Obreros y estudiantes – Por Melisa Slatman

Obreros y estudiantes. Acerca del proceso de formación del partido revolucionario. El ejemplo del MALENA

Por Melisa Slatman

Grupo de Investigación de la Izquierda en la Argentina – CEICS

 

¿De dónde salen los cuadros del partido revolucionario?
Una parte importante de los cuadros del partido revolucionario surgen de la clase obrera. La
descripción de ese proceso escapa a los límites de este artículo. Otra parte, sin embargo, surge de la pequeña burguesía. Es por eso que la Universidad ha sido históricamente un centro de atención para las diferentes fuerzas políticas de todo el espectro ideológico. El gran debate que afrontaron las organizaciones en torno a los estudiantes universitarios, giró en torno a la función que ocupan en la lucha de clases y en sus partidos. Esto va de la mano de la caracterización que estas fuerzas tienen de qué es un estudiante, qué es la universidad como frente específico y de cómo se vincula la vida política general con la vida en los claustros universitarios. Dentro de la izquierda, se ha dado un abanico de soluciones a esas preguntas, que se corresponden con la táctica y estrategia que delinea cada quien: la negación de la función intelectual por medio de la proletarización de los militantes; la formación de cuadros intelectuales de partido; la utilización de esos militantes como cuadros gremiales dentro del movimiento estudiantil. Para el período histórico que nos ocupa (1955-1976) podemos agregar la formación de cuadros militares por las organizaciones político militares (vulgarmente denominadas “guerrillas”).
Intelectuales y Partido

Uno de los supuestos que orienta nuestra investigación se relaciona con el rol de la pequeña
burguesía en el proceso de gestación de un partido revolucionario. La acción del elemento pequeño burgués desclasado acelera la formación del partido, la fusión entre el programa y las masas, pero no reemplaza a estas últimas. Una fracción de la pequeña burguesía muy significativa en este proceso es la compuesta por los estudiantes. Se sabe cuánto le cuesta a la clase obrera hacerse de cuadros intelectuales. Los estudiantes no siempre expresan los intereses inmediatos de la clase a la que pertenecen y son los más propensos al proceso de desclasamiento. Esto permite que, en un momento de activación de la clase obrera, los estudiantes universitarios (y otras fracciones de la intelectualidad burguesa y pequeño burguesa) puedan ser atraídos por ella y se transformen en cuadros intelectuales y técnicos del partido. Sus funciones son la producción de teoría, la agitación, la propaganda, y la organización, herramientas indispensables para la formulación programática y para el desarrollo táctico del partido revolucionario.
Partimos de que la existencia de la división social del trabajo implica que no todos pueden
hacer todo, que la sociedad divide las tareas que debe realizar y que los diferentes órganos que la componen desarrollan diferentes funciones.
Gramsci realiza una distinción en relación a los dos tipos de funciones básicas en las que se
divide la sociedad, entre 1 elaboración intelectual y esfuerzo muscular- nervioso. El grado de proporción en que se presenten cada uno de estos dos atributos humanos determinará el grado de actividad específicamente intelectual, que se gradúa situándose en la cúspide a los productores de conocimiento. Es lógico que quien debe pasar todo el día frente a una máquina para ganarse el pan no pueda dedicarse exclusivamente a realizar tareas de orden intelectual (lo cual no implica decir que no desarrolla funciones intelectuales en absoluto). No realiza tareas de orden intelectual porque no quiera, sino porque la forma en que se organiza esta sociedad para la reproducción de su vida se lo impide. Esto, obviamente, no
quiere decir que los cuadros intelectuales actúen por sobre y por fuera de la clase.
Lo dicho esta íntimamente ligado con la hipótesis que nos orienta. Para entender el porqué
del fracaso de la situación revolucionaria que se abre en 1969, hemos optado por estudiar uno de los elementos que consideramos claves (aunque no el único): la inferioridad subjetiva de la fuerza social revolucionaria. Esto quiere decir que mientras objetivamente hay una fuerza que se enfrenta al régimen capitalista, a nivel subjetivo (a nivel de la conciencia que guía la acción) no logra establecer un programa que guíe estas acciones, no logra consolidar un estado mayor, un partido dirigente. Y esto creemos que es así, en tanto que las fuerzas políticas presentes en el proceso se hallaban extremadamente dispersas y fragmentadas. Un proceso que se halla íntimamente ligado con el que vive la pequeña burguesía desde 1955 (la caída de Perón) pasando por 1969 (el Cordobazo) y hasta 1973 (la “primavera camporista”).
En particular, los estudiantes. La pequeña burguesía argentina se activa en un momento
de reflujo de la clase obrera, con la que comparte, sin embargo, una situación de exclusión
creciente del sistema político, desde el Plan Conintes a la intervención de las Universidades
(que conlleva el arancelamiento, entre otras cosas). Sin referente que la oriente, acepta el
reformismo que la clase obrera ha elegido como estrategia, y deslumbrada por las revoluciones “tercermundistas” (Cuba, China, Vietnam), se lanza a la construcción de estrategias que poco tienen que ver con las condiciones objetivas de la clase obrera argentina. Cuando ésta irrumpa nuevamente, los límites de estas estrategias se harán evidentes: entre la capitulación al peronismo y la estrategia foquista, la izquierda se ha olvidado de construir el partido. La pequeña burguesía llega a comprender su necesidad sólo tardíamente, hacia 1975. La burguesía, organizada tras el partido militar, logrará vencer. Una organización de los ’60 que resume estas vacilaciones y debilidades es el Movimiento de Liberación Nacional (MALENA). Su trayectoria bien vale como ejemplo.
El MLN

