Resumen de “Sex work matters. Exploring money, power and intimacy in the sex industry”, de Levy y Willman Ditmore

 

Julieta Spagnolo

Este libro busca generar conocimiento sobre la vida diaria de los/as trabajadores/as sexuales, teniendo en cuenta sus experiencias y perspectivas. Dicha categoría incluye no sólo mujeres, sino hombres y personas transgénero. Las personas que trabajan en la prostitución y otras formas de trabajo sexual, no son solamente trabajadores/as sexuales; son amigos, familiares, parejas, miembros de la comunidad. Los problemas que más les preocupan son los desafíos que tienen que sortear diariamente: el manejo de dinero, sus relaciones familiares e íntimas, las restricciones legales, el estigma social.

Esta investigación se encuentra dividida en 5 secciones encargadas de abordar dichas problemáticas.

Sección A: Más allá de las divisiones

Nuevos marcos teóricos para el estudio de la industria sexual

Los cambios culturales y económicos producto del capitalismo tardío han creado un consumo impulsado y un servicio basado en la economía que busca vender, cada vez más, interacciones humanas e intercambios emocionales. La venta de servicios personales, ocio, espectáculos, y lugares turísticos son más componentes de las relaciones humanas que se vuelcan sobre el mercado. Esto ha contribuido a dos tendencias importantes. Por un lado, ha ido desarrollando una cultura sexualizada muy marcada, donde proliferan imágenes sexuales, y diversas prácticas sexuales, identidades, y valores que se han ido tornando aceptables. Por otro lado, ha surgido el mainstreaming de la industria sexual.

El resultado de estas tendencias ha sido la fusión de la cultura mainstream y la industria sexual comercial entre adultos.

Las economías han transformado la naturaleza del trabajo. Muchos aspectos del trabajo de servicio interactivo se han ido feminizando y sexualizando, ya que los hombres y las mujeres de estos trabajos están sujetados a una mirada cosificadora inherente de la venta de servicios emocionales.

Los cambios en las actitudes y en la creciente sexualización de la cultura han empujado a los consumidores a la aceptación del consumo de la sexualidad como un modo legítimo de transacción del mercado.

La razón por la cual la venta de sexo se ha convertido en mainstream no es simplemente porque las actitudes fueron cambiando, sino porque es rentable. El mainstreaming acontece en las áreas con mayores recursos (económicos, legales, y culturales). También beneficia a aquellas trabajadoras con mayor capital social (educación, entrenamiento, entre otros), en contraposición a aquellas trabajadoras sin recursos económicos, legales y culturales para sobrevivir.

El significado de la palabra “puta”: Cómo las teorías feministas sobre la prostitución modelizan las investigaciones sobre las trabajadoras sexuales

Este capítulo hace un recorrido de las diferentes posiciones feministas sobre la prostitución en las investigaciones científicas sociales sobre las trabajadoras sexuales, desde el 1990 hasta el presente.

El debate dentro del feminismo gira en torno a la pregunta de si el trabajo sexual constituye una forma de trabajo sexual voluntario o una objetificación sexual involuntaria.

Dentro de la investigación sobre el trabajo sexual han surgido dos posiciones:

  • la posición anti-prostitución: la prostitución es en si misma violencia en contra de las mujeres… existe la necesidad de dar asilo y tratamiento.
  • la posición pro-sexo: el trabajo sexual es, en principio, un trabajo legítimo, no violencia. La ilegalidad del trabajo sexual y sus consecuencias no hace más que violar los derechos civiles y laborales de las trabajadoras y su integridad.

El término “trabajadora sexual” es más amplio, englobando la variedad de servicios eróticos que no necesariamente refieren a la prostitución: operadoras telefónicas sexuales, estrellas porno, strippers, entre otras. El término más inclusivo de “trabajador sexual” constituye una estrategia deliberada para organizar a mujeres, hombres y personas transgénero de variedades de profesiones sexuales bajo la categoría “trabajador sexual” con el propósito de generar un suelo en común y construir alianzas políticas. Dicho término ha sido ampliamente adoptado por la terminología académica por ser considerado más políticamente correcto que la palabra “prostituta/prostitución”, incluso entre investigadores que no profesan la posición ideológica subyacente.

Las distinciones creadas por el discurso feminista concernientes al tráfico o la esclavitud sexual y las trabajadoras sexuales voluntarias, han fomentado comparaciones problemáticas entre las trabajadoras sexuales del “Tercer Mundo” y del “Primer Mundo”, acentuando la división de las mujeres en las categoría de las pobres/inocentes/víctimas y las inmorales/colaboradoras del patriarcado/privilegiadas.

