“Queremos hacer esto que tantos nos gusta”. La lucha de las mujeres por jugar al fútbol

en El Aromo n° 103


Ricardo Maldonado
Grupo de Cultura Proletaria

Ocurrió dos décadas atrás. Una mujer, joven y del interior, enfrentó a Don Julio (Grondona), le mostró que no siempre “todo pasa” y lo obligó a recular y retractarse. Se trata de Florencia Romano. Nació en Tucumán, dónde se preparó para ser árbitro de fútbol, cuando el presidente de la federación tucumana le dijo que difícilmente pudiera dirigir, dobló la apuesta y se vino para Buenos Aires. Hizo el curso, dirigió fútbol femenino y se preparó para dirigir en primera. Recibió del capo de la AFA el comentario despectivo de que “no es sensato que una mujer dirija un partido de fútbol”, tal como elusivamente se comunican las decisiones que no tienen ningún respaldo legal. Florencia no lo aceptó. Envió una carta documento a la AFA, se encadenó en señal de protesta y logró que citaran a una audiencia al Congreso a Don Julio. Y éste, como siempre, salió con una finta y afirmó que no había ningún inconveniente. Veinte años atrás Romano se tomó un remís, fue hasta Valentín Alsina, en la ribera sur del Riachuelo y dirigió Victoriano Arenas vs. Muñiz por el campeonato de Primera D. El 4 de abril de 1998 se convirtió en la primera mujer en dirigir un partido profesional en el país, luego fue árbitro en la primera terna arbitral enteramente femenina en el 2000, en Atlanta y Argentino de Quilmes, en Primera B. Más tarde fue sancionada por decir en voz alta lo que muchos susurraban: “La AFA es una mafia y su presidente un mafioso… por eso yo lo llamo Don Corleone” Hasta aquí la historia de Florencia Romano. La mujer que le torció el brazo al hombre al que tantos hombres le inclinaron la cerviz.

Lo que sigue es una historia repetida, ella abrió una brecha pero no llegó a beneficiarse de los derechos por los que luchó, su carrera como árbitro no prosperó. Diez años después otra mujer (pero poderosa) en uno de los momentos de debilidad de Don Julio y su control de la AFA, le ofreció un salvavidas en forma de cheque en blanco que llamó “el rescate de los goles desaparecidos” Este recuerdo de una mujer, Florencia, que desafió a Grondona contrasta con el de la mujer, Cristina, que lo sostuvo hasta su final. El camino iniciado por Florencia tuvo continuadoras, hoy Gisella Trucco es juez de línea, en Uruguay Claudia Umpiérrez y en México Virginia Tovar han dirigido partidos de primera y el año pasado debutó Bibiana Steinhaus dirigiendo Hertha Brerlín – Borussia Mönchengladbach de la poderosa Bundesliga.

Esta historia de una mujer luchando por cumplir una actividad dentro del inverso del fútbol masculino (el arbitraje) en dónde la fortaleza física no es determinante porque no compite directamente, es una muestra de machismo imperante en el universo deportivo y de la lucha por superarlo. Pero el punto más importante es que las mujeres también juegan al futbol, y cada vez más. No comenzaron ahora. Pasaron más de 120 años desde el primer partido de fútbol que disputaron mujeres según los archivos de la FIFA. Organizado por el British Ladies Football Club en Londres, en1895. Pero ese inicio promisorio no tuvo continuidad. El fútbol fue alejándose de las mujeres (a pesar de la disposición de éstas a practicarlo y disfrutarlo) al punto que en 1941 el gobierno brasileño prohibió que las mujeres practicaran deportes por ser “incompatibles con su naturaleza” y en 1955 la Federación Alemana de Fútbol prohibió la práctica de fútbol femenino por considerar la combatividad del deporte como contraria a la naturaleza de las mujeres. Recién en 1979 y 1970, respectivamente, levantaron el veto. Hoy se calcula en un millón las mujeres que juegan al fútbol en Argentina y la FIFA tiene registradas como jugadoras federadas a 30 millones de mujeres. En las canchitas de alquiler es habitual ver partidos e incluso campeonatos de fútbol femenino no federado con más de una década de disputa, como Gambeta Femenina, o Lady Futbol entre tantos, que reúnen centenares de equipos por torneo. Además de numerosos emprendimientos que trascienden lo meramente futbolístico como La nuestra en la Villa 31, Futbol a lo femenino o la Asociación Femenina de Fútbol Argentino. Es un universo vivo y creciente. Pero es necesario pensar, como en todo lo social, hacia dónde va.

