Rebelión de los condenados. La huelga masiva de prisioneros en Estados Unidos y el movimiento abolicionista contemporáneo – Alejo Stark

 Para el movimiento abolicionista contemporáneo, la abolición de las prisiones necesariamente implica la transformación de la sociedad en su conjunto. Las crisis de la encarcelación masiva de personas en Estados Unidos es al mismo tiempo una crisis del capitalismo y el orden racial estadounidense.

 

Alejo Stark

Colaborador


En el 45º aniversario de la rebelión de la prisión de Attica, el 9 de septiembre del 2016, se inició una huelga de prisioneros que, por lo que sabemos, se extendió al menos a 46 prisiones y cárceles estadounidenses, en 24 estados diferentes. Fue la más popular de la historia norteamericana. En lo que sigue, tratamos de contextualizar este evento histórico, a nivel nacional, pero también en el caso específico de la prisión de Kinross, situada en el Estado de Michigan.

Actualmente, el Estado norteamericano tiene la tasa de encarcelación más alta del mundo: en el año 2016, 1 de cada 46 personas en Estados Unidos estaba bajo algún tipo de supervisión estatal.[1] Este número incluye a aquellos que están encarcelados en prisiones o en cárceles, como también a quienes están en libertad condicional. En términos históricos, la tasa de encarcelación de la última década es aproximadamente cuatro veces más alta que antes del boom carcelario de los años ‘70. Cabe mencionar también el carácter racial del régimen carcelario estadounidense. Utilizando datos del censo del 2010, el Prison Policy Initiative demuestra que la tasa de encarcelación de la población negra es cinco veces más alta que la de la población blanca. A su vez, la de la población hispana es dos veces más alta que la de la población blanca.[2] Es en este contexto histórico en el cual se desata la huelga de la que hablamos. Dado a que la huelga afectó a más de 57.000 prisioneros en diversas localidades de los Estados Unidos, las demandas que l articularon fueron necesariamente heterogéneas. Veamos qué organizaciones tomaron el liderazgo de la huelga al nivel nacional, para desentrañar cómo se desenvolvió la revuelta y bajo qué consignas se organizó.

 

El Free Alabama Movement y el Incarcerated Workers Organizing Committee

 

La convocatoria del 9 de septiembre fue lanzada por un grupo de prisioneros en el Estado de Alabama, que se autodenomina Movimiento Alabama Libre (o FAM por sus siglas en inglés). Alabama es uno de los estados con la más alta tasa de encarcelación.[3]A la convocatoria del FAM también se acopló el Comité de Organización de Trabajadores Encarcelados (o IWOC por sus siglas en inglés) del International Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo o IWW, por sus siglas en ingles). Tanto FAM como IWOC revindican la lucha contra lo que ellos caracterizan como “trabajo esclavo”, que se lleva a cabo en las prisiones estadounidenses.

En un texto publicado en el año 2015, el FAM propone una “nueva estrategia” para el movimiento abolicionista de prisiones, que hace hincapié en el poder que tienen los prisioneros como trabajadores.[4] En contraste a las acciones colectivas tomadas por prisioneros en la última década en contra del régimen carcelario, como la huelga de hambre llevada a cabo por casi 29.000 prisioneros californianos en el año 2013, las acciones de 2016 fueron organizadas bajo la consigna que los prisioneros son trabajadores bajo un régimen de “esclavitud moderna”, aludiendo a la decimotercera enmienda a la constitución estadounidense, que en 1865 abolió la esclavitud para aquellos condenados por un delito. Este enfoque de la prisión como “esclavitud moderna”, da la impresión que las prisiones norteamericanas contemporáneas operan como fábricas de trabajadores cautivos que proveen mano de obra barata y/o básicamente gratis, pero este no es el caso.

Como señala el escritor y activista abolicionista James Kilgore, con datos de 2012, solamente el 0,25% de aproximadamente 2,3 millones de personas encarceladas, tanto en cárceles como en prisiones federales y estatales, está trabajando para una compañía privada.[5] La entidad que emplea a la mayor parte de prisioneros es el Estado, pero solo lo hace con una parte menor de la población carcelaria: en el año 2012 apenas 13.369 prisioneros en prisiones federales fueron contratados para trabajar para el Estado (es decir, menos del 8%). La mayoría de estos contratos fueron responsabilidad del Departamento de Defensa o del Departamento de Seguridad Nacional, para producir uniformes para las fuerzas armadas estadounidenses.

Si bien la mayoría del trabajo que se lleva a cabo dentro de las prisiones norteamericanas no es trabajo “productivo”, cabe decir que la mayoría de los prisioneros sí trabaja, pero su trabajo tiende a ser de índole “reproductivo”, es decir, trabajo que reproduce la institución de la prisión, pero que no necesariamente genera ganancias. Por ejemplo, el trabajo llevado a cabo por la mayoría de los trabajadores encarcelados en las prisiones federales y provinciales es el de cocinar y/o lavar ropa. En este sentido, sí estamos de acuerdo con los compañeros de IWOC y FAM que el trabajo de los prisioneros es esencial para el funcionamiento de la prisión y que, consecuentemente, es ahí precisamente donde radica el poder de los trabajadores encarcelados. Pero, al mismo tiempo, consideramos que debemos ser más precisos con el carácter específico de este trabajo.

En el texto del 2015 que mencionamos, FAM también hace hincapié en que se tendrían que llevar a cabo boicots masivos de corporaciones que emplean a trabajo carcelario. Como hemos demostrado, solo una parte muy menor del trabajo carcelario es empleado por corporaciones privadas. Consecuentemente, estos boicots no tendrían un gran efecto en el régimen carcelario. Ya con un esbozo de la situación general, ahora nos enfocamos en el caso específico de cómo se materializó la rebelión de septiembre del 2016 en la prisión de Kinross, situada en el norte del Estado de Michigan.


La huelga en la prisión de Kinross, provincia de Michigan

 

En el 9 de septiembre del 2016, casi la mitad de los trabajadores encarcelados en la prisión de Kinross, en la provincia de Michigan, no se presentaron a sus puestos de trabajo.[6] La huelga duró tres días y, en un principio, hasta tuvo el apoyo de las autoridades de la prisión. Esta huelga es la segunda acción de este tipo que se lleva a cabo en Kinross en el año 2016, pero la primera que se acopla a la lucha nacional. Las demandas de los prisioneros en Kinross enfatizaban los problemas con la comida (en términos tanto de calidad como de cantidad), la situación de la sobrepoblación carcelaria, las restricciones de visitantes a la prisión, los altos precios por hablar por teléfono, y los bajos sueldos que reciben los prisioneros, entre varias otras demandas. La mayoría de los trabajos en Kinross pagan entre $0,84 y $1,14 dólares por día. Por ejemplo, un trabajador de lavandería en Kinross cobra $20 dólares por mes. De una manera similar a los trabajadores que están afuera de la prisión, estos sueldos no alcanzan para comprar necesidades básicas. Por ejemplo, para hablar a sus familiares, los trabajadores encarcelados tienen que pagar 20 centavos por minuto, pero la mayoría de ellos solo cobra 20 centavos por hora. Es decir, con un día de trabajo llegan solamente a comprar 8 minutos para hablar con sus familiares o amigos. Hasta un cierto punto, las demandas de los prisioneros de Kinross son las mismas de cualquier trabajador: el miserable sueldo que reciben por su labor no es suficiente para vivir.

El 10 de septiembre, las autoridades de la prisión de Kinross traicionaron a los huelguistas, que fueron brutalmente reprimidos con gas lacrimógeno y balas de goma por un equipo táctico que le costó a la provincia de Michigan casi un millón de dólares. Parte del proceso de represalia implicó el traslado de más de 200 de estos prisioneros de Kinross a otras prisiones en Michigan, donde fueron puestos bajo el régimen de confinamiento solitario. Hasta el día de la publicación de este artículo, ya se van a cumplir nueve meses desde que estos compañeros han sido completamente aislados y enfrentan condiciones de tortura por parte del Estado. En colaboración con IWOC y otras organizaciones locales, después de la rebelión de Kinross, se formó el grupo Abolicionistas y apoyo de prisioneros de Michigan (MAPS, por sus siglas en inglés) del cual el autor de este artículo es el vocero. Hasta al día de hoy, MAPS sigue luchando para que todos los prisioneros de Kinross en confinamiento solitario sean liberados. En parte gracias a las acciones tomadas por MAPS, en el primero de mayo del 2017, decenas de prisioneros de Kinross en confinamiento solitario fueron liberados, pero cabe decir que todavía hay más de 80 prisioneros que siguen dentro de lo que en inglés se llama “the hole” (el agujero).

 

La política abolicionista y la transformación de la sociedad

 

El movimiento abolicionista contemporáneo enfatiza que las prisiones no pueden ser reformadas y que ellas deben ser abolidas. La reconocida activista abolicionista y comunista Ángela Davis, por ejemplo, hace hincapié en que el sistema carcelario no soluciona (es decir, no es capaz de solucionar) los problemas de nuestra sociedad, simplemente lo que hace es desaparecer gente. Por ejemplo, volviendo nuevamente al caso puntual de Michigan, la organización MAPS caracteriza que la proliferación de prisiones en el estado de Michigan (sede de tres de las compañías automotrices más grandes del mundo, Ford, General Motors y Chrysler) emerge en un momento en el cual la tasa de la sobrepoblación relativa en Michigan incrementa. Así, el Estado carcelario contiene la crisis. En ese sentido, para el movimiento abolicionista contemporáneo, la abolición de las prisiones necesariamente implica la transformación de la sociedad en su conjunto. Las crisis de la encarcelación masiva de personas en Estados Unidos es al mismo tiempo una crisis del capitalismo y el orden racial estadounidense. Los abolicionistas contemporáneos defienden la transformación de la sociedad para que se genere un mundo, no solamente sin explotación de clase y dominación racial, sino también uno en el cual se transformen los mismos regímenes de disciplinamiento y castigo.

Notas

[1]https://www.prisonpolicy.org/reports/pie2016.html

[2]https://www.prisonpolicy.org/reports/rates.html

[3]https://www.prisonpolicy.org/global/2016.html

[4]“Let the Crops Rot in the Fields: A Call For New Strategy in The National Movement Against Mass Incarceration and Prison Slavery”, inhttps://freealabamamovement.wordpress.com/category/let-the-crops-rot-in-the-field/

[5]http://www.socialjusticejournal.org/confronting-prison-slave-labor-camps-and-other-myths/

[6]https://michiganabolition.org/kinross/

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