Resistiendo con (menos) aguante. La industria de ensamblaje de electrónica ante las medidas del macrismo – Juan Manuel Duarte

1428632325096Resistiendo con (menos) aguante. La industria de ensamblaje de electrónica ante las medidas del macrismo

El elevado precio de las manufacturas electrónicas revela un problema estructural del sector. El macrismo promete corregir el despilfarro del kirchnerismo con promesas vacías de reubicación de operarios. Ambos expresan el agotamiento de la experiencia social de la clase que representan

 

Juan Manuel Duarte

OME – CEICS


A comienzos de año el Gobierno nacional, mediante el decreto 117/17, anunció la quita de aranceles de importación a ciertos bienes vinculados al sector de Informática y Telecomunicaciones (BIT). Hasta el decreto, la importación de muchas piezas y componentes, como equipos armados, se encontraban gravados con un arancel máximo del 35%.

La medida trajo aparejada una serie de polémicas que discutían distintos aspectos tanto desde la perspectiva de la producción, con empresarios en alerta por la imposibilidad de seguir produciendo, trabajadores preocupados por la conservación del empleo, y un sector de consumidores, muy visible a partir de la cobertura en medios de comunicación, que evidenciaba las enormes diferencias de precios entre productos que se comercializan en el territorio nacional y los de países vecinos.1

El macrismo ofreció una “solución” para todos: a los empresarios locales les prometió comprarles equipos, a los trabajadores se los reubicaría en otros sectores en donde la competitividad no es tan baja (montaje de aires acondicionados y otros equipos eléctricos) y al consumidor le prometió un descenso de precios. Veamos cuál es el grado de solidez de este “acuerdo para todos”.

 

El ejemplo trasandino y el cuento de la notebook criolla

 

Los precios de los BIT en Chile fueron puestos como referencia a la hora de evidenciar los altos precios internos. Con regularidad, aparecen entrevistas a gente que cruza la frontera en busca de tecnología a mejores precios. Básicamente, importada de China, con quien Chile tiene suscripto un Tratado de Libre Comercio desde 2005. Productos agrarios y marítimos chilenos son intercambiados por manufacturas chinas con aranceles preferenciales. Para el caso de la mayoría de los productos asociados a la informática y la maquinaria industrial, Chile no aplica arancel alguno a su ingreso. Los mismos se encuentran eliminados desde el momento de suscripción del acuerdo (aranceles de otros productos son progresivamente reducidos). Por esta razón, si queremos saber por qué a Chile le sale más barato, tenemos que conocer como fabrica China las PC y notebooks.

Como otros artículos que inundaron el mercado doméstico con el sticker de “producido en Tierra del Fuego”, las notebooks patagónicas fueron propagandizadas como un logro del mentado modelo de inclusión. Lo cierto es que, a lo sumo, apenas se logra ensamblar la mayoría de esos productos y a un altísimo costo. Nobleza obliga, la producción de notebooks implica un proceso que no es realizado íntegramente por ningún país, aunque existen casos como China en donde se fabrica la mayoría del hardware (procesadores, chips, placas, displays, carcasas) y se realizan los diferentes procesos de ensamblado hasta su terminación. Se trata de una industria con un alto nivel de concentración de capital, con procesos robotizados y automatizados que requieren inversiones billonarias, ya que se precisan herramientas costosas como sierras automáticas de diamante especialmente diseñadas y espacios acondicionados con características específicas. Por ejemplo la famosa Intel, que fabrica microprocesadores, tiene unas 15 fábricas en el mundo (la mayoría de ellas ubicadas en los EEUU). En 2007, invirtió 3.000 millones de dólares en una nueva fábrica en Arizona,2 solo para procesadores de 45 nanómetros. Hoy, esa tecnología está próxima a cumplir 10 años (es la de los procesadores Intel Core 2, muy utilizados en computadoras hogareñas). Si buscamos acortar la brecha tecnológica, deberíamos ir a una fábrica como la de Hillsboro, en donde se produce la línea de micros E5 (de 32 a 22 nanómetros) uno de cuyos modelos es el Intel Xeon. Montar una fábrica de estas características cuesta 8.500 millones de dólares, sin contar los costos de investigación y desarrollo (2.000 millones más) y el diseño de circuitos (más de 300 millones adicionales).3 Para comparar con la Argentina: por decreto en 2011, se autorizó a PC ARTS ARGENTINA S.A., dueña de Banghó, a mantener una capacidad de 334.000 unidades y a abrir una fábrica en Río Grande (Tierra del Fuego) para lo que invirtió 19,1 millones de pesos en tres años.4 Solo 2,6 millones de dólares.

 

El tamaño importa…

 

Cuando compramos una notebook, generalmente vemos marcas famosas: HP, Dell, Samsung, Lenovo, Apple. Lo que no todo el mundo conoce es que no fabrican sus computadoras, sino que contratan a otras firmas menos conocidas. Estas empresas fabrican en serie lo que se conoce como ODM (Original Design Manufacturers). Estos modelos se ofrecen anualmente a las grandes firmas, que compran la exclusividad de utilizarlos en su catálogo. Empresas como HP terminan colocando un sello a un producto que no necesitó de ellos más que en la comercialización, distribución y publicidad. Las verdaderas fábricas de notebooks son empresas prácticamente desconocidas por el consumidor final, como Quanta, Compal o Wistron. Solo la primera manufactura entre el 20% y 30% de las notebooks que circulan en todo el mundo, desde sus plantas ubicadas en Taiwan y China. Entre las 3 compañías más grandes, produjeron más del 80% de las 158 millones de laptops fabricadas en 2015. El mismo año se produjeron aquí entre pc, portátiles y servidores, 2.279.732 unidades; un 35% de ellas en Tierra del Fuego.5

