Propuesta indecente. Un análisis de la “Música de propuesta”, de Raly Barrionuevo, a partir de su último trabajo Ey paisano.

Por Cintia Baudino

Grupo de Investigación del Arte en la Argentina e integrante de e integrante de Río Rojo – CEICS

A Raly Barrionuevo se lo conoce como el músico progresista y combativo del folclore actual. Nacido en Santiago del Estero, se reivindica como un artista con interés y preocupaciones por “la sociedad” y “sus problemas”. Suele hacer declaraciones en defensa de los derechos humanos y participa de actividades con movimientos como el Mo.Ca. Se. (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) y la agrupación H.I.J.O.S. Asimismo, le dedicó una canción al Che Guevara y manifestó ser un “activista de

la conciencia”. Con su “fusil remontado en el corazón”, Raly plantea que “política hacemos todos al caminar”, como suele decir en entrevistas e inclusive en sus canciones. En el mismo sentido, en iró- nica oposición a aquella “música de protesta” muy propia de los años setenta, suele declarar: “No me siento un cantante de protesta, en mis temas apuesto a las propuestas”.1 Siendo un artista convencido –como nosotros- que el arte forma parte de la lucha de clases, analizaremos qué nos propone en Ey Paisano, su último disco.

Trayectoria

Barrionuevo comenzó su carrera como músico de Peteco Carabajal. Grabó su primer disco -El principio del fin- en 1995. Ya en el año 2000 editó Población Milagro, con la pre-producción de León Gieco. Se sucedieron, entonces, varios premios: en el 2001 en el Festival Internacional de Viña del Mar (Chile) a la mejor canción; en el 2002 fue nombrado Consagración del Festival Nacional de Folclore Cosquín. En el 2003 realizó el espectáculo La juntada, junto a Peteco Carabajal y el Dúo Coplanacu. Llegamos al 2004, cuando lanzó Ey Paisano, bajo la dirección y producción de Luis Gurevich, artista de larga trayectoria de trabajo junto a Gieco. Compuesto por diez canciones propias y cinco de otros autores (Leo Dan, Los Hermanos Abalos, Horacio Banegas y Fortunato Juá- rez), el folclore argentino es lo que prevalece en todo el disco, si bien se suman fusiones de candombe y hip hop. Salvo por las dos primeras canciones, el clima general de la obra es de una gran tristeza, dada por las melodías y armonías en tiempo lento y en modo menor. Los temas en su mayoría son muy simples y el grado de desarrollo musical es mínimo. Se trata de zambas, chacareras, gatos y escondidos de estructuras sumamente tradicionales y con poco vuelo tanto literario como musical. Barrionuevo tampoco se destaca vocalmente, tiene un estilo pop muy usual en los cantantes de folclore de los últimos años post Nocheros. Su voz y estilo carecen de personalidad. Usando muy pocos recursos, abusa de ellos, como el continuo vibrato que torna muy chatas y monótonas las canciones. Un mal manejo de matices le hace desaprovechar los colores de su voz. Al escribir sus propios temas, se excede en metáforas de poco vuelo poético, repite imágenes y lugares comunes alevosamente sensibleros, así como apela al grotesco para impactar. Cabe destacar el arte de tapa que nos remite directamente al estilo estético de los discos Clandestino o Última estación esperanza, de Manu Chao (Población Milagro es un buen título en esa línea). Nuevamente premiado, recibe con este material el Carlos Gardel como mejor álbum de artista masculino de folclore.

Paisano K

Su último trabajo comienza sin titubeos: el primer tema Oye Marcos traza un paralelo entre México y Santiago del Estero; invita al subcomandante a visitar a los campesinos del Mo.Ca.Se. y al dirigente de ese movimiento, Roque Acuña. Tiene un clima festivo, un ritmo latinoamericano for export al mejor estilo Fruta fresca, de Carlos Vives. Guitarras de sal es una chacarera, que nos recuerda a Ojos Negros, de León Gieco. Con formación de guitarra, bombo y guitarra eléctrica, tiene una melodía profundamente triste, pesada, de clima un tanto lúgubre. De fondo hay una grabación de una conversación entre dos viejos de campo. La canción que da nombre a este disco, Ey Paisano, tiene ritmo de chacarera pero con la novedad de que la letra es rapeada. Este tema empieza con un trompe, instrumento característico de la música mapuche. La guitarra arpegia constantemente el mismo acorde durante las primeras estrofas, luego sube la intensidad en el estribillo. Aquí Raly nos propone “recuérdate los niños del Afganistán, los asesinos sueltos de Kosteki y Santillán, los muertos que el sistema le vende a la prensa, los 30.000 hermanos que nunca regresan”. Acordeón, percusión y guitarras aportan mucha fuerza a un tema, a esta altura, muy emotivo. La canción termina como empezó, con el trompe. “Política hacemos todos al caminar”, dice. Sin embargo Raly no encontró culpables por el camino, ni busca la explicación de lo ocurrido. Solamente propone no olvidar, como si el recuerdo, por sí mismo, transformara las cosas. Aún así, nuestro músico parece haber “olvidado” que quienes asesinaron a aquellos militantes son hoy funcionarios de gobierno. Una memoria estilo K: se repudia al fenómeno pero no a la clase que lo llevó adelante. Niña Luna es el gran acierto formal del disco. Cantada junto al uruguayo Jorge Drexler, es un aire de candombe; simple, cálido y bien logrado. Nostálgica, habla de la vida recorrida bajo esa “luna compañera”. Empieza con una guitarra eléctrica, arpegiando dulcemente, luego entra la percusión muy suave junto al bajo. La participación de Drexler transforma el tema en el más bello del disco; varía y frasea la melodía con mucha naturalidad. Tu estrella -referida al Che Guevara-, es una chacarera poco usual: la instrumentación es guitarra con distorsión, bajo, batería y voz. En este tema, Barrionuevo se anima con un riff bien rockero, duro, generado por la utilización de acordes por quintas. Zamba por vos, la más que conocida canción del uruguayo Alfredo Zitarrosa, aparece luego con la participación de León Gieco Los arreglos vocales son muy sencillos: terceras y sextas. El tema está pensado en un estilo tradicional, armónica y melódicamente. Lo único que le aporta variedad es la voz de León, que es poco frecuente en el folclore y la saca de los lugares comunes. La chacarera del Mishki Mayu de los hermanos Abalos es cantada junto a Peteco Carabajal. Una tradicional chacarera santiagueña, con guitarra, bombo y piano. Su temática, infaltable dentro del cancionero argentino, tiene un contenido regionalista. Le canta a su pago, en este caso, Santiago. El tema desarrolla un carácter aguerrido y alegre al llegar al estribillo, bien al estilo Carabajal.