Para las feministas abolicionistas, las investigaciones sobre trabajo sexual suelen comenzar con una búsqueda de los factores negativos que “forzaron” a las mujeres a prostituirse. Las experiencias traumáticas previas de la vida suelen ser analizadas como factores que se asumen han moldeado la psicología de la víctima, creando una “personalidad potencial de prostituta”. Las investigadoras anti-prostitución han sostenido la teoría de la compulsión de repetición, como explicación del involucramiento en la prostitución por personas con una historia de abuso sexual infantil.

Si las preguntas planteadas por las abolicionistas se limitan a recolectar datos sobre los daños que acarrea la prostitución, entonces, las preguntas sobre cómo las trabajadoras sexuales pueden beneficiarse de su trabajo son dejadas en manos de as feministas que ven a la prostitución como trabajo sexual.

Un estudio llevado a cabo por Romans y sus colegas en Nueva Zelanda (2001), quiso poner a prueba la suposición de que las trabajadoras sexuales puntúan menos en evaluaciones de salud mental en comparación a mujeres de la comunidad de su misma edad. Los resultados concluyen que las trabajadoras sexuales no difieren significativamente en relación al grupo de las otras mujeres en medidas de apoyo social, autoestima, sintomatología psiquiátrica, y salud física, aunque sí tenían mayor nivel de consumo de bebidas alcohólicas y cigarrillos. A su vez, las trabajadoras sexuales tenían la misma probabilidad de estar en pareja, y de expresar satisfacción con su relación.

Desafortunadamente, se hallaron diferencias preocupantes entre las trabajadoras sexuales y el grupo de comparación en las medidas de violencia interpersonal. Las trabajadoras sexuales tenían mayor probabilidad de haber sido víctima de abuso físico y sexual.

Sección B: Manejando múltiples roles

Una investigación de las relaciones románticas de las bailarinas exóticas

Las bailarinas suelen tratar de evitar enfrentarse con los estereotipos que acarrea su profesión. Por ejemplo, compartiendo su verdadera ocupación solo con amigos cercanos, y evitando aquellas personas que pueden llegar a evaluarlas negativamente.

Estas estrategias pueden ser efectivas para manejar el estigma social proveniente de los conocidos y familiares, pero no son plausibles en las relaciones románticas.

Las cualidades más importantes que buscan las bailarinas en sus parejas son: ser tratadas con respeto y la seguridad financiera. Casi todas reportaron haber tenido varias relaciones en las que ambos requisitos no se cumplieron, de allí su preocupación. Las entrevistas y observaciones evidenciaron un patrón de abuso, explotación, degradación, o estrés en sus relaciones románticas.

Las bailarinas entrevistadas, a menudo, indicaron haber sido la única proveedora de sus relaciones. El 54% de las bailarinas fue hecha sentir culpa por su ocupación, al tiempo que se constituía como la principal o única fuente financiera de la pareja. Muchas indicaron haber sido objeto de abuso verbal y psicológico, y llegaron a sentir vergüenza y culpa por su trabajo, aceptando los comentarios negativos y simpatizando con la posición de sus parejas.

Estos hombres suelen identificarse con la perspectiva del cliente, y no con la de la trabajadora sexual. En vez de ponerse en el lugar de su pareja (la bailarina), estos hombres suelen mirarlas con los ojos de sus clientes. Como resultado, ambos terminan presentándose como consumidores de la sexualidad de aquella. Para algunos, el acceso al cuerpo de la bailarina es un derecho exclusivo de la pareja; no puede hacer lo que quiera con aquél. Debido a esto, cuando las mujeres realizan bailes eróticos, sus parejas se sienten traicionadas ya que las consideran su posesión.

Reforzando la a/normalidad: el/la “hijras” como el/la trabajador/a sexual y la (re)apropiación de su identidad

Tradicionalmente, se denominaba hijra a un/a hermafrodita o persona intersexual. Actualmente, el término abarca a los/as hermafroditas, intersexuales, transexuales, kotis, y los hombres que tienen sexo con hombres. En resumen: hijra es una persona transgénero, que constituye una comunidad minoritaria en Bangladesh, India y Pakistan. Estas personas nacen con ciertas características biológicas que problematizan su identidad sexual, dejándolos en un vaivén entre el sexo masculino y femenino. Culturalmente, son juzgados como anormales, freaks, desviados; siendo objeto de opresión.

