Perché me piace. Reseña del libro Poetas argentinas (1940-1960)

Reseña del libro Poetas argentinas (1940-1960), selección y prólogo de Irene Gruss, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006.

Por Mara López

No cabe duda de que cuando alguien realiza una antología, los criterios con los que se guía para la selección de los autores o de los textos llevarán a un resultado que expresará una determinada perspectiva política. En el caso del libro que reseñamos, el recorte se realiza por género y cronología: poetas argentinas nacidas entre 1940 y 1960. Aunque en el prólogo, Irene Gruss realiza otras consideraciones, en principio, su propio “gusto” es presentado como el criterio general dominante. Gruss destaca también la importancia de las antologías: según ella, la lectura de este tipo de libros es tarea fácil porque “es práctico” y, cuando un autor “perturba”, el lector puede rastrearlo y llegar “al regocijo de la obra completa”.[1] Pretende, por lo tanto, presentar a las poetas sin catalogarlas, sin ponerles ninguna etiqueta[2]. El resultado es un simple amontonarse de poemas al que resultaría generoso catalogar como ecléctico. Más bien, obliga a preguntarse por la utilidad de una compilación tal.

Una antología caótica

El libro está dividido en tres partes: la antología propiamente dicha, donde se incluyen los poemas de las 31 autoras elegidas, colocadas por orden alfabético; la sección de “Lecturas necesarias”, donde aparecen 48 autoras no incluidas pero que Gruss pretende relevantes; y el índice “biobibliográfico”, donde encontramos los datos de todas las mencionadas en el libro. Podemos diferenciar tres grupos de producciones, comprendidas en los siguientes criterios: por un lado, las que manifiestan una perspectiva pesimista de la realidad e, incluso, tienen una visión patriarcal de la situación de la mujer; por otro, aquellas que nos presentan un ángulo feminista o algún tipo de crítica al panorama político en el que les tocó intervenir; por último, las que no llegaron a “perturbarnos”, como hubiera deseado la antóloga, ya que sus poemas son ininteligibles. Examinaremos algunos ejemplos de los dos primeros grupos.Veamos el primero. De Inés Aráoz, tucumana, nacida en 1945, se presentan algunos poemas confusos y otros de tema amoroso en los que la figura femenina ocupa el lugar de lo privado, de la maternidad, de lo domesticado por pasivo. En los de Andrea Gutiérrez (Buenos Aires, 1960), las relaciones humanas se muestran con una visión pesimista e individualista. Si bien “El disfrute del fracaso” (título que no es irónico) se refiere a la creación estética, siempre solitaria, siempre fracasada, se desprende de allí una interpretación de la condición humana más bien patética. Otro poema tiene como tema el momento posterior a la borrachera, mientras el que lleva por título “Autismo” expresaría el aislamiento del sujeto que prefiere mantenerse en la soledad y la autodestrucción: “lo único que queda, lo mínimo que hay, sólo perdura el placer/ de lastimar/ y más luego, y después:/ mundo y seres despreciados”. Los poemas de Claudia Schvartz se centran en la contemplación del paisaje, como “Nordeste” y “Moreno”. En uno de ellos, el yo poético se coloca en el lugar de una roca, destacando con ello su incapacidad de movimiento y acción: “Nací roca/ de índole solitaria/ y ávida de ser cobijo/ Prospera,/ pequeño liquen amigo/ tu osadía es cotejo/ que engalana de gris mi gris/ también un clavel del aire/ en un resquicio se enclava/ En mi ardua, lenta comarca/ florece/ ardiente fucsia entre espinas de místico contagio/ el cactus”.Entre las poetas que presentan un sesgo de género, tenemos a Martha Acosta (Tucumán 1943). “Setenta veces seis” habla de una mujer vieja, probablemente una indigente, que se levanta la pollera frente a una panadería. Una actitud revulsiva, cuestionadora de la moral, que se horroriza de lo que ve sin aceptarse como causante de aquello que rechaza: la “mujer canosa pies helados y callosos lanza palabrotas/ insultándonos por sus dos agujeros vitales porque lo/ merecemos”. En “Menéate”, una mujer sufre el imperativo de su género, que le exige esa actitud cuando va a la bailanta. Por su parte, Maisi Colombo (Tucumán, 1950) en “Receta para escribir un poema (Utilísima I)”, se burla del lugar de la mujer como ama de casa. En la misma línea, Leonor García Hernando (Tucumán, 1955) advierte en uno de sus poemas que la belleza en la mujer lleva a la frivolidad y a la estupidez. En otro, “La intensidad de las víctimas”, nos lleva a la idea de que en este mundo la vida nada vale y que, en ese marco, las personas pueden ser asesinadas para provocar placer en otros. Silvia Álvarez (Bahía Blanca, 1956) también incorpora una perspectiva feminista en la crítica a las tareas que competen, por sexismo, a las mujeres, ya sea lavar la ropa o constituirse en objeto sexual. La crítica política, en particular a la represión estatal, aparece en “El que no se escondió se embroma”: “de panza al piso/ y otra vez/ de frente a la pared/ manos adelante/ y quién es usted/ y qué hace de nuevo/ y nació/ y sí/ de quién/ y dónde/ nada por allí/ nada por aquí/ y sin más ni más/ qué lleva ahí/ pido”. O bien una razzia policial o una alusión a los desaparecidos; en cualquier caso, una posición valiente tomada por el yo lírico, que pide el fin de ese juego violento.Diana Bellesi (Santa Fe, 1946), a su vez, toma partido por las Madres de Plaza de Mayo y por la lucha de los militantes revolucionarios. En “La voz de los vencidos”, ocupa el lugar vacante de los que perdieron la batalla, pero no la guerra: “Hasta luego, amigo / mío hasta la victoria / siempre”. Niní Bernardello (Córdoba, 1940) habla del “destino sudamericano” al que estamos condenados, de la muerte de un niño en presencia de su madre, devorado por una boa, por la pobreza y el hambre. Aparece también la crítica el capitalismo: el mercado es todo, todo se vende, todo se compra, el único valor es el dinero, mientras las personas mueren en soledad. “Otros tiempos”, de Alicia Genovese, publicado en 1982, refiere (como si se tratara de un cuento infantil) a los desaparecidos, a la derrota de los ’70 y al final de las utopías revolucionarias: “las cintas de raso/ se perdieron/ doncellas/ sin que caballero alguno/ las encuentre”. Las doncellas fueron olvidadas “entre el polvo y las masacres de los caminos”, pues “corren malos tiempos” y es “inútil preguntar/ por el país de los elfos/ casi ni se tiene memoria”. Otros son los tiempos, ahora es “inútil también morir/ ya se ha acabado/ las grandes tragedias/ ahora todo parece/ desolado”. “El porvenir del socialismo”, de María Moreno, recupera una crítica a la opresión de género bajo el capitalismo tomando como ejemplo una relación de amor homosexual. El título del poema refiere a una expresión de deseo que puede tomar dos formas: que no habrá socialismo hasta tanto no se respeten los intereses individuales o que sólo bajo el socialismo serán respetadas las identidades de género. Delia Pasini (Buenos Aires, 1947) critica al capitalismo en su poema “Dies irae”. En otro, publicado en 1997, también se coloca en esta línea al decir: “Le fin du siècle se derrama en recetas chirles/ que prometen felicidad, la juventud de los cuerpos, distracción/ para el espíritu (…) Pueblos de atlantes soportan el peso de su/ humillación. Nos sentimos al margen, liberados. Es tiempo de/ impunidad”.

