Tócala de nuevo Sam. Sobre la “escuela del futuro” en CABA

 

El 2018 será testigo de una nueva reforma en CABA, la llamada “escuela del futuro”. La reforma condensa una serie de rasgos que vienen perfilándose sobre el sistema educativo hace décadas. Una nueva reforma inconsulta como todas las anteriores. Debemos llamar a un Congreso Educativo para que los docentes comencemos a construir una alternativa.

Romina De Luca – GES


Tócala de nuevo Sam

El 2018 será testigo de una nueva reforma en CABA, cuando se implemente, en 17 escuelas, la llamada “escuela del futuro”. El título ampuloso no es más que el nombre para “nueva” reforma de la escuela secundaria. Una más y ya suman tres iniciativas inconclusas de los noventa para acá y un mismo cuadro: la escuela argentina sigue en una crisis que no hace más que profundizarse. La Ciudad de Buenos Aires será el verdadero laboratorio, aunque, en teoría, también participarán una escuela por cada provincia para federalizar el ensayo. Por ahora, de las otras provincias no se sabe nada.

Prometen “formar al ciudadano del siglo XXI: talentoso, creativo, crítico, emprendedor, alfabetizado digitalmente, cooperativo, adaptable”. Para hacerlo se valen de lo “bueno” de la herencia anterior -he ahí la machacona insistencia de continuidad con la Ley de Educación Nacional y toda la normativa fijada por el Consejo Federal de Educación bajo el kirchnerismo- y de modelos exitosos, como el finlandés. Al igual que el kirchnerismo, el macrismo entiende que el formato de la escuela argentina es obsoleto. Todo debe “renovarse” para promover una “inteligencia social” que genere un pensamiento nuevo y adaptativo para “aprender a aprender”, un nuevo pensamiento “transdisciplinario”. Ya está corriendo la reforma. Mejor veamos de qué se trata porque promete llevarse puesta lo que queda de la escuela y, junto a ella, nuestro trabajo.

Degradación sin fin

La “escuela del futuro” condensa una serie de rasgos que vienen perfilándose sobre el sistema educativo hace décadas. El texto de difusión es por demás escueto: los cambios se explican en apenas 15 páginas de powerpoint. El documento que se les hizo llegar a los directores de las escuelas afectadas no amplía en demasía. La reforma entra en marcha en pocos meses y esos textos condensan todas las certezas. ¿Qué se sabe? Bien, el currículum pasará a reagruparse en cuatro áreas de conocimiento. Por un lado, las ciencias sociales con las viejas historia, geografía, formación ética y ciudadana, economía y filosofía. Por otro, las ciencias exactas y experimentales con matemáticas, biología, educación tecnológica, físico-química y tecnología de la información. Una tercera área de conocimiento se denominará comunicación y expresión donde se agrupa lengua y literatura, lenguas adicionales (idioma inglés porque todos los otros se eliminan), educación física y artes y un cuarto grupo dedicado a las orientaciones y especialidades. Cómo se conformará esa nueva caja curricular es un misterio. Recién en septiembre las escuelas pilotos recibirán esa información. Según los técnicos oficiales, ese reagrupamiento favorecería el desarrollo de nuevas habilidades. No suena muy moderno porque el ordenamiento no es más que la vuelta a la Ley Federal que a su vez tomaba el modelo de la reforma trunca de Onganía (su escuela intermedia) y que a su vez los alfonsinistas sugerían como deseable. Solo los pedagogos de la dictadura se animaron a confesar que las “áreas” abrían la posibilidad de un vaciamiento curricular.

Claro que ahí no se agota toda la ¿novedad? La noción del “aprendizaje incentivado” sería el último grito de la moda: que el alumno descubra guiado por su docente y por la tecnología, con trayectorias flexibles y “significativas”. Va de suyo que la mentada flexibilidad presupone dos situaciones. Por un lado, la degradación del currículum y, por el otro, la reorganización de las trayectorias y del tiempo escolar. En materia docente, el proyecto propone abiertamente la reducción del tiempo de las clases expositivas, o magistrales, a un 30% durante el restante y mayoritario 70% el alumno aprende “solo” gracias a un orientador y facilitador. Bien, querido docente, para ponderar la pérdida tenga en cuenta que ese 30% va a pasarlo a compartir con otros cuatro colegas de su área. El documento para directores señala que se debe reorganizar el trabajo para que los alumnos autorregulen su aprendizaje de manera autónoma una vez que el docente haya “introducido” los temas y conceptos claves. En este punto, los docentes son meros facilitadores. De cara a la flexibilización proponen un sistema denominado “gamificación”, esto es, videojuegos educativos. La idea que subyace es clara: el alumno no aprende porque se aburre. A eso se suman guías online y el combo ya está listo: el equipo docente se dedicará a funciones de tutoría y facilitación. Eso no es todo. La flexibilidad se aplica a los objetivos fijados para cada alumno, a los horarios y a los mecanismos de evaluación. El material para directivos detalla que cada estudiante debe recibir su propia bibliografía escolar según intereses, expectativas y “factores de riesgo académico”. A partir de eso, se realiza un acuerdo de trabajo pedagógico. En esta etapa, los alumnos son acompañados por “orientadores” ¿quiénes son estos? No lo sabemos. Cada alumno sigue su propia biografía escolar donde “alguien” consignará el resultado de las evaluaciones que serán individuales y grupales. ¿Quiénes evalúan? Todos: el docente, equipos docentes, docentes y tutores, alumnos. ¿Qué se evalúa? El progreso en los logros de cada uno. La calificación numérica se elimina como única pauta de evaluación y pareciera ser reemplazada por un sistema de créditos de “logros” alcanzados. Además, el bloque pedagógico llega a la escuela secundaria y de un plumazo se elimina la repetición entre primer y segundo año y, al paso, se sugiere la promoción cuatrimestral y por objetivos. Bienvenida la “promoción acompañada” y la evaluación colegiada. El resultado: si cada uno tendrá un parámetro de medición a medida, en breve, los indicadores de repetición, sobre-edad y promoción efectiva van a mejorar de forma fabulosa. Si esta escuela garantiza algo cercano al conocimiento es harina de otro costal. Personalización, algo tan nuevo, como la escuela intermedia de Onganía. La escuela “personalizada” requiere otras formas de contratación de personal: que el directivo elija a sus docentes. Algo cuya esencia se encuentra en la LEN con el Proyecto Educativo Institucional.

