Quienes somos

Quiénes somos

Razón y Revolución es una organización que combate la ideología burguesa en todos los ámbitos de la vida social. Nuestro objetivo es la producción y difusión de conocimiento científico sobre la sociedad humana. Para ello edita Razón y Revolución, una revista socialista marxista que reproduce tanto trabajos de sus propios equipos de investigación, como una selección de los mejores textos del marxismo argentino y mundial, y El Aromo, un periódico cultural dedicado al público no académico. RyR tiene su propia editorial, Ediciones ryr, que publica clásicos del marxismo, libros de historia, sociología y arte. La producción científica de RyR se realiza en el CEICS (Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales), que cuenta con grupos de investigación formados por especialistas en historia argentina, lucha de clases, economía, clase obrera, pequeña burguesía, izquierda, desaparecidos, educación y arte. RyR organiza también actividades de divulgación, desde seminarios de extensión universitaria, hasta charlas y cursos en escuelas, Asambleas Populares, sindicatos y organizaciones en lucha.


PROGRAMA

Nuestro Programa de Investigación adopta una postura filosófica dialéctica, es decir, se expresa en un realismo que busca develar la causalidad profunda de las relaciones sociales. Supera, por lo tanto, la ingenuidad del empirismo y al mismo tiempo se opone a quienes niegan, posmodernamente, la necesidad de la ciencia. Una ciencia realista y dialéctica concede a la evolución material de la sociedad un rol determinante en la explicación de su devenir y concibe los fenómenos superestructurales en relación a los intereses sociales y materiales sobre los que se apoya.

El estudio de la sociedad

Según una concepción dialéctica, la historia se mueve en espiral ascendente. No se trata de una afirmación metafísica sino de la descripción más general de la realidad. Y tiene una explicación: en tanto el movimiento de la realidad no es caótico sino que sigue una legalidad, la historia, como toda la materia, se mueve siguiendo un patrón determinado. Se mueve porque es contradictoria. El patrón no hace más que desplegar esa contradicción en el tiempo. Pero el propio crecimiento (cambio en cantidad) según ese patrón, produce transformaciones (saltos en calidad). Esos saltos de calidad pueden darse dentro del patrón, de modo tal que toda la materia continúa moviéndose de la misma manera pero a una escala superior, o implicando una transformación completa del patrón mismo e inaugurando una nueva legalidad. Por eso es que el movimiento de la materia asume la forma de una espiral: mientras la legalidad se mantenga, ella producirá crecimiento cuantitativo -la curva tenderá a ascender- y cualitativo – la curva tenderá a retorcerse sobre sí para relanzarse ahora a un nivel más elevado-.
La historia humana, como toda la materia, no escapa a esta ley general del movimiento. Es por esto que la historia presente resume la historia pasada, lo que implica que la historia pasada contiene como una de sus potencialidades la historia presente.
Si tomáramos esa línea que se curva y retuerce sobre sí, con la que graficamos el movimiento de la realidad, y por ende, la historia humana, y cortáramos una sección, observaríamos como en una fotografía un momento determinado de ese devenir. Dicho momento mostraría el conjunto de relaciones que la constituyen, relaciones que una vez ordenadas nos permitirían distinguir un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, un no menos determinado grado de despliegue de las relaciones de producción, y el universo de las superestructuras que les corresponde. Notaríamos también que siempre existe un cierto grado de defasaje, de no correspondencia entre los diferentes niveles, lo que hace que cada uno tenga, por decirlo así, su propia historia hasta cierto punto independiente. Veríamos, además, que las determinaciones suben y bajan a todo lo largo del edificio, pero que las que ascienden son más poderosas que las que descienden. Incluso, podríamos percibir que todo el conjunto puede desglosarse en conjuntos menores interconectados. Si ese corte lo hiciéramos a la altura de la historia humana que corresponde al capitalismo, veríamos al capitalismo mundial fragmentado en capitales nacionales. Si acercáramos aún más la lupa, encontraríamos entre todos ellos uno en particular, el capitalismo argentino.
Observar y reconstruir el movimiento de la sociedad argentina como parte de ese movimiento de conjunto del capitalismo mundial y de la realidad material en general, es la tarea del CEICS.

Una hipótesis exploratoria

Un programa de investigación científica de la realidad debe desenvolverse como una actividad consciente. Por empezar, no puede confundirse una actividad espontánea y sin coordinación con un programa, es decir, un sistema de problemas a investigar. En segundo lugar, investigar no equivale a opinar. Ni siquiera una reseña es opinión en sentido estricto: la crítica especializada presupone la investigación, es decir el conocimiento profundo y de primera mano de la realidad. No critica el que quiere criticar, sino el que tiene un alto grado de conocimientos. Sólo puede hacerlo desenvolviendo una sistemática y permanente actividad científica.

