Por un santiagueñazo sanitario – Agustina Desalvo

medicos En julio del 2009, en coincidencia con la pandemia de Gripe A, los  trabajadores de la salud de Santiago del Estero exigieron, mediante notas y  cartas a la gobernación en un principio, a través de acciones directas  después, mejoras en el sistema de salud provincial. Aunque comenzaron  reclamando por la falta de insumos médicos y de personal calificado, luego  sumaron a ello la demanda de aumentos salariales (equiparación de los  sueldos provinciales con los de Nación), el pase a planta de los trabajadores contratados, el 82% móvil en las jubilaciones y la reincorporación de los despedidos. En efecto, ni los hospitales más grandes ni los centros de salud más pequeños cuentan con los insumos básicos ni con personal suficiente para brindar a la población una adecuada atención en salud. Pese a la legitimidad del reclamo, el gobierno de Zamora ha respondido con cesantías, suspensiones y traslados. Ante la falta de organismos gremiales que apoyaran y condujeran sus reclamos, los trabajadores se organizaron como Autoconvocados de la Salud e iniciaron un plan de lucha que aún no se ha cerrado. Hace más de un mes que realizan paro por tiempo indeterminado y que marchan en la ciudad Capital y el interior todas las semanas.

Médicos… no hay

Las condiciones de trabajo en los hospitales santiagueños son catastróficas. Claro está que no sólo los grandes hospitales de la Capital provincial sufren deficiencias sino también, y sobre todo, aquellos de las localidades del interior. En abril del 2008 fue inaugurado en Añatuya, a 200 km de la Capital, un nuevo hospital que, cabe aclarar, no se sumó al existente sino que lo reemplazó. Aunque el edificio es muy moderno y en términos edilicios es el doble del anterior, no cuenta con médicos suficientes y carece de insumos. El nuevo hospital, que debiera prestar cobertura a 100 mil habitantes, considerando los alrededores de la ciudad, no da abasto y termina derivando pacientes a Santiago donde la situación dista enormemente de ser mejor.

“Nosotros pasamos de un hospital que tenía 60 camas a este que tiene 120 y hubo muy pocos nombramientos. Tenemos un área de cobertura como de 100 mil habitantes. Nos quedó grande el hospital para los empleados que somos, para la gente que hay, porque cuando la gente ve un hospital lindo la demanda es mayor. El hospital viejo se cerró, pasamos al hospital nuevo. Las carencias se notan mucho en la parte de recursos humanos, hay pocas enfermeras, además han despedido a 7 empleados del hospital entre ellos un cirujano, un pediatra, un ginecólogo, un instrumentista, un técnico anestesista, dos médicos clínicos.”1

En igual sentido, un médico ginecólogo del mismo hospital informa:

“Nosotros somos, en Añatuya, la segunda maternidad de la provincia de acuerdo a la cantidad de nacimientos y estamos sin médicos, porque yo estoy de licencia y al colega que me reemplazaba en mi licencia lo echaron. Y bueno estamos sin anestesista, imaginate atender un parto así. El parto en un 90% termina bien pero hay un 10% de casos que se complican en el último instante y si no tenés el anestesista para resolver tenemos que subir a la paciente a una ambulancia y que viaje casi 200 km en 2 hs o más a la Capital, para que le resuelvan el problema sin saber que le va a pasar en el camino porque son ambulancias que van sin médicos. Aquí en Añatuya tenemos un solo médico de guardia para atender más de 100 camas, que se tiene que hacer cargo de la terapia, que es un invento porque no puede haber una terapia sin un médico permanente ahí; hacerse cargo de pediatría, de clínica médica, de sala de hombres, de sala de mujeres y atender las urgencias que llegan por guardia. Una sola persona. Tenemos pocos médicos especialistas, no tenemos anestesista hace ya casi tres años, ahora tenemos uno que viene 2 ó 3 días por semana y no cubre urgencias porque no se le paga lo que se le tiene que pagar. Hay días que no tenemos antibióticos, otros días que no tenemos sueros, un desastre la provisión de insumos.”2

La situación del personal médico santiagueño no sólo es pésima porque carece de recursos con los cuales desarrollar su tarea sino también porque cobra salarios paupérrimos. La mayoría, alrededor del 70%, tiene contratos de locación de servicio; casi todos perciben un básico inferior a los 800 pesos que se completa con bonificaciones en negro que, por supuesto, no se computan a la hora de estipular la jubilación.