Los países más exitosos en las competencias de fútbol femenino son EEUU, Alemania y los países nórdicos. Entre 1991 y 2015 se disputaron 7 mundiales, EEUU ganó 3, y llegó a semifinales en todos, Alemania 2 campeonatos y 5 semifinales, Noruega un campeonato y 4 semifinales y Suecia logró tres semifinales. Brasil, que ganó 7 de los 8 campeonatos sudamericanos, apenas rasguñó un segundo y un tercer puestos en mundiales. Salvo Alemania ninguno de ellos ocupa un lugar destacado en el fútbol (masculino) mundial. Las selecciones de Nueva Zelanda, de Dinamarca y de Noruega han logrado la equiparación de ingresos con las masculinas. Pero no puede eludirse que se trata de selecciones masculinas muy poco relevantes y la equiparación se realiza con la base de contratos relativamente bajos. Nada de esto sucede en cambio en Alemania, a pesar de ser la mejor selección del mundo. Un caso de otra índole es el de EEUU, allí un desarrollo muy lento de la liga de futbol profesional masculina (compite con otros cuatro deportes de equipo muy instalados, con mucha historia y popularidad) contrasta con un sistema de promoción escolar del fútbol femenino establecido desde hace años que da sus frutos. Ya en el nivel universitario (clave en la estructura del deporte profesional estadounidense) hay 1500 universidades que cuentan con equipos de fútbol femenino. Generaciones de mujeres que se educaron jugando al fútbol constituyen un público (y un mercado) potencial. El único país dónde una mujer futbolista logra (con los contratos comerciales) ingresos de 3 millones de dólares es EEUU, pero reúne condiciones particulares: su relación conflictiva con la FIFA, su esquema de formación escolar e igualitaria de deportistas mujeres (title XI) y su mercado.

En términos generales los datos de la brecha salarial multiplican lo que ocurre en cualquier otro ámbito de la vida social: “el contrato de Neymar con el PSG del 2017 es de 36,8 millones de euros equivale al sueldo de las 1.693 futbolistas de las siete principales ligas de mujeres del mundo” De conjunto:

“las 12 ligas deportivas para hombres mejor pagadas en el GSSS comprenden 7,265 jugadores en 257 clubes en seis deportes en 10 países en tres continentes. Estos incluyen atletas de las «cuatro grandes ligas» de Norteamérica en baloncesto, béisbol, hockey sobre hielo y fútbol americano; de las «cinco grandes» divisiones de fútbol europeo en Inglaterra, España, Italia, Alemania y Francia; de cricket en la IPL en India, de fútbol en la CSL en China y de béisbol en el NPB en Japón. En conjunto, ganan £ 15.7 mil millones a un promedio de £ 2.16m cada uno, por año. El informe analiza las condiciones y los salarios en una docena de las ligas de mujeres equivalentes más cercanas que comprenden 2,461 jugadores en 129 clubes en seis deportes en ocho países en tres continentes. En conjunto, ganan £ 52.7 millones a un promedio de £ 21,427 cada uno. En diversos deportes en diferentes naciones y culturas, ese grupo de hombres en deportes de equipo de élite están ganando 101 veces la cantidad de mujeres de élite”i

