Pago a los buitres: el nacionalismo del FIT

BuitresLa campaña contra el acatamiento del fallo del juez Griesa ha mostrado, una vez más, que el FIT no existe y que la izquierda no puede delimitarse del peronismo. Hasta ahora, no pudo sacar un solo comunicado como frente, desgarrado por la lucha entre un mayor o un menor acercamiento al peronismo. Pero el asunto ha avanzado mucho más, porque ahora no es solo el PTS el que sigue incondicionalmente al kirchnerismo, sino que se agrega el PO.

Ambos dos (PTS y PO) coinciden con el llamamiento de la bancada del FPV a una consulta popular vinculante sobre el acuerdo propuesto por el gobierno nacional (el PO le llama “referéndum”). Es decir, están dispuestos a presentar un proyecto en común con el kirchnerismo y hacer campaña común también. El PTS agrega que “el pueblo argentino sea el que convalide o rechace el acuerdo que selló el Gobierno con los holdouts”.  O sea, que si el pueblo convalida, apoyamos… La única crítica coherente, esta vez, viene de Izquierda Socialista, que alerta que el FIT se pronunció en contra del pago de la deuda externa y, por lo tanto, no corresponde ninguna consulta, sino una campaña política de esclarecimiento y rechazo.

La izquierda se equivoca en su concepción sobre la deuda externa y en la propuesta de intervención (a excepción, en este último punto, de Izquierda Socialista). En ambas, reproduce una concepción burguesa de los problemas.

Sus ideas sobre el asunto, incluyendo la idea de que hay un rechazo popular general, están basadas en dos afirmaciones poco probadas:

  1. La deuda es un mecanismo de dominación colonial.
  2. La deuda es ilegítima e ilegal.

El primer punto está desmentido por los datos más elementales. La Argentina ha recibido más plata de la que ha pagado. Es cuestión de sumar y restar. Que la deuda crezca es sinónimo de que nos prestan y no pagamos. En términos puramente financieros, el país se la pasó estafando a sus acreedores desde el préstamo de Baring, allá por 1824. Por lo tanto, en realidad, el endeudamiento es un acto de soberanía: el Estado consigue fondos para su burguesía nacional. Por eso, si Macri se endeuda, va a tener mayores posibilidades de aumentar su caudal político, tal como lo anticipó Cristina. A diferencia de lo que dice el PO, la regularización de las relaciones financieras va a permitir que entre plata. Si entra la suficiente, el gobierno tendrá más recursos para dosificar el ajuste. Por eso, la gente lo puede apoyar, de la misma forma que apoyó el endeudamiento de Menem.

En términos generales, asociar un endeudamiento con la entrega es un disparate: endeudarse no está bien ni mal, no es revolucionario ni reaccionario. Nadie puede condicionar a un Estado Socialista a no pedir un peso. El problema, en todo caso, es quien pide y para qué. Ese es el punto central. Aquí, la burguesía local pide plata para cubrir su falta de productividad. El Estado se la garantiza. Si hay que pagar, se apela a la clase obrera. El resultado no es un despegue de las fuerzas productivas, sino la perpetuación de ese atraso, que requiere mayores compensaciones. Otra vez, estamos en realidad ante un acto de soberanía política: el Estado se encarga de sostener a una burguesía nacional y un espacio capitalista propio, aunque sea en forma artificial y estafando a medio mundo, incluyendo a otras burguesías y a la clase obrera. Salvo que alguien crea que la soberanía nacional es otra cosa que la soberanía de la burguesía y todavía crea en las mentiras de los preceptos liberales, hay que admitir que la Nación Argentina es esto y funciona así. El problema de la izquierda es que todavía no pudo superar a Mariano Moreno.

El punto dos directamente no corresponde a ningún planteo de izquierda. ¿Qué significa “ilegítima”? ¿Que no fue legitimada por la población? ¿Acaso no votó sistemáticamente a quienes nos endeudaron? ¿Acaso quien la estatizó no recibió más votos que los que jamás obtuvo hasta ahora la izquierda?

Peor aún, ¿qué significa la denuncia de “ilegalidad”? ¿Vamos a someter esta cuestión a lo que digan las leyes burguesas? ¿Realmente la izquierda cree que el corpus jurídico es neutro o expresa los intereses de toda la población?

El colmo es ver a dirigentes revolucionarios denunciando la “usura” de las tasas (que son las que maneja el mercado), como si fueran los abogados de la cúpula empresarial argentina, peleando unos puntos menos de interés o punitorios. Eso es inaceptable.

