¿Nuestros aliados? La relación entre la industria nacional y la dictadura militar – Verónica Baudino

av260_thumb La interpretación del comportamiento de la burguesía argentina suele  quedar presa de dicotomías que, en general, poco se ajustan a la realidad  histórica. La fracción industrial es identificada con programas políticos  progresistas y democráticos, que incluirían las reivindicaciones de la clase  trabajadora. La burguesía agraria, por el contrario, suele ser vista como  aquella impulsora de las sucesivas dictaduras militares instauradas en  Argentina. Esta imagen se complementa con la que afirma que la  dictadura respondió a intereses financieros y foráneos. Es decir, la  burguesía industrial nacional habría sido la gran perjudicada por el  régimen militar. Son las ideas que no solamente sostiene el kirchnerismo, sino quien se postula como su legítimo heredero: Pino Solanas.
Sin embargo, del análisis de la posiciones del sector de la burguesía industrial encolumnado tras la Fundación Mediterránea (FM) durante la dictadura se desprende otra situación. La misma burguesía, que las corrientes progresistas reivindican como posibles aliados de los trabajadores en la construcción de una sociedad equitativa, parece haberse comportado de otra manera. De hecho, constituyó la base social de un régimen cuyo objetivo central fue la derrota de la fuerza social revolucionaria. Sin embargo, el apoyo a la dictadura no fue incondicional. A diferencia de lo que plantean algunas corrientes, el régimen militar no canceló la política burguesa. Muchas fracciones burguesas asumieron posiciones críticas ante las diferentes medidas económicas. Las disputas políticas en el interior de la clase dominante siguieron su curso. Vamos a repasar aquí la historia de la relación entre la Fundación Mediterránea y el gobierno militar.

Los acuerdos

La Fundación Mediterránea, como desarrollamos en artículos anteriores1, nace en 1977 impulsada por los empresarios cordobeses Fulvio Pagani (Arcor) y Astori (Astori Estructuras). Su objetivo era nuclear a un sector del empresariado y desarrollar investigaciones en materia de políticas económicas, así como intervenir en la política nacional aportando intelectuales propios como funcionarios de los diferentes niveles del Estado. Su máximo exponente, por el cuál la entidad es reconocida es el economista Domingo Cavallo, dirección de la política económica del menemismo. La institución estableció una alianza en términos generales con el proyecto de la dictadura militar. Aunque no son abundantes las declaraciones de apoyo, la FM no se distanció de la estrategia política de la Junta Militar en ninguna de sus etapas. Acompañó el derrotero del Proceso Militar desde su instauración hasta la transición a la democracia.
La inauguración del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana, en julio de 1977 en el salón de actos de Colegio Nacional de Monserrat, contó con la presencia de autoridades provinciales, militares, eclesiásticas, universitarias, municipales y empresarias. En dicha ocasión, Domingo Cavallo, se dirigió al público afirmando: “Sabemos que aunque pequeña, nuestra contribución puede ser valiosa, especialmente en momentos en que nuestros Gobernantes están empeñados en sentar las bases de un nuevo proyecto nacional que compromete a todos los Argentinos a trabajar unidos por la superación definitiva de las frustraciones e injusticias del pasado y por las generaciones presentes y futuras que habiten nuestra patria”.2
Asimismo, Piero Astori, presidente en ese entonces de la entidad expresó también en su discurso el apoyo de la entidad a la dictadura militar, centrándose en el objetivo de reinstauración del orden que la misma venía a cumplir.3 En 1981, en medio de la breve gestión del presidente Viola, la Fundación Mediterránea no sólo renovó su afinidad con el gobierno militar exponiendo su apoyo4 sino que obtuvo su primer puesto de importancia política de la mano del General Horacio Liendo. Una vez asumido éste como ministro del Interior, convocó a Cavallo para desempeñarse como subsecretario técnico y de coordinación5. Aunque parezca un cargo menor, Cavallo tuvo un rol protagónico en el diseño del plan económico de aquellos años.
En 1982, también en una publicación de la entidad, Domingo Cavallo expuso la forma en que la organización empresarial acompañó todo el proceso militar, desde su instauración hasta el camino a la institucionalización, pasando por la Guerra de Malvinas.6 Durante el gobierno de Bignone, hicieron suyas las ideas del gobierno de sentar las bases políticas y económicas para la transición democrática.7
Más allá del apoyo político, la agrupación empresaria también prestó a sus dirigentes para la gestión económica luego de 1981. Cavallo fue Secretario Técnico y de Coordinación del ministerio en 1981. Al año siguiente, fue designado Presidente del Banco Central de la República Argentina. Obtuvo ese puesto gracias al contacto que el grupo de empresarios cordobeses mantenía con Cristino Nicolaides (Comandante del Tercer Cuerpo del Ejército). En dicha oportunidad lo acompañaron: Aldo Dadone y Amalio Petrei como directores, José Castro Garayzábal, Gustavo Parino y Rafael Conejero como asesores, todos miembros de la fundación. La agrupación mantuvo estrechas relaciones con el gabinete de Martínez de Hoz, llegando a sellar un acuerdo con el secretario de Coordinación Económica, Guillermo Walter Kein, para realizar en 1979 un estudio del régimen tarifario.8
Este grupo de empresarios nacionales apoyó el proceso político de liquidación de cuadros revolucionarios. Tanto los pronunciamientos en sus publicaciones, como los diversos cargos políticos que desempeñaron algunos de los intelectuales de la entidad muestran el compromiso asumido con el régimen militar. Sin embargo, no faltaron las disputas.

