Respuestas a la crisis económica en Nueva Zelanda: Neoliberalismo, Tercera vía y Nuevo Tratado Verde

0005227151 David Neilson1 – Colaborador

En 1953, Nueva Zelanda estaba clasificada como el tercer país más rico de OECD, pero a partir de entonces comenzó a descender a un ritmo  constante, hasta encontrarse hoy en día en la mitad inferior de la lista. Su  alta clasificación estaba fundada en su relación comercial con Inglaterra  basada en la exportación agrícola, la cual se vio perjudicada cuando  Inglaterra entró al Mercado Común Europeo en 1973. Desde la elección  del primer gobierno Laborista, en 1935, hasta la elección del cuarto  gobierno Laborista neo-liberizador en 1984, el fordismo agrícola de  Nueva Zelanda y el estado de bienestar keynesiano proporcionaron altos niveles de empleo y seguridad social. Sin embargo, a pesar que Nueva Zelanda había desarrollado un sector manufacturero local viable dentro del proteccionismo keynesiano, no era competitiva en el mercado internacional. Los años de declive del fordismo de Nueva Zelanda estuvieron presididos por el gobierno del Partido Nacional Conservador keynesiano que pidió prestamos e hizo inversiones en proyectos “Pensados en grande” a fin de proteger “nuestro estilo de vida”.
Desde el gobierno Laborista de 1984, Nueva Zelanda siguió un proyecto neoliberal. Desde 1984 hasta 1990, el gobierno usó la retórica laborista para justificar las reformas neoliberales que incluían centralmente la apertura de Nueva Zelanda a la competencia internacional, produciendo una importante disminución del sector manufacturero, privatización de activos estatales claves y la ley del Banco de Reserva (1990) que redujo la política monetaria a la meta de baja inflación. Una restructuración limitada del estado de bienestar y el mercado laboral iba más con la Tercera Vía. El proyecto en su conjunto fue justificado en términos de Tercera Vía: se necesitaba de un mayor mercado para alcanzar la prosperidad que mantendría el estado de bienestar. Durante la década de 1990, gobiernos dirigidos por el Partido Nacional extendieron el proyecto neoliberal al mercado laboral y al estado de bienestar. Desde 1999, hasta la última elección (2008), un gobierno mucho más progresista dirigido por el Partido Laborista, bajo la primer ministro Helen Clark, se alejó ligeramente del neoliberalismo. Defendió el estado de bienestar y llevó a cabo reformas progresistas del estado de bienestar para los trabajadores con empleo, pero no para los trabajadores sin empleo. Los neozelandeses, a la vez que mantenían una política monetaria neoliberal, llevaron a cabo un suave workfare2 como así también una mayor comercialización del sector estatal.
Durante el período fordista de Nueva Zelanda, el movimiento sindical estaba financiado garantizado en gran medida por protecciones estatales, como el sindicalismo obligatorio, y por movimientos salariales generales impulsados en todos los niveles por el Estado. Sin embargo, desde 1984 en adelante, el movimiento sindical se encuentra en un ambiente mucho más hostil, de una liberalización cada vez más profunda. Bajo la dirección de Consejo de Sindicatos de Nueva Zelanda (NZCTU), formado en 1986 como una fusión de federaciones sindicales de sectores privados y públicos, se ha seguido una estrategia corporativa con compromiso de clase en línea con las democracias sociales del norte de Europa. La densidad de afiliación ha disminuido de manera constante hasta el presente, al igual que la militancia sindical. Mientras que la densidad sindical en el sector público es de aproximadamente el 60%, la densidad ha caído por debajo de 10% en el sector privado. Sin embargo, ha crecido la sindicalización entre los trabajadores con menores salarios y los trabajadores precarizados del sector de servicios, y aun se mantienen bastiones sindicales claves, tanto en el sector público como privado. En general, la respuesta del trabajo organizado al proyecto neoliberal ha sido más adaptiva que militar ofensiva.
La explosión inicial de la actual crisis económica, a finales del año pasado, coincidió con la elección en Nueva Zelanda de un gobierno dirigido por el Partido Nacional. Este gobierno está más comprometido con los puntos esenciales del proyecto neoliberal que el gobierno anterior, dirigido por el Partido Laborista: más privatizaciones, mayor estímulo de capital extranjero y disminución de restricciones ambientales para el capital en general, son parte de la mezcla que encontramos en la actualidad. El nuevo primer ministro, John Key, que hizo su fortuna como comerciante de divisas, no considera que haya algo nuevo en la crisis actual. Adopta el modelo neoliberal de competencia mundial, donde “estados contrincantes” “compiten entre ellos para ver quien ofrece el ambiente más favorable para el capital, y ven la situación actual como una oportunidad para que la “Sociedad Anónima Nueva Zelanda” mejore su posición relativa internacional. Sin embargo, hay una aceptación pragmática, a raíz de la recesión mundial, de la necesidad de proveer ayuda temporaria y auxilio para todos aquellos que lo necesiten. En el Presupuesto recientemente anunciado, el dinero proveniente de mayores préstamos, el retroceso de las obligaciones supernauales de financiación al sistema provisional y un retardo en las reducciones impositivas personales prometidas, están siendo usados para evitar un duro aterrizaje, tanto del capital como de los trabajadores, en los próximos dos años.
