Pensar al revés

Mariano Schlez

Laboratorio de Análisis Político – CEICS

Heinz Dieterich, Martha Harnecker, Luis Bonilla Molina y Haiman El Troudi, son algunos de los teóricos asesores del gobierno chavista. Nucleados en torno al “Centro Internacional Miranda”, tienen a su cargo la “capacitación de cuadros políticos, sociales y económicos para el sostenimiento y defensa del modelo constitucional bolivariano”.1 Participan de las reuniones gubernamentales y colaboran en la construcción del pensamiento político de Chávez, otorgándole organicidad a su discurso.2 Por ejemplo, Harnecker colaboró en la redacción del programa de gobierno y redactó el documento final del “Taller de Alto Nivel”, organizado por Chávez luego del referéndum revocatorio.3 De la misma manera, Dieterich escribió Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI con el objetivo de aligerar “la carga (…) [de] la cruz de la vanguardia que el intrépido Comandante ha decidido cargar sobre sus hombros”.4 Un análisis del corazón de su propuesta nos ayudará a dilucidar el contenido real

De Marx a Proudhon…

Las bases teóricas de los “socialistas del siglo XXI” distan mucho del corpus científico construido por Marx y Engels. En primer lugar, niegan la existencia actual de la piedra de toque de todo el marxismo: la ley del valor. Para ellos, el precio es el principal mecanismo de apropiación de la plusvalía: “en la economía de mercado el precio de la mercancía es, esencialmente, el resultado del poder de los agentes económicos. Aquél que tiene más poder […] impone el precio al más débil”.5 Este punto de partida traslada el origen de los problemas de la explotación capitalista a las “injustas” y “desiguales” relaciones comerciales. Se trata de una reedición de la vieja teoría del “justo cambio” proudhoniana. En la realidad, lo que puede constatarse es que los precios de las mercancías tienden a corresponder con su valor. La clave de la dinámica capitalista se halla, no obstante, en una mercancía particular: la fuerza de trabajo, que puede generar más valor que el que supone su propia reproducción. Pero su misma existencia es el producto de la separación del productor directo de sus condiciones de existencia: los medios de producción y de vida. No puede adjudicarse al mercado una acumulación que se produce en el proceso de producción mismo. El problema no es la desigualdad, sino la explotación. Por lo tanto, la cuestión central es la expropiación de los medios de producción de manos de los capitalistas. Un asunto que estos teóricos pretenden dejar tal como está. De esta manera, para estos intelectuales el gran problema a combatir serían las relaciones mercantiles6 y no la propiedad privada de los medios de producción: “la esencia del problema de la economía socialista […] debe entenderse como un problema de democracia económica participativa, más que un problema de mercado o de formas de propiedad”.7 La idea que el comercio mundial no obedece las leyes económicas es un absurdo. Si realmente existiera el intercambio desigual, no podrían haberse desarrollado importantes burguesías agrarias a lo largo del globo. En otros trabajos, demostramos la inconsistencia de la hipótesis que sostiene que el comercio mundial altera la ley del valor.8 Por otra parte, esta idea del “comercio justo” no hace más que reproducir el credo liberal según el cual la libertad de mercado es la mejor solución a los problemas del mundo. La única diferencia entre estos chavistas y los teóricos neoliberales sería, según los primeros, que los últimos no actúan como predican. El “socialismo del siglo XXI” se revela, entonces, como “verdadero liberalismo”.

… hasta llegar a Perón

Para los chavistas, la propiedad privada de los medios de producción no debe ser combatida y la lucha de clases ha dejado de ser el motor de la historia. El objetivo de estos particulares revolucionarios es “la superación del subdesarrollo”9 y el enemigo es “la globalización neoliberal”10, que será vencido a través de un “capitalismo proteccionista de Estado”.11 La tarea ya no es más la lucha contra el capitalismo, sino el “desarrollo” de las naciones del Tercer Mundo. Desarrollo que no puede ser sino capitalista. Por ese motivo, Dietrich explica que la “fuerza bolivariana (…) se sostiene sobre siete columnas”, “la primera columna de apoyo que levantó Hugo Chávez fue la del empresariado latinoamericano”.12 Harnecker refuerza esta estrategia proponiendo que al “bloque social alternativo (…) podrían entrar sectores burgueses que (…) no tienen otro camino que insertarse en un proyecto nacional y popular”.13 Queda todo bastante claro, sin demagogia alguna. Ahora bien, ¿Cómo puede lograrse semejante desarrollo? Dieterich aclara que se trataría de “la estrategia de desarrollo proteccionista empleada por Alemania y Japón; después por los tigres asiáticos y en América Latina, por Cárdenas, Perón y Vargas”.14 He aquí tres alternativas diferentes. La primera es la de los países centrales derrotados en la Segunda Guerra Mundial. Ni Alemania ni Japón perdieron su capacidad industrial. Su capacidad de poder relanzar la acumulación capitalista tuvo esta premisa, a lo que se sumaron varias décadas de bonanza para el capitalismo mundial. La segunda, la peronista, resultó un fracaso completo. La llamada “industrialización periférica” de Brasil y México, tiene mucho en común con la tercera opción: la vía asiática. Se trata principalmente, de una mayor explotación de la clase obrera que permite la relocalización de capitales, aprovechando la superabundancia de fuerza de trabajo provista por la migración campo-ciudad de millones de campesinos desposeídos.15 La apuesta no se detiene allí. Según estos intelectuales, el MERCOSUR es otra de las herramientas para el desarrollo regional. Sin embargo, este bloque regional no es otra cosa que la búsqueda de centralizar y concentrar los capitales necesarios para poder competir en el mercado mundial.16 Es decir, todo lo que el proyecto propone es un mayor desarrollo capitalista. En cualquiera de los casos, la clase obrera será la que deba pagar con peores condiciones de existencia o, dicho de otra manera, con superexplotación.