Primer punto: la deuda es legal porque fue contraída por gobiernos constitucionales o avalada por ellos. Segundo punto: un revolucionario no puede condicionar su reclamo a las leyes de la clase que combate. Más aún, un revolucionario lucha contra las leyes, no a favor de ellas. Cuando deja de hacer lo primero para reivindicar lo segundo es porque abandonó su carácter de tal.

La izquierda, en este punto, no sale del campo de análisis burgués, es decir, del enemigo. ¿Y entonces? ¿Por qué hay que rechazarla? Por esto:

  1. Es un mecanismo de transferencia a los capitalistas, sean nacionales o extranjeros y no nos beneficia en lo más mínimo como trabajadores. No nos importa, en este punto, lo que entra o sale, porque no vemos nada de lo que entra, pero pagamos lo que sale. Nos oponemos a pagar la deuda igual que nos oponemos a los subsidios a la industria nacional.
  1. Se trata de un mecanismo inútil, que financia a una clase social agotada, que se dedica a sobrevivir y es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas.
  1. No nos interesa si es legal o no. No nos interesa lo que dice la Constitución. No apoyamos a ninguna soberanía nacional, porque se edifica sobre la base de nuestro esfuerzo y se vuelve contra nosotros.

Por lo tanto, lo que corresponde es repudiar el endeudamiento y pedir que se deje de financiar a una clase social parásita, bajo cualquier forma.

El método

El PO y el PTS piden una consulta o referéndum. ¿Por qué la consulta popular es una consigna inadecuada? En primer lugar, porque se reemplaza la función de dirección, de intervención en la conciencia, por una apelación de tipo democrática, al estilo autonomista. Todo el mundo puede opinar sobre lo que debe hacer la izquierda, la cual acepta y acata. La izquierda se apresta a delinear su política sobre el mandato  de todo aquello que excede a la clase obrera (burguesía y pequeño burguesía) y de lo más atrasado del proletariado (que es su mayoría). Igual que en las PASO, en lugar de apelar a la vanguardia, se deja que cualquiera decida sobre la vida política revolucionaria. En lugar de dirigir a lo más dinámico de la clase, se apela a la “ciudadanía”. Es decir, se abandona la política de clase por el liberalismo. Parece que el PO y el PTS no recuerdan que hace poco (2009), en Uruguay, la mayoría de la población se negó a derogar la Ley de Caducidad. Ya por segunda vez, pues había dicho No en 1989. Estamos hablando de una ley que impedía juzgar a altos miembros de la dictadura del país vecino. El PO y el PTS, entonces, deberían abandonar toda campaña por la cárcel para esos criminales.

Segundo, el conjunto de la población ya votó. Hace cuatro meses, el 97% eligió a los candidatos que pretendían pagar y cerrar el acuerdo. Por lo tanto, el PO y el PTS están embarcándonos en un combate para llegar a una derrota segura. Eso se llama, en todos los órdenes de la vida, irresponsabilidad. Es decir, que se carece de los atributos morales de cualquier dirección: la capacidad para tomar decisiones sobre las que se puede responder.

Tercero, eso supone hacer campaña con el FPV. Todo el porcentaje que se obtenga del NO, va a ser capitalizado por él. En medio de la crisis, del éxodo, de las disputas internas, del conventillo y las perspectivas de una disolución, vamos a darle una mano importante al kirchnerismo, evitando su desaparición y convirtiéndolo en una fuerza opositora. Gran favor le hacemos a la política revolucionaria…

Lo que hace falta, en este momento, es aglutinar a todas las fuerzas que luchan contra el acuerdo en una campaña política de clase: no aceptamos que nuestra plata vaya a ningún capitalista, sea extranjero o nacional. Todos los capitalistas (sean de la nacionalidad que sea) que se beneficiaron con nuestro dinero deben responder con sus fortunas o con sus empresas.

Hace falta reagrupar a las fuerzas políticas para una intervención de fuerza. El FIT no existe. No tiene entidad política. No hay frente único, ni frente circunstancial, ni frente sindical, ni frente parlamentario. No hay nada. Hay que volver a construir una herramienta de intervención común. Llamamos a los partidos revolucionarios y organizaciones de izquierda a organizar un congreso de militantes que diseñe un programa y un plan de lucha contra la avanzada capitalista.

Razón y Revolución

 

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1 Response

  1. Anibal dice:

    No tengo numeros a mano pero, respecto de la afirmación según la cual no hemos pagado más de lo ingresado como deuda, no es posible que lo abonado en intereses supere el monto del capital de los préstamos? Por otra parte, los prestamos de los organismos internacionales de credito, no suelen venir acompañados de exigencias económicas algo incomparibles con la soberanía?

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