Patagonia bajo el agua – Por Gerardo Wilgenhoff  

gerardo image 78La odisea de los “autoevacuados”

Abril de este año. Otoño en el sur. Imagine a su casa y su barrio inundados. El Estado se niega a evacuarlo y le cierra las puertas de los albergues. Para colmo, no se consigue leña. ¿Cómo sobrevivir? Lea cómo lo lograron los obreros de Cipolletti con organización y lucha.

 Por Gerardo Wilgenhoff (TES-CEICS)

La ciudad rionegrina de Cipolletti sufrió, en la primera semana de abril, una de las tormentas más intensas de los últimos años. En esa semana, las inundaciones fueron una constante. Las calles se convirtieron en grandes lagunas que, en algunos casos, sobrepasaron el metro de altura. Las casas, anegadas por el agua, se derrumbaron debido a la precariedad de su construcción. Los bienes personales desaparecieron entre las corrientes de agua. Todo se perdía ante la mirada impotente de la gente. ¿Cómo se había llegado a esta situación?

Detrás de la “tragedia” que azota a la región, se revela una problemática de fondo que el capitalismo no ha podido resolver: el acceso a la vivienda. La clase obrera, principal víctima de la crisis habitacional de la ciudad, ha tomado el asunto en sus manos. Desde hace varios años, viene realizando acciones colectivas para solucionar esta problemática vital: toma de tierras, movilizaciones, campañas.

Según el censo de 2010, más de 78.000 personas habitan Cipolletti, de ellas se estima que la cuarta parte (5275 familias) viven en una de las 26 tomas de la ciudad.[1] Ahora, las inundaciones han arrasado con sus viviendas, debido a la ubicación y precariedad de los asentamientos. Los representantes locales del Estado capitalista, por su parte, no han dado ninguna respuesta concreta. En primer lugar, condenaron al sector más vulnerable de la clase obrera a ocupar un espacio no apto para el asentamiento humano, en la planicie de inundación de los Ríos Negro y Neuquén y, por otro, ante el inminente desastre, los abandonaron a su suerte.

Desconsuelo

La intensa lluvia comenzó el miércoles 2 de abril, pero tuvo su punto más agudo el lunes 7. El temporal ocasionó el desborde del principal canal de desagüe de la ciudad, el P2, y el colapso de numerosos canales pluviales secundarios. En las zonas céntricas y sus alrededores, el filtrado del agua se produjo de manera más efectiva, sobre todo en las calles asfaltadas. En las zonas periféricas, sobre todo las ubicadas al noreste y al sur de la ciudad, en cambio, las inundaciones arrasaron con los hogares de la clase obrera. Hablamos, evidentemente, de zonas marginales, con una urbanización precaria, sobre terrenos tomados, en las zonas bajas de la ciudad. En estas zonas, ubicadas en las planicies de inundación de los ríos Negro y Neuquén, el colapso, que bien pudo evitarse, fue casi total. Se contabilizaron más de 300 evacuados por el municipio y alrededor de 2.500 autoevacuados.[2]

Entre los barrios más afectados se encuentran Piedrabuena, Mercantiles, CGT, Anai Mapu, 130 viviendas, Puente 83, El 30, Puente de Madera, María Elvira, Martín Fierro, Rincón Lindo, La Esperanza, 2 de Febrero, Los Tordos, DVN y los asentamientos de la Isla Jordán, donde se produjeron grandes lagunas de agua que impedían acceder o salir del sector. En muchos casos, el agua ingresó a los hogares y arrasó con los pocos bienes materiales: ropas, colchones, electrodomésticos, etc. Los mismos vecinos se encargaron de limpiar con palas y picos los alrededores de los canales y desagües que pasan por el lugar. La intransitabilidad de las calles, a su vez, obligó a sus habitantes a realizar zanjas en los costados de sus precarias viviendas.