El cuerpo es un lugar potencial para la construcción de la identidad y la hegemonía. La política más antigua sobre los cuerpos descansa en la diferencia sexual. La normalidad es una “ubicación del biopoder”, en la cual la persona “normal” posee una supuesta red de capacidades tradicionales y de apoyo social que empodera la mirada y la interacción. La normalidad es un término relativamente peligroso: es construido por la mirada y mantenido por el panóptico socio-cultural. La cultura divide al cuerpo en categorías buenas y malas.

Los/as hijras son mayormente trabajadoras sexuales debido a la falta de oportunidades laborales. Sus puntos de vista sobre el trabajo son:

  • ellos/as son conscientes del estigma asociado con dicha profesión y lo abandonarían si se les ofreciera un trabajo de otro tipo.
  • ellos/as disfrutan de la profesión, ya que la ven como un modo de saciar sus impulsos sexuales y de afirmar su estatuto de mujeres.

El trabajo sexual es un modo de acción para ir más allá de la sociedad patriarcal.

El hecho de reconocer la identidad sexual de los/as hijras como “otro sexo” no debería llevarnos a la conclusión de que se encuentran en una zona gris, sin definición; ya que dicho pensamiento supondría una carencia, una incompletud, algo que debe ser terminado de definir. Los/as hijras no deben ser pensados/as en transición, ellos/as son lo que son. El trabajo sexual renegocia la identidad de los/as hijras. Ya no es el cuerpo quien juega el rol definitivo, sino los/as hijras quienes determinan el uso del cuerpo.

Sección C: Dinero y sexo

Hablemos de dinero

Por todas partes del mundo, el trabajo sexual ofrece mucho más dinero por menor tiempo que otros trabajos. Para las mujeres, la industria del trabajo sexual es el único mercado laboral por medio del cual pueden ganar sistemáticamente más que los hombres por el mismo nivel de habilidades. Por qué es que el trabajo sexual es mucho más lucrativo que otros trabajos, especialmente para las mujeres?

En un estudio de Rao (2003) se examinó el pago que recibían las trabajadoras por tener relaciones sexuales con o sin protección. Las trabajadoras que usan preservativos regularmente ganan un 79% menos que aquellas que no lo usan. En otro estudio (Gentler, 2005) de trabajadoras sexuales mexicanas, se estimó que las trabajadoras podían cobrar un 24% más si aceptaban no cuidarse, y hasta un 47% más si eran consideradas atractivas.

Las trabajadoras suelen cobrar más aún cuando corren riesgo de asalto, por ejemplo, cuando van con clientes a lugares que no conocen o cuando tienen relaciones con varios al mismo tiempo.

Enséñame el dinero: la mirada de una trabajadora sexual sobre las investigaciones sobre la industria del sexo

La gente sólo piensa en el sexo cuando se habla del trabajo sexual, dejando de lado el hecho de que es un trabajo. Como los investigadores son parte de nuestra sociedad, no son inmunes a los preconceptos comunes que se tiene sobre las trabajadoras, vistas como desesperadas, abusadas, amorales, vagas.

No es tanto la cantidad de dinero que las trabajadoras ganan lo que las lleva a realizar dicho trabajo, sino su inmediatez en el acceso. Las prostitutas no están solamente teniendo sexo, sino ganando dinero. Es la manera más rápida de conseguir plata.

Algunas sugerencias:

  • los investigadores tienen que estar dispuestos a dejar de lado las polarizaciones políticas en torno al trabajo sexual. Deben tomarlo como un modo de trabajo que es únicamente distinguible de los otros trabajos por su componente sexual, y únicamente distinguible de las otras formas de tener sexo, por su componente financiero.
  • los investigadores que se oponen a los objetivos gubernamentales, tales como rehabilitación y abolición del trabajo sexual tienen que ser apoyados.
  • deben hacerse investigaciones que no tomen a las trabajadoras como personas que fueron abusadas sexualmente en la infancia.
  • los estudios sobre coerción tienen que ser considerados una parte del conjunto de los estudios sobre trabajo sexual, y no la totalidad.

La venta de sexo: la participación de las mujeres en la industria del sexo

Este estudio busca desterrar la idea de que el trabajo sexual es inherentemente más opresor que otros trabajos.

La mayoría de las mujeres que entran en el trabajo sexual lo hacen por razones económicas, aunque dicho factor no es el único determinante. Previamente a ingresar en dicho trabajo, las mujeres afirman haberse sentido fascinadas por aquél, viéndolo como algo excitante e interesante, a diferencia de otros trabajos.

