. Sin embargo, y sin dejar de destacar el abismo de dignidad política que separa a un Huidobro de un Zabalza (en beneficio de éste último) cabe preguntarse si el programa tupamaro no contenía en sí gérmenes de estas posiciones actuales.

No se pueden pedir peras al olmo

La derrota material que en los años ’70 -en toda Latinoamérica y con diferentes grados de intensidad- sufrieron las fuerzas que pusieron en jaque el poder de la burguesía, fue seguida por un largo proceso en el cual esa clase victoriosa se concentró en destruir moralmente a sus enemigos. Es el momento del enfrentamiento feroz en el plano de la ideología. El objetivo desmoralizador se alcanza cuando se logra inculcar en los derrotados la convicción de que la lucha por la transformación social es inútil. En el camino, se borran de la historia de la clase obrera los hitos de su tradición de organización y de lucha. En este sentido, poco se dice acerca del hecho de que en aquellos años la clase obrera discutió la dominación hegemónica de la burguesía. Este proceso supuso necesariamente la discusión entre programas políticos, debates que alcanzaron un carácter internacional. Hacia 1972 tomó cuerpo la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) que reunía al PRT-ERP argentino, el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) chileno, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano y el MLN (T) uruguayo. El objetivo era coordinar la acción revolucionaria “frente a un enemigo bárbaro, el imperialismo yanqui, y ante la actividad divisionista el populismo y del reformismo”7. Sus integrantes eran conscientes que junto a sus coincidencias existían, entre ellos, importantes diferencias. Mientras estaba claro que el ELN y el MLN (T) eran movimientos y no partidos, Santucho insistía en profundizar la discusión ideológica sobre la necesidad de construir partidos revolucionarios y no movimientos. Al parecer, “las opiniones de Santucho cayeron como mazazos en el seno del Buró Político y no abandonó el tema hasta que la discusión estuvo agotada […] Afirmó categóricamente con esa seguridad que lo caracterizaba que la mayor afinidad ideológica y política del PRT era con el MIR, ya que se trataba de ‘partidos marxistas leninistas, en franco proceso de proletarización y no de Movimientos de Liberación de corte nacionalista progresista’”8 que, si bien contenían elementos revolucionarios, todavía les restaba recorrer un largo camino.

El PRT-ERP atravesó contradicciones, formuló una estrategia equivocada, tuvo límites y cometió errores, pero indudablemente fue una de las organizaciones que desarrolló y mantuvo firme, hasta el final, la clara convicción de la lucha por la independencia política de la clase obrera. Y la mantuvo frente a una de las experiencias reformistas más exitosas y con más arraigo entre las masas como fue el peronismo. Sobre esta base estimuló una de las tareas fundamentales para alcanzarla: la discusión y delimitación política hacia dentro y hacia fuera de la organización. Lejos de ser un éxito, la no superación del movimientismo resulta un freno a la lucha por el socialismo. Tupamaros ya tenía esa debilidad en su constitución misma, debilidad que Santucho llamaba a superar. Resultó ser, precisamente, el actual senador Eleuterio Fernández Huidobro, en un libro lleno de chicanas y falsedades9, el encargado de defender el democratismo burgués de tupamaros como forma de justificar su pro-imperialismo actual. Su balance no podía ser más claro: en los ’70 fracasamos porque no hicimos lo mismo que hacemos hoy. La culpa, por supuesto, fue de Santucho… Efectivamente, es notable como, revisando la historia del MLN (T) y tergiversando los hechos, Huidobro llega a la tendenciosa conclusión de que la derrota sufrida en los ’70 tuvo origen en la “colonización ideológica”, acaecida en el marco de la JCR y promovida por el PRT-ERP, que impulsó al MLN a transformarse en un Partido. Se rasga las vestiduras frente a la constitución de escuelas de formación marxista cuyo objetivo era alcanzar la homogeneidad ideológica y política de los militantes y sus organizaciones.10 Estos personajes siguieron adelante defendiendo una política que más tarde o más temprano los condujo a un mismo lugar: la claudicación frente a la burguesía. La larga historia de los Tupamaros está siendo sepultada por sus propios constructores. El MPP, en sus VI° y VII° Congresos, de 2004 y 2005 respectivamente11, oficializó su nueva estrategia, que no es otra cosa que la renuncia a luchar por un verdadero cambio real. Ahora hablan de “cambio posible”, dentro de un mundo “global y capitalista”. Son “pragmáticos” y bregan por “la refundación nacional” y por “reconstruir el aparato productivo”.

