Que se vayan todos… Elecciones primarias en los Estados Unidos.

Fabián Harari

Laboratorio de Análisis Político – CEICS

En el 2009, Estados Unidos tendrá el primer presidente negro de toda su historia, o la primera mujer, o tal vez haya una sorpresa y, entonces, será el más anciano. Los tres constituyen una rareza. No ha quedado en pie ningún candidato que cumpla el perfil de hombre de la Casa Blanca que predominó por casi dos siglos y medio. Barak Husein Obama es un afroamericano con nombre musulmán (como su padre) que nació en Hawai y vivió en Indonesia. Hillary Clinton es católica y es mujer. Por último, John McCain, el señor de las papas fritas: un excéntrico sin perspectivas serias que vivió fustigando al conjunto de la política y que es atacado como “demasiado demócrata para ser republicano”.

Las elecciones internas demócratas también marcaron un hito histórico. Se trata de las más concurridas, lo que expresa el elevado grado de politización que ha alcanzado la población. Las candidaturas no hacen más que acompañar un clima político particular. En el caso de los demócratas, se trata de dirigentes que personifican las aspiraciones de los elementos oprimidos: los negros y las mujeres. McCain, por su parte, representa un electorado más independiente. No olvÍdemos que ha criticado la política económica de Bush y acusó en el Congreso a Donald Rumsfeld. Es decir, pareciera que estamos presenciando un giro a la izquierda del electorado.

El Partido Republicano, por ahora, no tiene grandes perspectivas. El conjunto de la burguesía parece apostar a un triunfo demócrata, como vemos en el cuadro. Aún sectores históricamente renuentes al voto “liberal”, como el agro, las tabacaleras o el “transporte” (automotrices, navales y aeronáuticos) han incrementado los fondos destinados al partido opositor. Así, las primarias del Partido Demócrata parecen defi nir la elección. Será una mujer o un negro nomás…

El fuerte de Obama es su política exterior. Siempre se opuso a la invasión a Irak y planea retirarse en tres meses, aunque su proyecto contempla dejar algunas tropas. Es partidario de iniciar conversaciones con Irán y Cuba, independientemente de las sanciones. El cerebro en este campo, detrás del hombre público, es nada menos que Zbigniew Brzezinski, un histórico de Washington. Brzezinski fue el creador del “deshielo” que, al mismo tiempo, organizó a los ejércitos mujaidines en Afganistán, en 1979, con el objetivo de provocar una invasión soviética. Su principio es sostener una doble política: una diplomacia plural y una serie de operaciones clandestinas.

En cuanto a su propuesta económica, Obama se halla más cerca de los republicanos. Su propuesta frente a la crisis es similar a la que se está implementando: más recortes fiscales. Con una variante: entregar un subsidio a los pobres y jubilados de u$s 250 por mes.

Está en contra de un seguro de salud universal y plantea subsidiar sólo aquellos casos de población en riesgo. El hombre que diseña su política económica es Austan Goosbee, un Chicago Boy que supo tomar distancia, aunque no mucha, de la escuela de Milton Friedman. Formó parte de la cofradía Skull & Bones, aquella a la que pertenecieron padre e hijo Bush y tiene especiales vínculos con Wall Street. Según su punto de vista, el problema de la economía yanqui es el excesivo gasto y el escaso ahorro. Por lo tanto, propone que el 3% del salario de los trabajadores vaya a parar a un fondo de inversión.

Con todo, el gran candidato siempre fue mujer. Hillary había sumado casi el doble de fondos que su adversario. Las empresas apostaban a su triunfo y tenía a los sindicatos de su lado. Por ello, su apuesta estaba en los estados grandes: California, New York, New Jersey, Texas, Wisconsin, Florida y Ohio. Su eje principal es la economía local y las respuestas a la crisis. Su estandarte es el seguro de salud universal. Los fondos saldrían de la eliminación de los recortes de impuestos a los ricos. Con respecto a las hipotecas, Hillary está dispuesta a congelar los desalojos por 90 días y las tasas de interés por 5 años. Sus cerebros son dos viejos conocidos de la administración de su esposo: Robert Rubin y Roger Altman. El primero, codirector de Goldman Sachs, se hizo cargo del Citigroup a comienzos de noviembre, tras el anuncio de millonarias pérdidas. Rubin es considerado un “halcón” fiscalista, es decir, que está en contra de los recortes impositivos a las empresas. Al igual que Obama, quiere revisar el NAFTA y todos los tratados de “libre comercio”. Sin el apoyo sindical, sin una gran campaña de recaudación (hasta ahora), con pocas chances en los estados grandes, Obama se impuso. Hillary pierde cada vez más adeptos y ha comenzado a realizar jugadas desesperadas, como ridiculizar el discurso de su rival y acusarlo públicamente. Se comprende, la favorita era ella. Lo mismo podía decir Giuliani, y luego Huckabee. Las elecciones han comenzado un ciclo de radicalización y de ascenso de fi guras cada vez menos esperadas.

¿Cómo explicar que, ante la profundización de la crisis, la propuesta más conservadora triunfe sobre el tibio reformismo? Muy sencillo: la población comenzó a darle una lectura política a la catástrofe económica. En primer lugar, la debacle ha resignificado la derrota en Irak y la guerra es vista como una forma de gastar dinero a cambio de cadáveres en bolsas. En segundo lugar, Obama. Hillary es parte del personal político que gobernó en los últimos años. Obama es nuevo, joven, fue pobre y es negro. Hillary tiene como lema “Experiencia”. Obama, “Queremos un cambio”. El voto parece privilegiar un rechazo al conjunto de los gobernantes por sobre el programa concreto de quien aspira a encarnarlo. Estamos ante un proceso muy similar al que vivió los Estados Unidos a comienzos de los ‘70: crisis económica, fracaso militar y un giro a la izquierda. El 2008 ha dado inicio a una incipiente crisis política en la cuna de la democracia.

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