Piñas van, piñas vienen…Frantz Fanon y el problema de la violencia social – Nicolás Robles López

1210948743_f Que el tema de la violencia es un tema preocupante para la mayoría de las  personas en la actualidad se puede comprobar fácilmente mirando un  rato los noticieros. La fragilidad de la vida humana se presenta en toda su  cruda realidad en cada segmento de noticias policiales. Peleas callejeras  que terminan con alguno de los implicados muerto, situaciones  cotidianas que terminan en tragedia, asesinatos aberrantes y un largo  tendal de acontecimientos parecidos, donde uno lo que tiende a  preguntarse es: ¿por qué? La obra de Frantz Fanon, que intentó teorizar  sobre esta temática en un contexto diferente pero igualmente  significativo, nos permitirá un acercamiento no anecdótico contrapuesto  a la habitual banalidad de los medios de comunicación burgueses.

Fanon

Frantz Fanon, psiquiatra que desarrolló su actividad profesional en la Argelia convulsionada por la guerra de liberación nacional entre 1954 y 1962, destaca el papel heurístico de la violencia para dar cuenta de ciertos aspectos de la situación colonial, fenómeno que ocupa un lugar central en su obra. Su preocupación básica es, entonces, el análisis de las consecuencias sicológico-sociales de la ocupación militar de un país por otro, dando lugar a un contexto de violencia cotidiana, donde las manifestaciones de racismo y xenofobia son fenómenos recurrentes.
Para poder comprender bien el desarrollo intelectual de Fanon es necesario observar las distintas fases por las que transcurre su proceso político. En la obra de Frantz Fanon se pueden apreciar tres. La primera, influida fuertemente por Sartre y su filosofía existencialista, puede decirse que es superada por Fanon con la publicación de su libro ¡Escucha, blanco! en 1951. La segunda empieza con su estadía en Argelia y su trabajo como psiquiatra en el hospital de Blida y puede decirse que concluye cuando Fanon es enviado a distintos países de África, en 1960. La tercera y última, está compuesta por las anotaciones del recorrido de Fanon por África y por su último libro Los condenados de la tierra.
¡Escucha, blanco! es la clausura de un proceso en el que Fanon supera la “negritud”. La “negritud” es la reivindicación de los valores de la cultura negra contra la cultura blanca. Los cultores de este “racismo antirracista”, como le dice Sartre, se resisten a la racionalidad que impone la cultura blanca y, frente a esta, sostienen la irracionalidad y las tradiciones tribales de los pueblos africanos. Fanon entiende que de esta manera no puede haber ninguna superación del racismo sino que se sigue perpetuando el mismo círculo vicioso de separación entre los hombres de color blanco y los de color negro. Es más, habría un retroceso frente a los avances logrados por la “cultura blanca”. Fanon sostiene que el racismo es producto de una realidad económica que excede las explicaciones psicológicas. Observando este fenómeno Fanon termina concluyendo que el racismo es producto de la situación colonial. En esta primera fase, el sujeto del que se ocupa Fanon es el negro colonizado. Más concretamente de los negros de Martinica. Si bien tiene en cuenta categorías como proletariado y burguesia, lo que Fanon trata de mostrar en el libro es el proceso por el cual el negro toma conciencia de su existencia como sujeto subordinado al blanco colonizador.
En la segunda fase Fanon toma posición por los nacionalistas argelinos al observar la violencia de la represión de las fuerzas armadas francesas. A esto también se le suma la discriminación de los nativos en el hospital. Fanon va a reivindicar la contra-violencia como vía para la liberación del colonizado, factor que continuaría sosteniendo en la siguiente fase. A esta fase pertenecen el libro Dialéctica de la liberación y los artículos publicados en El Moudjahid. No es claro el final ni el comienzo de la otra fase ya que en ésta estarían contenidas las contradicciones que dan paso a la próxima. El sujeto privilegiado es el argelino nacionalista contrapuesto al francés colonialista. Sin embargo, al igual que en la anterior, también se observan las distintas clases que componen el bando nacionalista.