La trayectoria de la mejor jugadora a nivel internacional nos ilustra de varios aspectos de la desigualdad. Marta Vieyra Da Silva, “Marta”, nacida en Brasil en el estado de Alagoas en 1986, ganó el FIFA World Player 5 veces consecutivas entre 2006 y 2010 y el The Best de FIFA en 2018, alternándose con Carli Lloyd de EEUU en la cima de este reciente premio con un primer y un segundo lugar para cada una en las tres veces que se entregó. Pero la diferencia es que mientras en sus 20 años de carrera Carli sólo jugó unos meses a préstamo fuera de su país (en el Manchester City) en los 19 años de carrera de Marta 15 fueron lejos de su país, en Suecia y EEUU. Las potencias del futbol femenino no son las mismas que en el masculino. Uno de los clubes suecos en los que jugó Marta marcó el cenit de un contrato para una mujer futbolista, los 300 mil dólares mensuales que ganaba en el Tyreso, pero este club, luego de disputar y perder la Liga de Campeones contra el Wolfsburgo se declaró en quiebra y fue descendido a la cuarta categoría. Aún siendo de las ligas top del fútbol profesional femenino los 12 estadios en que se disputó la última temporada tenían capacidades menores a 15000 espectadores (el Behrn Arena del KIF Örebro DFF con 14.500 butacas es el mayor) mientras que los 12 estadios más grandes de fútbol sueco masculino tienen una capacidad de entre 15 000 y 54 400 lugares) Lo desplegado hasta aquí es la forma rezagada que adopta el desarrollo del futbol profesional femenino incluso en los países de la elite.

Pero este desarrollo tiene un hito crucial en el año 1991. En ese año la FIFA dispone la disputa de campeonatos de fútbol femenino de carácter internacional. Es el año en que comienzan a disputarse los campeonatos continentales y el mundial femenino, mientras las confederaciones continentales disputan sus campeonatos masculinos desde mucho antes (1916 Sudamérica, 1927 Europa, 1957 África) y el mundial desde 1930. En los años 1970 y 1971 se organizaron los dos primeros mundiales femeninos (al segundo concurrió una selección argentina) pero no con la FIFA como entidad organizadora. Luego no se organizaron torneos hasta 1991. Es decir que si a mitad del siglo XX las asociaciones proscribían el futbol jugado por mujeres al entrar la última década del mismo se “adueñan” de él y lo organizan desde arriba. Pero el fútbol femenino no es producto de la FIFA sino que la FIFA, las confederaciones y los grandes clubes se anticipan a los probables negocios que este surgimiento puede producir, se lo apropian y lo estrangulan.

Este negocio no puede seguir los caminos del futbol masculino sino que desde el comienzo es atrapado por las condiciones de los grandes capitales. El futbol masculino surgió de pequeños agrupamientos barriales, en metrópolis en expansión, que rápidamente se transformaron en clubes con recaudaciones crecientes y deportistas rentados. La conformación de una sola asociación del futbol por país no fue un proceso sin sobresaltos ni contradicciones, ni tampoco la hegemonía absoluta de la FIFA a nivel mundial como lo testimonia la liga rebelde de Colombia en los comienzos del 50. En este desarrollo desde lo amateur y barrial a lo profesional e internacional transcurrieron más de 100 años de continua evolución, es decir de continuo crecimiento, institucionalización y concentración. Ese es hoy un camino irrepetible, simplemente porque los clubes deportivos y la trama que los une a nivel nacional e internacional ya existe. El negocio del deporte profesional ya posee un desarrollo (paralelo al desarrollo del capitalismo) que no puede obviarse. Desde hace décadas que no surge un club de fútbol importante, y los que se arriman a algún logro con nacimientos recientes no recorren el mismo camino (como es el caso del RB Leipzig montado con los capitales millonarios de Red Bull sobre los restos de un club de la ex RDA que descendió varias categorías luego de la reunificación).

