Pizarrones rojos. El rearme moral y material de los docentes tras la expropiación del Argentinazo

Por Marina Kabat – Grupo de Investigación de Procesos de Trabajo (CEICS)

El robo del fuego

Los docentes fueron un componente central de la fuerza social que protagonizó el Argentinazo. Organizaron grandes movilizaciones contra la Ley Federal de Educación, impulsaron medidas por reivindicaciones propias y recibieron el respaldo del movimiento piquetero. En este proceso adoptaron la acción directa e impulsaron una renovación de sus direcciones: la izquierda creció y ganó posiciones en sindicatos, dominando seccionales importantes. Al mismo tiempo creció la tendencia a actuar por fuera del marco de la CTA y de las centrales oficialistas. Kirchner ha intentado expropiar el Argentinazo. Es decir, canalizar parcialmente sus reclamos desplazando a las direcciones alternativas, para lo cual necesitaba cooptar parte de ellas. Obtuvo el pase a sus filas de sectores del movimiento piquetero y de organismos de derechos humanos. Los gremios y seccionales docentes combativas sufrieron sangrías similares. Sectores nacionalistas como Patria Libre desertaron de SUTEBA La Plata y AMSAFÉ San Lorenzo. Otros se pasaron a las listas oficialistas (como hizo la agrupación azul y blanca del PCR) o armaron terceras listas que restan chances a la izquierda. En estas condiciones se perdió la conducción de La Matanza.1 En Bahía Blanca y en Santa Cruz la fractura se produjo cuando algunos sectores excluyeron de la alianza a los partidos, en particular al PO. En ambos casos la nueva dirección así “depurada” asumió posiciones conciliatorias. También en ambos casos las bases superaron rápidamente esta actitud dialoguista.2 Esta cooptación habilitó el reciclaje de la vieja dirigencia de CTERA, principal valuarte de la política educativa kirchnerista. El gremio que levantó la carpa blanca al asumir De la Rúa, coherentemente hoy defiende el cepo salarial. La burocracia de CTERA ,en marzo de 2006, pactó un sueldo mínimo en negro de $849 y de $1040 en el 2007 con el compromiso de no realizar medidas de fuerza a lo largo del año. Como el básico prácticamente no aumentó, los docentes con más carga horaria y antigüedad casi no vieron incrementos. Al mismo tiempo, se congelaron las jubilaciones y el aguinaldo.

Las brasas siguen vivas

 A pesar de la ofensiva K, mucho de lo obtenido en la lucha ha sobrevivido al reflujo. La mayoría de las seccionales recuperadas de Buenos Aires y Santa Fe se mantuvieron en manos de la izquierda (Marcos Paz, La Plata, Lomas de Zamora, Rosario, San Lorenzo). Se conservó, así, las posiciones y una influencia importante en Neuquén y Santa Cruz. En Salta donde elecciones completamente fraguadas impidieron la recuperación del gremio, la izquierda se mantuvo fuerte en la Asamblea Provincial de Docentes Autoconvocados que dirigió los conflictos. Ni en el 2005 ni en el 2006 la política del cepo se impuso sin resistencias. En el 2005 hubo grandes luchas en Santa Fe, Río Negro, Chubut, Chaco, Neuquén y sobre todo en Salta. Allí, la Asamblea Provincial organizó cortes y acampes y resistió una fuerte represión (en “la noche de las tizas” los docentes que acampaban en la plaza principal de Salta fueron brutalmente atacados). Ese año los maestros salteños defendieron a rajatabla las organizaciones y los métodos surgidos en la lucha. Así, cuando finalmente la asamblea aceptó la última propuesta salarial del gobierno y levantó la huelga, rechazó los puntos que comprometían a los docentes a no realizar nuevos paros y la creación de una mesa de diálogo, pues defendían a la Asamblea de Autoconvocados como el único órgano representativo. En el 2006, se repitieron los conflictos en distintas provincias y hacia fin de año SUTEBA debió convocar una serie de paros tras la iniciativa de las seccionales combativas. Otro proceso que no se ha revertido es el avance en la conciencia de clase. La clase obrera está integrada por quienes carecen de medios de producción y de vida. Es decir, aquellos que sólo pueden sobrevivir vendiendo su fuerza de trabajo. Alguien que trabaja, pero por la clase a la que pertenece su familia no se encuentra obligado a ello, no es un obrero. La mayoría de los docentes se encontraba, hasta los ’70, en esta situación: pertenecían a la pequeña burguesía. Pero, en las últimas décadas los docentes se han proletarizado y hoy son reclutados entre familias obreras. Esto favoreció la adopción de un criterio de clase. El primer paso fue asumirse como trabajadores y no como un “sacerdocio”, una vocación o una “profesión liberal”, algo fuertemente impulsado por las últimas reformas educativas. La tendencia a la proletarización y pauperización continuó en los últimos años. La nueva conciencia obrera de los docentes no se quebró ni con las prédicas sobre su “deber sagrado” frente al aula, ni al interpelarlos como profesionales. Así, fracasó el pedido del gobernador de Salta de que contemplaran su regreso a clase como “profesionales” evaluando individualmente según su propio juicio y conveniencia.3 Este llamado al individualismo chocó contra la creciente solidaridad de clase. Esta solidaridad permitió que las huelgas sortearan exitosamente los intentos de quebrar su unidad. En Salta fracasó la tentativa de remplazar a los huelguistas con suplentes, que, una vez designados, se plegaron a la medida. En Neuquén la protesta ganó fuerza gracias a la lucha conjunta de docentes y auxiliares. En esta provincia se eludió otra maniobra divisoria: la última propuesta del gobierno antes del fusilamiento de Fuentealba aumentaba el sueldo de los maestros, pero no el de los profesores.