“La muerte de Evita”, un poema narrativo publicado en el 2000 y cuya autora es Susana Villalba (Buenos Aires, 1956), expone la ausencia de una representación política popular, vacío dejado por la desaparición de la “abanderada”. La lluvia es el leit motiv que remite a la figura de Eva, primero llanto del cielo, luego, ya sobre el final, agua celestial que se opondrá a los métodos piqueteros del fuego, pero que a su vez, les dará la voz que están buscando: “Generala del viento, de nada, de las gomas que queman en la ruta, levante su ejército de trapos mojados y de agua, lleve la tempestad hasta el registro de su voz. La voz es lo primero que se olvida”. Renueva en la figura de Eva la ilusión por el retorno del peronismo clásico, de la búsqueda de un liderazgo externo para la clase obrera, cuya acción directa sólo podrá apagarse cuando su voz olvidada vuelva a ser oída, tempestad mediante.

Malas compañías

Bajo la óptica de Irene Gruss se nos presenta un material supuestamente más “plural”, aunque, precisamente por ello, carente de jerarquías y ecléctico. Preguntábamos al comienzo porqué incluir voces femeninas si no es porque aportan una perspectiva de género. Tal como hemos podido observar, lo femenino no siempre porta lo feminista. Y ni siquiera lo progresista.En su ejercicio de subjetividad, Gruss termina colocando en el mismo nivel a poetas confusas o que reivindican un ángulo antifeminista y reaccionario, junto con aquellas que defienden la revolución o que critican el lugar de la mujer como objeto sexual o ama de casa. Una mezcla que más que perturbar, indigna. Detrás de la selección cambalachesca, entonces, asoma una perspectiva banalizadora de la poesía, actitud que responde a un programa político necesariamente conservador, individualista y elitista.

[1]

Del “Prólogo” de la compiladora. [2]“También es adrede mi no mención de toda oblea (léase etiqueta de ‘vanguardia’, ‘del ‘70’, etc., ‘ismos’ diversos) de la que gozan estudios y algunos disparates ensayísticos de la época”, idem, p.11.

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