¿Quién estafó a quién?. El empréstito de la Baring Brothers  y la conformación del Estado argentino

 

 

Santiago Rossi Delaney

Grupo de Investigación de la Revolución de Mayo-CEICS

 

Es historia conocida: Rivadavia entregó el país a la Baring. Desde ese momento, el Imperialismo nos tiene atado con la deuda externa…Nadie en su sano juicio se animaría a discutir algo así. Ahora bien, ¿y si eso no fuera cierto? En este artículo, nos animamos a sacar cuentas. Los resultados son sorprendentes…

 

 

En números anteriores de El Aromo vimos cómo la llamada enfiteusis rivadaviana formó parte de un proyecto nacional pergeñado por una fracción de la burguesía rioplatense, con el objetivo de darle una base fiscal al intento de centralización estatal y unificación provincial, aún a costa de los intereses más inmediatos de la nueva clase dominante.

Como es sabido, la enfiteusis se decretó con el objetivo de colocar la tierra pública como garantía frente a la contratación de un posible empréstito externo. Dicho préstamo fue contraído en 1824, con la casa financiera inglesa Baring Brothers. Tanto desde la historiografía revisionista, con José María Rosa como su mayor exponente[1], como desde el marxismo, de la mano de Milcíades Peña[2], se plantea que el empréstito no habría sido una fuente de recursos para consolidar el Estado, sino que, por el contrario, encarnaría la entrega nacional y la dependencia por parte de la “oligarquía terrateniente” frente al “imperialismo financiero” inglés. Se reafirma así la configuración del país como una “semicolonia”, subordinada política y económicamente a Inglaterra. El PO reproduce esta visión, en los escritos de Alejandro Guerrero.[3] A pesar de que estos trabajos no se apoyaron sobre investigaciones empíricas, en la actualidad constituyen las ideas dominantes que orientan el programa del grueso de la izquierda revolucionaria.

En realidad, podemos encontrar dos hipótesis centrales en torno al problema: la primera, elaborada por las corrientes citadas, parte de una explicación individual, en donde el personal político de Buenos Aires no solo fue estafado en la operación, sino que además se habría dejado estafar, al estar en consonancia con los intereses del Imperialismo.

Un segundo planteo, distinto del anterior, sostiene que, si bien no fue una estafa, la burguesía rioplatense se vio obligada a pagar más de lo que correspondía debido a su propia debilidad estructural. Como se entiende que no existen actividades realmente productivas, debido al peso de la renta agraria en la formación económica argentina, el “despilfarro” sería una constante, por lo que la burguesía argentina se presenta como incapaz de aportar significativamente al desarrollo. A nuestro entender, ambas hipótesis no permiten explicar el fenómeno del endeudamiento de manera acabada. Veamos más de cerca.

 

La burguesía masoquista

 

Dicha “entrega nacional” se habría materializado, en primer lugar, por el hecho de que los fondos no se destinaron finalmente para obras en el puerto de Buenos Aires, como en un principio se estableció. En segundo lugar, que el monto contratado nominalmente y las remesas que efectivamente llegaron a Buenos Aires hayan diferido, sería motivo de condena a la operación en su conjunto. El empréstito de 1824 fue contraído por un total de £1.000.000, es decir, $5.000.000. Como el empréstito se tomó legalmente al 70% de su valor nominal, mientras el 30% fue adjudicado al consorcio de capitalistas encargados de contraerlo en representación del Estado de Buenos Aires, sumado a las reducciones por comisiones, intereses, y amortizaciones, esto indicaría, para estas corrientes, una expresión del “saqueo” al que fue sometida la Nación, ya que, finalmente, al país ingresaron unas £560.000, o $2.800.000 aproximadamente.[4]

En tercer lugar, se suma la cuestión de que los dividendos fueron ingresados al país, en mayor medida, a partir de letras de cambio y no en onzas de oro. El hecho de que todos los préstamos se realizaban en letras de cambio debido a la facilidad del transporte frente a las onzas se ignora. Así todo, una parte significativa del préstamo llegó efectivamente en onzas y estuvo a disposición del Estado porteño: de los $2.846.400,7 ¾, fueron recibidos en letras de cambio $2.192.524, ¾, y en onzas de oro, $653.876,7, siendo un 77% y un 33% respectivamente.

