Reciclados. Los empresarios golpistas de Macri y Cristina

Reciclados
Los empresarios golpistas de Macri y Cristina
 
Gonzalo Sanz Cerbino
Grupo de Investigación de la lucha de clases en los ’70 – CEICS
 
Seguro está enterado que Mauricio Macri ha nutrido sus gabinetes de ex funcionarios de la última dictadura. Igualmente, no está demás repasar los prontuarios de algunos de ellos, empresarios golpistas en el ’76 y demócratas PRO en la actualidad. Pero, ¿conoce a los golpistas de Cristina? En esta nota se los presentamos.
 
 
El golpe de estado que institucionalizó la masacre que cerró el proceso revolucionario en la década de 1970 fue impulsado por buena parte de la burguesía nacional. La salida golpista se fue preparando con meses de anticipación, agitada desde los primeros meses del ’75 en los paros comerciales desarrollados por la burguesía agraria, y luego, por la intensa campaña desplegada por APEGE (Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias), que culminó en el lock out general del 16 de febrero de 1976 [1]. De esta entidad participaron los más destacados dirigentes de la burguesía local, muchos de los cuales ocuparon puestos claves en la función pública con el gobierno de facto. La restauración democrática trajo un recambio del personal político y se deshizo de los ahora impopulares cuadros castrenses, que se habían manchado las manos en defensa de la hegemonía capitalista. Sin embargo, muchos de los dirigentes de la burguesía que los habían colocado en ese lugar pudieron reciclarse con cierto éxito en los nuevos tiempos. De repasar su trayectoria nos ocuparemos en este artículo.
Haciendo carrera por derecha…
 
Algunos de los dirigentes de la burguesía golpista supieron retener sus puestos en democracia. Es el caso de Federico Peña, integrante de la dirección de APEGE en el ’75 que se mantuvo hasta hace unos años, como ayer, en la dirección de la Cámara de Sociedades Anónimas [2]. También Jorge Sabaté, presidente en 1975 de la Unión Comercial Argentina (UCA) e integrante del Secretariado Ejecutivo de APEGE, que hoy se ubica como titular de la Unión de Entidades Comerciales Argentinas [3]. Armando Braun, que ocupó un lugar dirigente en APEGE en tanto presidente de la Cámara Argentina de Comercio, a principios de los ’90 llegó a la presidencia del Consejo Empresario Argentino [4]. Esta entidad, en los ’70, reunía a lo más selecto de la burguesía golpista, y estaba presidido por José Alfredo Martínez de Hoz. Más conocido es el caso de Jorge Zorreguieta, no por virtudes propias sino por ser el padre de Máxima, la princesa de Holanda. El ahora miembro de la familia real, en los ’70 era un dirigente de larga trayectoria en la Sociedad Rural y CRA, con activa participación en APEGE, que llegó a convertirse en secretario de Agricultura y Ganadería de la mano de Martínez de Hoz. En democracia, fungió como presidente de la Coordinadora de la Industria de Productos Alimenticios (COPAL), hasta que las causas judiciales por su responsabilidad en la desaparición de técnicos del INTA durante la dictadura lo obligaron a “guardarse”.
Pero no todos los cuadros de la burguesía se mantuvieron, con bajo perfil, en la dirigencia corporativa. Algunos intentaron, con cierto éxito, desarrollar una carrera política en democracia. Es el caso de Guillermo Alchouron, que en vísperas del golpe del ’76 se desempeñaba como director de la Sociedad Rural y titular de la Asociación de Criadores de Holando Argentina. Tuvo una intensa participación en el armado de los paros comerciales agrarios, especialmente en el que paralizó la actividad tambera, entre el 4 y el 6 de junio de 1975. Ya en democracia, ascendió hasta la presidencia de la Sociedad Rural Argentina, que desempeñó entre 1984 y 1990, para luego volcarse a la actividad política. De la mano de Domingo Cavallo fue electo diputado nacional en dos oportunidades (1999 y 2003). En la segunda, acompañó la candidatura a gobernador de Luis Patti, para terminar aliándose al PRO de Macri. Actualmente