Si bien tomaron la decisión de entrar en la industria, esto no fue sin consecuencias. Todas tuvieron en cuenta el estigma asociado con la profesión, y tuvieron que sortear los preconceptos enlazados: el mito de que todas las trabajadoras sexuales son atrevidas, regaladas, que están dispuestas a hacer cualquier cosa, desesperadas, innocentes, coercionadas, víctimas, sin control de sus acciones y circunstancias.

Sección D: El trabajo sexual y el Estado

Prostituyendo el pueblo: Regulación del sexo comercial en México Neoliberal

En el México neoliberal, se puede ver un proyecto de modernización económica concerniente al sexo y al orden social. Por medio de la creación de la Zona Galáctica, el gobierno buscó, a través de supervisiones espaciales y médicas estrictas hacia las trabajadoras sexuales, confinar y controlar la población denominada “desviada”, transformando, a su vez, la actividad económica informal en un mercado formal, moderno y altamente explotable.

Mientras que la mayoría de las aproximadamente 140 trabajadoras sexuales en Galáctica trabajan de forma independiente, cerca de una docena lo hacen de forma obligada debido a engaño o abuso verbal y físico por parte de sus presuntos novios o de mujeres que le prometen empleo. El “padrote” o la “madrote” suele trasladar a las mujeres a lugares distanciados de sus hogares y círculos familiares, aumentando, de esta forma, su vulnerabilidad y capacidad de control.

Entre estos dos tipos de trabajadoras, se encuentran aquellas mujeres que han entrado al ambiente por cuenta propia o por la persuasión de una pareja que es total o parcialmente mantenida por aquellas. Estos hombres son llamados “mantenidos”.

De acuerdo a la ley en México, la facilitación a la prostitución constituye proxenetismo y es, por lo tanto, ilegal.

El estado de México, entiende la regularización de la prostitución no como proxenetismo sino, más bien, como una forma de alcanzar el desarrollo.

Como un proxeneta, el Estado también abandona a las trabajadoras sexuales cuando no son de más utilidad.

La regulación de las trabajadoras sexuales en Alemania

La ley alemana sobre prostitución (2002) es considerada un cambio de paradigma por proporcionar la inclusión de la prostitución entre los otros trabajos regulados bajo la ley.

La regulación de la prostitución no es un simple reflejo de la ley sobre trabajo sexual de Alemania, y su aplicación tampoco es uniforme dentro de todo el país. Las leyes que han sido escritas no nos dicen demasiado sobre las verdaderas prácticas de regulación. No podemos identificar un “modelo alemán” con respecto a la regulación del trabajo sexual/prostitución.

Lo que encontramos en el caso alemán puede que sea aplicable a los demás países: el gobierno de la prostitución no pasa solamente por las leyes. Es más bien, un asunto de cómo es regulada en medio de un contexto de conocimientos específicos de las autoridades locales, y cómo estos hacen uso de su margen de maniobra dentro del marco legal.

Sección E: Organizando más allá de las divisiones

El activismo de las trabajadoras sexuales en Europa

En octubre del 2005, fue llevada a cabo la Conferencia Europea sobre Trabajo Sexual, Derechos Humanos, Labor y Migración en Bruselas, con la intención de construir un movimiento liderado por trabajadoras sexuales capaz de desafiar el debato sobre el tráfico con una perspectiva de derechos humanos, laborales y migratorios. Los resultados más relevantes de la conferencia fueron la producción de dos documentos: el Manifiesto Europeo de las Trabajadoras Sexuales, y la Declaración de los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa.

La conferencia marcó un cambio de orientación. El derecho de migrar y de permanecer fueron explícitamente sumados a la agenda de las trabajadoras sexuales de Europa: “Nosotras demandamos que el trabajo sexual sea reconocido como un empleo retribuido, habilitando a las inmigrantes a postularse al trabajo y a permisos de residencia, y que ambas migrantes, documentadas e indocumentadas, cuenten con la totalidad de los derechos laborales”.

El activismo de las trabajadoras es necesario ya que dicho colectivo sufre de una violencia y discriminación desproporcionada, que tiene, a su vez, consecuencias en su educación, movilidad social, oportunidades laborales, calidad de vida y salud.

El camino a seguir, es escuchar a las trabajadoras sexuales y preguntarles qué les sería de verdadera ayuda; ofrecerles sugerencias y apoyar sus necesidades sin imponer otra agenda.

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