Avanzamos nuevamente

Los docentes cuentan hoy con una mayor y más sólida organización (en base a los espacios que recuperaron o que han construido) y han profundizado los métodos piqueteros. Durante los últimos años protagonizaron fuertes luchas, pero no consiguieron superar el aislamiento: cada provincia batallaba sola y los logros resultaban parciales. Este año, la firmeza de la huelga en Salta, Neuquén y Santa Cruz permitió revertir aquella tendencia. Como el gobierno no logró quebrar la lucha -ni aún después de la feroz represión que culmina con el fusilamiento de Carlos Fuentealba- CTERA debió convocar a un paro nacional y movilización el día lunes 9 de abril. Es importante analizar el caso de Neuquén, porque anticipa, en menor escala, una tendencia que puede extenderse a regiones más determinantes. La dirección del movimiento, la CTA, se negaba a implementar el corte de rutas impulsado por la izquierda. No obstante, su postura perdió ante el conjunto de los docentes en asamblea y se fue al corte. Fracasaba la política de la claudicación y el conflicto seguía su cause ascendente. Tras el fusilamiento de Fuentealba, los docentes intentaron tomar la Casa de Gobierno y exigir la renuncia del Gobernador. Se produjo, así, una crisis en la conducción de CTERA- CTA: Yasky mismo se vio forzado a denunciar en el acto del lunes 9 a la autoridad política provincial y a la represión de la gendarmería (dependiente del gobierno K) en Santa Cruz. Si bien la columna central del acto no fue más allá de la casa de Neuquén, los partidos de izquierda, las organizaciones de Memoria Verdad y Justicia, junto con los gremios y seccionales combativos llegaron a Plaza de Mayo. En la misma, estuvieron los docentes de estos distritos, pero también muchos otros que concurrieron en forma independiente. Este acto provocó una fisura en la conducción burocrática, ya que los docentes de la azul y blanca marcharon contra el centro del poder político pese a no haber convocado a tal efecto. El MST tuvo una actitud confusa: llegó a la marcha de la izquierda recién a la una de la tarde, tras haber participado del acto de Yasky. En toda la movilización, la consigna “Fuera Sosbich” se impuso y si bien la CTA trata de encausarla hacia el juicio político, debió convocar, bajo este lema, una huelga provincial con movilización el lunes 16 de abril.4 Contra los deseos de la dirección reformista, el conflicto asumió características nacionales, pues se reavivó la lucha en las provincias de Tierra del Fuego, Formosa y Chaco. En los últimos dos casos con un movimiento importante de docentes autoconvocados y en la provincia austral con un gremio -el SUTEF- donde el cuerpo de delegados posee un rol protagónico. Este efecto dominó tiene grandes potencialidades como multiplicador de la lucha docente, más si se considera que en lo que va del año ya habían tomado medidas de fuerza Tucumán, La Rioja, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, Corrientes y Santa Fe. Por otra parte, como se observa en Neuquén, Santa Cruz y Salta, también se han motorizado las demandas del resto de los trabajadores estatales. Pero la influencia es aún más amplia. Los docentes han recuperado su fuerza moral, su disposición a la lucha y han salido a reclamar un sueldo igual a la canasta familiar.5 Han sabido hacer valer su derecho a reclamar, no una limosna, sino un sueldo que garantice su subsistencia, que permita pagar un alquiler, alimentar, vestir y educar a una familia. Han remontado años de publicidad en su contra y han restablecido el consenso sobre la legitimidad de su lucha y, con ella, la del conjunto de los trabajadores. Tanto la consigna de “Fuera Sosbich” como las medidas que apuntan contra el poder político, tales como la toma de la legislatura en Río Gallegos muestran una politización del conflicto que claramente ha trascendido las fronteras provinciales. La izquierda crece y se consolida como una dirección alternativa. El “que se vayan todos”, que se ha escuchado fuerte en las provincias patagónicas cuestiona a la dirección que ha expropiado el Argentinazo, tanto la política, como su brazo sindical de CTERA y la CTA. La dirección alternativa puede, y debe fortalecerse, donde está instalada. Asimismo, tiene por delante la tarea de generar una coordinación que permita una verdadera nacionalización de la lucha docente. Las provincias siguen ritmos diferentes. Hasta ahora, las manifestaciones políticamente más avanzadas tuvieron lugar en provincias marginales en términos geográficos y de densidad poblacional (incluso en ellas, muchas veces el interior aparece como el sector más combativo). Pero éste es un desarrollo lógico: la cadena se rompe por el eslabón más débil. El proceso previo al Argentinazo tuvo el mismo desarrollo: los piquetes comenzaron en las provincias más alejadas, pero no tardaron mucho en llegar al corazón económico y político de la República. Si se considera que en este centro sobreviven bastiones conquistados por la izquierda, se advertirán las potencialidades del conflicto docente. La fuerza social que gestó el Argentinazo puede recuperar una de sus fracciones más influyentes. El gobierno teme esta perspectiva. Por ello, mientras pudo se negó a transigir frente a los reclamos salariales que, debido al pacto Filmus-Yasky, sólo pudieron ser canalizados por la izquierda. Si el gobierno cedía, se vigorizaba la izquierda y se debilitaba la burocracia. Esto explica los desesperados esfuerzos represivos del gobierno y la importancia de las mejoras salariales obtenidas que quebraron el cepo salarial a los docentes y con él el Pacto Filmus-Yasky.