Un programa de investigación de estas características exige una sólida mirada sobre el presente. Resulta paradójica ésta necesidad, en la medida en que el presente también debe ser explicado por el programa. Pero es que no hay forma de saber qué preguntarle a la sociedad argentina si esas preguntas no parten de la realidad concreta. Y la realidad no pregunta si no es a través de algún grado de conocimiento elaborado, por mínimo que sea. De modo que para todo programa de investigación es un deber partir de la realidad inmediata al mismo tiempo que explicarla. Sólo que a ese “al mismo tiempo” hay que entenderlo como un enorme rodeo a través de la investigación científica que confirmará o no esa mirada originaria que, hasta tener a la vista los resultados, permanecerá siempre como hipótesis exploratoria. Dicha hipótesis exploratoria es la siguiente:

• Los problemas actuales de la Argentina son los problemas del capitalismo argentino;

• Los problemas del capitalismo argentino son los problemas del capitalismo como realidad mundial;

• Los problemas del capitalismo como realidad mundial son los derivados de su propio desarrollo, de su profundización y no de su estancamiento o retroceso, es decir, del desarrollo de las fuerzas productivas;

• Es la profundización del régimen de gran industria lo que caracteriza a la evolución actual del capitalismo mundial;

• La profundización del régimen de gran industria conlleva la reestructuración de ramas y la relocalización de la producción;

• El aumento de la tasa de explotación y la desocupación son consecuencia de la concentración y centralización del capital y la reestructuración de las ramas de la producción;

• La proletarización y pauperización de fracciones y capas enteras de pequeña y mediana burguesía es un correlato necesario del mismo proceso;

• La reestructuración del conjunto de la estructura social lleva necesariamente a la polarización de la estructura de clases, al aumento del peso numérico del proletariado (nutrido por la proletarización de la pequeña burguesía) y a la disminución del peso numérico de la burguesía;

• Esta transformación social arrastra la de la superestructura política, cultural e ideológica;

• Está en marcha, en conclusión, una tendencia al cambio general de estructuras de la sociedad argentina, cambio cuyo alcance no puede definirse con toda precisión todavía, aunque se imagina sustantivo a mediano plazo.

El programa de investigación del CEICS

Un programa de investigación científica es siempre un proyecto de intervención sobre la realidad. Dicha intervención busca producir conocimiento para incidir a partir de él sobre esa misma realidad. Un programa de investigación nace, entonces, a partir de la necesidad de resolver un problema de vasto alcance planteado por la realidad. Se constituye a partir de una pregunta general que genera y ordena otras preguntas, o sea, que da pie a la formación de un sistema de problemas. Ese problema se enfrenta a partir de una hipótesis exploratoria que orienta la investigación al generar, a su vez, nuevas hipótesis secundarias. Al mismo tiempo, el programa debe demarcarse de otros a fin de mostrar su utilidad y necesidad. Procede, por lo tanto, a la crítica del conocimiento existente a fin de extraer los elementos recuperables a sus fines. En tanto que proyecto de vasto alcance, el programa obliga al trabajo en equipos, a la división del trabajo y a la distribución entre sus miembros de la tarea. Es, por sobre todas las cosas, una experiencia colectiva.

La pregunta que genera y ordena preguntas, en modo tentativo, puede ser fomulada así: ¿cuáles son los procesos que han constituído la realidad argentina contemporánea? La pregunta lleva a elegir una serie de temas y problemas: a. el desarrollo del capitalismo; b. las clases sociales; c. los partidos políticos; e. la vida cultural; d. los procesos de lucha. Sin embargo, todo ello resulta abstracto, en tanto algo así puede decirse de cualquier historia nacional. Lo que es correcto, puesto que toda historia nacional es historia capitalista. Pero también es incorrecto,en tanto, cada historia capitalista nacional es particular. Hay que precisar, “nacionalizar” ese programa sin perder de vista la totalidad del movimiento. Veamos uno por uno.

El desarrollo del capitalismo en Argentina

Entender los procesos históricos que construyeron este presente presupone un conocimiento científico de las relaciones de fuerzas materiales que cimentan la vida social. Pero esa relación de fuerzas materiales no es más que la expresión de un grado de desarrollo de la acumulación del capital y de las peculiaridades que ella asume en la Argentina. Se trata, entonces, de reconstruir el conjunto del proceso de acumulación del capital en Argentina. Para eso, el estudio de los procesos de trabajo se presenta como un ángulo de entrada particularmente importante, en tanto permite observar la explotación (y por ende, la acumulación) allí donde ella se realiza, es decir, en la fábrica. Construir una historia de los procesos de trabajo es, entonces, el punto de partida del análisis. Desglosar rama por rama y establecer las etapas de desarrollo de la explotación del trabajo por el capital, los momentos de génesis, expansión y agotamiento de las sucesivas figuras de dicha explotación (cooperación simple, manufactura, gran industria), constituye la investigación “basica”, desgajada de toda “aplicación inmediata”. Es sobre esa base que puede darse cabida al estudio de otros momentos del proceso de acumulación, tales como la concentración y centralización del capital y la medición de tasas de explotación, ganancia o composición orgánica, las vías por las cuales, a su vez, observar las causas del movimiento de la estructura económica. De aquí al análisis de la crisis hay un paso relativamente menor.