se encuentra alejado de la función pública pero no de la política: preside la fundación “Consenso Republicano”, que organiza encuentro periódicos en los que suelen disertar los mayores exponentes del PRO, del Peronismo Federal, de la UCR y la Coalición Cívica [5]. Cerca de Macri también se encuentra Diego de Ibarbia, dirigente y vocero de la Sociedad Rural a mediados de los ’70, que fue designado intendente de facto de Pehuajó entre 1976 y 1978. Hoy se desempeña como Secretario del Partido Demócrata porteño, aliado del PRO. Hasta hace poco Federico Young, ex juez de la dictadura, presidía dicha fuerza (hoy es su vicepresidente 1º), de la que proviene también el diputado y vocero PRO, Federico Pinedo. Young ocupó diversos cargos en la administración porteña de la mano de Mauricio: fue titular de la Agencia de Control Gubernamental, en donde recibió denuncias por ubicar allí a represores del Proceso. A pesar de las denuncias, el intendente mantuvo a Young, quien ahora oficia de director de la empresa estatal de subterráneos que depende de la Ciudad [6]. 
Bajo el ala de Macri se ubicó también Jorge Aguado, dirigente de CARBAP, cerebro detrás de los paros agrarios del ’75 y de APEGE, y una de las espadas de Ibérico Saint Jean bajo la dictadura [7]. Varias son las fuentes que lo sindicaron como uno de los integrantes de la mesa chica del Gobernador de facto de Buenos Aires, junto a los juristas Jaime Smart y Alberto Rodríguez Varela. A ellos se les adjudicó la redacción del documento Un nuevo ciclo histórico argentino: del Proceso de Reorganización Nacional a la Tercera República, con el que Saint Jean intervino en la discusión sobre los objetivos políticos del Proceso. Allí planteaba como norte la instauración de una democracia restringida, limitando al mínimo la participación de la ciudadanía y relegando a los partidos políticos en la futura transición. El grupo capitaneado por Saint Jean se postulaba como recambio de la facción comandada por Videla y Viola, a quienes cuestionaban su excesivo “politicismo” y la “tibieza” en el accionar represivo. No por nada se ubicaba a Saint Jean entre los “duros”, que demandaban extender y profundizar la represión. Para esa tarea, el gobernador bonaerense había montado una estructura represiva propia, paralela a la de las Fuerzas Armadas, comandada por el Jefe de la Policía Bonaerense, Ramón Camps, de la que dependían 29 centros clandestinos de detención. A Aguado se le adjudicó también injerencia en la estructuración del poder municipal en la provincia, en donde colocó a civiles y militares de su confianza. Las cuotas de poder acaparadas por Jorge Aguado le permitieron ubicar a cuadros de su confianza, provenientes de CARBAP, en distintas funciones a nivel provincial y nacional. Con la llegada de Viola, el ruralista ocupó la cartera de Agricultura y Ganadería de la Nación, y con Galtieri llegó a la gobernación de Buenos Aires [8]. 
En democracia, Aguado se refugió en la actividad privada. Ocupó posiciones directivas en el Grupo Macri, desde vocero hasta vicepresidente de SocMa. Las relaciones trabadas en el ámbito empresario lo llevaron a la presidencia del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), del que hoy es socio honorario [9]. En la empresa SIDECO (del Grupo Macri) compartió la dirección con Mauricio, con quien trabó una estrecha relación, al punto de asesorarlo en la conformación de su primera fuerza política, Compromiso para el Cambio [11]. Sin embargo, Aguado no volvió a la función pública cuando el PRO se hizo con la jefatura de gobierno, seguramente porque su currículum era impresentable. Pero eso no impidió que su hijo, Jorge junior, sí lo hiciera. Luego de ocupar cargos gerenciales en la empresa de hardware Dell, y de organizar a los “jóvenes empresarios” en IDEA, entró al gobierno porteño.  Allí se desempeña como titular de la Unidad de Proyectos Especiales del Plan Integral de Educación Digital, encargado de la entrega de notebooks a los alumnos de la Ciudad.
 