Los límites del proyecto bolivariano

Según el “Socialismo Siglo XXI”, existe una “cuarta vía al poder”.17 Se trataría de un camino institucional: llegar al poder a través de la democracia. Una vez allí, profundizar las reformas. Esta vía conformaría una “revolución sui generis”, según Marta Harneker. Consistiría, básicamente, en la extensión de derechos civiles y la profundización de las reformas democráticas: la posibilidad de los ciudadanos de participar directamente en las decisiones y la creación de “círculos bolivarianos”. Este tipo de planteos reproducen las premisas del liberalismo más rancio. De hecho, el marxismo nace como una crítica a la democracia burguesa. Ya en 1795 Graco Babeuf mostró los límites de la proclamación de la igualdad en el plano jurídico. El problema de las instituciones burguesas no se resuelve con mayor participación, sino con la expropiación a la clase dominante de su poder político. La misma Harnecker reconocía, en 2003, un elemento que aún hoy caracteriza a la sociedad venezolana: “no se ha conseguido desmontar la estructura económica del viejo modelo”.18 Haiman El Troudi reconoce lo mismo todavía en 2005.19 Si quieren el desarrollo (capitalista) de Venezuela, deberán atenerse a las consecuencias. La burguesía, la “neoliberal” y la “progresista”, está obligada a competir, como cualquiera. Su búsqueda de maximizar las ganancias no puede conciliarse con obreros que “decidan” trabajar menos, o ganar mayores salarios. Toda revolución que confíe en la posibilidad de conciliar los intereses de dos clases antagónicas está condenada al fracaso. De ninguna manera podemos esperar que, como asegura Dieterich, “la propiedad privada de los medios de producción perderá su base, se eliminará por sí sola”.20 La particular coyuntura de la lucha de clases, y de la economía mundial, permite una nueva experiencia nacionalista en Venezuela. La teoría del frente popular ofrece la oportunidad a sus intelectuales de formar parte del estado en una nueva aventura. Por ahora, el precio del petróleo le permite al chavismo sostener al capitalismo venezolano sin impulsar un ataque a las condiciones obreras. Sin embargo, si en algún momento Chávez pretende cumplir con el programa del “Socialismo del Siglo XXI”, tal como lo vimos aquí, tendrá que enfrentar serias contradicciones. No será la primera vez que las burguesías nacionales aumenten los niveles de explotación en nombre de una mayor “productividad”, necesaria para competir con los capitales extranjeros. El programa político de los teóricos chavistas no resiste el horizonte económico por ellos propuesto. Así las cosas, las conquistas políticas que ha logrado la clase obrera venezolana, cualquiera sea su magnitud, están llamadas a durar lo que los altos precios petroleros, si no se avanza en la expropiación política y económica de la burguesía, cualquiera sea su nacionalidad.

Notas

1 http://centrointernacionalmiranda.gob. ve.

2 Ver Harnecker, Marta: Reconstruyendo la izquierda. Selección de textos sobre el instrumento político, Caracas, Centro Internacional Miranda, 2006.

3 “Marta Harnecker: La chilena más cercana a Chávez”, El Tiempo, 13/2/2008, en www.eltiempo.com.

4 Dieterich, Heinz: Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI, Buenos Aires, Nuestra América, 2005, p. 14.

5 Ídem pp. 157 y 170.

6 Ídem p. 94.

7 Ídem pp. 173-174.

8 Kornblihtt, Juan: “Goodbye Marx. Las teorías sobre el capital monopolista y el supuesto fin de la competencia”, en El Aromo, Nº 37, julio/agosto de 2007.

9 Dieterich, Heinz: op. cit. p. 184.

10Harnecker, Marta: Venezuela, una revolución sui generis, p. 61, en www.rebelion. org.

11Dieterich, Heinz: op. cit. p. 201.

12Dieterich, Heinz: op. cit. pp. 201-202.

13Ídem p. 62.

14Dieterich, Heinz: op. cit. pp. 184-185.

15Curiosamente, estos chavistas coinciden profundamente con economistas opositores al kirchnerismo y difícilmente catalogables de socialistas, como Javier González Fraga. Véase entrevista en esta misma edición de El Aromo.

16Ídem p. 59, 60 y 62.

17Dieterich, Heinz, Chomsky, Noam y Fidel Castro: La cuarta vía al poder, Buenos Aires, Editorial 21, 2000.

18Harnecker, Marta: op. cit., p. 8.

19“La revolución no ha concretado todavía su proyecto de transformación profunda”, El Troudi, Haiman: El Salto Adelante. La nueva etapa de la Revolución Bolivariana, Caracas, Ediciones e la Presidencia de la República, 2005.

20Dieterich, Heinz: op. cit., p. 120.

 

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