Reseña sobre “El Año I de la Revolución Rusa”, Ediciones ryr. En Diario Perfil (04/11/2012)

tapaperfilEl anaquel equivocado

Por Quintín

Las librerías engañan porque reúnen objetos que se parecen en su aspecto pero sirven para diferentes usos. Aunque todos son libros, hay un muro invisible que separa a las novelas de los recetarios de cocina, a la poesía de los textos de contabilidad, a los bestsellers de los catálogos de fotografía. Hay libros y hay libros: libros que corresponden a un público general y otros que apuntan a especialistas, maniáticos o a quienes pertenecen a un gueto intelectual, al círculo de interesados en un tema más o menos esotérico, desde la filatelia hasta el budismo. Pero hay un género que cabalga entre ambas categorías, que es el de la historia política, y abarca desde la obra erudita hasta el periodismo urgente. Dentro de ese vasto universo se encuentra la literatura militante, que tal vez supo tener más seguidores pero que hoy atraviesa tal vez un revival.

 No soy un consumidor de ese material (es cierto, la frase suena como que no soy consumidor de pornografía), pero como las librerías amontonan lo heterogéneo, hace poco me llamó la atención un libro llamado El año I de la revolución rusa, que integra la colección “Básicos del Socialismo” de la “Biblioteca del Militante” de Ediciones Razón y Revolución. Este es un curioso proyecto que se propone como forma de militar por el socialismo publicar 250 títulos divididos en cinco colecciones “de lectura ágil y gran importancia, a un precio irrisorio”. Estamos, evidentemente, en el seno de la izquierda, entre quienes creen que el socialismo es una causa que requiere que se le construya alrededor una cultura y que haya una biblioteca con los “textos imprescindibles que merecen ganarse un lugar en la biblioteca de cada militante”.

 En principio, estas consideraciones hablan de un libro de gueto, poco aconsejable para personas (soy una de ellas) que tienen por la tarea del militante (su sectarismo, su obediencia, su crueldad) y aun por el término mismo una antipatía profunda. Pero agradezco realmente haber ido en contra de mis prejuicios hasta terminar las 600 páginas de El año I. Claro que el autor no es un oscuro académico de la era soviética sino Victor Serge (1890-1947), un escritor al que Susan Sontag calificó como “uno de los héroes éticos y literarios más imponentes del siglo XX”, autor de El caso Tulayev, acaso la primera novela en desenmascarar completamente al estalinismo.
Queda dicho por Sontag que Serge fue un gran escritor, y es verdad. Esa cualidad se nota en este relato en tercera persona y de primera mano de los hechos, los personajes y las circunstancia de los sucesos de 1917 y 1918. Pero esta no es una obra de denuncia sino un panegírico: de la revolución, de la figura de Lenin, de la importancia del Partido Comunista, de la lucha de clases, de la dictadura del proletariado… es decir, de todo lo que constituye desde hace casi un siglo el credo de la izquierda revolucionaria. Escrito entre 1925 y 1928, después de la muerte de Lenin y cuando la sombra de Stalin empieza a planear sobre el futuro de Serge y sus camaradas (el propio Serge es arrestado por primera vez en 1928), el libro hace honor a la intención de sus editores y se lee como un policial. Pero lo mejor es que la honestidad intelectual de Serge –que no oculta lo que no conviene a sus ideas– y su talento literario hacen que sus invocaciones contra la democracia o a favor de la necesidad del terror y de la obediencia al Partido queden claramente expuestas como posible causa de los padecimientos por venir. El libro es tan actual que permite ver incluso que la tentación de adorar al líder, excluir al adversario y suprimir toda disidencia está tan vigente hoy como cuando los diputados bolcheviques abandonaron la Convención Constituyente y se hicieron con todo el poder en enero de 1918.

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