Perón y Evita, con el pañuelo celeste

En medio de los debates en torno a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, sobre todo en el tiempo que medió entre su votación positiva en diputados y su rechazo en senadores, buena parte de los políticos que agitaron históricamente “pañuelos celestes” se pintaron de verde.

El caso más claro fue el del peronismo. Durante esos días, por ejemplo, se difundió en redes una imagen de Perón y Eva abrazados con un pañuelo verde al cuello. Era obvio para cualquiera que se trataba de un montaje, sencillamente porque esa identificación del pañuelo con la promoción de la ley es relativamente nueva. Pero había otro montaje, político, que era menos evidente pero igual de mentiroso: Perón y Evita nunca fueron defensores de los derechos de las mujeres, mucho menos feministas y jamás intentaron desarrollar una política favorable al aborto. Todo lo contrario.

El lector recordará que algunos números atrás (LHS nº 7) demolíamos el mito de “Evita feminista”. Ella misma se había manifestado como una enemiga del feminismo, al que consideraba un movimiento de “resentidas”, que buscaban más que ser verdaderamente mujeres, convertirse en hombres. Es que en realidad Evita siempre defendió un ideal de mujer asociado al hogar y a la familia. Veamos una declaración suya en ese sentido, escrita en su libro La razón de mi vida:

“Todos los días millares de mujeres abandonan el campo femenino y empiezan a vivir como hombres. Trabajan casi como ellos. Prefieren, como ellos, la calle a la casa. No se resignan a ser ni madres, ni esposas. Sustituyen al hombre en todas partes.”

Difícil combinar estas palabras con una supuesta adhesión a la causa del aborto seguro, legal y gratuito…

Y no se trataba de discursos sin consecuencias prácticas. A decir verdad, las declaraciones de Evita se correspondían bien con el accionar de su marido, ya desde la dictadura militar de la que fue parte antes de asumir como presidente. En efecto, Perón promovió una política decididamente pronatalista. La población aparecía como un “recurso nacional” que había que cuidar y aumentar, de allí que el crecimiento de la natalidad debía ser una política de Estado.

En ese marco se comprende una medida que a primera vista resulta engañosa: el salario familiar. En contra de lo que suele creerse, esta medida sólo benefició a los hombres. Aunque la mujer fuera sostén de familia, ya sea por viudez o soltería, no recibía este plus. El sentido era obvio: era un ingreso extra para el hombre de la casa, a fin de que pudiera sostener al conjunto de la familia y la mujer quedara puertas para adentro del hogar. Recluida allí podría cumplir la tarea que se le reservaba: la “producción” y crianza de niños. De nuevo, todo muy lejos de coincidir con la liberación de la mujer…

En el tercer gobierno peronista esta política se acentuó. Perón seguía considerando que para lograr el bienestar de la economía era necesario contar con más población. ¿Qué hizo al respecto? Sencillo: firmó decretos que dificultaban el acceso a las pastillas anticonceptivas. Así como lo lee. En lugar de ser de venta libre, la mujer requería de recetas por triplicado, similares a las que se piden hoy para acceder a psicofármacos. Asimismo, se llevaron adelante campañas destinadas a instalar los “riesgos” de los métodos anticonceptivos. Todo esto, teñido por el discurso antiimperialista de la época, que llevó a sostener barrabasadas (que serían cómicas, si no fuera por lo reaccionario y regresivo) tales como que los anticonceptivos eran una herramienta del imperialismo para someter a los países del Tercer Mundo.

Todos esto es una muestra más del verdadero carácter del peronismo: represor, burgués, antiobrero y, como acabamos de ver, contrario a la liberación de la mujer. Es hora de sacarse este lastre de encima.

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