Tras cartón, el quinto año de la secundaria pasará a ser un año “integrador y formativo del más allá de la escuela”. Se elimina la currícula (no se sabe qué pasará con esos docentes) para que los alumnos dediquen la mitad del tiempo de cursada a pasantías y prácticas profesionalizantes y la otra mitad a tareas de emprendedurismo para aprender rebusques. ¿Trabajo gratuito para las empresas? Es probable. Eso sí, las 900 empresas consultadas pedían revisar y flexibilizar el marco legal de las pasantías existentes. Aquí tampoco se trata de nada nuevo. Desde los ’90 los convenios con empresas por pasantías no paran de crecer y tampoco el clamor por una escuela que brinde experiencia laboral: de la década del ’30 para acá todos los gobiernos de turno negociaron con las empresas este punto y fue el kirchnerismo quien extendió a troche moche los convenios con empresas.

Quinto año no es el único que “sale” de la escuela. La implementación de la “jornada ampliada” implicará menos tiempo en la escuela y más en clubes, comedores, ONGS, instituciones artísticas, culturales y sociales, organismos públicos. Ya el Fines 2 lo hizo y el macrismo va por más: la para-estatalización de todo el secundario.

Entrelíneas  

La reforma tiene una serie de objetivos muy claros. En primer lugar, prepara el terreno para el desplazamiento liso y llano de docentes. No es claro cómo se rearmará la caja curricular, los cargos, las parejas pedagógicas, o el uso del tiempo. Por eso, en algunas regiones de la provincia de Buenos Aires, ya avisaron que las materias de “orientación” van a ser de contratación cuatrimestral. El gobierno dice que conformará cargos en todas las escuelas concentrando funciones. Va de suyo que interinos y suplentes con “pocas” horas van a ser el pato de la boda. Mejorarán los índices de rendimiento porque si además de la promoción automática se introducen criterios para la evaluación diferenciada incluyendo el riesgo escolar, la inclusión guiará el camino ascendente. Inclusion, ese caballito de batallas K. se abre un nuevo camino de ampliación de las diferencias entre los alumnos y de fragmentación del sistema educativo. Una escuela para pobres. Además, va a disminuir el gasto educativo porque ya se prevé el reemplazo de escuelas por “sedes” y es muy probable que hagan falta menos docentes. Se propone que escuelas que no tienen siquiera conexión de wifi armen su propuesta pedagógica sobre la base de la educación virtual y semi-presencial. Es esa y no otra la base real del “e-learning”.

Quienes pretenden emular el modelo finlandés deberían enterarse: Argentina no es Finlandia. Acá, por lo menos 7,6 millones de chicos sufren carencias estructurales desde la década del ’80. Desde la década del ’70 el promedio salarial de los trabajadores no para de caer y se consolida una enorme fragmentación en el conjunto de los trabajadores: una capa de desocupados creciente, trabajadores en blanco, en negro, precarizados, tercerizados. El salario de los docentes es un tercio del que se recibía hace cien años. Sacando las aulas durlock y container, las últimas escuelas construidas más o menos en serio son las de los años ’70. Alumnos y nuevas tecnologías, dicen. ¿Hablamos de esos que viven en condiciones de extrema precariedad? El enorme ajuste en marcha explica la nueva oleada de la reforma. Hay que fragmentar aún más la escuela, todavía es posible abaratarla.

Una nueva reforma inconsulta como todas las anteriores. Es hora de dejar de mirar a la escuela. El problema está en otro lado. La descomposición del capitalismo en Argentina es la causa de la crisis escolar. Hay que ponerse en marcha para destruir el origen de los males de la escuela y de la sociedad. La Asamblea Nacional de Trabajadores, en un Congreso Educativo, es una alternativa para que los docentes comencemos a construir una alternativa. De lo contrario, seguiremos gestionando la degradación.

 

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