Víctor Villablanca, jugador de la primera división del club cipoleño, recibió una descarga eléctrica en el barrio Anai Mapu, luego de tocar un alambrado que hizo contacto con un poste en cortocircuito. Hoy lucha por su vida, internado en terapia intensiva con un paro cardiorrespiratorio. Muchos postes del precario tendido eléctrico de los asentamientos se rompieron por la acumulación del agua en el suelo y se inclinaron quedando a pocos metros de las casas. También sufrió complicaciones la comunidad de Rincón de Las Perlas, donde hubo anegamientos de viviendas y falta de agua potable por la excesiva turbiedad del líquido, producto del sedimento en suspensión. Además, hubo autoevacuados en las tomas La Esperanza, 4 de Agosto, Puente de Madra, 2 de Febrero, Ferri, Rincón de las Perlas y Puente 83, entre otros puntos de la ciudad. Ante esta situación, los obreros de los asentamientos más afectados cortaron el tránsito por la Circunvalación Perón, en reclamo de una mayor atención por parte del Gobierno, tanto el municipal como el provincial.[3]

Desastrosa fue, a su vez, la situación en la toma Barrio Obrero, por la inundación que generó la salida del cauce del canal pluvial, ubicado a la vera de Circunvalación Presidente Illia. Allí el agua alcanzó el metro de altura debido a la falta de drenaje. Los vecinos del barrio tuvieron que hacer una zanja paralela hasta el desagüe de Circunvalación, porque el agua no corría, y las autoridades municipales se negaron a trasladar la pala excavadora. El Barrio Obrero A y el B fueron los lugares más castigados, sobre todo, en éste último, en los asentamientos La Esperanza, Los Sauces y Awka Liwen, entre otros. Hambrientos, cansados, ateridos de frío, abandonados a su suerte por la dirigencia burguesa y con una inmensa responsabilidad sobre sus hijos, los habitantes del barrio tuvieron que autoevacuarse. En el primero, fueron unas 900 personas pertenecientes a 180 familias, con muchos hijos. En el segundo, la autoevacuación fue total: unos 830 obreros, pertenecientes a 166 familias, tuvieron que dejar sus destruidos hogares.[4] La ausencia de asistencia estatal obligó a sus dirigentes y vecinos a organizar la autoevacuación, mientras observaban con angustia y desolación como sus viviendas y pertenencias desaparecían en medio de las aguas desbordadas. Al otro día, los obreros del barrio y sus dirigentes -henchidos de odio y con la indignación latente, frente a aquellos que debieran resolver su situación- se movilizaron hasta la Municipalidad, para exigir respuestas a sus demandas más urgentes. Pudieron hablar con el Secretario de Gobierno, Darío Bravo, quien se comprometió a solucionar algunas de las urgencias que presentaban los asentamientos.

El día después de las lluvias, la situación, lejos de mejorar, empeoró en muchos aspectos. Las ráfagas de viento -que alcanzaron, en algunos casos, los 90 kilómetros por hora- produjeron la caída de alrededor de 500 árboles e infinidad de postes de luz, dejando sin suministro eléctrico a todo el municipio. Recién a la noche se había restablecido el servicio eléctrico en algunos puntos de la ciudad. Los barrios Anai Mapu y Puente 83, por ejemplo, quedaron sin electricidad durante varios días. El corte de energía, a su vez, paralizó el funcionamiento de la planta potabilizadora de Ruta 151. En consecuencia, se detuvo la provisión de agua potable, sobre todo en la zona este de la ciudad, principalmente en los barrios CGT, Mercantiles, Piedrabuena, Rincón Lindo y Los Tordos. También provocó la paralización de las estaciones elevadoras, dejando sin funcionamiento los desagües cloacales.

La demanda de leña, en las zonas sin conexión de gas, se convirtió en una prioridad. Sin embargo, el Gobierno no previó, tampoco, esta necesidad. La cantidad de leña acopiada era escasa y estaba muy mojada. El proceso de compra, además, demanda varios días. En consecuencia, las familias no podían secar sus casas ni protegerse de las bajas temperaturas. Ante esta situación, el día 11 de abril, los compañeros afectados cortaron la ruta 65, a la altura del puente 83 en reclamo de una mayor presencia estatal y asistencia social. En su mayoría se trataba de habitantes de la toma Martín Fierro, ubicada en el límite de Cipolletti y Fernández Oro. La prioridad fue exigir a los funcionarios municipales la provisión de leña para calefaccionarse.

El gobierno dictó el asueto en las escuelas. Tampoco hubo atención al público en reparticiones oficiales ni en bancos. El transporte público sólo prestó servicios con frecuencia reducida, aunque sin ingresar a las zonas inundadas. Los talleres, cursos, actividades deportivas y otros, quedaron suspendidas. Los Centros Infantiles Municipales también.

En los albergues preparados para recibir evacuados, hubo más de 300 personas alojadas,[5] pero sus puertas no se abrieron para los autoevacuados. No hubo plazas en las escuelas para ellos y quedaron librados a su suerte, dependieron sólo de familiares, amigos y la solidaridad de otros trabajadores.