Una cuestión de fe

El disco ostenta un carácter profundamente religioso. Abundan alusiones positivas al catolicismo: redención, manos sangrantes, oraciones, ángeles, altares, rezos, milagros… Asimismo, encontramos canciones de religiosidad explícita como Mañanas de Navidad y Madre del Rosario. Este último, un gato tradicional que cuenta la peregrinación de los promesantes hacia esa “milagrera mujer”, que curaba a los paisanos, a pesar de ser “cieguita”. Tema festivo, el acordeón aporta contracantos y el ritmo es rápido. En El guajchito Barrionuevo llega al éxtasis del misticismo. Se trata de un gato tradicional con letra y música de Fortunato Juárez. La canción esta escrita en primera persona: un niño pobre, huérfano al nacer y que trabaja desde muy chiquito en el campo. “Aguerrido a la pobreza y por mil soles curtido…” dice de sí este guachito, y sin embargo “me siento feliz viviendo en estos montes floridos”.

Este tema elegido por Raly ni siquiera se acerca a la música de protesta de la cual reniega. Opta por un remedo católico y reaccionario de aquel Niño Yuntero de Hernández y Serrat, que lejos de sentirse feliz entre las flores, declara con sus ojos al mundo “que por qué es carne de yugo”. Es cierto al fin: Barrionuevo no protesta, propone la reivindicación del sufrimiento al mejor estilo Cáritas y su “felices los pobres”… Desde un ángulo supuestamente provocador (“yo no protesto, propongo”), Barrionuevo encarna el discurso post Argentinazo de los intelectuales que se asociaron al régimen, con el argumento de que el rol del intelectual es elevar proyectos para sacar al país de la crisis y no la obstaculización inconducente. El problema aquí comienza ya en el mismo enunciado, en su carácter excluyente. Si no protesta, es porque ya no tiene razones para ello: todo va esencialmente bien así, sólo faltan algunos cambios. Un reformismo con gorrita autonomista es su oferta final.

Para Raly pareciera importante la reivindicación del mito, lo místico, lo regionalista, territorial y de los tipos populares que se encuentran lejos de las estructuras de poder. En este sentido, no es gratuita su identificación con Manu Chao y el subcomandante Marcos: Raly sueña hacer de Santiago del Estero un nuevo Chiapas. El populismo propio de aquellos que reivindican el atraso ideológico bajo el nombre de “saberes del pueblo”, hace que se impregne de religiosidad todo el disco. No sólo superficialmente (desde aquellas canciones que hablan de la fe), sino más profundamente, en la concepción del martirio como salida que se desprende de canciones como El Guajchito, o aún de las dedicadas al Che. El apoyo a movimientos como el Mo.Ca. Se. e H.I.J.O.S., más allá de su incidencia en la lucha de clases, demuestra la opción autonomista por las “nuevas formas de organización”, renegando de los partidos de izquierda. Recordemos que se trata de dos movimientos que se desempeñan bajo el patrocinio gubernamental. Por lo tanto, la novedad organizativa sería, para nuestro artista, la defensa del gobierno.

Una revolución muy curiosa.

Un artista surgido de la renovación “míticamística” de la chacarera producida en la década del noventa, de la mano de los Carabajal, Jacinto Piedra, MPA, los nuevos “profetas” de la chacarera y de sus quichuistas ancestrales. A su vez, ahijado musical de León Gieco, el gran referente de músico comprometido de la memoria kirchnerista. De la mano de éste último, el mentor de la chacarera mítica, Peteco Carabajal, hoy es Director de Cultura de Santiago del Estero. Más que a la casa de Acu- ña, Marcos visitará a Peteco en su oficina en el ministerio. Barrionuevo no protesta, se propone -como Kirchner y Carrió- como luchador contra “la puta corrupción”, con el fusil remontado en el corazón, como “guerrillero del amor”. Como diría Divididos, “hace que hace, y no hace”. Su “aporte” no es más que la defensa del statu quo. Raly intenta convencernos de aceptar la propuesta kirchnerista: abandonar nuestras convicciones por un có- modo puesto en un régimen que, por ahora, tiene para repartir. Casi un calco de aquella que Robert Redford le ofrecía a Demi Moore en aquel famoso film, cuyo título da origen a este artículo.

Notas

1 Diario La Capital, Córdoba, Argentina, noviembre 2004.

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