Las conclusiones del libro Los condenados de la tierra y el prólogo escrito por Sartre, inclinan las contradicciones del texto de Fanon para el lado del tercermundismo. En este sentido, Sartre lo único que hace es recuperar las conclusiones de Fanon. El tercermundo (los países subdesarrollados) debe pelear contra Europa, o contra el imperialismo (EEUU). Si bien en las otras fases se observa en el análisis de Fanon que dentro de las categorías que propone (negro/blanco, argelino/francés) se encuentras categorías clasistas (burguesía/proletariado), es en su último libro donde Fanon realiza un análisis más detallado de la composición de las clases en el proceso de liberación nacional. Su planteo es que la clase revolucionaria en los países subdesarrollados son el campesinado y el lumpen-proletariado, aunque este último podría pesar para cualquiera de los dos bandos. El proletariado no estaría dispuesto a actuar a favor de la revolución ya que dispone de mejores condiciones materiales que cualquiera de los otros sujetos. A su vez, el proletariado del país europeo (o colonizador) no estaría dispuesto a favorecer la revolución ya que iría en contra de sus intereses (al verse favorecido por la situación colonial). Sin embargo, en esta fase, Fanon empieza a advertir que los distintos procesos de liberación nacional no terminaban como él pretendía. La mayoría de los procesos terminaban con la burguesía nacional en el poder y continuaban manteniendo la estructura económica anterior. En este sentido, Fanon se da cuenta que la burguesía nacional no puede llevar adelante el país. No debido al tipo de relaciones de explotación que establece el capitalismo sino porque no tienen la capacidad que tuvieron las burguesías europeas en su momento de expansión. En una parte de los apuntes tomados por Fanon en su viaje a través de África, él dice: “La Unidad Africana es un principio a partir del cual nos proponemos realizar los Estados Unidos de África sin pasar por la fase nacionalista burguesa con su cortejo de guerras y duelos”1. Sin embargo Fanon nunca pondrá sobre la mesa la manera en la que esto debe lograrse, nunca cuestiona las relaciones sociales económicas que impiden el pasaje al socialismo y la superación de la fase nacionalista burguesa.
Fanon nunca llega a plantear la necesidad de una revolución socialista porque cree que el proletariado no es el sujeto revolucionario. Esta creencia está basada en su análisis superficial de la composición de clase de la sociedad argelina y en la errónea caracterización de la población sobrante como lumpen-proletariado. Al no tener en cuenta esa diferencia, su idea de partido, conformado por campesinos, lúmpenes e intelectuales de la ciudad, no se perfila como una opción viable para llevar a cabo la revolución. Al ver que las luchas de liberación nacional se estancan en la fase burguesa (observado por Fanon en las luchas entre los distintos países africanos que antes se encontraban unidos en la lucha contra el colonialismo), Fanon propone saltar esta fase sin plantearse la manera en la que debe hacerse. Es más, Fanon propone que primero hay que llegar a una conciencia nacional y luego a una conciencia política y social. La dialéctica de Fanon avanza a través de contradicciones secundarias que se presentan en su propia experiencia individual (negro/blanco, colonizador francés/colonizado argelino, Europa-EEUU/Tercer Mundo) que van siendo superadas a la vez que el mismo Fanon las va superando. Este resabio del existencialismo individualista sartreano es el que lo mantiene anclado y le impide avanzar hacia una visión totalizadora de la sociedad.