El progresismo de pasado oscuro
 
Pero no todos los empresarios golpistas hicieron carrera por derecha. Algunos también se refugiaron en la centroizquierda y el progresismo. Uno de los casos más notables fue el de Humberto Volando, presidente durante más de 25 años de Federación Agraria. Sus vínculos con la ofensiva golpista no pueden ser disimulados, a pesar de los esfuerzos de sus acólitos, que intentan presentarlo como un campeón de la democracia. Bajo su égida, la FAA fue la primera corporación de alcance nacional en marchar al paro contra Isabel Perón. En abril de ese año soldaban una alianza con la CARBAP de Jorge Aguado, con la que motorizaron cuatro de los cinco paros agrarios nacionales que prepararon el terreno para el desembarco militar. Aunque no se sumó a APEGE, no rompió su alianza con Aguado, decidido impulsor de la ofensiva golpista y cabeza de la asamblea. Seguramente por eso su corporación, a diferencia de la CGE, no fue intervenida con el golpe. Volando transitó sin problemas el Proceso como presidente de la Federación, desde cuyo periódico, La Tierra, se vivaba a las nuevas autoridades [12]. El cambio de aires de principios de los ‘80 reavivó en Volando su fe en la democracia, y nuevamente sorteó el recambio de personal político manteniéndose a la cabeza de FAA. En ese puesto estuvo hasta 1997, cuando dejó el cargo para asumir como diputado del FREPASO [13]. Tras el fracaso de su partido, que presenció desde la cima del poder político el derrumbe del país en 2001, no retomó la actividad política. Sin embargo, los restos de aquella fuerza han sabido reubicarse bajo la égida del kirchnerismo, como su líder Chacho Álvarez, hoy representante cristinista en el MERCOSUR.
Otro que se reubicó bajo el ala kirchnerista fue Osvaldo Cornide. En los ’70, Cornide era dirigente de la UCA y se sumó tempranamente a las filas de APEGE. Las crónicas de la época lo ubican como un entusiasta animador de las asambleas empresarias en las que se preparó el lock out que selló la ofensiva golpista en el ’76 [14]. Un año después ponía su rúbrica en una carta publicada en La Prensa. Allí felicitaba a las Fuerzas Armadas por haber sacado al país de la senda que conducía al “caos y la disgregación”, destacando sus logros “en el plano de la acción antisubversiva y el restablecimiento de la moral pública, el orden y la seguridad” [15]. Ya en democracia, desde su puesto de dirigente empresario, se vinculó estrechamente con Seineldín y Menem. En 2001 asumió al frente la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), y luego de un acercamiento al duhaldismo, se volvió un devoto kirchnerista. Así explicaba en 2004 su conversión: “Con Kirchner me pasa al revés de lo que me sucedía con Menem, no tengo una relación personal pero estoy de acuerdo con su política económica; en cambio con Carlos tenía una buena relación personal pero estaba en desacuerdo con su política económica” [16]. Pero no se trata solo de un empresario que “confía en el modelo”, Cornide se ha convertido en un referente del kirchnerismo en el medio empresarial, al punto que compartió el palco con Cristina en el acto en que se dio a conocer, con bombos y platillos, el informe sobre Papel Prensa en 2010. Ya en 2009, ante los cortocircuitos con la UIA, CAME se convirtió en la tribuna oficial desde donde la presidenta celebró el Día de la Industria. Lo propio hizo en el 2010, cuando volvió a cambiar el tradicional festejo en la sede de la UIA por un almuerzo en CAME [17]. El apoyo no es gratuito, sino que se encuentra aceitado por múltiples subsidios y reembolsos millonarios que la Secretaría Pyme del Ministerio de Industria otorga regularmente a los asociados a CAME. Y no se trata de trascendidos, sino de información oficial publicitada por la propia secretaría [18]. 
 
Conclusiones
 
Como hemos visto, buena parte de los dirigentes empresarios que promovieron el golpe del ’76, o formaron parte del gobierno de facto, han logrado reciclarse en democracia, tanto por derecha como por izquierda. Este reacomodo fue posible, en buena medida, por la forma que adquirió la transmisión democrática. El trasfondo ideológico de la restauración fue la “teoría de los dos demonios”, en la que la lucha de clases en los ’70 y la masacre contrarrevolucionaria aparecían reducidas a una lucha entre aparatos militares, a la que la sociedad era ajena. Se ocultaba así, tanto el respaldo empresario al golpe, como sus anclajes clasistas: la masacre fue impulsada y sostenida por la burguesía, para recomponer su hegemonía. La forma que asumió la transmisión permitió a la burguesía deshacerse del personal político manteniendo el control de la situación. Así, sus representantes con menor exposición pública pudieron reacomodarse. Desenmascararlos sirve para recordar que democracia y dictadura son dos caras de la misma moneda: la dictadura del capital. La trayectoria de los “reciclados” es apenas uno de sus vasos comunicantes.
 
NOTAS:
[1] Sanz Cerbino, Gonzalo: “Dios, patria y productividad. La formación del Estado Mayor contrarrevolucionario en los ‘70”, en El Aromo, nº 51, noviembre/diciembre de 2009.
[2] La Nación, 4/9/2002; Clarín, 6/11/2005.
[3] Página 12, 17/6/2010.
[4] La Nación, 12/8/2004.
[5] http://guillermoalchouron.com/; http://www.ar-partido.com.ar/; http://www.cba24n.com.ar; La Nación, 10/4/2010.
[6] Página 12, 11/1/2009 y 1/4/2012.
[7] Sanz Cerbino, Gonzalo: “Los golpistas. Carbap y la alianza militar”, El Aromo, Nº 44, septiembre-octubre de 2008.
[8] Canelo, Paula: El proceso en su laberinto. La interna militar de Videla a Bignone, Prometeo, Buenos Aires, 2008; Palermo, Vicente y Marcos Novaro: La Dictadura Militar (1976-1983). Del golpe de estado a la restauración democrática, Paidós, Buenos Aires, 2003, pp. 169-260.
[9] Página 12, 2/1/2001 y 25/7/2010; Clarín, 24/12/1997.
[10] Tiempo Argentino, 24/7/2011.
[11] La Nación, 31/7/2009.
[12] Sanz Cerbino, Gonzalo: “El chacarero y su perro guardián. La participación de la Federación Agraria en la ofensiva golpista de la burguesía, 1975-1976”, El Aromo, Nº 52, enero-febrero de 2010.
[13] Página 12, 4/1/2001 y 3/5/2012.
[14] La Nación, 14/12/1975 y 29/1/1976.
[15] Perfil, 11/9/2012.
[16] Ídem.
[17] Clarín, 1/9/2010.
[18] http://www.sepyme.gob.ar/2011/06/came/.

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