Un ejemplo de cómo la FIFA y las confederaciones, es decir los que gestionan el negocio del fútbol a nivel global, no se permiten dejar escapar posibles buenos negocios es el de los e-sports, juegos electrónicos que se basan en deportes. ¿Cómo lo hacen? A partir de su capacidad instalada y su mercado.ii Son juegos digitales, de consola, pero en todo el apartado de los juegos que imitan partidos de fútbol, las empresas del fútbol profesional mete la cola. Este año se organiza el primer campeonato de e-fútbol bajo el paraguas y el formato de la Premier League. Los clubes por otra parte negocian la utilización de sus nombres y colores. En Argentina mientras que la mayoría de los equipos de primera aparecen en el FIFA 19, Boca Juniors negoció sus derechos de imagen con el rival, Pro Evolution Soccer 2019. Dónde hay un negocio potencial ligado de alguna manera al fútbol, sus protagonistas actuales e históricos hacen valer su poder. De manera que luego de vetada su posibilidad de jugar al fútbol, las mujeres encuentran ahora que deben hacerlo bajo la tutela de los mismos que antes las rechazaban. Un siglo atrás los muchachos se encontraban en la posición de encontrar un nombre a lo que estaban creando, el nombre que los identificaría en adelante. El fútbol femenino se cobija bajo los nombres de clubes ya existentes. Salvo los nombres de los seleccionados de ligas regionales que adoptan nombres impensables en el mundo masculino (Las Bonitas de La Plata o Las Mariposas de San Juan) el de algún sponsor exclusivamente femenino (Formas Íntimas, campeón colombiano que porta el nombre de una marca de ropa interior) los nombres son los elegidos por esos muchachos soñadores del 1900. La excepción quizás sea el amenazante Medea de la liga cordobesa. Un extremo de esa subsidiariedad es que, por ejemplo en esa misma liga de Córdoba, los equipos femeninos descienden si su par masculino lo hace aunque ellas salgan campeonas.iii

De manera que el negocio del fútbol existente se apropia del fútbol femenino naciente. Veamos cómo. Ya vimos que en 1991 la FIFA le impuso a sus filiales que “le hagan lugar” al fútbol femenino en la instancia de los eventos ecuménicos. Si tenemos en cuenta el cambio en las proporciones de los ingresos que se viene dando a partir de esa década está claro que el peso determinante en las negociaciones económicas, es decir en la forma de financiar la actividad, pasa por las federaciones y no por los clubes. Al disminuir el ingreso por espectadores- socios, y aumentar el de televisación (y el sponsoreo que se encuentra ligado a ella) crece el poder negociador de las asociaciones (el “bonapartismo” de Grondona al frente de la AFA se explica sobre todo por esta tendencia creciente durante su mandato) Cualquier sponsor va a acudir con más seguridad a la FIFA con quien tiene muchos tratos que a una naciente asociación femenina.

Eso no sería problema, pero lo será cuando veamos que significa que el fútbol femenino ve impedida la posibilidad de un desarrollo similar al que tuvo el masculino. Las diferentes fases de éste (amateurismo, amateurismo marrón, fútbol profesional, fútbol profesional globalizado) no pueden recorrerse nuevamente sino que el fútbol femenino es “adoptado” por la FIFA exigiéndole una madurez inmediata. Hay una serie de condiciones impuestas para que las redes de la multinacional lo incluyan.

A partir de este año los clubes deberán obtener una licencia como requisito para participar en las copas internacionales del año que viene, para el próximo año todos los de la Superliga y al año siguiente los del Nacional B y en el 2021/22 la Primera B Metro. Esta licencia la otorga la AFA con supervisión de la Conmebol y la FIFA, y exige una cantidad de requisitos de infraestructura, administrativos, jurídicos y financieros. Una especie de VTV del fútbol profesional. Tendrán que tener un programa de juveniles, con personal e infraestructura propios, controles médicos y seguros de salud. Al menos dos equipos en la franja entre los 15 y 21 años, y uno entre los 10 y 14 años. El personal deberá contar con títulos habilitantes (entrenadores, ayudantes de campo, preparadores físicos) e incluir los correspondientes profesionales de la salud. Los estadios cumplir con las condiciones exigidas a cada categoría como así también las instalaciones de entrenamiento. Y entre algunos otros requisitos deberá “contar con un equipo femenino, con al menos una categoría en inferiores con los mismos requisitos que los juveniles; una oficina de prensa en el estadio; un oficial de seguridad; un responsable de marketing; un enlace entre los directivos y los socios; un registro on line para registrar altas y bajas de jugadores y técnicos”iv

