Postrados El 1ro de Mayo del Frente de Izquierda y de los Trabajadores

Este 1ro. de mayo asistimos a una escena que, por repetida, no deja de ser siempre sorprendente: en el transcurso del día se desarrollaron al menos ocho actos protagonizados por diferentes organizaciones de izquierda. Un hecho claro y concreto que pinta de cuerpo entero a la izquierda argentina actual, extremadamente fragmentada e incapaz de alcanzar la mínima unidad de los revolucionarios en el día internacional de lucha del proletariado mundial.

El FIT se dio cita en Plaza de Mayo para levantar una tribuna en la que desfilaron tres dirigentes por cada fuerza, a razón de una representación por referente de género, referente sindical y referente político. Así hicieron uso de la palabra Mercedes Trimarchi (IS), Romina del Pla (PO), Myriam Bregman (PTS); Rubén “Pollo” Sobrero (IS), Alejandro Crespo (PO), Claudio Dellecarbonara (PTS); y, Juan Carlos Giordano (IS), Néstor Pitrola (PO) y Nicolás del Caño (PTS). El cierre le correspondió al “joven Nico”, a título de no se sabe qué, habida cuenta de que había allí importantes referentes que condensaban en su propia persona una trayectoria de lucha sindical y política notablemente superior.

Nueve representantes por tres fuerzas con idéntico programa que conviven en un mismo frente, no hacen sino volver repetitivo y tedioso un acto que, en virtud de lo que conmemora, podría haber tenido otro formato. Por caso, una buena opción hubiese sido darle voz a todas las luchas en curso que, como varios oradores señalaron, estaban allí presentes -como el Posadas o el INTI- u otros que no lo estaban pero quizás podrían haberlo hecho si se les ofrecía la tribuna -como los mineros de Río Turbio o los trabajadores de Ferrobaires-. No es más que lo que oportunamente le pedimos a Moyano y compañía, y el puntapié para lo que todos repiten pero casi nunca emprenden: la unidad y la coordinación de las luchas.

En cuanto a la asistencia, parece haber sido uno de los actos más raleados que protagonizaron los tres partidos del FIT en conjunto. Se cubrieron solo dos cuadras de Avenida de Mayo. De haber estado habilitada la Plaza, habría quedado notoriamente grande. Lo llamativo, como siempre, es el escaso poder de movilización incluso en los sindicatos que la izquierda dirige. No se vieron grandes columnas ni del SUTNA ni del Sarmiento ni de los sindicatos docentes. A ello debe sumarse el hecho de que FIT ha despreciado a todas las organizaciones que en algún momento le mostraron apoyo, motivo por el cual más allá del PO, PTS e IS solo asistió un puñado de militantes de Venceremos y nosotros. Con todo, lo más importante a examinar es el contenido del acto.

Se viene la derecha, se viene

Los tres partidos, a través de sus diferentes representantes, coincidieron en señalar una coyuntura internacional (y más específicamente latinoamericana) signada por el avance de la “derecha”. Bregman trazó un hilo de continuidad entre la destitución de Fernando Lugo en Paraguay en 2012, la de Dilma el año pasado y el actual encarcelamiento de Lula. El factor común en todos ellos, sería la omnipresencia de la “Casa Blanca” y el “amo imperialista”. A renglón seguido, como siempre, agregó que el terreno fue abonado por los “nacionales y populares”, pero siempre dejando a entrever que son dos cosas distintas y no expresión de los mismos intereses burgueses. Aún sin golpe, la regla aplicaría a la Argentina, en tanto que la “Doctrina Chocobar”, el espionaje y la acción de las FF.AA. en represión interna mostrarían el carácter derechista de Macri. A la compañera parece que se le olvidó mencionar que todo ello ya estaba presente en el gobierno de Cristina. Pero para ella lo único que se le puede achacar a los “nacionales y populares” es ser “incapaces de terminar con la dependencia y el atraso, y enfrentar en serio al imperialismo.” Como siempre, todo aparece como una falta de honestidad y consecuencia de un personal político burgués más progresivo.