Rupturas

Las posiciones de la FM ante las políticas económicas de la dictadura militar viraron desde un acuerdo general hasta la ruptura con el plan de Martínez de Hoz, producida en 1980. En varias oportunidades la institución expresó su consentimiento a las políticas de liberalización implementadas.9 Pero, a pesar de su apoyo general al plan, la Fundación Mediterránea elaboró varios artículos donde exponían las críticas a la evolución de diferentes factores. Los más problemáticos fueron el tipo de cambio, la reforma financiera, la reforma arancelaria y las políticas salariales.
El problema recurrente, para la agrupación empresarial, era el retraso del tipo de cambio. En efecto, la entidad pugnó por un tipo de cambio alto que proteja a la industria nacional de la competencia extranjera, a la vez que incentivara las exportaciones debido a la disminución de los costos internos (especialmente de fuerza de trabajo) y a la obtención de mayores ganancias, producto de que las divisas obtenidas “rendían” más, en términos reales, en el mercado interno.
La entidad se pronunció a favor de la Reforma Financiera de la dictadura, sobre todo en lo concerniente a que no sea el Estado el que regule los movimientos financieros y las tasas de interés, pero con la salvedad de apuntar la mayoría de los préstamos a un mercado a largo plazo que desincentive los movimientos de corto.
Con respecto a las políticas salariales, en 1978, la propuesta fue disminuir las cargas sociales y los impuestos a la contratación de mano de obra, lo que disminuiría la brecha entre salario de bolsillo y costo efectivo de la mano de obra.10
En cuanto a la política arancelaria, la FM pretendía que se igualen los aranceles con el objetivo de eliminar las preferencias de protección de ciertos productos, como los automóviles, sobre otros. Esta medida parecía buscar la eliminación de los costos que implicaban, para las industrias locales, la compra de ciertos bienes importados. Es por esto que optaban por subsidios directos que no distorsionen los precios. A su vez, al evaluar la situación de sectores “desprotegidos” e insistir con el rezago cambiario procuraban llamar la atención sobre una política adecuada para los sectores mas eficientes de la economía.
A las críticas parciales al plan de Martínez de Hoz, les sucedió la intervención de Cavallo en el gabinete de Lorenzo Sigaut (ministro de Economía) y como presidente del Banco Central. En ambas ocasiones propuso medidas tendientes a resolver algunos de los aspectos criticados del proyecto económico vigente. En especial, intentando incrementar el precio de las divisas, como también efectuando una nueva reforma financiera que le valió el enfrentamiento con el sector financiero.
El curso de la crisis exacerbó los enfrentamientos con la política económica. Las loas a la apertura económica se contrapusieron con las expresiones de repudio a los efectos del plan Martínez de Hoz, expuestas abiertamente en 1983. El derrotero de la crisis, que no pudo ser resuelta por ninguno de los programas económicos ensayados, seguramente impulsó a los empresarios de la organización a reclamar medidas de protección, como suele suceder en tiempos de caos.

Matrimonio por conveniencia

El análisis de la trayectoria de la FM, durante la dictadura militar, revela un fuerte apoyo a su accionar en el terreno de la política. La entidad elaboró proyectos gubernamentales y situó su principal intelectual en posiciones claves de la administración. Es decir, se conformó como un agente más del régimen. A su vez, vimos que la dictadura, si bien reprimió la actividad de la clase obrera, no clausuró la política corporativa de la clase dominante: durante el gobierno dictatorial persistieron las pujas entre las diferentes capas y fracciones del capital.
Domingo Cavallo, como subsecretario del Ministro del Interior y presidente de BCRA intentó llevar adelante un plan que se condecía con los postulados de la agrupación a la que pertenecía: un programa de desarrollo del capital industrial. Sus enfrentamientos con los sectores financieros, muestran que ni Cavallo ni la Fundación Mediterránea pueden ser caracterizados como exponentes de una burguesía que se vuelca a las finanzas, en detrimento de la producción. Sus exigencias de protección muestran que saben defender sus intereses “nacionales”. Los industriales argentinos no pueden dejar de comportarse como lo que son. Nunca engañaron a nadie. En todo caso, son el peronismo y la centroizquierda quienes han querido ver limo donde hay arena. Para peor, ahora, con el argumento de salvar a los trabajadores de la crisis, pretenden atarlos a tan impresentable yunta.

NOTAS

1Baudino, Verónica: “Dominante y dirigente”, El Aromo, nº 47, 2009.
2Estudios, Año 1, nº 0, 1978.
3Idem.
4Novedades, Año 2, nº 21, 1981.
5Varela, Luis y Zicolillo, Jorge: Un Domingo en el purgatorio, BEAS, Buenos Aires, 1992.
6“La recuperación de las Malvinas demuestra la posibilidad de que las Fuerzas Armadas y el Pueblo unidos permitan alcanzar ese objetivo básico (se refería a una democracia estable); no es una utopía”. Declaración de Domingo Cavallo citada en Santoro, Daniel: El hacedor, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1993, p. 123.
7Novedades Económicas, año 3, nº 23, octubre de 1982.
8N´Haux, Enrique: Menem-Cavallo. El poder mediterráneo, Corregidor, Buenos Aires, 1993.
9Novedades Económicas, año 2, nº 19, 1980.
10Serie de Investigaciones, nº 13.

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