El veredicto es categórico: no hay lugar para las PyMEs en el multimillonario negocio del fútbol. Hay una cantidad de riqueza en aumento para repartir pero entre un número decreciente participantes. Aquellos que logren estar a la altura del espectáculo globalizado. Se les exige una estructura de divisiones inferiores y de fútbol femenino. Es claro que se intenta proteger el futuro del negocio. Pero la realidad indica que esta disposición, en las condiciones actuales, está lejos de poder ser satisfecha. La primera división del fútbol femenino de la AFA nació (de prepo como ya mencionamos) en 1991 con sólo diez equipos. Cayó en manos de los grandes desde su nacimiento. De los 41 torneos Boca ganó 23 y Ríver 11 y San Lorenzo 2. La potencia emergente de los últimos años es UAI Urquiza el equipo de una universidad privada que le compró la plaza a un viejo club. Casi 30 años después hay dos divisiones con apenas16 y 22 equipos. De los 28 equipos de la Superliga sólo 12 tienen un equipo femenino en alguna de las dos categorías. Además de la Universidad Abierta Interamericana, la UBA también tiene equipo en la división B y dos sindicatos, Camioneros y SATSAID (ambos compiten en categorías del ascenso en la AFA).

Mencionamos anteriormente la selección argentina que disputó el mundial “fantasma” de 1971. La selección argentina de fútbol femenino tuvo el año pasado que plantarse ante la AFA. En nuestro país no hay ningún equipo femenino profesional de fútbol, tampoco lo es la selección. Sólo cobraban un viático de $150 pesos por entrenar en Ezeiza, luego de dos años de inactividad, dos años sin entrenamientos ni partidos. Amenazaron con parar los entrenamientos, un camino que ya habían recorrido sus colegas de Dinamarca con un categórico éxito, la equiparación. Incluso para presentar la camiseta con la que disputarían la Copa América (clasificatoria para Panamericanos, JJOO y Mundial Francia 2019) la AFA eligió a la modelo Alexia Ortiz Basualdo y no a una jugadora. La maltratada selección, sin apoyo, sin dinero, sin reconocimiento fue a Chile y logró el tercer puesto (detrás de Brasil y las locales) y definirá una plaza al mundial con la cuarta clasificada de la Concacaf. Las figuras de Argentina no juegan aquí: Vanesa Santana, en Colombia, Soledad Jaimes, en China y Estefanía Banini, en la liga estadounidense, la más competitiva del mundo, todas ligas profesionales. La imagen del torneo fue la del equipo argentino posando antes de comenzar el primer partido de la fase final haciendo el Topo Gigio de Riquelme: las manos en las orejas pidiendo ser escuchadas.

El año pasado por primera vez se incorporaron tres mujeres al Consejo Federal de la AFA, que rige todo lo referente al futbol profesional del interior. La AFA tiene clubes afiliados directos y clubes afiliados a las ligas del interior que están a su vez integradas a la AFA, el Consejo Federal es el que se ocupa de ellos. La primera tarea que encararon fue un censo de ligas femeninas en el interior. De 220 ligas de fútbol masculino, sólo hay 37 con disputa de campeonatos de fútbol femenino. El Consejo Federal organiza un torneo nacional que ya disputó su cuarta edición. El tricampeón, Tucumán, no pudo defender su título (que ganaron Las Bonitas de La Plata) porque un cambio de sede de San Juan a Trelew hizo imposible que pudieran costearse el viaje. Esta triste manera de perder un título nos permite entender lo que sucede. Vayamos a Mendoza, la liga de las subcampeonas y sede del próximo campeonato. El torneo Clausura, a punto de iniciarse en estos días, casi pierde la mitad de sus competidores. La razón fue el aumento de las planillas. La planilla es la forma en que se llama a los pagos que los equipos hacen por árbitros, asistentes, premios, seguros, gastos administrativos, etc. en cada partido. La suma que hizo dudar de la participación a los clubes era de $3500.- El conflicto se destrabó momentáneamente por un sponsor que posibilitó reducirla a $2700.- Sin embargo subsiste otro debido a que la liga pretende que haya una edad mínima para jugar en primera de 16 años. El punto es que no hay jugadoras de esa edad para conformar los equipos, que están poblados de chicas menores. La goleadora del torneo apertura tiene 14 años. Se le exige más de lo que este naciente universo está en condiciones de dar. La respuesta lógica sería que los clubes poderosos lo solventen pero sucede que eso es posible para los grandes cubes, los pequeños cargan sobre sus deficitarios balances un nuevo costo (y si no lo hacen pierden la posibilidad de futuros ingresos) La voracidad de los grandes es tal que no paran de hacer lobby para que se vete la ley 27211 de derechos formativos del año 2015, que obliga a pagarles un porcentaje a los clubes en los que los jugadores se formaron cuando efectúan sus contratos ulteriores. De hecho los obligan a recurrir a la justicia para reclamarlo, como en el caso de Unión Totoras con Ríver o Bochófilo Bochazo con Estudiantes. De prosperar la intención de cambiar la ley avanzará un paso más el movimiento de concentración y centralización de los capitales deportivos.