La recesión en Nueva Zelanda ha sido hasta ahora relativamente suave en cuanto a sus efectos. No hay bancos que hayan quebrado, y los niveles de de deuda pública de Nueva Zelanda, aunque están subiendo, son bajos en comparación con cualquier otros país de la OECD. El desempleo, de acuerdo a cifras oficiales, es de de hasta 5% y podría llegar a un 8 % dentro de los siguientes doce meses. El gobierno predice con total confianza que la recesión tocará fondo en los siguientes 18 meses, y que de ahí en adelante se puede esperar un débil crecimiento.
Una resignación general acerca de la crisis mundial del capitalismo neoliberal impregna las principales agrupaciones políticas de Nueva Zelanda, representadas por el Partido Nacional, el Partido Laborista, NZCTU y el Partido Verde. En todos los casos, se ve la crisis en una forma estrecha, como una crisis financiera relativamente independiente, que supone un periodo de recesión económico más que una crisis del proyecto de libre mercado per se. Además, se ve a la crisis como algo impuesto desde el exterior, algo que pasa por allí afuera y, como país pequeño, no hay mucho más que se pueda hacer. Por lo tanto, para Nueva Zelanda el punto es capear el temporal lo mejor que se pueda.
Para el Partido Nacional, éste es un camino gastado. La creciente deuda pública se convierte en el fundamento lógico para un mayor mercado y mayores ventas de los activos del Estado. La oferta económica como medio para aumentar la productividad, la reducción de deuda, una mayor restricción del sector estatal, mantenerse del lado de Standard and Poor’s para conservar una clasificación crediticia alta y una continua búsqueda del programa de libre comercio mundial, son centrales para el Proyecto Nacional de impulsar a Nueva Zelanda hacia una dirección más ventajosa competitivamente a medida que sale de la recesión.
Para el movimiento laborista, tanto el ala industrial como política, la respuesta a la recesión es de manera previsible: la Tercera Vía. La política de la marca heredada se ha centrado en el mantra de Blair: “¡Educar! ¡Educar! ¡Educar!”. Se toma a la recesión como una oportunidad para sostener que Nueva Zelanda necesita invertir en las aptitudes y habilidades de los trabajadores como una forma de aumentar la productividad y mejorar la competencia internacional, y en especial para el Partido Laborista, de resistir el “proyecto escondido” del Partido Nacional de mayores privatizaciones. Para NZCTU, el proyecto de la Tercera Vía se combina de una forma más explícita con una petición al gobierno de hacer un mayor esfuerzo para “proteger y crear más fuentes de trabajo”.
Para el Partido Verde, la recesión es una oportunidad para promocionar “el Nuevo Tratado Verde”. La versión ecologista de Nueva Zelanda de este proyecto se inclina hacia la reforma financiera, pero en realidad trata a la recesión como una oportunidad de desarrollar principios radicales de un sector ecologista como parte de un paquete nacional keynesiano para “crear trabajo”. De modo interesante, varios se han subido a este carro en diferentes grados. Mientras que por un lado el gobierno Nacional espera modificar la legislación de medio ambiente a fin de desbloquear al capital, el gobierno nacional ha anunciado a su vez su compromiso con los proyectos ecologistas de crear trabajo. Especialmente, el proyecto de carriles nacionales para bicicletas y subsidios para el aislamiento del hogar. Además, el economista “senior” Peter Conway, declaró recientemente que la CTU apoya “una nueva propuesta ecológica que una los puntos entre la pobreza, la reforma financiera, el comercio y los cambios climáticos”, pero el vínculo entre estos puntos está lejos de ser claro.
Ha llegado el tiempo de comenzar a pensar en forma global. Pero no hay casi indicios que esto esté sucediendo. El Nuevo Tratado Verde, apoyado por el proletariado, es tal vez la forma más radical de avanzar dentro del campo político dominante. Sin embargo, si bien hay un apoyo gestual por parte de NZCTU al Nuevo Tratado, hay pocos indicios que el proletariado vaya a moverse con entusiasmo en esa dirección. La izquierda organizada, incluyendo a los Verdes (a pesar que ellos no se ven a sí mismos ni como izquierda ni como derecha), parece ser incapaz de tomar una posición que sea un reto directo a la globalización neoliberal y mucho menos al modo de producción capitalista. Además, no se percibe ninguna respuesta colectiva directa por parte del proletariado. En su conjunto, el proletariado esta dividido y fragmentado y sin un mensaje claro o programa. La situación necesita cambiar rápido en función de la crisis. Una alternativa socialista práctica al capitalismo global neoliberal es central para el fomento de la solidaridad proletaria, al mismo tiempo que esta solidaridad es también central para el desarrollo de dicha alternativa.

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1 Colaborador de El Aromo. Profesor en estudios laborales, Universidad de Waikato, Hamilton, Newa Zelanda.

Es un modelo alternativo a los sistemas convencionales de bienestar social

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