Cuando hablamos de manufactura nacional de BITs, vale recordar que se encuentra en vigencia un régimen de promoción que prevé eximición impositiva (IVA y ganancias) para fomentar la radicación en Tierra del Fuego. A su vez, el Estado garantizaba el suministro de las mercancías y divisas para el abastecimiento de la actividad ensambladora, tanto en la provincia patagónica como en el resto del país. En base a informes de la Cámara Argentina de Máquinas de Oficinas Comerciales y Afines (CAMOCA), entre 2009 y 2016 se ensamblaron localmente 18.320.514 computadoras (entre PC, notebooks y servidores) de las cuales 4.258.957 fueron producidas en Tierra del Fuego. No parece un número demasiado espectacular, y lo es menos si consideramos que Quanta vendió 48,5 millones de laptops solo en 2014.

En 2010, el gobierno de Cristina Kirchner lanzaba el programa “Conectar Igualdad” a través de la ANSES. El objetivo era distribuir netbooks a jóvenes en edad escolar. La manufactura de los equipos correría por cuenta de la “pujante” industria nacional, en la medida que se requería su participación en las unidades para poder participar de los pliegos licitatorios; lo que planteaba un piso de volumen. A inicios de 2016, se habían entregado 5.315.000 de netbooks.6 En relación a la producción interna, si ANSES entregó las netbooks que publicita, un 46% de las 11.537.241 ensambladas en el período fueron compradas por el Fondo de Garantía y Sustentabilidad. Con semejante comprador cautivo, el negocio parece redondo.

Por otro lado, según la resolución 137 de ANSES (2013), las once empresas que se presentaron a la licitación del Plan presentaron idéntica cotización por equipo: $2.959,53. El resultado, cantado, fue la adjudicación a nueve ofertantes para fabricar 600 mil netbooks. Esos casi $3.000 equivalían en 2013 a aproximadamente 400 dólares por unidad. Con ese dinero era posible comprar en un comercio cualquiera, fuera de Argentina, un equipo con especificaciones muy superiores al ofrecido a los estudiantes argentinos. La situación era tal que todos advertían el déficit que suponía el mantenimiento del complejo electrónico de Tierra del Fuego. Basualdo, que no podría calificarse como  opositor al kirchnerismo, señalaba que el sector registró un déficit, entre 2012 y 2013, de más de 8 mil millones de dólares.7 El reducido volumen de la producción, que fabrica para un pequeño mercado interno, sumado a la incapacidad de competir internacionalmente (encubierta bajo altísimas tasas de derecho a importación para la competencia) y la necesidad de que la mitad del stock producido sea absorbido por compras del Estado, ponen de manifiesto la imposibilidad de desarrollar una industria de estas características en la región. Hoy, en un contexto recesivo, sostener esta estructura resulta más difícil. Las empresas advierten sobre la imposibilidad de mantener la capacidad operativa, y el gobierno se debate entre asumir el costo político de reducirla o seguir subsidiándola de alguna manera.8

 

Cambiemos, pero no tanto

 

El Gobierno presenta la reducción de aranceles como una medida para intensificar la competencia en la actividad y disminuir el precio de venta de algunos de estos equipos. El objetivo sería facilitar el reequipamiento de la economía a bajo costo, evitando que los consumidores sigan transfiriendo recursos al sector de los BITs con precios internos elevados. Además, señalan, al bajar el precio se desalentará la fuga de capitales en la forma de compras en el exterior no declaradas (CAMOCA estima que circulan 2 millones de artefactos que entraron al país sin ser declarados). La estrategia del macrismo parece ser la de librar a su suerte a toda una serie de pequeños ensambladores ineficientes que proliferaron debido a los mecanismos de transferencia que se habilitaron en los años previos. Ahora, con menos recursos, hay que achicar la repartija. Pero no pretende eliminar completamente el patrón de subsidio a la industria que sostiene a casi toda la actividad nacional.

La perspectiva es de cierre de algunas firmas y de trabajadores en la calle. En este escenario, debemos tener en claro que la defensa del puesto de trabajo no va de la mano de la defensa del patrón. El gobierno anterior despilfarró fortunas para sostener a los empresarios del subsidio. El macrismo dice tener prevista la transferencia de trabajadores a otras líneas de montaje, pero sabemos que ni a ellos ni a las burocracias sindicales les preocupa garantizarlo. Toda fábrica que despida debe ser tomada por sus trabajadores, expropiada sin indemnización y puesta a producir por el Estado bajo control de los obreros. Se puede defender el puesto de trabajo corriendo al patrón y su ganancia del medio, expropiándolo y centralizando la producción, con la planificación económica de un gobierno de trabajadores. Para eso, es necesario discutir otro tipo de sociedad. Para eso, es necesario el Socialismo.

 

Notas

1Clarín, 11/10/2016, https://goo.gl/VZZy1T.

2EWeek, 25/10/2007,  https://goo.gl/4kPTCT.

3Bloomberg, 9/6/2016.

4Resolución 650/2011 de la Secretaría de Industria y Comercio, https://goo.gl/JB7JO4.

5Digitimes, 31/5/2016, https://goo.gl/Fc1lSm  e Informe Semestral, CAMOCA, 2016.

6ANSES, 18/1/2016; https://goo.gl/o4IA5j.

7Basualdo, Eduardo et al: El ciclo de endeudamiento externo y la fuga de capitales, UNQui, 2015; y Mussi, Emiliano y Rodríguez Cybulski: “Una industria fría, fría”, en El Aromo n° 63, 2012.

8Infobae, 14/10/2016, https://goo.gl/2bTmzs y El Economista, 21/2/2017, https://goo.gl/LHDIw7.

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