El PO, por su parte, no dijo nada muy diferente. Pitrola caracterizó “una ofensiva continental de una derecha que en Brasil con Temer gobernó con el propio PT y los Odebrecht, ajustando y desmoralizando a los trabajadores.” Todo ello promovido por medio de “golpes institucionales y judiciales” dictados por una justicia que “actúa por cuenta del Departamento de Estado” para “derrotar a nuestros pueblos”. En el plano local, llamó a enfrentar el ajuste de “Macri y los gobernadores”, denunciando la complicidad de la oposición patronal. El barniz antiimperialista oculta mal el terreno común con la burguesía nacional.

En este punto, la única voz disonante fue la de IS, que ha venido teniendo una posición de clase frente a la crisis política en Brasil y la dictadura chavista en Venezuela. En efecto, Giordano denunció a Maduro y rechazó cualquier apoyo a Lula, exigiendo que todos los corruptos vayan presos. Sin embargo, compró la consigna del PO en el plano local: el problema son Macri y los gobernadores, aunque tiene menos pruritos en mencionar abiertamente al kirchnerismo.

Esta historia habla de vos

Los representantes sindicales de los tres partidos coincidieron en señalar los reclamos más inmediatos del movimiento obrero: los despidos, la baja salarial, los incrementos de tarifas y la reforma laboral. Coincidieron además en la necesidad de emprender una lucha inmediata por estas demandas y en la caracterización de la burocracia sindical como freno a ella. Dellecarbonara mencionó que en su sindicato la dirección kirchnerista no quiere una “lucha seria” y que el camino debería ser el endurecimiento del plan de lucha, la coordinación con otros sectores y la confluencia con los usuarios para enfrentar el tarifazo. Crespo denunció que las centrales sindicales en lugar de utilizar su fuerza para golpear al gobierno, pactan o maniobran de cara al próximo año y llaman a “votar bien en 2019”. Por su parte, el Pollo señaló que en las bases hay voluntad de pelear, pero que el problema es que la burocracia sindical no le pone fecha a una huelga general.

Frente a este diagnóstico compartido, se delinearon dos propuestas. El PTS le propuso a las fuerzas del FIT que “junto a la pelea que venimos dando en el Congreso y en las calles”, “lancemos una gran campaña para anular los tarifazos” recorriendo barrios, fábricas y lugares de estudio. Del Caño no especificó concretamente de que se trata la propuesta, pero parece anticipar una juntada de firmas o un plebiscito como el que se impulsó en universidades por el aborto. Recordemos que el PTS ya presentó un proyecto en el Congreso para retrotraer los aumentos. No parece ser la “lucha seria” que reclamaba Dellecarbonara sino una iniciativa de tipo parlamentaria.

Por su parte, Crespo propuso “un congreso de delegados con mandato de asamblea para formar una masiva organización independiente de trabajadores para dar una lucha real contra el ajuste.” Se trata de una medida que tiene mayores proyecciones en cuanto a la acción directa y el desarrollo de un plan de lucha callejero. Sin embargo, todo parece indicar que se refiere estrictamente a delegados sindicales, lo que deja afuera a todo el movimiento piquetero y los lugares de trabajo que no cuentan con ese tipo de representación. Sea como fuere, lo cierto es que la propuesta se viene meneando hace meses pero no tiene ningún viso de concreción. Ya se ha regalado demasiado tiempo…

El problema de fondo, es que el FIT no supera el horizonte de la denuncia. Se la pasa criticando la tregua de la burocracia sindical y su apuesta electoral. Pero en contrapartida, ofrece más de lo mismo. Presenta proyectos parlamentarios contra los despidos y los tarifazos sin movilizaciones en las calles, ante la negativa de las centrales sindicales de convocar a una huelga, no toma la posta con los propios sindicatos que dirige. Seguir reclamando la huelga general, es avalar el quietismo y la tregua. Incluso, hay que decirlo, el kirchnerismo ha tenido mayor iniciativa: al menos convocó una marcha de velas, pisó la calle. El FIT no hizo nada propio y acabó por colgarse a último momento de esa iniciativa. El inmovilismo, el electoralismo y la ausencia de un plan de lucha son todas críticas que le caben al kirchnerismo, pero también a la izquierda. Del primero es entendible, porque es una variante patronal, tan ajustadora y represiva como el macrismo. Del segundo es grave, porque de la izquierda debiera surgir una alternativa independiente.