Recién tras estos sucesos, días después de la inundación, el Gobierno nacional, a través del programa “Más Cerca, Más Municipio, Mejor País, Más Patria”, le transfirió al municipio la suma de 824.585 pesos para la realización de obras públicas. Se trata de proyectos financiados por Obras Hídricas de Saneamiento de la Nación, para mejorar el servicio de agua potable y cloacas. El gobernador Weretilneck, por su parte, anunció que otorgará subsidios por ocho mil pesos a los evacuados que integran los barrios del este de la ciudad y que puedan probar esta condición. Los evacuados del norte quedarán a cargo del municipio. No hubo anuncios para los autoevacuados a quienes, de este modo, el gobierno ignora nuevamente.[6] Esta discriminación resulta indignante ya que la única diferencia entre los evacuados y los “autoevacuados” radica en que los últimos fueron abandonados por el Estado en medio de la emergencia. No fueron auxiliados a salir de sus barrios inundados y con riesgo e electrocución. No se les brindo un techo donde cobijarse. Debieron organizarse por sus propios medios para realizar las tareas que permitieran el drenaje del agua y su posterior retorno. Además, tuvieron que luchar para obtener cosas tan básicas como leña. Ahora, en compensación por tanto abandono (y como castigo por haber tenido la osadía de sobrevivir), son excluidos también de los subsidios.

No culpes a la lluvia

El Intendente de Cipoletti, Abel Baratti, del oficialista Frente para la Victoria, estuvo ausente en esos días. Se negó a evacuar a los obreros de los asentamientos inundados, desestimando los daños que sufrieron. En consecuencia, más de cuatro mil familias quedaron directamente afectadas por su decisión de no actuar en esos barrios. De ellas, 2.500 obreros tuvieron que autoevacuarse por la pérdida total de sus pertenencias.

El Secretario de Acción Social, Pablo Iachetti, planteó que el fenómeno meteorológico y sus efectos superaron todas las previsiones. Recordó que no se registraba un temporal de lluvias tan fuerte desde 1975 y aun en fechas anteriores. El vocero de EDERSA, Martín Roqués, explicó que estos acontecimientos son difíciles de prever e imposibles de evitar.[7] A pesar de estas excusas infantiles, la problemática de fondo se encuentra en la propia sociedad, de la cual surge. El capitalismo genera una creciente población sobrante para sus propias necesidades, de cuya reproducción se desentiende, lo que se ve en el deterioro de la salud y la educación de estas capas obreras, pero también en sus condiciones de vivienda. La ausencia de un plan habitacional para la sobrepoblación relativa, provocó la ocupación de terrenos privados, sin uso, en el ejido urbano. Estos asentamientos están ubicados en las planicies de inundación de los ríos Negro y Neuquén y son, por tanto, los más vulnerables ante las inundaciones. Las personas allí instaladas se caracterizan por su nivel de pobreza. Sus viviendas son precarias y la infraestructura urbana deficiente. Por tanto, la problemática vinculada a las inundaciones está estrechamente ligada a una clara política de ordenación y distribución del uso de la tierra por parte del Estado. Pero, evidentemente, el problema de las inundaciones ha quedado al margen de las políticas de desarrollo de la ciudad. No hubo previsión de ningún tipo ante las intensas lluvias que se venían pronosticando. Mucho menos un plan de contingencia para la población más vulnerable, a niveles que permiten hablar de “abandono de persona”, figura judicial a la que se planea recurrir.

El Gobernador de la Provincia de Río Negro, Weretilneck, también representante del Frente para la Victoria, no sólo no declaró la emergencia, sino que no puso a disposición los medios materiales y logísticos para atender a los inundados. Recién en los últimos días -y como respuesta al descontento de los obreros de los asentamientos-, el Secretario de Gobierno, Darío Bravo, acompañado por el titular de Obras Públicas, y de Servicios Públicos, recorrió los sectores más afectados por el temporal, intentando solucionar las problemáticas de corto plazo, que no hacen a la solución de fondo: drenaje con camiones y maquinarias de bombeo, reparación y bacheo de calles, etc. Sin embargo, en la toma Los Sauces, donde los pozos sépticos estaban desbordados y el canal de desagüe tapado, y, en el asentamiento Awka Liwen, donde varios obreros tuvieron que autoevacuarse, entre otros lugares, hasta el cierre de esta nota no habían recibido ninguna ayuda oficial.

Más allá de la tormenta

Los compañeros de la toma Barrio Obrero se han convertido en el sector más dinámico de la clase obrera cipoleña. El Barrio Obrero, ubicado en Lisandro de la Torre, en las inmediaciones de la Ruta 22, al sur de Cipolletti, se formó, hace cinco años, a partir de una toma de terrenos por parte de unas 30 familiar. En la actualidad, integran, junto a otros asentamientos, el Foro por la Tierra y la Vivienda Digna.

Frente a la grave situación que atraviesan para acceder a una vivienda digna, decidieron darle una salida colectiva a la situación, realizando un asentamiento para edificar sus casas. Los vecinos del Barrio Obrero vienen sufriendo, desde su instalación, todo tipo de aprietes por parte del Gobierno, que ha intentado desalojarlos en varias oportunidades. El intendente, por su parte, le ha negado la prestación de los servicios públicos básicos, así como también el trazado de calles en el sector. Sin embargo, a partir de distintas acciones colectivas, sus integrantes vienen resistiendo las ofensivas de su aparato represivo.

Frente al abandono de los gobiernos provincial y municipal, ante las inundaciones, los vecinos tuvieron que autoorganizarse para evacuarse, con el apoyo de distintas organizaciones sociales, partidos de izquierda y sindicatos. También fue fundamental la ayuda de estas agrupaciones para construir los pozos que permitiesen la circulación de agua y para trasladar los elementos básicos para la vida: colchones, frazadas, agua potable, vestimenta, etc.

El martes 8 de abril, los damnificados realizaron una movilización hasta la Municipalidad. En ella, participaron los obreros de distintos asentamientos acompañados por organizaciones sociales, partidos de izquierda y sindicatos. Partieron del Barrio Obrero y exigieron la puesta en práctica de acciones concretas de asistencia a todos los inundados de la ciudad de Cipolletti y la expropiación de las tierras en los asentamientos. A su vez, pidieron el que no se desaloje a los obreros. Para la mayoría de sus habitantes, la situación es de extrema gravedad porque han perdido todo. Sus dirigentes ratificaron que seguirán viviendo en el asentamiento, pese a la orden de desalojo que expidió la Justicia provincial. Además, y sin olvidarse de las viejas y sangrientas ofensas sufridas, calificaron la visita que realizaron los funcionarios municipales a la zona como “el primer reconocimiento oficial” y reclaman que el Gobierno disponga la expropiación inmediata de los terrenos tomados y que otorgue a todos los autoevacuados los ocho mil pesos de subsidios que el gobernador prometió.

Sus dirigentes, por otro lado, vienen evaluando la posibilidad de efectuar una denuncia penal por abandono de persona al intendente Abel Baratti, debido a su ausencia durante el temporal y a que el municipio no adoptó medidas en los asentamientos para impedir el desastre durante las tormentas. Además, podrían adherir masivamente al pedido de revocatoria de mandato de Baratti, impulsado por algunas organizaciones sociales y vecinos de la ciudad.

Como vemos, las situaciones que padece la sobrepoblación relativa en Cipolletti poco tienen que ver con las intensas lluvias. Son, ante todo, el producto de lógica capitalista y de la política de clase del Estado burgués, que ha demostrado su desinterés en garantizar la reproducción de los sectores obreros que resultan sobrantes para el capital. Los mismos son empleados estacionalmente en las cosechas de frutas, pero su carácter supernumerario y sus paupérrimas condiciones de vida son, precisamente, lo que garantiza su baratura. No es interés de los patrones ni del Estado alterar esta situación. Por el contrario, los obreros de los asentamientos, en particular aquellos que integran el Barrio Obrero, se han organizado para no perder sus condiciones materiales de vida. Existe un descontento activo que va apoderándose de la clase obrera cipoleña y que, a su vez, la mantiene activa en la lucha. En su movilización y en sus demandas hay un potencial de desarrollo importante, que se manifiesta en cada vez más frecuentes acciones directas, a las que se ven empujados por la defensa de necesidades vitales. Unir a estas masas en un bloque único se ha convertido en una tarea urgente. Para ello, es fundamental canalizar este descontento popular hacia un verdadero programa socialista.

Notas

[1] Véase http://goo.gl/eem00n.

[2] La Mañana Cipolletti, 9/4/14.

[3] Ídem, 7/4/14.

[4] Ídem, 8/4/14

[5] Ídem, 9/4/14.

[6] Ídem, 14/4/14.

[7] Ídem, 9/4/14.

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