Por último, que por un empréstito de $2.800.000 se hayan terminado pagando $F23.700.000, es decir, prácticamente 8 veces más, sería otro aspecto del fraude al que habría sido sometida la Argentina.[5]

Como vemos, para esta corriente, la burguesía argentina y su personal político, habrían hecho todo lo posible para salir perdiendo en la operación. Se ve que a los hombres del siglo XIX les gustaba dilapidar dinero porque sí. Como vemos, se infantiliza a los sujetos, o al menos, se los grafica como hombres que prefieren salir perdiendo en su afán de quedar bien parados frente a los más poderosos.

Si bien es cierto que la cifra de 2,8 millones fue efectivamente el monto aproximado recibido por el empréstito, sobre 5 millones[6], esto no habilita en sí mismo dichas afirmaciones. Todo préstamo presenta diferencias entre los montos nominales contratados y los realmente recibidos. Los altos intereses fueron una forma, por parte de la Baring Brothers, de asegurarse recuperar el dinero frente al  riesgo de prestarle dinero a un “protoestado”, es decir, a una experiencia política que no tenía garantizada su supervivencia debido a las vicisitudes económicas y conflictos político-militares, tanto internos como externos. A menos que uno piense que los ingleses deberían haber regalado el dinero, dicho planteo se cae por sí mismo. Ningún capitalista presta sin intentar al menos, asegurarse el cobro de las divisas frente a las posibles cesaciones de pagos.

Además, en primer lugar, el piso del 70% fue establecido por la misma Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires[7] y, posteriormente, por el Ministro de Hacienda Manuel José García, al igual que la posibilidad de que el consorcio encargado de contratar el empréstito pudiese participar del mismo.[8] Esto es lo que demuestra Vedoya, a pesar suyo, cuando dice que “el negociado se materializó en el Río de la Plata”[9]. El personal político era muy consciente de las limitaciones, pero veía a pesar de ello, la posibilidad de sacar beneficios de la operación. Probablemente de lo que no era consciente del todo, era de los cambios en la economía y los efectos de la guerra con el Brasil a largo plazo.

Por otro lado, el dinero recibido fue utilizado para encarar la guerra con el Brasil, lo cual, debería ser considerado también una actividad “productiva”, ya que, de haber salido victoriosa, le habría permitido al país ampliar las bases de la acumulación de capital, a partir de la incorporación de tierras y población. En este sentido, el proyecto nacional intentó superar los límites estructurales que la propia economía le imponía. El fracaso se debió a cuestiones políticas, que requieren de un análisis en sí mismo del conflicto bélico, no porque la burguesía no tenía nada para dar al desarrollo nacional de las fuerzas productivas. Que se haya intentado significa que había una potencia de clase que aspiraba a ese desarrollo. De hecho, visto históricamente, el propio Brasil tampoco pudo hacerse de la Banda Oriental, por lo que la Argentina a pesar de no apropiarse de esos territorios, consiguió frenar la expansión brasileña.

Las variables verdaderamente significativas para medir el peso real del empréstito no deberían ser cuestiones superficiales como el nivel de los intereses (que todo préstamo incluye) ni el medio físico por el cual fue transmitido el valor. En última instancia, los fondos estuvieron a disposición del Estado porteño para reforzar la caja, lo cual era el principal interés de la clase política. El hecho de que el dinero no haya sido invertido en el puerto tampoco dice nada, ya que, como dijimos, se destinó a cuestiones más importantes.

Lo que debería observarse es, por un lado, el peso del monto recibido inicialmente por Buenos Aires en comparación con el presupuesto fiscal de ese mismo año, es decir 1824; y por otra parte, el peso de las sumas enviadas en calidad de pago de intereses hacia Inglaterra a lo largo del siglo XIX, fundamentalmente la segunda mitad, en comparación también con el presupuesto fiscal. De esta manera, podemos medir si los montos recibidos y enviados fueron realmente significativos, en relación al dinero controlado por el Estado porteño. Si tomamos en cuenta que el empréstito se contrajo en 1824 y fue finalmente cancelado en 1904, vemos que al contrario de lo que se plantea comúnmente, no hubo debilidad en las condiciones de tomar el préstamo, ya que éste se pagó a ochenta años.

Antes de comenzar, es necesario aclarar que, si bien los intereses del empréstito se multiplicaron por ocho en el transcurso del siglo, los recursos del Estado pasaron de 2 millones y medio en 1824 a 138 millones en 1862, multiplicándose 69 veces, en tan sólo la mitad de tiempo de lo que llevó saldar la deuda.

En este sentido, veamos la trayectoria de los pagos realizados en relación al presupuesto estatal, para medir, a partir de los datos la importancia del empréstito y los intereses pagados.