“Somos miembros de la clase media, escritores y vivimos en al Argentina. De esos datos partimos. Pretendemos influir en el mundo y hacerlo de un modo determinado, según creemos que será un mundo mejor. Correr el riesgo de aplastarse la cabeza con un ladrillo suelto, pero tratar de poner esos ladrillos de cierto modo. Es decir, ideólogos, hemos llegado al convencimiento de que las cosas más urgentes, por lo menos se resuelven en el plano político, y que todas, de un modo o de otro, se resuelven también en el plano político”2.
Con esta frase, un grupo de intelectuales frondicistas nucleados en torno a la revista Contorno se despiden del “compromiso” sartreano para “insertarse” en la política. Corre el año 1957 y este conjunto de intelectuales, que hoy han logrado renombre, deciden sumarse al proyecto frondicista de un peronismo sin Perón. La futura dirección del Movimiento de Liberación Nacional (MALENA) surge en la Universidad como cuadros intelectuales de la UCRI. Esto es comprobable: su rol como impulsores del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en la década del cincuenta, su participación como redactores en la revista Centro, órgano de dicho centro de estudiantes, las funciones públicas de Ramón Alcalde, Ministro de Educación de Silvestre Begnis en Santa Fe3, o de Ismael Viñas, militante en el movimiento reformista universitario entre 1945 y 1950, encargado de la Oficina Universitaria de la Unión Cívica Radical en 1955, Secretario General de la Universidad de Buenos Aires entre 1955 y 1956 durante la intervención de dicha Institución por la Revolución Libertadora, o como Subdirector Nacional de Cultura en 1958 durante el gobierno de Arturo Frondizi4. Tuvo un papel relevante en la lucha contra la privatización de la enseñanza (Laica o Libre) siendo uno de los 5 oradores principales en la manifestación mas importante que convoca el proceso, el 19 de septiembre de 1958, que cuenta con la presencia de 250.000 personas.
Tras la “traición” de Frondizi, y producto de los contactos que logran establecer dentro de la Universidad (a partir de la Oficina Universitaria, que editaba una publicación llamada Política, que circulaba entre los mismos lectores de Contorno), este grupo establece lazos con otros “desencantados”: la “Fede” (agrupación universitaria del PC), la ruptura del PSA que se convertiría luego en el PSAV, el Partido Demócrata Progresista y elementos independientes.
El frente que se forma (presumiblemente por impulso del PC), edita una revista, El popular.
La necesidad de intervención política lleva a una fracción de este frente a un congreso en el
cual se debate si debía seguir funcionando como hasta entonces o si debía fundarse una nueva organización. Tras una situación violenta este frente se rompe, dando lugar a un segundo congreso y al nacimiento del MLN.
Entre 1960 y 1964 se vive el proceso de maduración de la organización. Al finalizar el período, se llama a un congreso en el que se discute el programa (desarrollado durante esos años en la prensa de la misma). El MLN habría intentado construir una organización política destinada a dirigir un movimiento policlasista, es decir, una alianza en la que no se jerarquizan los elementos que la componen: proletariado urbano y rural, pequeña burguesía y burguesía nacional. Basándose en una estrategia de revolución por etapas (no muy distinta de la sostenida por el estalinismo) su programa se caracteriza por un nacionalismo anti-imperialista con escasa confianza en las potencialidades de la clase obrera, más allá de las apelaciones al socialismo como objetivo final. En este sentido, no parece haber superado el frondizismo del cual emergió. Tampoco se diferencia de la 6 estrategia sostenida por el PC en el período, el Frente Popular.
El MALENA surgió del mundo universitario y nunca pudo superar ese origen. Según un documento destinado al análisis de la Universidad, se indica que expresa intereses generales de la burguesía y contiene las contradicciones de los 7 grupos que la forman. Se trata de un instrumento de sistematización de la educación superior, medio de transmisión de conocimiento del más alto nivel según los criterios de la clase dominante. Es en la Universidad donde se debaten los principios de verdad de la sociedad, donde, por lo tanto, se dejan ver sus contradicciones más elementales. La Universidad forma parte del frente intelectual, donde también se encuentran miembros de la clase media que no se hallan ligados a su clase por dos elementos que consideran fundamentales: su edad y el estatus transitorio en que se encuentran al estar aislados de la producción. Su personificación son los estudiantes. Las tareas propuestas por la organización para la Universidad son, en primer lugar, apoyarse en las contradicciones que existen entre los grupos burgueses dentro de la Universidad, al mismo tiempo que enfrentar la ideología burguesa para socavar el poder de la clase dominante. En segundo lugar, reclutar cuadros intelectuales y políticos Y por último y relacionado con tareas de agitación, buscar estímulos para movilizar grupos masivos de estudiantes en las coyunturas políticas que así lo requieran. El MLN se insertó dentro de la Universidad a nivel nacional con las AUL, Agrupaciones Universitarias de Liberación, GUL, Grupos Universitarios de Liberación, y Avanzada, de Tucumán8. Contrariamente a las ideas expresadas en el documento recién citado, desarrollan un frente de carácter casi exclusivamente gremial, en tanto logran hacerse con la dirección de varios centros de estudiantes o desarrollar círculos en facultades, profesorados y escuelas secundarias de Buenos Aires, Córdoba Santa Fe, Jujuy, Entre Ríos, Rosario, Santiago del Estero, San Juan, Mendoza, Concepción del Uruguay y La Plata.9
El MALENA pretendía superar las debilidades de la izquierda “tradicional” pero, más allá de sus intenciones, se dedicó, como dice una de sus militantes, a “engordar” durante los diez años de su vida. Así y todo, el Movimiento atrajo a una parte importante de la pequeña
burguesía que se activa en este proceso: según estimaciones de una de sus dirigentes, más de tres mil jóvenes sin experiencia militante previa fueron formados dentro de su programa. En la práctica, y hasta 1968, el MLN logra desarrollar sólo el frente universitario (hay indicios de cierta actividad en los frentes sindical y barrial, pero no presentan gran desarrollo). Luego de 1969 el MLN estalla: el alza en la lucha de clases muestra sus límites. Sus militantes se dispersarán entre los diferentes programas y estrategias que poblarán los años ’70. La organización que los nucleó durante la década de los ’60, habría constituido un momento de pasaje entre el anti-peronismo “gorila” de la pequeña burguesía de los ’50 y la alianza que algunas de sus fracciones trazará con la clase obrera después del Cordobazo. Movilizados en un momento de relativo reflujo de la lucha proletaria, estos cuadros portarán consigo todas las debilidades programáticas y estratégicas formuladas durante esos años y las reproducirán en las organizaciones a las que se integren, en particular, la vacilación frente al peronismo y la escasa predisposición a la formación del partido revolucionario. La izquierda de los ’70 no nace virgen. Estudiar su proceso de desarrollo ayuda a entender su fracaso.