El fútbol masculino creció de a poco y a medida que fue creciendo se fue transformando en un monstruo que se devora a sí mismo, el fútbol femenino si quiere integrarse en esta estructura debería ser un monstruo desde el nacimiento. Es decir un espacio para pocos que degrade y excluya a las mayorías. En este año hubo una batalla campal en un partido de la liga cordobesa entre las jugadoras y otra trifulca entre los barras de San Lorenzo y Huracán mientras se jugaba el clásico femenino de futsal. Las pensiones dónde están alojados los adolescentes de las inferiores son periódicamente noticia por abusos. El futbol masculino contagia…su podredumbre. Si lo que se busca es que alguna de las millones de jugadoras llegue a transformarse en un burgués como los empresarios hoteleros Cristiano Ronaldo (Pestana CR7) o Lionel Messi (Messi i Majestic) o como Gerard Piqué (reformador de la Copa Davis a través de su empresa Kosmos) eso es posible. Ya algunas jugadoras en EEUU ganan un par de millones. Pero no le dará un lugar al naciente y multitudinario movimiento de mujeres que quieren jugar al futbol. Los clubes privilegiando el negocio las expulsarán necesariamente. Si no privilegian el negocio, sucumbirán económicamente.

El cruce de capitalismo, género y deporte es muy útil si se lo utiliza para iluminar la dinámica compleja de la lucha feminista y las condiciones del capital. La lucha feminista ha logrado penetrar en un bastión machista y conmoverlo, no hasta los cimientos porque aún hoy queda mucho terreno por ganar. Pero esa lucha al limitarse en los marcos de la acumulación de capital no puede superar la tendencia a la concentración por un lado, a la desigualdad por otro, y finalmente a la pauperización y desaparición de muchos de los proyectos que esa misma lucha promovía. Las chicas del interior se enfrentan al machismo imperante pero a poco de conseguir algún logro se enfrentan con las relaciones capitalistas y queda en evidencia el punto dónde el capital se sirve del machismo, como se sirve del racismo u otras opresiones. Para las jugadoras de elite hay alguna chance, pero para la mayoría los abismos son insuperables bajo la lógica mercantil porque sólo aboliéndola podría pensarse en condiciones distintas a la actual dónde la posibilidad misma de jugar está en entredicho.

Trabajosamente, con lucha y dolor (porque nada se les ha regalado) las mujeres avanzan conquistando derechos. La primera mitad de esta nota da cuenta de ello. A la vez esos derechos se estrellan contra un sistema social que gira en torno a la acumulación de capital y por lo tanto de la exclusión de los beneficios de lo producido para la mayor parte de los productores. El feminismo necesita plantarse frente al capital para que sus conquistas sean para todas.


Notas

i https://www.sportingintelligence.com/2017/11/26/oklahoma-city-thunder-no1-earners-in-sport-as-gender-gulf-endures-261101/

ii Algo similar se puede ver en la relación de las tabacaleras y los dispositivos para dejar de fumar. https://www.americaeconomia.com/negocios-industrias/vapor-cool-el-imperio-de-las-tabacaleras-contraataca

iii http://mundod.lavoz.com.ar/futbol/las-jugadoras-de-futbol-de-cordoba-y-un-solo-reclamo-igualdad

iv https://www.diariopopular.com.ar/futbol/cuales-son-los-requisitos-que-impondra-la-fifa-ascender-y-clasificar-las-copas-n316458

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