 

Esperando el milagro

 

El dinero del empréstito, $2.846.400,7 ¾, fue recibido entre los años 1824 y 1825. En el primer año, ingresó la suma de $2.249.211 y en el segundo $597.190. Si tomamos el presupuesto de cada año[10], tenemos que para 1824 el Estado porteño obtuvo de ingresos $2.596.000 y de gastos $2.649.000, es decir que el monto recibido fue el equivalente al 86% de los ingresos y al 84% de los gastos. Si tomamos el año 1825, la proporción se reduce, ya que se recibió una suma menor, $597.190. Los ingresos estatales de ese año fueron de $2.634.000 y los ingresos de $2.865.000, por lo que el monto ingresado equivalió al 22% de los ingresos y 20% de los gastos. No obstante, si tomamos los valores de ambos años conjuntamente, vemos que los ingresos fueron de $5.230.000 y los gastos de $5.514.000, por lo que el empréstito de $2.846.400 implicó el 54% de los ingresos y el 51% de los gastos, como se observa en el Gráfico 1. Como vemos, el peso del dinero ingresado fue muy significativo, y permitió reforzar fuertemente la base fiscal del Estado en formación, en un contexto de crisis.

Ahora, respecto el pago de los dividendos, como se observa en el Gráfico 2, la cuestión se invierte. Los intereses a pagar estaban estipulados en un 6%, a pagarse semestralmente hasta la extinción de la deuda.[11] Los primeros pagos se descontaron del fondo de amortización, correspondientes a los cuatro semestres de los años 1825 y 1826. Las sumas descontadas fueron de £30.000 por semestre, unos $150.000, dando un total de £120.000 o $600.000.

En el año 1827 comenzaban los pagos a cargo del Estado de Buenos Aires, los cuales deberían salir de su propia caja. En enero de 1827 se pagaron £27.592, unos $137.960, y en julio de 1827, £21.885 equivalente a $109.425. Si tomamos estos montos en su conjunto, en dicho año se pagaron $244.425. Si observamos el presupuesto de 1827, vemos que el Estado ya se encontraba con un profundo déficit fiscal: sus ingresos fueron de $3.004.000 y los gastos de $9.125.000 aproximadamente. En consecuencia, las sumas pagadas en este año implicaron una pérdida del 8% en relación a los ingresos, abarcando un 3% del total de gastos. No obstante una vez finalizado el año, el Estado porteño se declaró en cesación de pagos, suspendiendo indefinidamente las remesas de dinero hacia Inglaterra.

Tuvieron que pasar diecisiete años para que se llegara a un nuevo acuerdo, de la mano del gobierno del General Juan Manuel de Rosas, quien en un principio, le ofreció a los ingleses las Islas Malvinas como forma de pago, propuesta que fue rechazada. Rosas arregló con el enviado de la Baring, Mr. Falconnet, el pago de £1.000 mensuales, equivalente a $5.000, como arreglo preliminar hasta que finalizara el conflicto con la Banda Oriental. Estos pagos se realización en dos períodos, 1844-1845 y 1849-1851, ya que en el interregno se suspendieron debido al bloqueo del puerto de Buenos Aires realizado por Inglaterra y Francia.[12]

En el primer período, se pagaron aproximadamente $85.000, mientras que los ingresos estatales fueron de $63.970.000 y los gastos de $68.220.000, siendo el 0,13% y el 0,12% respectivamente. Respecto al segundo período, se pagaron $190.000, mientras que los ingresos fueron de $176.330.000 y los gastos de $160.230.000, siendo el pago un 0,11 y un 0,12% respectivamente.

Como vemos, las sumas desembolsadas durante el rosismo fueron realmente irrisorias. En seis años, se llegó a pagar apenas $30.000 más que lo que inicialmente Rivadavia pagó en un solo año.

 

¿Better late than never?

 

A partir de la caída de Rosas en 1852 los pagos se detuvieron. Recién se reanudaron en 1856, a partir de las negociaciones entabladas entre Mr. Giró como representante de la casa Baring, y el Dr. Norberto Riestra, ministro de Hacienda de la provincia en ese momento, como representante del gobierno de Urquiza. El proyecto esbozado y luego aprobado por la Cámara de Senadores establecía que, para cancelar el capital originario, se debían realizar una serie de entregas anuales preestablecidas y escalonadas: en 1857 £36.000 ($180.000), en 1858 £48.000 ($240.000), en 1859 £60.000 ($300.000) y de 1860 en adelante £65.000 ($325.000).

