¿Qué pasa en el mundo? El fantasma del Argentinazo recorre Europa

Seguramente habrá visto en la tele o leído en los diarios noticias sobre la crisis en Italia y España. Cuando parecía que el movimiento de los “indignados” (¿se acuerda de las movilizaciones de 2011?) era ya cosa del pasado y que todo el problema en Europa era el Brexit y la salida de Gran Bretaña de la Comunidad Europea, la tierra de la mayoría de nuestros abuelos mostró que el sistema de gobierno se encuentra tambaleando e incluso en algunos casos han rodado cabezas. En esta nota vamos a repasar los dos casos más importantes.

En España acaba de caer el Presidente del gobierno, Mariano Rajoy, del Partido Popular (PP). ¿Por qué? Sencillamente por la sumatoria de una serie de hechos de corrupción, es decir, por meter la mano en el bolsillo de los laburantes. ¿Se acuerda de LHS nº 7 cuándo explicábamos que la corrupción era propia del capitalismo y no solo de los países del “tercer mundo” o “subdesarrollados”? Bueno, en concreto lo que sucedió es que el PP le cobraba cometas a los empresarios para saltarse las leyes que regulaban la construcción. A cambio de unos pesos, los capitalistas podían hacer sin problemas sus negocios inmobiliarios. Este fue el caso con más publicidad, pero hubo varios hechos más.

A ello se suma lo más preocupante para la burguesía: el aumento de las movilizaciones y reclamo de los trabajadores, ente ellos lo que nosotros llamamos colectiveros, los ferroviarios, controladores aéreos, etc., a la que se sumaban reclamos más generales por mayor presupuesto para educación, el fin de la precariedad, mejoras en el sistema de pensiones e incluso contra la sentencia a “la manada” ese grupo de niños bien que violó a una nena. En este clima, parte de la burguesía cerró filas y destituyó a Rajoy, para contener la crisis e intentar descomprimir el descontento en aumento.

En Italia el presidente Sergio Matarella, del Partido Democrático, no corrió la misma suerte que Rajoy, pero la está pasando bastante mal. A comienzos de este año, las elecciones legislativas lo dejaron en tercer lugar, lo que hace muy difícil gobernar y lo obliga a entrar en relaciones con el resto de los partidos opositores. Los grandes ganadores fueron los sectores de centroderecha con tendencias populistas y nacionalistas. Ellos proponen subsidios generalizados al desempleo, la expulsión de los inmigrantes y la defensa de la industria nacional.

Si se mira bien las elecciones, se trata de un escenario similar al que catapultó a Trump a la presidencia de Estados Unidos. Los triunfadores provienen de sectores que se presentan como “antisistema”, recogiendo el rechazado de los trabajadores a los “políticos tradicionales”, pero dándole una orientación nacionalista y, obviamente, que no se sale de los límites del capitalismo. Lo que intentan vender es que los problemas se solucionan puerta para adentro, echando a los extranjeros (trabajadores, obvio) y defendiendo los puestos de trabajo que nos dan los patrones locales (igual de explotadores, obvio).

¿Cuál es el panorama general entonces? Algunos partidos de izquierda dicen que “se vino la derecha” en todo el mundo, coincidiendo con lo que dice el kirchnerismo y todos esos movimiento que se presentan como de izquierda pero gobiernan por derecha (chavismo, lulismo, etc.). Esa idea lleva a que en lugar de luchar contra nuestro verdadero enemigo (el capitalismo), terminemos enfrentando a un gobierno que se pretende más derechista (Macri, para nuestro caso) en defensa de otro que se pretende más izquierdista (Cristina). Sin embargo, usted lo sabe porque lo vivió y lo explicamos también en estas páginas, tanto Cristina como Macri, tanto Lula como Dilma o Temer (para el caso brasilero), son dos caras de la misma moneda, son igual de ajustadores y represores.

Lo que estamos viendo, en realidad, es un escenario parecido al de la Argentina que parió el Argentinazo: un descontento generalizado de la clase obrera contra todos los políticos que gobiernan. Lo que genera la falsa imagen de una “derechización” es que ese enorme descontento no encuentra una herramienta para intervenir en la política con sus propios intereses. Es decir, no hay un partido revolucionario que ofrezca una alternativa real para los trabajadores y que proponga una sociedad completamente diferente a la capitalista, el Socialismo.

Para que esta oportunidad no termine como el Argentinazo, hay que tener claro cómo actuar. Hay que recuperar nuestra consigna: ¡Que se vayan todos! No queremos que nos gobiernen los que nos vienen gobernando hace siglos. Ya todas sus variantes mostraron lo que pueden dar, y no es nada bueno para nosotros. Para no ser derrotados esta vez, hay que poner en pie un gran partido revolucionario que luche por una vida que valga la pena vivir. Esa que solo podemos conseguir en el Socialismo. Un camino para seguir no solo por nuestros compañeros italianos o españoles, sino para nosotros mismos, aquí y ahora.

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