Perón, los intelectuales y la cultura

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Una de las caras menos conocidas de Perón es la del criminal que fue. Ocurre que el peronismo se encargó de tapar bien bajo la alfombra los aspectos más represivos de su gobierno. En este caso, vamos a ver que Perón fue un pionero reprimiendo intelectuales y artistas.

Ya en el comienzo del gobierno militar, conducido por el GOU, las universidades fueron intervenidas, al igual que la FUBA fue disuelta. La intención era promover la educación confesional, para lo que contaba con ministros de Educación católicos. Uno de ellos, Gustavo Martínez Zuviría, famoso por escribir novelas antisemitas. Así, el presidente de la Acción Católica Argentina fue nombrado rector de la Universidad de Mendoza. Otro nacionalista católico, Jordán Bruno Gente dirigía la Universidad de La Plata. Docentes ateos, socialistas y judíos fueron cesanteados. Por ejemplo, profesores que se negaron a dar clases en homenaje al aniversario del golpe militar fueron despedidos.

El gobierno creía que “la masa ciudadana debe ser disciplinada” y “las mentalidades deben ser transformadas”. La idea era restaurar los valores nacionalistas y católicos. Por eso hubo un fuerte control de los medios y la cultura, y la instauración de la censura previa. Desde la Subsecretaría de Informaciones y Prensa se fomentaron campañas de difamación contra intelectuales, artistas y opositores. Fue ella quien armó listas negras que integraban a Atahualpa Yupanqui o a Pugliese. El mismo Bernardo Neustadt estaba a cargo de fichar todas las organizaciones de la sociedad civil (culturales, deportivas, etc.) e indicar su filiación política, tarea que realizaba para la Secretaría de Asuntos Políticos. Esta oficina también le pagaba a la Alianza Libertadora Nacionalista -un grupo parapolicial- para que ataque imprentas opositoras o al local de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. También mató militantes: el dirigente comunista, Jorge Calvo, fue asesinado en Quilmes, por impulsar una campaña contra la participación en la guerra de Corea.

Del mismo modo, Perón creó la SIDE (al comienzo CIDE), un organismo civil de inteligencia con la que se perseguía opositores, que además centralizaba información que otros juntaban (organizaciones, miembros del partido, etc.). La SIDE otorga certificados para matricularse en facultades (denegada a opositores), revisa correspondencia particular de periodistas o editores, e identifica a los docentes contrarios al régimen, cesanteando 1000 docentes por razones políticas.

El gobierno clausuró sinfines de periódicos. Muchos habían denunciado, por ejemplo, la masacre Pilagá (como El intransigente, de Salta). Una comisión legislativa (comisión Visca, llamada así por su director, José Visca), que debía investigar los crímenes del gobierno, se dedicaba a clausurar cada diario que denunciaba la situación, totalizando 70 diarios. El régimen policial impedía ejercer a los intelectuales y artistas opositores. El caso de Atahualpa Yupanqui –cercano al PC- es uno muy claro. El “payador perseguido” era un objetivo del peronismo. Atahualpa debió exiliarse y viajar a Europa. A su regreso fue perseguido y torturado. El caso de Antonio Berni fue similar. También del PC, Berni perdió su lugar en la Escuela de Bellas Artes por no querer participar de un acto del 17 de octubre y desde entonces sus obras no aparecieron por los circuitos oficiales. Claro, muchas de ellas incomodaban al mismo peronismo.

En definitiva, Videla mismo hubiera estado más que orgulloso de Perón. Vale recordarlo para más de un desprevenido que defiende a este asesino de obreros, mientras reclaman la cárcel para los represores del ‘76.

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