Si tomamos este período en su conjunto, en cuatro años se habría pagado $1.045.000. Por su parte, los ingresos y gastos del mismo período suman $357.500.000 y $530.400.000, por lo que el pago destinado a la casa Baring en dicho período representa un 0,3% y 0,2%. Como vemos,  a pesar de tratarse del inicio de un arreglo en donde se pretende cancelar la deuda, las sumas siguen siendo ínfimas en relación al dinero que manejaba el Estado.

A partir de 1862, se produce un cambio en el sistema monetario argentino, ya que el Estado deja de utilizar el Peso moneda corriente (o Peso moneda nacional) y pasa a realizar todas sus transacciones en Pesos Fuertes ($F), siendo el tipo de cambio entre uno y otra de $mc25 = $F 1.

Según el informe del funcionario Pedro de Agote, realizado en 1881, por el empréstito de la Baring Brothers la argentina habría pagado la cantidad de $F 23.734.766. De este monto, $F 15.532.466 se habrían pagado en el período 1857-1880, y los $F 8.202.300 se liquidarían desde 1881 en adelante, hasta 1904. Si nos atenemos a la suma pagada en el primer período, estos quince millones y medio implicaron una pérdida del 5,5% en relación a los ingresos, ocupando el 3,92% del total de gastos.

A partir de los datos, observamos claramente que, por un lado, al momento de contraerse el préstamo, las sumas ingresadas fueron realmente significativas en comparación al tamaño de la caja porteña; por el contrario, la liquidación de la deuda no implicó esfuerzo alguno por parte del fisco. Si la caja de Buenos Aires entraba constantemente en déficit, no fue por los pagos destinados a la deuda con la Baring, sino porque se ubicaba el dinero en gastos de mayor importancia, ya sean militares o en obras públicas, con el objetivo de garantizar y mejorar la acumulación del capital.

En conclusión, sí hubo una estafa en la operación del empréstito.  Ésta fue realizada por  la Argentina hacia los bonistas ingleses, quienes debieron esperar hasta 1904, es decir, ochenta años, para ver liquidadas las acciones. El Estado se hizo de esos fondos en un contexto de fuerte crisis fiscal, con una guerra externa en ciernes, para estabilizar en la medida de lo posible el naciente Estado en conformación. En consecuencia, al menos en este aspecto, la banca Baring, salió perdiendo, ya que debió esperar a que dicho Estado se fortaleciera financieramente para poder recibir un dinero que, medio siglo después, a pesar de los intereses, ya no valía lo mismo. La “gran estafa” existió, y fue en beneficio de la burguesía argentina, inaugurando así la contratación de deuda externa como mecanismo de compensación para paliar los límites de la acumulación de capital en la región.

 

 

Como se observa los fondos obtenidos por la toma del empréstito en los años 1824-1825 fueron realmente significativos, teniendo en cuenta su  relación con los Ingresos/Gastos. En este sentido, implicaron un fortalecimiento de las arcas del Estado.

 

 

1Rosa, José María: Rivadavia y el imperialismo financiero, A. Peña Lillo, 1974.

2Peña, Milcíades: Historia del pueblo argentino, Emecé, 2012, p. 128-133.

3Alejandro Guerrero: “De la BaringBrothers a la ocupación inglesa”, en Prensa Obrera, 22/03/2012.

4Ibíd., p. 92.

5Agote, Pedro: Informe del Presidente del Crédito Público sobre la Deuda Pública, Buenos Aires, 1881, p. 18.

6Chiapella, Armando O.: El destino del empréstito BaringBrothers, 1824-1826. Librería Editorial Platero, 1975.

7Diario de Sesiones de la Honorable Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, Imprenta de la Independencia, 1842, t. I. Citado en Fitte, Ernesto: Historia de un empréstito: la emisión de BaringBrothers en 1824, Emecé, 1962, p. 32.

8Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, Junta de Representantes, Comisiones, 1823, t. I. Citado en Fitte: op. cit. p. 47.

9Vedoya, Juan Carlos: La verdad sobre el empréstito Baring, Plus Ultra,Bs. As., 1971.

10El presupuesto estatal fue tomado de: Cortes Conde, Roberto: “Finanzas públicas, moneda y bancos (1810-1899)”, en A.A.V.V: Nueva Historia de la Nación Argentina, Tomo V, Tercera Parte: La configuración de la República Independiente. 1810-1914, Editorial Planeta, Buenos Aires, 2000.

11Fitte: op. cit., p. 90.

12Memorándum del Empréstito de Buenos Aires, Montevideo, 28 de Mayo de 1852. Citado en Fitte: op. cit., p. 240.

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