 

Notas

1Gramsci, Antonio: “La formación de los intelectuales”. En Literatura y cultura popular, Tomo 1, Ediciones Cuadernos de cultura revolucionaria, Buenos Aires, 1974.
2nueva izquierda argentina, 1956-1966

3Contorno Terán, Oscar: Viñas, Ismael: “Un prólogo al País”, n° 1, 1957, p. 1. Nuestros años sesenta. La formación de la , El cielo por Cuadernos de asalto, Buenos Aires, 1993, p. 100.
4Datos extraídos de Strasser, Carlos: Las Izquierdas en el proceso político argentino, Palestra, Buenos Aires, 1959.
5Según Moreno, Sergio et. al.: La Noche de los Bastones Largos, Nuevo hacer, Buenos Aires, 2002, p. 19; y Levenberg, Daniel y Merolla Daniel: Un sólo grito. Crónicas del Movimiento Estudiantil Universitario de 1918 6a 1988, Edición electrónica, p. 28.
7Sobre esto ver Slatman, Melisa, op. cit. Movimiento de Liberación Nacional, aprobado en la Primer MLN: Lineamientos políticos. Documento Oficial del Reunión de Congreso, Ediciones MLN, Serie Definiciones n° 1, Buenos Aires, 28 de mayo de 1964.
8 Se hace referencia a los mismos por única vez en el artículo “Un funeral para la reforma”, en Liberación, Año VII, n° 51, primera quincena de julio de 1968.
9Según referencia de militantes entrevistados.

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