Pero la investigación se quedaría en la mitad si no atendiera a las especificidades que necesariamente tiene el desarrollo capitalista en cada lugar en que se produce. En el caso argentino, hay dos elementos a considerar: la competencia externa y la centralidad de la producción agropecuaria pampeana. En torno al primer elemento se ordenan las temáticas del imperialismo, las luchas intraburguesas y la intervención estatal en la economía. En torno al segundo, ocupa un lugar clave la temática de la renta. El estudio de los intercambios internacionales completa la perspectiva devenida del análisis de las figuras de la explotación, la concentración y centralización y la evolución del índice de composición orgánica y las tasas de explotación y ganancias. Este conjunto es el que constituye el marco de explicación de las luchas intraburguesas y de las políticas económicas. Pero aún este conjunto no se comprende claramente si no se presta atención a la evolución y las características de las ramas rectoras de la economía, es decir, de aquellas que constituyen el corazón de la acumulación en el conjunto del capital local. De allí que el análisis de producción agropecuaria pampeana y, por ende, de las diversas modalidades de la renta (absoluta y diferencial) se convierten en la llave que abre la puerta a la explicación de la dinámica diferencial del capitalismo en Argentina. Aquí entonces, la pregunta es: ¿hemos llegado al final del recorrido de esta formación social, la presente crisis expresa su agotamiento definitivo o más bien queda un largo trecho a recorrer aún en su interior?

Las clases sociales

Estudiar las clases sociales en la Argentina implica estudiar la génesis de su burguesía, sus transformaciones y su agotamiento, al mismo tiempo que la génesis, las transformaciones y la disolución del proletariado como clase. Implica también observar, en el proceso de polarización que produce el desarrollo capitalista, la evolución de la pequeña burguesía como momento de pasaje de dicha polarización. En torno a la clase dominante existe un considerable debate, no zanjado en parte porque no existe una investigación sistemática de la evolución de largo plazo de la burguesía argentina. En general, los estudios se focalizan en un momento del desarrollo de la clase para, a partir de allí, transformar las peculiaridades circunstanciales en determinaciones genéticas. La construcción de una historia de la burguesía en Argentina está todavía pendiente. Algo similar ocurre con el proletariado. Peor aún, la pequeña burguesía ha sido convocada para resolver varios problemas historiográficos, desde el radicalismo hasta el Argentinazo y, sin embargo, no ha merecido ningún estudio serio más allá de largas peroratas sobre la “clase media”. El estudio de los procesos de trabajo y de la concentración y centralización del capital según rama, abre el camino para el conocimiento científico de las clases sociales. Esas clases sociales se expresan, primariamente, en el plano corporativo. Por ende, resulta imposible no incorporar a su estudio, a las corporaciones que dichas clases se han dado en el curso de su constitución como clases.

Entonces, reconstruir la historia de las clases en la Argentina implica seguir el surgimiento de la burguesía terrateniente bajo el Virreynato, verla proyectarse en la Revolución de Mayo, transformarse en clase dominante con Rosas, en clase nacional con Roca, reconstituirse entre el agotamiento del imperialismo inglés y la emergencia del norteamericano, y disolverse como tal clase dominante nacional en el proceso que culmina en nuestros días. Reconstruir la historia del proletariado es estudiar su génesis en las vaquerías, su constitución como clase como resultado de la oleada inmigratoria de comienzos del siglo XX, su transformación en clase nacional bajo el peronismo, su fracaso en convertirse en clase dominante en los ’70 y las consecuencias de ese fracaso en la situación actual de la clase, así como las potencialidades que ella abre. Significa seguir la evolución de la pequeña burguesía, desde su momento fundacional como base de masas de las luchas intraburguesas en el proceso que va de la revolución del ’90 hasta el triunfo del radicalismo, su transformación en base de masas de la alianza antiperonista, la crisis que la atravezó en los ’60 y ’70, hasta su incorporación actual al campo de lucha del proletariado. Aquí la pregunta a responder es: ¿han llegado las clases al momento culminante de su evolución histórica posible en la Argentina , es decir, la burguesía al punto de su disolución como clase dominante y el proletariado a la condición de transformarse en caudillo nacional?

