Plan Macri: Más explotados y más baratos

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La principal meta que se propuso Macri para este año es ofrecer a la burguesía una reducción en los “costos laborales”. Ese “costo” somos nosotros, los trabajadores. Para sostener la ganancia capitalista, necesitan explotarnos más. O sea, que produzcamos más y pagarnos menos. Su modelo es China: salarios de miseria, alta productividad (es decir, más explotación) y pésimas condiciones de trabajo. Para llegar a ese objetivo, el Gobierno avanza sobre tres elementos: la baja del salario, la renegociación de los convenios colectivos de trabajo y el ahorro en seguridad e higiene.

Al igual que lo hizo el kirchnerismo, el macrismo apunta a la caída del salario. Obviamente, el monto de nuestros salarios no es inferior año a año, sino que recibimos más billetes. La cuestión es qué podemos comprar con eso. Y ahí es donde se ve la baja real: a medida que pasa el tiempo, lo que cobramos nos alcanza para menos productos. Esto se produce por la inflación: precios y salarios aumentan, pero los segundos siempre pierden la carrera. El Gobierno lo dijo abiertamente: para el 2017 los aumentos salariales no deben superar el 18%, mientras que la inflación se estima conservadoramente en un 20%. En términos reales no hay aumento, sino pérdida de nuestro poder adquisitivo. Y no es algo nuevo, sino que ocurre hace al menos unos 40 años. Si comparamos un salario real promedio de mediados de la década del ‘70 con uno actual, nos encontramos con que hemos perdido un 40%. Si hacemos una comparación más cercana en el tiempo, nos encontramos que en relación a los sueldos de la década del ‘90, los de la “década ganada” cayeron un 12%. Los que nos decían que “a los ’90 no volvemos”, nos dejaron en peores condiciones. Y Macri no hace nada distinto.

Buena parte de este “ahorro” se logra por el crecimiento de los empleos que peores pagos: comercio, construcción, hoteles, restaurantes y estatales. Y del empleo en negro (que ya analizamos en el nº 4: “¿Por qué hay empleo ‘en negro’ en Argentina?”), con el cual los patrones se ahorran el pago de jubilaciones, cargas sociales, vacaciones, etc. Durante el kirchnerismo, 4 de cada 10 trabajadores estaban en negro y estos cobraron poco menos de la mitad de lo que cobra un trabajador en blanco. Un negocio redondo para los capitalistas, que Macri no piensa arruinar.

Por otra parte, el Gobierno quiere avanzar con la llamada “flexibilidad laboral”. De lo que se trata es que los patrones tengan más libertad para usarnos como quieran y exprimirnos lo más posible. Lo que los limita son las leyes laborales y los convenios colectivos. Gracias a la lucha de los compañeros que nos precedieron, se conquistaron algunos lementos que ponían un freno a la explotación: la duración de la jornada de trabajo, tiempo de descanso, etc. En un momento de crisis, y con los despidos como forma de extorsión, la burguesía intenta hacernos retroceder: “o te flexibilizás, o renunciás a los derechos adquiridos, o te quedás en la calle”, nos amenazan. Así, van imponiendo cláusulas en los convenios que limitan la cantidad de licencias médicas que podemos tomarnos, que nos obligan a hacer cualquier tipo de tarea para no tener “tiempos muertos”, que extienden las jornadas y nos quitan las horas extras, etc. El resultado son jornadas de trabajo más largas y más intensas, que aumentan la ganancia capitalista y nuestro sufrimiento. Se entiende entonces por qué Macri habla de “analizar y discutir todos los convenios laborales”. Otra vez, no es algo que se le ocurrió a él, es una meta histórica de la burguesía, que cobró fuerza en los ‘90 y que el kirchnerismo continuó. Durante el gobierno pasado, la mitad de los convenios firmados tenían clausulas flexibilizadoras.

Finalmente, la otra vía para abaratarnos es el ahorro en seguridad e higiene. Ya explicamos esta cuestión en el nº 2 (“Reforma ART: sus ‘costos’, nuestra salud”). De lo que se trata es de modificar la Ley de Riesgos de Trabajo, para limitar la reparación que reciben los obreros por los accidentes y enfermedades que les causa el trabajo. Lo que para ellos es un costo, es nuestra seguridad. Es muy claro: la salud de su ganancia es nuestra enfermedad.

Llegado a este punto, es evidente que el gobierno de Macri no tiene nada bueno para ofrecernos. Su plan consiste en salvar a un grupo de parásitos a costa de mayores penurias para nosotros. Es lo mismo que pretendieron todos los que nos gobernaron hasta ahora. Y así estamos. Es momento de que tomemos el problema en nuestras manos. No solo para evitar que nos exploten más y nos paguen menos, sino para ponerle fin definitivo a este sistema que nos condena a una vida de miseria cada vez más grande.

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