Plebiscitos

Por Leonardo Grande

A casi dos años de gobierno Su Excelencia, el presidente Kirchner, se siente fuerte. Eso es un hecho fácil de comprobar. Surgido de unas elecciones “apuradas” por el plan de lucha de la 2ªANT y sus cortes de accesos totales del 26 de junio de 2002, el presidente que asumió con menos votos que Illía, en medio de la feroz represión de Brukman de abril de ese año y gracias al abandono de su principal competidor, se siente fuerte. Que los embates de las masas del Argentinazo se han aplacado lo demuestra el caso Ibarra, que después del clamor popular y la crisis política más importante de la ciudad en mucho tiempo, ningún miembro de su personal ha sido procesado por Cromañón y todavía se da el lujo de levantar el miserable plebiscito que convocó para salvar la ropa. Si el principal aliado de Kirchner sobrevive después de la tormenta, el segundo, Felipe Solá, se da el lujo de enfrentar al primer aparato político del país, el duhaldista, y seguir vivito y coleando.
La “gobernabilidad”, o sea, la capacidad del régimen burgués de sostenerse políticamente, más allá de los ataques de las masas y de sus propios enemigos dentro de la clase dominante, se ha sostenido firme, en el país del Argentinazo, ni más ni menos. Eso explica la alegría del kirchnerismo ante el caso Southern Winds. Un escándalo bien menemista (que siembra la sospecha de un gobierno subsidiando al narcotráfico y preparando el terreno para la entrega de las rutas de cabotaje nacionales a empresas más “confiables”, como American Airlines, dueña de LanChile) no ha causado mayores tensiones en el gabinete. Otra vez, en el país del Argentinazo… A tal punto de estabilidad política hemos llegado que la “oposición” burguesa, López Murphy, Macri, Carrió, Sosbich, se “permite”, luego de una larga tregua, lanzarse con todo a la crítica feroz del presidente. Los mismos que garantizaron la gobernabilidad desde el 2003 hasta hoy, evitando repetir los efectos indeseados del complot político duhaldista en diciembre del 2001, salen a disputar el escenario utilizando cualquier polémica superficial que ande por ahí. Y hay varias.
Porque Su Excelencia se siente tan fuerte como para bravuconear contra las petroleras, el FMI e incluso el Vaticano, en el momento más sensible de su historia, la del recambio papal. Que son meros gestos publicitarios lo sabe ya cualquier habitante de la Argentina con algo de memoria reciente. Quién puede creer que la Iglesia Católica sufre por la reprimenda simbólica a un obispo bocón. Algo que ya vimos en
pequeño con el caso Ferrari en diciembre: aparentes cruzadas laicas que sólo sirven para engatusar al progresismo porteño e, incluso, a más de un partido revolucionario. Nada más. Y nada menos. Con sólo estos gestos Su Excelencia ha logrado lo que todo presidente burgués soñó después de Alfonsín: el apoyo inquebrantable (a cambio de nada) de Hebe de Bonafini, Estela de Carlotto y muchos influyentes organismos de Derechos Humanos. Y  todavía más, guapeadas de cartón pintado como el “boicot” a la Shell y muchos millones de pesos oficiales le han dado algo mejor que sacar al movimiento piquetero de la calle, como le exigía la experimentada burguesía conservadora de La Nación. Se ha dado un movimiento
piquetero propio y bien disciplinado, en las calles. Lo de D’Elía es casi nada al lado del magnífico puesto en el Ministerio de Acción Social de Ceballos, aquel dirigente de Barrios de Pie que supiera enfrentarse en el 2002 a la corruptela y las mafias de la CTA-FTV y fuera la ilusión durante dos años del “quiebre” del reducto de De Gennaro tan esperado por la ANT…Como Su Excelencia se siente fuerte políticamente se lanza al camino de la audacia: dictamina un plebiscito a sus dos años de gestión en las elecciones legislativas de octubre próximo. No importa que le aconsejen prudencia, que Cromañón está muy fresco todavía, que tropezamos en Santiago y en Catamarca o que hay un cierto polvo blanco revoloteando su aura.
Se anima por todo lo que dijimos y, sobre todo, porque el cierre del default, el “exitoso y
antiimperialista” canje de la deuda, era el paso que le faltaba a la recuperación económica de la burguesía nacional. Kirchner cree haber desarmado la famosa bomba de la que nos hablaba Duhalde los viernes por la noche.

Sin embargo, el mismo suelo en que pisa tan fuerte es el que le depara los peores pronósti
cos. Este es el año en que los argentinos podre mos observar el alcance de las contradicciones entre el movimiento de la economía real y la política. El canje ha sido una farsa, la inflación despertó, los precios de la soja van en caída y el endeudamiento ha reanudado su marcha. En el contexto del movimiento obrero ocupado que se moviliza por la recuperación salarial. Los límites de una reconstrucción económica endeble parecen comenzar a asomar sus uñas en el año que Su Excelencia a elegido para buscar el apoyo electoral que en las presidenciales del 2003 estuvo lejos, muy lejos, de obtener. El movimiento de esta contradicción medirá el tiempo que dure la experiencia kirchnerista.
Queda por ver, entonces, si en octubre próximo no es la realidad profunda de la economía la
que plebiscita a Kirchner, y no al revés.

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