El capitalismo siempre es capitalismo

Tabaré Vázquez, como Kichner, alcanzó el poder montado en un discurso que afirma que el suyo es un gobierno progresista, de izquierda, que, a su modo, retoma las banderas de los años ’70. Asimismo, ambos difunden constantemente otro discurso según el cual existe un capitalismo, el nacional y popular, que nos puede ayudar a vivir mejor. Si bien es cada vez más difícil ocultar lo evidente -la subordinación de estos gobiernos a los dictámenes del imperialismo-, sus discursos crean desconcierto y confusión en las filas de los que intentan reconstruir una alternativa revolucionaria. La patria, la nación, el pueblo, son valores arraigados. En este punto, encontramos el hilo que nos lleva a los años ’70. Los límites del movimientismo que no lograron superarse en aquellos años hoy rinden nuevos (y podridos) frutos. La respuesta correcta no consiste en reproches indignados a las canalladas de las que son capaces todos los traidores, sino en sacar un balance correcto de las raíces programáticas de aquellas derrotas y estas entregas. Santucho, hace más de treinta años, lo había anticipado, aunque su propia política espera todavía un balance adecuado.


Notas

1 El MPP estaba conformado por militantes del MLN, independientes, el Partido Por la Victoria del Pueblo (PVP), el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y el Movimiento Revolucionario Oriental (MRO).

2 La esposa de Mujica, Topolansky, también ex militante del MLN (T), es senadora desde julio 2005; Ricardo Ehrlich es el alcalde Montevideo. En el terreno municipal, el MPP tiene 52 ediles (concejales) en todo el país. A nivel nacional, el MPP tiene 6 senadores y 18 diputados.

3 Por ejemplo: el apoyo a la coparticipación con las tropas de EE.UU. en la “Operación Unitas”, al envío de tropas intervencionistas en Haití, al Tratado de Protección de Inversiones con EE.UU. o la necesidad de un Tratado de Libre Comercio con EE.UU.

4 “Uno de los argumentos más sólidos de los ambientalistas, es la experiencia de la ciudad gallega de Pontevedra, donde funciona una fábrica de ENCE. Miguel Ángel Fernández, alcalde de Pontevedra, enumera: ‘contaminación del agua, lluvia ácida, enfermedades, pérdida de puestos de trabajo y olor a huevo podrido que envuelve permanentemente la zona’. Pontevedra consiguió la aprobación de una ley por la que esa empresa deberá irse de la ciudad en 2018, después de comprobar los perjuicios ambientales y sociales. Pero el alcalde reconoce que esos estudios han sido casi menos importantes que la presión política: ‘Una vez que se instala algo así es muy difícil de quitar. No los echas ni en 30, 40 o 50 años, porque es una inversión impresionante’, sostiene.”. En La Nación, 3/03/06.

5 La Nación, op. cit.

6 “¿Pa’qué sobrevivimos?”, Carta de Jorge Zabalza a Eleuterio Fernández Huidobro, 8/10/05, extraído de Brecha.com.uy.

7 Che Guevara, Revista de la Junta de Coordinación Revolucionaria, n° 2, febrero de 1975.

8 Mattini, Luis: Hombres y mujeres del PRT-ERP, De La Campana, La Plata, 2003, pp.377.

9 Fernández Huidobro, Eleuterio: En la nuca, Historia de los Tupamaros, Ediciones La Banda Oriental, 2004.

10 Para clarificar este punto ver, De Santis, Daniel: Entre Tupas y Perros, Ediciones RyR-Nuestra América, Bs. As., 2005 y Grenat, Stella: “De revolucionarios y (peligrosos) conversos”, en Razón y Revolución n° 15, Bs. As., primer semestre de 2006, pp. 225-227.

11 Información extraída de www.elmundoal-reves.com.org.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *