Otra vuelta más. Coyuntura económica en Argentina y agotamiento de una clase social


Viviana Hansi y Damián Bil
Observatorio Marxista de Estadística – CEICS

Durante los últimos meses, el gobierno cerró un acuerdo con el FMI, que promete ingresar dólares a la economía en distintos tramos. En junio, entró un primer adelanto de 15 mil millones de dólares, que se usó como reservorio para estabilizar el mercado de cambios, reducir el stock de Lebac (aunque generando un nuevo papelito) y pagar vencimientos de deuda pública. Parte del acuerdo con el Fondo implica el compromiso del gobierno de reducir el déficit fiscal. Ese objetivo se plasmó en el pliego de la Ley de Presupuesto 2019, el cual ya recibió media sanción en el Parlamento, que indica una serie de recortes para alcanzar la meta del “déficit cero”.1

Ante este panorama, tanto el kirchnerismo como la izquierda salieron a agitar la idea de que este es el Presupuesto (y el ajuste) del FMI. Los primeros se “olvidan” de la sintonía fina, y en segundo lugar que bajo Cristina creció el endeudamiento público, siendo el propio Kicillof el que salió a buscar prestamistas por todas partes. Por su parte, la izquierda concede al nacionalismo y a la idea de que los agentes externos imponen la política económica nacional, perdiendo de vista que esta es la política y el ajuste que aplica la burguesía argentina, la de los Rocca, Roggio, Pescarmona, entre otros. Estos capitales, los chicos y los grandes a nivel interno, solo sobreviven en base a subsidios. El endeudamiento no es un saqueo externo, sino la rueda de auxilio a la que apelan los capitalistas locales ante su incapacidad productiva. La crisis actual es expresión de esa debilidad congénita de esta clase agotada.

Pedaleando en bicicletras

El acuerdo con el FMI fue precedido por un contexto particular, marcado por las últimas corridas cambiarias. Ello, y el intento de reducir la liquidez vía “Letras”, son expresión del problema de la sábana corta, y responden no a una cuestión de coyuntura, a la especulación o al vaciamiento que buscarían los funcionarios y sus empresarios amigos, sino a los déficits estructurales de la economía argentina. Vayamos por partes.

Desde hace años y ante la presión cambiaria por la sobrevaluación de la moneda, el BCRA venía utilizando reservas para mantener el valor del dólar, o bien para regular las microdevaluaciones que fueron llevando el precio de la divisa de 3,45$ a fines de 2008 a los 28$ a comienzos de agosto de este año. Las intervenciones en el mercado cambiario fueron uno de los elementos que, junto a la caída del superávit comercial y la salida de dólares por otros mecanismos (remisión de utilidades, turismo, etc.), redujeron las reservas de 52.400 millones de dólares promedio para la primera mitad de 2011 a los 25.000 durante los últimos días del gobierno de CFK. En ese entonces, la relación entre base monetaria e instrumentos (letras en su mayor parte) y reservas alcanzó casi el 390%, incrementando la presión cambiaria.

Al asumir, el macrismo decidió remover el cepo cambiario, devaluar en un 36% (de 9,8 a 13,4$) y se dedicó a incrementar el financiamiento externo. En el contexto señalado,  recurrió con mayor intensidad al uso de una herramienta de política monetaria en el intento de contener la subida del dólar y también la inflación: la emisión de letras (que ya existían) y el mantenimiento de una tasa de interés elevada, para hacer atractiva esta inversión y desalentar la demanda de dólares.2 Primero se recurrió a las Lebac, que alcanzaron en mayo de este año un valor nominal de colocación de 1,28 billones de pesos, más que la base monetaria total. Ante ello, la propia administración de Caputo en el BCRA había propuesto desarmar la pelota de las Lebac por medio de nuevos papelitos. La nueva conducción (Sandleris), no modificó en lo esencial esta política. De hecho, dio paso a lo que ya estaba planteado por sus predecesores: la emisión de las bautizadas como Letras de Liquidez, o Leliq, solo operable para las entidades bancarias. Para los tenedores no bancarios, se plantea eliminar gradualmente el stock de lebacs con licitaciones menores a las que vencen (además de ofertas de otros instrumentos, como las LeTes). El mecanismo sería el siguiente: el Central paga la liquidación de la Lebac al tenedor depositando en cuenta el valor de la letra con el interés. El banco debe “encajar” (inmovilizar como reserva) un porcentaje fijado por norma por el BCRA, y el resto se libera como liquidez. Para que esto último no vaya al incremento de la base monetaria, es decir para esterilizar (al menos momentáneamente) los pesos que se depositan al tenedor de la Lebac liquidada, se ofrece al banco interviniente la Leliq.3

El objetivo es el mismo: retener pesos para reducir la base monetaria y contener la demanda de divisas, aunque dejando flotar “libremente” al dólar en el rango de los 34-44$ (siendo el tope superior lo que indicaría su valor real). La dificultad es que para renovar con particulares y con bancos, el Estado debe ofrecer una tasa atractiva en todos los instrumentos. Para ello, las Leliq arrancaron con una ya estratosférica tasa del 60% para alcanzar casi 72% a fin de octubre.4 El problema de este mecanismo es que, por un lado, debe renovarse periódicamente, incrementando el stock de letras y su valor nominal en pesos, y por lo tanto su costo de desarme futuro. Por otro lado, exige una tasa muy elevada para hacerlo atractivo; de lo contrario, la “liquidación” de letras viejas puede volcarse a la base monetaria o a la demanda de dólares, como ocurrió con los 120 mil millones de pesos no renovados el pasado 16 de octubre.5

En resumen, estos papeles no resuelven la presión de la base monetaria sobre las tendencias inflacionarias en una economía en recesión y exige tasas que retraen aún más el crédito.6 Solo permiten al gobierno ganar algo más de tiempo a costa de incrementar la “bomba” de capital ficticio.

