Roberto Muñóz sobre las condiciones de trabajo en los secaderos de té, en El Diario de Misiones

b7712073155ab092c89421661a8f0976Lunes 04 de Enero del 2016

Dos investigadores del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales, Roberto Muñóz y Eduardo Cantero, realizaron un profundo informe acerca de las condiciones de trabajo en los secaderos de té de la provincia de Misiones. A continuación:
En 2013, con un volumen de producción de 91 mil toneladas, Argentina se transformó en el noveno productor y el séptimo exportador a nivel mundial de té negro. No obstante, dentro de ese ranking, la producción se concentra en dos países, China e India. Argentina, en cambio, participa tan sólo con el 1,9% del comercio internacional de té. A su vez, si bien el grueso de la producción nacional se destina a la exportación, la misma representa apenas el 0,12% del total de las exportaciones y el 0,35% de las exportaciones de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA).
Sin embargo, más allá de este carácter marginal de la actividad, la misma cobra relevancia en el interior de Misiones, debido a que esta provincia concentra el 95% de la producción primaria e industrial de té en nuestro país. En este sentido, se trata de una rama que a nivel provincial ocupa a un importante número de obreros, por detrás de las producciones de yerba mate y tabaco.
Hay que señalar que la cosecha de té -a diferencia de la yerba mate que todavía se realiza manualmente y requiere alrededor de 15 mil cosecheros por temporada- está mecanizada desde la década de 1960, por lo que no demanda, en términos relativos, gran cantidad de mano de obra. Por tanto, aquí nos interesa detenernos particularmente en las condiciones de trabajo en la primera fase de industrialización del cultivo, los secaderos de té.

Proceso y condiciones de trabajo

Dado el carácter perecedero del brote de té, se requiere que los secaderos estén cerca de la producción primaria. Por eso, la mayor parte de los mismos se concentran en los departamentos de Oberá y Cainguás, en el centro del territorio misionero, y reclutan a sus trabajadores entre los habitantes de los barrios periféricos de estas zonas urbanas.
Según el Inta, Misiones pasó de tener 132 secaderos de té en 2008 a contar con sólo 59 en 2012, en un proceso de centralización de la producción que le permitió aumentar la producción en esos años. El ciclo productivo de la fase industrial del té se extiende de octubre a marzo, en consonancia con la cosecha del té verde. Si la producción de materia prima y la demanda internacional son altas, el trabajo en los secaderos puede extenderse hasta mayo. Sólo los secaderos que envasan té en saquitos trabajan durante todo el año.
El proceso de trabajo en los secaderos, una vez recibida la materia prima, se desarrolla de la siguiente manera: se almacena la hoja verde en una conservadora, después se realiza un primer secado de la hoja conocido como marchitado y luego el producto pasa por una picadora en la que se muele el té.
Ese té molido se deposita en una balanza donde es mezclado con un peróxido para ser trasladado a una enruladora donde se mezcla el té con ciertos químicos. La siguiente etapa se conoce como fermentado y es una continuación de la etapa anterior. Posteriormente, hay una segunda etapa de picado del té y se lo somete a un nuevo proceso de fermentado y mezcla. A partir de allí comienza la última etapa que consiste en el secado, donde se reduce la humedad del producto y el tipificado. Finalmente, el resultante de este proceso se traslada a los silos.
La industria tealera está altamente tecnificada y todas las tareas del secadero son realizadas por máquinas que conforman un sistema. No obstante, los niveles tecnológicos de capacidad y velocidad de procesamiento varían entre los secaderos. Generalmente, los más ineficientes compran las máquinas que son descartadas como obsoletas por los más grandes. A pesar de estas diferencias tecnológicas, en el proceso de trabajo, las tareas de los operarios se reducen a prender, apagar y limpiar las máquinas.
En promedio, los secaderos más pequeños emplean unos 30 obreros mientras que los más grandes ocupan entre 50 y 100 obreros. Como la producción de té negro está organizada por la demanda internacional, los secaderos producen entre septiembre y marzo -en caso de gran demanda pueden extender hasta mayo la producción- lo que redunda en que un 90% de los obreros de la rama son estacionales. Así, pueden distinguirse tres formas de contratación: empleados permanentes, permanentes discontinuos y temporales o discontinuos.
Los obreros permanentes trabajan durante todo el año, representan el 10% de los obreros ocupados por la rama y se encuentran sobre todo en los grandes secaderos. Son los capataces de secaderos y los obreros con funciones específicas como mecánicos, electricistas, etc. Durante el período de receso, al final la cosecha, se dedican al mantenimiento de las máquinas a fin de garantizar su funcionamiento.
Los obreros permanentes discontinuos son los operarios de las máquinas del secadero, cumplen funciones durante el período productivo y luego reciben “vacaciones ilimitadas” hasta la reanudación de un nuevo ciclo. Finalizada la tarea en los secaderos, pierden los aportes jubilatorios y la obra social. Los obreros que ya han acumulado más de 18 meses de aportes, es decir que han trabajado tres zafras consecutivas en blanco, pueden tramitar un seguro de desempleo financiado por el Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios (Renatea) por un valor de $960 al que se suman los $640 del salario por hijos, con lo que los beneficiarios llegarían a un subsidio de $1.600. Este seguro se cobra recién después del segundo o el tercer mes en que el obrero ha dejado de trabajar. Generalmente, los obreros cobran el seguro entre los meses de junio y octubre, cuando son dados de alta nuevamente.
Por último, están los contratados, obreros cuyo contrato estipula una relación con la empresa durante un período de zafra determinado.
Estos presentan las peores condiciones de trabajo: deben trabajar en turnos de doce horas, no hay contratación legal o, si la hay, es por media jornada, y los salarios que perciben no suelen superar los $3.500. Además, no existe la obligación legal de volver a contratarlos con la reanudación de la producción, por lo que su situación es más precaria aún.
En este contexto, la mayoría de estos obreros, tanto los permanentes discontinuos como los temporales, para tratar de garantizar sus ingresos durante los meses en que no están en el secadero, suelen emplearse en negro en la cosecha de yerba mate -que se desarrolla entre abril y septiembre- o bien en los distintos aserraderos de la zona.

Estafas en la categorización para bajar costos

El té negro es, según el Ministerio de Agricultura de la Nación, un alimento que se usa para la confección de jugos y bebidas, por lo tanto, los obreros ocupados en su producción deberían -y podrían reclamar- ser considerados obreros de la industria de la alimentación.
En cambio, los obreros de secaderos son categorizados como obreros rurales. Estos trabajadores no son empleados en la actividad primaria (siembra o cosecha del té) sino en el primer eslabón de su procesamiento, dado que en los secaderos no solamente se seca el té sino que se realiza un primer procesamiento para su conservación. Es más, en algunas empresas todos los obreros son categorizados como peones generales y los capataces como “capataz rural”. De esta manera, los obreros están incluidos en los convenios colectivos de la Uatre y la Comisión Nacional de Trabajo Agrario.
Esta cuestión, en apariencia simplemente nominal, se convierte en una verdadera estafa para estos trabajadores, al tratarse de un mecanismo directo para abaratar el valor de su fuerza de trabajo. Bajo estas condiciones, actualmente su salario está fijado en $237,22 el jornal y $5.391,42 el mes para un peón general de tareas de depósito, secadero y tipificación de té.
En cambio, si como corresponde, fueran considerados obreros de la alimentación, percibirían $334,80 por jornal y no menos de $7.700,40 al mes, según la escala salarial del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA).
Esta negación del carácter de los obreros del té le permite a la burguesía ahorrarse $2.308 por obrero, unos $6,9 millones de pesos si tenemos en cuenta que los 59 secaderos emplearían unos 3.000 obreros.
De esta manera, esta categorización de los obreros de los secaderos, homologada por el Estado, habilita su sobreexplotación.
El STIA hizo poco y nada para tratar de revertir esta situación. Según su secretario general, apenas se limitó a solicitar un laudo de la Dirección Nacional de Asociaciones Sindicales del Ministerio de Trabajo nacional en la década del 80, que se resolvió en favor de Uatre.
Ante este panorama, se impone la tarea de la organización independiente de los trabajadores de los secaderos, que les permita afrontar una doble lucha por el cumplimiento de sus derechos: contra las empresas y el Estado que las ampara, pero también contra la burocracia sindical, personificada en este caso por la Uatre y el STIA.
Los datos del informe, sobre condiciones de trabajo fueron brindados por trabajadores de distintos secaderos mediante entrevistas que se encuentran en el archivo del Ceics.

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