“Del personal de la provincia, que son 8.000 en total, 5.600 están con contrato de locación de servicio, con contrato basura. No tienen obra social, no tienen aportes jubilatorios, no pueden sacar vacaciones, ni tener días por enfermedad. Tenemos los básicos en salud más bajos de todo el país. Hay básicos de 400 pesos, de 500 pesos. Yo tengo un cargo de médico hace 14 años y mi básico es de 769 pesos. Si bien las bonificaciones lo hacen más amplio a mi sueldo, tengo compañeros que con 20 años de servicio cobran 2.500 pesos, médicos de 35 hs., de 24 hs.”3

En estas condiciones, era de suponer que el sistema de salud no estaría preparado para soportar epidemias como las vividas en el país en los últimos tiempos. A raíz de la Gripe A una médica santiagueña de 38 años, embarazada, muere y pierde a su bebé. Como tenía un contrato de locación no contaba, paradójicamente, con cobertura médica. Algo que ocurre al grueso de la población santiagueña:

“El 70% de la población no tiene cobertura social y tiene que asistir a los centros de salud que están desmantelados. Se han inaugurado 8 hospitales, monstruosas obras, sin personal, sin presupuesto. Es terrorífica la situación del sistema de salud que ha colapsado. Ante esa situación nos plantamos y la única respuesta que hemos obtenido son despidos y persecuciones.”4

La salud del pueblo no se vende

El reclamo es iniciado por los trabajadores contratados y de las Unidades Primarias de Salud de Santiago Capital, que deciden impulsar un petitorio a ser presentado ante el gobierno, sobre el colapso del sistema, poniendo énfasis en la pandemia de Gripe A y la epidemia del dengue. Logran juntar entre 3 mil y 4 mil firmas y con el correr de los días se suman los hospitales más grandes, tanto de Capital como del interior. Específicamente, se nuclea el personal del Hospital Regional y el Independencia, que son los más grandes de la Capital, el Hospital de Niños también de esa ciudad, el de La Banda, el de Las Termas, el de Frías y el Zonal de Añatuya.
Ante el desconocimiento e indiferencia del gobierno, que no ha hecho más que despedir 32 trabajadores, cesantearlos y perseguirlos, el personal de la salud en su conjunto, médicos y no médicos, ha impulsado diversas medidas. Los jefes de servicio del Hospital Regional, por ejemplo, presentaron una renuncia a sus cargos que fue aceptada por las autoridades. Una trabajadora con casi 25 años de servicio, instrumentadora quirúrgica en el Hospital Independencia realizó una huelga de hambre por 12 días. Con el correr de los días las medidas se profundizaron y los trabajadores de la salud comenzaron a salir a la calle, nucleados como Autoconvocados de la salud, junto a otros sectores sociales. Ante la ausencia de organizaciones gremiales que apoyasen el conflicto (sólo FESPROSA, Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina, ha brindado asistencia), el personal médico confluyó independientemente del Colegio y Consejo Médico5 y de ATSA (Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina). Gremio este último que “jamás ha levantado un dedo por reclamar nada por sus afiliados que son el personal no profesional, enfermería, mucamas. ATSA ha aplaudido con beneplácito un aumento de 100 pesos de hace 2 meses que no entra al básico.”6 No casualmente, representantes de estos organismos son los que el gobierno acepta como interlocutores en detrimento de los delegados elegidos en asamblea por los Autoconvocados. Desde hace 4 meses, y aunque los medios locales y nacionales no lo reflejan, los Autoconvocados realizan marchas en Santiago y en el interior. Todos los viernes en Añatuya y los jueves en Santiago, los trabajadores de la salud marchan en reclamo de mejores condiciones de trabajo. Han llegado a juntar casi 6 mil personas y cuentan con el apoyo y participación de partidos de izquierda como el MST, PO y PCR y a veces confluyen con el reclamo de otros sectores como docentes y judiciales. Al cierre de esta edición el Hospital Regional Ramón Carrillo, de Santiago, se hallaba tomado por personal policial. En repudio a esta situación, el 25 de febrero por la noche marcharon hacia la Plaza Libertad de la Capital y convocaron a un paro nacional para el miércoles 3 de marzo.
Como ya ha ocurrido en distintos hospitales de Buenos Aires, ahora también el reclamo se hace notar en las provincias. En septiembre del 2009 varias de ellas (Catamarca, Santa Fe, Tierra del Fuego, Entre Ríos, Tucumán, Salta, Jujuy y Chaco) realizaron un paro y se movilizaron en reclamo de mejoras salariales y en contra de la reducción presupuestaria prevista para este año. Mientras que, desvergonzadamente, la presidenta prepara el Fondo del Bicentenario con el objetivo pagar la deuda externa con el dinero de los trabajadores, éstos no pueden contar siquiera con jeringas y remedios elementales. Mientras que el gobierno de turno y la oposición se pelean por el destino del fondo en cuestión, los trabajadores de la salud de las provincias más pobres cobran salarios miserables y trabajan en condiciones vergonzosas. Por ello han decidido organizarse, como lo vienen haciendo los trabajadores de otros sectores, independientemente de las entidades patronales y de los gremios serviles.

NOTAS
1 Entrevista a médica bioquímica del Hospital Zonal de Añatuya, 18-02-2010.
2 Entrevista a médico ginecólogo del Hospital Zonal de Añatuya, 18-02-2010.
3 Ídem.
4 Entrevista a educador de la salud de Santiago del Estero, 18-02-2010.
5 El Consejo es una entidad académica que se ocupa de determinar quien tiene matrícula y el Colegio Médico es la entidad financiera que se encarga de cobrarle a las obra sociales y pagar luego a los médicos.
6 Entrevista a médico ginecólogo, óp. cit.

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