Los partidos políticos

Sin embargo, ninguna de estas historias estaría completa sin observar los alineamientos políticos que las clases van conformando, es decir, la expresión de las relaciones de fuerzas materiales como fuerzas sociales organizadas. Es decir, es necesario prolongar el análisis hacia la construcción de una historia de los partidos políticos. Pero una historia de tales partidos es indisociable de una historia del Estado y sus instituciones y, por ende, de la constitución y desarrollo de la democracia burguesa, es decir, los elementos más “materiales” de las superestructuras. No es posible entender las transformaciones actuales de la Argentina si no se comprenden las razones de la disolución de los viejos partidos de masas.

Entender este proceso actual requiere recuperar el sustrato material sobre el cual se yerguen las superestructuras que entran en crisis. En concreto, implica estudiar las bases sociales cambiantes del radicalismo y del peronismo, pero también la evolución de la izquierda y sus avatares, desde la calidad de fuerza de masas antes del ’45 hasta su marginación durante los veinte años siguientes, el renovado protagonismo de los ’70 y su recomposición y crisis posterior. El estudio de los partidos es también el estudio de los programas, métodos de construcción y obstáculos que enfrentaron, la medida en que expresaron o no intereses reales o imaginarios. Aquí, la pregunta a responder sería: ¿están los partidos políticos que intentan expresar los intereses de las diferentes clases a la altura de la tarea que les corresponde hoy, es decir, están los partidos burgueses en condiciones históricas de relanzar el dominio burgués y los partidos de izquierda de constituir el partido de la revolución?

La vida cultural

Por tal entendemos todo lo que atañe a la hegemonía en sus aspectos ideológicos, es decir, consensuales. El estudio de la vida cultural no es más que el análisis de los mecanismos por los cuales las ideas de la clase dominante se transforman en las ideas dominantes. Es también el estudio de las razones por las cuales dichas ideas dominantes entran en crisis y se derrumban, para ser reemplazadas por otras del mismo tenor o no. El estudio de las ideologías y las formas que asumen las respectivas conciencias de las clases que componen la sociedad argentina es el centro de atención del análisis “cultural”. Se trata, entonces, del análisis de los elementos más “simbólicos” de la superestructura. Los estudios “culturales” en la Argentina (y en general) tienden a descontextualizar este problema de la formación, desarrollo y crisis de las superestructuras, de modo que todo está por hacer en este punto.

Estudiar las superestructuras ideológicas en la Argentina obliga a examinar la historia del liberalismo, de su despliegue, su cenit y su agotamiento, la forma en que tiñó todas las otras formas ideológicas y las obligó a someterse a sus dictados. Significa también preguntarse por la peculiar fuerza del reformismo en la sociedad argentina y, por ende, por la debilidad de las ideologías más conservadoras o más revolucionarias. Significa estudiar la emergencia, al calor de la lucha de clases, de polos ideológicos enfrentados que representan alternativas antagónicas de resolución de la lucha de clases. En este punto, la pregunta es: ¿cuáles son los obstáculos ideológicos que debe enfrentar la construcción del partido revolucionario y, por ende, cuáles son las ventajas ideológicas de la burguesía argentina?

Los procesos de lucha

El estudio de la lucha de clases, es decir, de cómo estallan las contradicciones incubadas en el seno de la economía y transmitidas a todo lo largo de la estructura social, proceso en el que cada nivel termina agregando las suyas propias, requiere algo más que el análisis aislado de hechos. Requiere la reconstrucción de los diferentes momentos por los que atraviesa la lucha de clases, desde que comienzan como expresiones larvadas hasta que estallan en forma abierta en grandes combates de clase. La reconstrucción de dichos procesos permite observar el devenir del conjunto de la estructura hecha vida latente, es decir, confrontación, movimiento. El recorrido de la lucha de clases no es más que el camino hacia la revolución, de modo que su estudio no consiste en otra cosa que iluminar las diferentes fases de ese proceso, hacerlo consciente y, por ende, pasible de ser conducido por la clase llamada a protagonizarlo.

¿Qué momentos constituyen el proceso de lucha que construye esta formación social y procede luego a cuestionar para, finalmente, destruirla? Es decir, ¿a qué procesos de lucha hay que prestar atención? Indudablemente, la Revolución de Mayo, Caseros, el ’90 y el golpe del ’30 constituyen hitos de la lucha burguesa. La Semana Trágica , el 17 de octubre, el Cordobazo y el Argentinazo lo son de la lucha obrera. Es posible desglosar estos momentos en sus instancias menores y así multiplicar los enfrentamientos que deben ser estudiados. Pero ninguna sucesión de estudios puntuales otorgará sentido a la materia histórica si la fotografía no es recompuesta como película, es decir, el hecho como proceso. La pregunta es: ¿en dónde está la lucha de clases hoy, en el momento de reconstrucción de una estructura o en el momento de su destrucción?