Un fantasma recorre el FIT

Tanto Del Caño como Giordano y Pitrola explícitamente rechazaron cualquier tipo de unidad política con el kirchnerismo o su confluencia con este en un frente antimacrista. Podría pensarse que se trata simplemente de una respuesta a los dichos de Agustín Rossi, quien llamó a un frente electoral contra Macri para el 2019, que incluyera también a la izquierda. Pero la insistencia da cuenta de algo más profundo. Los tres partidos están discutiendo contra la conclusión lógica que surge de examinar su accionar, al menos, desde 2015. De la defensa de Milagro Sala a las marchas contra el 2×1 y por el asunto Maldonado, pasando el affaire De Vido, el FIT ha recorrido un camino de unidad de hecho con el kirchnerismo que es visible para cualquiera que no se niega a reconocer lo que tiene ante sus ojos.

Ya lo señalamos en reiteradas oportunidades. Esa claudicación ante el peronismo/kirchnerismo es el resultado de una debilidad programática profunda que tiene diversas raíces pero que acaba siempre en la misma conclusión política: hay una fracción burguesa más o menos progresista a la que se puede heredar y, por tanto, no hay que criticarla o hay que hacerlo con cuidado. Todo esto se traslució en los diferentes discursos del acto. “Macri y los gobernadores”, la crítica al PJ o al peronismo “en todas sus variantes”, son formas de no mencionar abiertamente al kirchnerismo. Aquí o allá se habla al pasar del ajuste de Alicia K, del pago de la deuda por Néstor o la negativa de Cristina a sancionar el aborto seguro, legal y gratuito (cuestión que cualquier kirchnerista más o menos sensato critica). Pero el cuadro general que pinta el FIT es el de un gobierno de derecha que implica un salto en ajuste y represión, comprando el “vienen por todo”. No por nada, la crítica a los tarifazos y a la reforma laboral olvidan siempre recordar los antecedentes kirchneristas de ambos. No sorprende que el PTS, que expresa más crudamente esta tendencia, llame, en el discurso de Del Caño, a Macri “Mauricio I” como si se tratara de un emperador. El PO no se queda detrás. Se oyó a Crespo decir que ahora el Ministerio de Trabajo está “vaciado” y que “se ha convertido en una oficina de las patronales”. ¿Qué era durante el kirchnerismo? ¿El destacamento de la clase obrera en el seno del Estado burgués?…

La contrapartida de todo este planteo es la dilución de la que debería ser la salida que polarice con Macri, con Cristina y con todas las variantes antiobreras: el Socialismo. Claro que la arenga final de casi todos los oradores contuvo esa reivindicación, bien que tendió a primar la consigna menos precisa de “Gobierno de los trabajadores”. Pero en ningún caso el Socialismo vertebró el discurso como eje para defender la independencia de clase frente a la burguesía en todas sus expresiones.

Una izquierda que no puede erigirse en un factor de peso con fisonomía propia, que no es capaz de tomar la iniciativa y que carece de voluntad de poder, está dando cuenta de su agotamiento. Es momento de construir una izquierda que proclame sin vergüenza lo que realmente quiere -el Socialismo- y que enfrente decididamente a sus enemigos. Al macrismo, sí, pero por sobre todo, a esos que quieren reavivar las ilusiones reformistas de la clase obrera: el kirchnerismo.

 

Razón y Revolución

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