Es la burguesía nacional…

La economía argentina se encuentra en recesión desde 2012-13. El kirchnerismo se hamacó por la vía de meter mano en distintas cajas (ANSES, BCRA), el incremento de la presión tributaria y el control de salida de divisas. Eso no detuvo la caída de la actividad y la erosión de las cuentas públicas. Con Macri la situación no se modificó. De hecho, el déficit fiscal se viene incrementando al punto de alcanzar en 2017 los 423 mil millones de pesos. Ante ello, el macrismo había adoptado una estrategia de ajuste gradual, sostenida por endeudamiento externo. La ilusión de Cambiemos era, mediante esta inyección de recursos, ir ordenando las variables económicas para generar un crecimiento que redujera el peso del déficit. A fines del año pasado, esa política comenzó a mostrar fisuras, en la disputa que significó la salida de Sturzenegger del BCRA. Luego, el escenario internacional con el fortalecimiento del dólar, el vuelo a la calidad (salida de capitales de las economías “emergentes”, más frágiles en términos financieros, hacia plazas más seguras) y la devaluación significó mayores complicaciones. En ese punto, el gobierno perdió la carrera contra la deuda. Las respuestas de corto plazo fueron tanto internas como externas. Por un lado, recurrir al salvataje del FMI; por el otro, una batería de medidas de austeridad y presión impositiva para ajustar las variables monetarias al nivel de actividad vigente con el objeto de reducir el déficit y, en la imaginación de los funcionarios, posibilitar una recuperación económica en el mediano plazo. Esta línea se vio coronada, en parte, con la polémica ley del presupuesto 2019. El salvavidas del FMI le ha permitido al gobierno maniobrar en este contexto con la contención del dólar, y le servirán para continuar con los subsidios al capital, que es quien se lleva casi toda la torta de las transferencias del Estado. Ya lo dijimos: los burgueses argentinos son ineficientes, y solo sobreviven a costa de subsidios, como quedó en evidencia en el affaire de los aumentos para “compensar” a las empresas de gas. Otro ejemplo reciente es Vaca Muerta, donde una sola planta gasífera como Fortín de Piedra (gestionada por Techint) recibió luego de intensas negociaciones en septiembre casi 700 millones en materia de subsidios. Lo mismo recibieron todas las empresas del emprendimiento gasífero. Es evidente que el recorte del gobierno es bien selectivo.7

El problema de fondo

El macrismo apuesta a que devaluación, mejora del balance comercial, reducción del turismo externo e incremento del interno, ahorro vía ajuste y liquidación de dólares de la próxima cosecha mediante, para el primer cuatrimestre de 2019 se genere una aparente recuperación. El escenario no empuja en ese sentido, ya acabado el ciclo de altos precios de los comoditties y con la perspectiva de mayores dificultades para el endeudamiento externo. Pero aunque se diera esta situación, ese camino tendría corto vuelo. Las trabas de la economía argentina no serían removidas. Y eso no es culpa de la dependencia por la vía del endeudamiento externo, como agitan la izquierda y el kirchnerismo. Es cierto que los servicios de la deuda pública se incrementan desde hace años y sobre todo bajo el gobierno de Macri, llegando a ser en la actualidad el segundo rubro de los gastos del Estado por detrás de la seguridad social. Pero, como a lo largo de la historia, se recibe más de lo que se paga: entre enero de 2003 y septiembre de 2018, el balance del BCRA contabiliza un saldo neto de deuda (solo externa) de 16.388 millones de dólares (2.501 con el FMI y 13.887 con otros organismos internacionales y bilaterales). Tal como le ocurre a una empresa quebrada que debe pedir al banco o estafar a sus trabajadores para subsistir, o una familia a la que no le alcanza la plata y debe “tarjetear”, el fenómeno es expresión de la incapacidad de la clase dominante, que solo sobrevive por la vía de pedir prestado y aplastando sobre su propio peso a la población que intenta sobrevivir en este espacio nacional. Con una baja productividad del trabajo en términos internacionales, que se rezaga de manera constante, y sin otras formas de competir más que pedir afuera y ajustar adentro, la burguesía (en todas sus variantes políticas) nos condena a más y más miseria a cambio de nada. Ninguna solución puede venir de la mano de los que nos piden esperar a 2019 para hacer exactamente lo mismo. Es necesaria una modificación de raíz de la organización social y económica que remueva a estos parásitos y reorganice la producción de una forma racional.


Notas

1Perfil, 25/10/2018, https://goo.gl/vf663h.

2Bil, Damián:”Estación 2001”, en El Aromo, n° 100, 2018, https://goo.gl/CQMd8J.

3El Economista, 23/08/2018, https://goo.gl/4KNJKX.

4La tasa nominal anual del 72% se traduce en una tasa efectiva anual del 105% BCRA: “Nueva esquema cambiario”, 26/9/2018, https://goo.gl/qgDKdZ.

5Cronista, 16/10/2018, https://goo.gl/gTLCL6.

6Si los tenedores particulares de Lebacs invierten en letras del tesoro, como las Lecop, el costo para el Estado es mayor.

7Ver https://goo.gl/PS773p, y Bil, Damián: “Sobre la burguesía planera”, en El Aromo, n° 102, 2018, https://goo.gl/wUrxjX.

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