Violencia y psicología

Dentro de lo que pueden entenderse como hipótesis psicológicas de Fanon, se encuentra una reformulación del inconciente colectivo junguiano. Para Fanon, el inconciente colectivo no se hereda, al estilo de Jung, y no está inscripto en el sistema nervioso sino que se internaliza. Es decir, se adquiere a través de la experiencia social. “Es la consecuencia de (…) la imposición cultural irreflexionada”2. Primero es externo y luego es interno. Este proceso es mediante el cual el negro esclavizado internaliza el “complejo de inferioridad”. Este proceso de internalización, o interiorización, es descrito por Fanon para el caso de los colonizados argelinos con respecto a la violencia. Los colonizados internalizan la violencia que los hace ser pasivos con respecto al colonizador. A su vez, descargan la violencia acumulada que no pueden descargar contra el colonizador contra otras tribus o, ante la menor discusión, contra otros argelinos. Otras maneras de descargar esta violencia acumulada son los bailes en los que el sujeto entra en trance y hace catarsis; es decir, a través de una descarga motriz exterioriza toda la tensión acumulada. Cuando la violencia puede ser canalizada con fines revolucionarios, las peleas por asuntos sin importancia y las batallas entre tribus se apaciguan y la violencia se dirige contra los colonizadores. En este pasaje de la violencia entre colonizados a la violencia contra el colonizador, Fanon plantea que es necesaria la intervención de los dirigentes para que el estallido de violencia contra los colonizadores se transforme en una revolución, en un cambio duradero de las condiciones existentes.3
En la guerra no sólo los colonizados cambian su manera de entender la violencia y de utilizarla, sino que esta también afecta a los franceses encargados de la represión y de las torturas a los nacionalistas argelinos. Fanon trata a dos agentes policiales franceses. Uno de ellos sufre de insomnio por escuchar gritos durante las noches, gritos que son los de aquellos a los que tortura en la comisaría. Finalmente, Fanon le expide una licencia por enfermedad y el agente vuelve a Francia. El otro agente ve perturbada su vida familiar debido a su participación en las torturas. Golpea salvajemente a su esposa y a sus hijos, incluso a uno de 20 meses. No puede soportar ningún tipo de oposición sin sentir deseos de golpear a la otra persona. A este agente le niegan la licencia por enfermedad y el paciente le pide a Fanon que lo ayude a torturar “(…) sin recordimientos (sic) de conciencia, sin trastornos de comportamiento, con serenidad”4. De este último caso, Fanon extrae la conclusión de que el verdugo que disfruta de la vida es sólo una etapa, luego sobrevendría un sadismo radical y absoluto. Fanon concluye que no cualquier uso de la violencia es liberador y plantea que se deben penar los accesos injustificados, no aprobados por la dirección y contra cualquier francés.
Con respecto a la terapia, en su primer libro Fanon plantea que el psiquiatra debe lograr que su paciente sea conciente de que lo que provoca su patología es la realidad social. La tarea del terapeuta debe ser que el paciente pueda trabajar los obstáculos interiores y que trate de cambiar las causas sociales de su patología. De la primer fase a la tercera, se observa el pasaje que Fanon va haciendo desde su posición de psiquiatra a la de político y teórico del proceso de liberación nacional argelino.

¿Qué es la violencia?

De la exposición anterior, se puede extraer la conclusión de que la violencia es producto de la realidad social en la que el sujeto violento está inmerso. Que aquella se convierta en una patología depende de la conciencia que el sujeto posea de las condiciones sociales que determinan la producción de su accionar violento. No sólo de la conciencia sino de su capacidad de obrar para que aquella realidad que lo determina cambie en pos de una realidad no violenta.
La instrumentalización de la violencia que Fanon propone como un medio adecuado para la consecución final de una sociedad sin violencia, un “humanismo” en términos de Fanon, se empieza a trastornar cuando se deja de lado el análisis de clase. Desde esta última perspectiva podemos recuperar críticamente su experiencia. Entender la violencia en la sociedad argentina como un producto de la descomposición de las relaciones sociales, producida por la incapacidad del capitalismo argentino para seguir reproduciendo las condiciones mínimas de subsistencia de la inmensa mayoría de la clase obrera, es un primer paso para avanzar en un análisis científico del fenómeno de la violencia. Establecer las relaciones que median entre la estructura económica que determina estos fenómenos violentos y los fenómenos en sí es una tarea primordial que debería emprender la psicología. Tarea que implica cuestionar la manera en que se suele tratar el problema, desde el sistema penal a los medios de comunicación, que proponen como soluciones el castigo o la reforma de los individuos, sin tener en cuenta que cualquier acción dentro de la estructura social existente sólo es una solución a medias. Dicho de otra manera, y como aceptaría Fanon, el sicólogo y el político van de la mano.

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1Fanon, Frantz: Por la revolución africana, Fondo de Cultura Económica, México, 1965, p. 211.
2Fanon, Frantz: ¡Escucha, blanco!, Editorial Nova Terra, Barcelona, 1ª. Edición, 1966, p. 237. El título original de la obra es Peau noire, masques blancs (Piel negra, máscaras blancas).
3Fanon, Frantz: Los condenados de la tierra, Fondo de Cultura Económica, México, 1965, p. 125.
4Ibid., p. 247.

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