Notas

En La Matanza la izquierda ha retenido la minoría y cuenta con el apoyo del plenario de delegados.

En Santa Cruz la lista del PO e independientes había perdido frente a la agrupación liderada por Pedro Muñoz. Sin embargo, ya en el 2006, se revierte el proceso y la lista del PO se impone en las elecciones de congresales de ADOSAC Río Gallegos. La toma de la legislatura fue votada por el cuerpo de delegados y apoyada por el PO. En cambio, la dirección de ADOSAC sólo se plegó más tarde y en un Congreso posterior criticó la medida. La entrevista a Pedro Muñoz en Alternativa Socialista nº 450 muestra que el MST apoya al sector más conciliador del movimiento. En Bahía Blanca, el MIC (apoyado por el MST) excluyó en el 2006 al PO y al FOS de la anterior lista de unidad. Acto seguido, intentó apartarse del camino que marcaban las seccionales opositoras al negarse a parar con ellas. Sin embargo, la asamblea del distrito votó realizar la medida. Estos paros forzaron la convocatoria a la huelga provincial por parte de SUTEBA.

El Tribuno, 27/3/07.

La dirección de ATEN logró levantar los cortes, pero el acampe se mantuvo, al igual que la presión de las seccionales más combativas, lo que empujó a la CTA a convocar la huelga y movilización el lunes 16/4. La evolución del conflicto en el resto de las provincias hizo que se proyectara para ese día un paro nacional, que finalmente no fue convocado.

Otros años en algunas asambleas con padres y alumnos algunos compañeros sostenían que los docentes no podían decirle a los chicos cuánto cobrábamos ni cuánto pedíamos porque sus familias ganaban mucho menos. Esta actitud vergonzante, que hoy saludablemente está siendo abandonada, fue fogoneada por la dirección de CTERA, cuando Yasky dijo que los docentes no podíamos pedir un salario de $1.600 si educábamos a chicos con hambre. Tribuna Docente, 2/3/06.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *